060. Una deliciosa infidelidad


Eran las 11 de la mañana de un día del mes de enero de este año, cuando yo estaba terminando los preparativos para el almuerzo. Quería darle una sorpresa de bienvenida a mi esposa que en poco tiempo llegaría de volar. Vanessa trabaja de azafata para una línea aérea y en esta ocasión había tenido un viaje a Caracas donde había estado 4 días. Al mediodía, finalmente llegó el auto que la traía. Salí a la puerta a recibirla y disfruté al verla bajar y venir caminando muy canchera con el uniforme que le queda espectacular. Ella lo había arreglado y ahora tenía una mini más corta que le marcaban mucho más sus hermosas piernas. La camisa del uniforme abierta justo para permitir apreciar un perfecto busto de 90 y un pañuelito rojo en el cuello. Como siempre, Vane llegaba de muy buen humor, con una sonrisa de oreja a oreja y moviendo su cabello desatado muy sensualmente. Ni bien pisó la casa, prácticamente me comió de un beso y un abrazo. Se puso muy contenta al ver la mesa servida y me pidió que por favor la acompañara arriba para desensillarse, darse una ducha y cambiarse para bajar a comer.

Vane se desvistió de a poco. Estaba divina. Mientras lo hacía, me provocaba con sus gestos. Intenté ir a atraparla, pero me pidió que esperara y disfrutara. Fue sacó el uniforme, haciéndome un striptease. Se quitó su saco, luego abrió su camisa y pude ver que estaba muy quemada por el sol. Ella se acarició el vientre y su pecho, mientras se mojaba los labios con su lengua. Muy sensualmente se quitó el brasier y también pude ver que tenía los senos muy bronceados. Para mi interior, me di cuenta que la muy zorra había hecho topless, pero me lo guardé. Siempre con cara de muy puta, continuó sacándose la minifalda y bajándose de sus tacos altos. Quedando solo con sus medias hasta los muslos puestas, vino hacia mí que estaba recostado en la cama disfrutando del espectáculo. Me empezó a frotar sus tetas por mi pecho. Despacito me dio besos suaves en la boca y cada tanto mordía mi labio inferior. Desabotonó mi camisa y bajó de a poco pasándome la lengua por mis pezones. Ella continuó bajando, deslizando lentamente su lengua hasta llegar al borde de mi pantalón. Lentamente desabrochó mi cinturón, abrió mi pantalón y sacó mi miembro que ya estaba muy erecto. Me lo empezó a chupar suavemente con mucha saliva, tragándose hasta la mitad de él. Yo estaba empezando a delirar. Mientras me chupaba, me miró a los ojos y con medio pene en su boca, era algo perverso ver esos ojos. Mientras acariciaba mis testículos me dijo: "¡Papá, tengo un novio!"

Cerró sus ojos y siguió chupando. Tomó un poco de aire y tragó un poco más de mi miembro. Yo en medio de mi excitación y un poco confundido, le pregunté: - "¿Qué dices?". Después de una pausa, sin dejar de chupármela y sin abrir los ojos, me respondió dulcemente y en voz baja: "Que tengo un novio en Caracas". Con una pequeña sonrisa en su boca, continuó con su tarea de chupar. Concentrándose un poco más, abrió más su boca y se tragó toda mi miembro que ya estaba muy duro. Al hacerlo, yo deliré de placer, dejando salir unas gotitas de semen por la punta. Estando súper excitado y sin entender nada de lo que Vane me decía, le dije: "¿Pero qué me quieres decir?". En ese momento, Vanessa empezó a tragar por completo mi verga, hasta la garganta. Aumentó la velocidad del movimiento, babeando todo alrededor. Se escuchaba como jadeaba mientras chupaba cada vez más rápido. Mi miembro reventaba de dureza y ya me dolía. Se me endurecieron los testículos y el estómago por intentar detener mi acabada. Sin dejar de chuparme ni un segundo y aumentando cada vez más el ritmo, Vanessa giró su cuerpo y aterrizó su vagina sobre mi cara. Quedamos, yo acostado boca arriba y ella encima mío, en posición de 69. Sus medias estaban completamente empapadas. En ese momento, Vane inundó mi boca con sus fluidos y yo moría de placer, pero reaccioné y agarrándole, bajándola de encima  y tirándole fuertemente de su pelo, le dije, medio en broma y medio en serio: "¿Me estás hablando en serio, puta?". Vanessa acabó a los gritos en mi boca, mientras se quejaba que le dolía como yo le tiraba del pelo. Yo moría del placer y conforme aflojaba la presión en su cabello, ella cargó fuerzas y gritó dificultosamente con un pedazo de mi pija en su boca: "Sí, lo que escuchaste. ¡Tengo un novio en Caracas que me calienta muchísimo!".

