072. Una sumisa un tanto especial


Buenos días tengan todos, estuve un tiempo ausente producto de mi trabajo y atendiendo otros asuntos personales, esta vez quiero compartir con ustedes algo que me sucedió no hace mucho tiempo atrás y que guardo como un recuerdo valioso de alguien a quien llegué a apreciar mucho. Cómo siempre y por razones obvias no diré cómo se llama para proteger la identidad de la inocente.

Bueno resulta que conocí a una sumisa gracias a la ventaja del internet; hicimos una bonita amistad que con el paso del tiempo se transformó en una relación, nos habíamos visto en persona; tuvimos la oportunidad de sesionar y tener sexo; puedo decir que ha sido una grata experiencia. Bueno, resulta que estábamos chateando por mensajes de texto, algo muy poco común, hoy en día la gente usa más que todo el WhatsApp y a veces Facebook, sin embargo hay pocas personas que usan SMS jajaja, bueno resulta que en medio del chat estábamos conversando y la cosa se estaba poniendo extremadamente caliente y fogosa ¡uffffff cosa que a mí me encanta! Ella me dice que quiere ser sesionada como la última vez que estuvimos juntos, lo que hace que yo me caliente aún más, estamos en lugares distintos y el saber que quiere que la azote me hace hervir la sangre, ella consciente de la situación me provoca y me dice cosas para calentarme aún más, imagínense ustedes, el muchacho que es llorón y la mamá que lo pellizca, jajaja. En medio de mi gran calentura tomo bastante aire, respiro profundo y hago ejercicio de respiración y me llega la calma, puedo sentir como mi corazón disminuye ese latido vertiginoso y logró controlar mi mente y mi cuerpo, sin embargo, mi sumisa sigue provocándome, razón la cual decido hacerle una videollamada aunque sepa cómo va a terminar esta situación.

“Hola Paula. ¿Me ves? –comienzo. “Sí te veo” –me responde. Primera falta, se dice: Sí, mí señor. ¿Entendido mi querida sumisa?” –le corrijo. “Sí, mi señor” –me responde. Le digo: “Muy bien, eres una zorrita obediente y sonrío de manera perversa. La conversación transcurrió de manera pausada, observaba cada detalle de Paula y me excitaba ver cuán dispuesta estaba a obedecer cada orden que pudiera darle. “Me gusta como vistes, pero quiero que te desnudes ahora” –le digo. “Como usted ordene” –me responde. “Hazlo lento, quiero disfrutar tu cuerpo exquisito” –le ordeno. Poco a poco se quitó la ropa; primero la blusa de color blanco y el brasier que le hacía juego, con transparencia que dejaba ver lo rosado de sus areolas y pezones. Para mí era un deleite ser quien disfrutaba de su cuerpo esta vez a la distancia. Pronto ya estaba quitándose el ajustado jeans que se amoldaba de manera perfecta a las curvas de sus caderas anchas, como le digo siempre: “Caderas anchas para montar a esa yegua salvaje”. Mi sorpresa fue mayor al ver que no usaba pantaletas; sin duda Paula estaba dispuesta a despertar mis demonios y lo estaba consiguiendo.

Solo con decirle que se desvistiera ya estaba completamente húmeda, podía notar que su vagina brillaba. Era alucinante, para mí uno es uno de los mayores placeres que hay; disfrutar de la humedad vaginal de una mujer que se muere por estar contigo. “¿Estás mojada zorrita?” –le pregunté.  “Muy mojada mi señor” –me responde. Mi mente empezó a tejer un plan para saciar mi sed de lujuria. Apunto con mi dedo al piso y ella entiende lo que quiero, sin decir una palabra acomoda su teléfono y se coloca de rodillas frente a mí; de manera delicada y sutil dice: “Espero su orden mi Señor”. Era el tiempo preciso de probar su lealtad, de probar su obediencia y hasta donde sería capaz de llegar.