Lo dijo con enojo. Ya no pude con mi genio, me incorporé, la acosté de una bofetada en la cara y brutalmente se la metí con fuerza. Nos excitamos tanto con esta pelea que solo tuve que embestirla tres veces para que acabáramos como perros. Quedamos los dos jadeando, relajados, abrazados, sumergidos en un beso de lengua interminable, hasta quedar acostados frente a frente, mirándonos a los ojos y sintiendo un amor profundo. Dándole besitos, le dije que la había extrañado un montón estos cuatro días y que no veía la hora de que volviera. Ella se acurrucó sonriendo y me dijo que me amaba con locura. Acariciándole sus cabellos rubios, le pregunté en voz baja: "¿Es verdad lo que me dijiste?". "¡Pero no, tonto! Te lo dije para que te excitaras" –me respondió haciéndome unos mimos en la cara. "¡Ah, menos mal! Me enojé en serio, pero también me excité mucho" –agregué yo, sintiendo más tranquilidad. "Bueno, en realidad, algo existió" –dijo temerosamente y con cara de pícara. Yo me acomodé en la cama, mirándola y con cara de pocos amigos le pedí que empezara a contar todo con lujo de detalles. Vane se metió dentro de las sabanas y tapándose hasta la mitad de la cara, con un poco de vergüenza, empezó con su relato. Debo señalar que ella tiene la virtud que sus relatos son para mí como narraciones visuales. Ella logra que yo pueda ver y vivir lo que me quiere contar, como si yo estuviera allí.

Vane comenzó contando que en el vuelo de ida, a altas horas de la noche, conoció a un señor, pasajero de primera clase, que se acercó al galley a pedir un café porque no podía dormir. Resultó ser un empresario venezolano de unos 45 años de nombre Carlos. Vanessa lo describió como una persona muy interesante, simpática, segura de sí, muy elegante y buena facha, con un parecido a Alain Delón, fundamentalmente en el estilo de su cabello. Allí estuvieron charlando un rato en voz baja para no despertar al resto de los pasajeros. En un momento, una cuchara se cayó al piso y ambos se agacharon para recogerla quedando enfrentados a muy poca distancia. Vane sintió como una electricidad, que sumada a la fuerte mirada de Carlos y al olor de su perfume, la hizo poner nerviosa y se paró inmediatamente. Carlos quedó agachado con su cara a muy pocos centímetros de la mini de Vane y debido al pequeño espacio del galley, tuvo que tomarse de su cintura para pararse. Mi esposa se quedó petrificada con tal acción. El señor agradeció el café y se fue para su asiento. Unas horas  más tarde, se sirvió el catering a los pasajeros. A pesar de no ser su sector, Vane cambió con una compañera para poder atender a Carlos. Mientras le ponía el mantel y le servía la comida, él le rozó su pierna suavemente pidiéndole disculpas. Ya durante el descenso, cuando le fue a recoger la bandeja, Carlos le tomó y acarició delicadamente su mano sin que nadie lo note. El estómago de Vane comenzó a burbujear, un poco por miedo a ser vista por los otros pasajeros y tripulantes y otro poco por excitación.

Una vez aterrizados, los pasajeros descendieron del avión y Carlos se despidió con un simple "Gracias" y se marchó. Vane quedó un poco triste y patinando en el aire, porque esperaba al menos, algún gesto, seña o lo que sea para poder volverlo a ver. Sin otro remedio, no le quedó otra que agarrar sus cosas y juntarse con la tripulación para ir hasta el hotel EuroBuilding, adonde llegaron a las 8 de la mañana. Se despidió de todos y fue para su habitación. Estaba cansadísima, había pasado toda la noche sin dormir y había atendido a más de 120 pasajeros. Ni bien entró en el cuarto, tiró su maleta y su ropa en el piso y se metió en la cama. Su enorme cansancio se fue convirtiendo de a poco en excitación. Sin forzarlo, empezó a pensar en Carlos. Como le había atraído mucho, lamentaba el no volverlo a ver otra vez y se había quedado caliente.

Vane interrumpió la narración y empezó a besarme muy efusivamente. Yo me empecé a calentar de a poco, me quité los pantalones y me metí dentro de las sabanas con ella. Al rato de estar besándonos y tocándonos, me preguntó si me sentía bien y si quería que continuara. A lo que respondí que "si", muy interesado. Ella continuó el relato, explicándome que hacía fuerza para dormir, pero su cabeza no la dejaba. Volvió a pensar en Carlos, en su perfume y en su pinta. De a poco se fue calentando y excitando. Se acariciaba donde él lo había hecho, para tratar de recordar. Se tocó el clítoris y se empezó a mojar. Metió 2 de sus dedos en la vagina y se empezó a masturbar. En su cabeza, no lograba hilvanar las imágenes de Carlos con la masturbación. Aceleró el ritmo y se cansó más. Estaba excitadísima, pero el cansancio era tal, que no podía acabar. Su imaginación no le ayudaba. Su masturbación era simplemente mecánica. De repente, se acordó de mí y se empezó a calentar más. Esto le produjo mucho placer y se empapó por completo. Cuando estaba muy caliente, pudo mezclar los recuerdos de nosotros haciendo el amor junto a las imágenes que tenia de Carlos. Allí se excitó de sobremanera e intentó demorar el placer lo máximo posible. Continuó masturbándose placenteramente por 20 minutos y acabó a los gritos, quedando exhausta.

Esta última parte relatada, me encantó. Mi glande estaba completamente por lo que escuchaba. Vane lo notó y continuó narrando, mientras yo me metí debajo de las sabanas a lamerle la vagina, prestando atención a lo que continuaba. Ella comentó que después de acabar, se quedó dormida por 8 horas. Al despertarse, tomó un bañó y deshizo su maleta. Acomodó su uniforme en una percha y al colgarlo notó que había algo en el bolsillo. Era un billete de 100 dólares partido a la mitad y una tarjeta personal de Carlos con su teléfono y unas líneas que decían: "Amor, me gustaste mucho. Llámame hoy mismo si quieres la otra mitad del billete. Te invito a donde tú quieras." Vane se ofendió. El señor le había gustado, pero qué se creía, ¿que era una puta que se movía por la plata? Decidió no llamarlo. Estaba enojadísima.

Al día siguiente, se despertó más tranquila. Bajó a desayunar y vio que era un día muy soleado y de calor. Después de desayunar, pasó por la piscina y pensó que estaba ideal para tomar sol. Volvió a la habitación a ponerse un bikini y vio la tarjeta. Estaba media dubitativa pero se arrepintió y lo llamó por teléfono. Lamentablemente atendió un contestador y solo pudo dejar un mensaje con el número de habitación. Fue al baño y cuando regresó repentinamente sonó el teléfono. Allí le invadieron todos los miedos. Sabía que era Carlos. No sabía si atender o no. Sentía miedo pero a su vez sentía mucha excitación. Pensó un poco, estaba en un dilema, si engañarme o no. El teléfono paró de sonar. Se sentó y se tranquilizó.