Le pregunto: “¿Haz cumplido con lo que te pedí?”. “Sí, Amo” –responde sin titubeos. “Veo que eres una zorrita obediente y eso me gusta” –le digo mientras sonrío. “Quiero ver donde están” –le digo. Solicita permiso para colocarse de pie, el cual es concedido y se dirige al otro extremo de la habitación, de un mueble saca los artilugios que usaríamos en otra oportunidad pero que esa noche serían solo la premisa de algo que se estaba dando en el momento. “Listo señor” –me dice colocándose otra vez de rodillas. “Coloca las pinzas en tus pezones” –le digo. Obediente las coloca, abre su boca al sentir como se aferran con fuerza y da un gemido mezclado con excitación. “¿Duele?” –pregunto con voz maliciosa. “Si mi señor” –me responde. Le digo: “Esa es la idea, no sabes cómo disfruto al verte”. “¡Ay Amo, mi dolor es su placer! –me dice. “¿Estás excitada Paula?”  –le pregunto. “Mucho mi señor” –responde. “Vamos a la habitación” –le digo. Ella sin dejar de transmitir dirige sus pasos hacia la habitación, le ordeno que cierre la puerta con llave ya que es nuestro momento y no quiero ser interrumpido. Susurró algo que no pude entender y le digo: “Habla más fuerte putita, no te oigo bien”.  “¡Ay mi señor, estoy tan excitada! Sonreí complacido al otro lado de la pantalla. Ya era tiempo de dejar libres a los demonios.

“Así me gusta que hables fuerte y claro. Date palmadas suaves en la vagina y poco a poco aumenta la intensidad” –le digo. Siempre buscando complacer mi perversión, comenzó con golpes suaves; se podía percibir su excitación y disfrutaba de esos casi inaudibles gemidos. De momento los golpes se hicieron constantes y rápidos; el mayor deleite es ver como se retuerce en la cama, al momento en que su vulva y clítoris se hinchan; sus gemidos se intensifican y se rinde de manera milagrosa a un intenso orgasmo que la deja temblando. “¿Acabaste zorrita?” –pregunté. “Perdón mi señor, no pude aguantar las ganas” –me dijo. Sonreí y le dije: “Está bien, pero la próxima vez habrá castigo”. “Sí señor, lo aceptaré gustosa” –responde. Sin dudas en una zorrita astuta y eso me gusta.

“Ahora vas a buscar en el cajón de la mesa de noche el dildo que compramos para estas ocasiones” –le dije. Presurosa lo busca, lo mira y sonríe. “Mételo en tu boca” –le dije. Ella sin pensarlo comienza a lamerlo de la misma forma sensual que lo hace cuando tenemos la oportunidad de estar juntos; yo me tocaba de manera suave viendo como poco a poco lo metía en su boca. Le digo que se coloque en cuatro poniendo su sexo hacia la cámara y que se meta el dildo en la vagina para que se penetre hasta que ya no pueda más. Solo responde: “¡A su orden mi señor!”. “¡Ay Amo!” –gime con desesperación. Yo solo le ordeno que lo haga rápido, al mismo ritmo que mi mano sube y baja por mi miembro. “Quiero que te des nalgadas dejando el dildo dentro y que lo hagas un poco más duro” –le digo. Obediente lo hace dejando sus manos marcadas en las nalgas. “¡Ay Amo! ¡Ay Amo tengo ganas de acabar!” –me dice. “No todavía pequeña, aún no, detente” –le digo. “¡Ay mi señor, ya no resisto!” –me dice. “¿Te gusta putita?” –le digo. “Sí, mi señor” –responde casi al borde del éxtasis. “Habla más fuerte puta” –le ordené. “¡Sí, sí me gusta” –responde ahogando sus gemidos. “Puedes aliviar la tensión. ¡Acaba zorra!” –le digo mientras exploto dejando mi vientre y mi mano cubiertos de mi semen. Su cuerpo cayó sobre la cama y se retorcía de placer; sus gemidos eran intensos y voz casi inaudible decía: “¡Gracias Amo por tan delicioso placer que me regala!”.

Después de recuperar el aire le dije: “Ponte de rodillas zorrita”. Obediente responde: “¡Sí señor!”. “¿Quién eres tú? –pregunté. “Soy su perra, su puta” –respondió. “Nunca lo olvides, porque siempre serás mía” –le dije. Acto seguido, me despedí con cariño y colgué la llamada. Al otro día recibí una foto de ella desnuda para motivarme en el trabajo y andar todo el día pensando en las cosas perversas que haríamos en nuestro próximo encuentro.


Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Señor me hizo recordar a mi antiguo Amó hoy diré que me éxito pero al mismo tiempo mi corazón se enmudecio

    ResponderEliminar
  2. Sabes bien que Todos tus relatos
    Me calientan deliciosamente
    Haciendo que chorrear mi entre pierna sentir mi vagina palpitante y muy mojada.
    Me encanta leerte siempre Mí Señor
    Es tan excitante como despiertas mis demonios
    Me fascina ser tu puta mi amor

    ResponderEliminar

Publicar un comentario