Yo en ese momento, salté como leche hervida y le dije: “¡Hija de puta! ¿No sabias si engañarme o no?". De la bronca, la penetré brutalmente y pude percibir que estaba empapada de excitación y muy transpirada. Fue un placer como entró mi verga en su concha. Estaba indignado pero a su vez excitado y mientras empezamos a coger, le pedí que por favor me siguiera contando. Vanessa entre jadeos y grititos continuó relatándome que al poco tiempo, el teléfono volvió a sonar. En ese momento, la excitación fue más fuerte que el miedo y decidió atender. Efectivamente era Carlos, quien con su simpatía y buena onda, la embarulló hablando rápido y le dijo que la pasaba a buscar en 10 minutos para ir a navegar en crucero por el caribe. Vane me confesó que sintió más miedo todavía, pero todo esto le parecía un sueño, 100 dólares, crucero, caribe. Cuando se quiso detener a pensar, ya habían pasado los 10 minutos, y así como estaba vestida salió rápidamente a la calle en su encuentro tratando que ningún tripulante la vea. Llevaba un vestidito de playa cortito encima de la ropa interior y unos zuecos altos. Enseguida llegó Carlos en una 4x4 nueva. Vane se subió y le pidió que arranque rápido para que nadie la vea. Al poco tiempo de andar, se saludaron como corresponde y él le preguntó si no le intrigaba saber adónde iban. Ella le respondió que no, que todo estaba bien, siempre y cuando regresara a la noche porque al día siguiente tenía que volar.

Estábamos matándonos cogiendo cuando salté para decirle; “¡Puta de mierda! Qué respuesta tan irresponsable que le diste. ¿Tú no le tienes miedo a nada? Ella me contestó: "El tipo me atraía tanto que iría a cualquier lado con él". Su explicación me irritó tanto que la empecé a morder fuerte en sus senos mientras la penetraba cada vez más adentro. Pero Vane disfrutaba de esto todavía más. Le encantaba verme enojado y celoso. Como no me podía calmar, continuó relatando la historia en voz alta mientras gozaba como una perra de la cogida que le estaba dando. Como me intrigaba y me excitaba mucho, la dejé continuar.

Ella me dijo que en el trayecto hacia el puerto, se detuvieron en una estación de servicio, de esas que tienen de todo. Mientras Carlos hacia llenar el tanque de combustible, Vane se bajó a comprar agua mineral y algunas golosinas. Cuando estaba a punto de pagar, apareció Carlos quien agregó una caja de preservativos Prime y pidió la cuenta. Esta acción la dejó a Vane media alterada, de nuevo miedo y excitación. Ella le pidió que la esperara unos minutos porque precisaba ir al baño. El baño no estaba muy limpio y era pequeño. Cuando se estaba arreglando frente al espejo, entró Carlos. Vane enojada le preguntó si se había vuelto loco. El respondió que "si" pero por ella. La tomó por detrás y ella no pudo resistir su abrazo. Vane se miraba al espejo y podía ver como él muy concentrado le besaba el cuello. Con Vane prácticamente entregada, él la tomó de la cintura y la arrastró hacia el inodoro. Bajó la tapa y se sentó. Amarrándola de la cintura la hizo sentar sobre sus piernas de frente a él. Allí la empezó a besar muy dulcemente en el cuello y de a poquito le fue levantando el vestidito para acariciar su cuerpo. Mi mujer estaba excitada. De repente escucharon que alguien entraba y tuvieron que salir corriendo. Subieron a la camioneta y siguieron su camino a las carcajadas. (Esto a mí ya no me hacia ninguna gracia).

Cuando llegaron al puerto, Vane se quedó alucinada. En la amarra había un crucero Criff Craft de 20 metros de largo. Los dos marineros le dieron la bienvenida y ni bien subieron a bordo, pusieron en marcha y salieron a navegar. Vane y Carlos fueron a la proa para ver la salida del puerto. El viento pegando en su cara, más el hermoso paisaje que se veía y todo ese sol, sumergieron a Vane en un idilio. Ella se sentía toda una diosa y estaba orgullosa de la conquista que había hecho. Quería que alguien registrara ese momento que estaba viviendo y lo quería disfrutar al máximo. Ya estando mar adentro, Carlos le enseñó hasta el último recoveco del barco, cockpit, living, comedor, cocina, baño y camarotes. El motor se detuvo y tiraron anclas. Carlos la invitó a que fueran a la cubierta para tomar sol. En ese momento ella se percató que no había traído el traje de baño. Entonces Carlos la hizo pasar al camarote principal y le enseñó un armario donde había un montón de trajes de baño de mujer. Vane le preguntó de quien eran y él respondió que eran de su esposa, que era media chiquita pero que igualmente le iban a servir. Mi mujer se quedó muda. Carlos le insistió: "Elige la que quieras y vamos de una vez" –quedándose allí parado. Vane cada vez sentía más miedo y más excitación, encima de todo, este señor era casado y ella se tenía que poner un bikini de su esposa. "Vamos, yo te ayudo, ponte ésta color amarillo" –agregó Carlos. Vane tragó saliva, miró el traje de baño que era diminuto, miró a su alrededor y no sabía qué hacer. Carlos daba vueltas por allí sin retirarse, el camarote no tenía puerta y las ventanas estaban abiertas. Yo a esta altura, ya estaba súper excitado, mi miembro estaba al máximo. Seguíamos cogiendo de manera increíble, Vanessa era una diosa del amor, cogiéndome y narrándome. Me estaba transmitiendo todos los miedos y la excitación que ella sintió.

El relato continuó. No encontrando otra salida, mi mujer se vistió de coraje, sacó pecho, se quitó el vestido, la ropa interior y rápidamente se puso el traje de baño. Tratando de no ponerse nerviosa, se fue a mirar al espejo y vio que era tan chiquito que las tetas le explotaban, la tanga se le metía en la raya y su qué vulva no quedaba del todo cubierta. Carlos la admiró fascinado, - "Te queda fantástica, tienes un cuerpo increíble". Vane se sentía con mucha vergüenza, pero Carlos la apuró para que fueran a tomar sol. Y allí fueron, los marineros ya habían preparado unas reposeras en la cubierta y estaban sirviendo unos tragos. Al rato, la vergüenza de Vane ya no era tanta y estaba de lo más jocosa tomando sol y charlando con su nuevo amante. La cerveza corría como si fuera agua. Hacía mucho calor y Vane había bebido más de la cuenta. Carlos interrumpió la charla para decirle que el sol era muy fuerte en el caribe para lo cual le recomendaba que se pusiera una protección que él tenía allí. En ese momento, Vane se recostó boca arriba en la reposera y con cara de perversa y voz de inocente, le dijo: - "¿Por qué no me la pones tú?".



Carlos le empezó a esparcir la crema por todo su cuerpo delicadamente. A Vane se le puso la piel de gallina. Él le quitó el brasier y desesperadamente le chupó las tetas. Su concha se lubricó tanto que la tanga se le metió para adentro, dejando los labios de su vulva muy mojados hacia afuera. Se comieron la boca de un beso intenso mirándose a los ojos. Ella lo acostó boca arriba y le empezó a chuparle la verga con muchas ganas mientras Carlos le metía dos dedos llenos de bloqueador solar en la concha. Ambos comenzaron a jadear y gritar del placer que se daban mutuamente. Mi mujer pudo percibir que los 2 marineros no le sacaban los ojos de encima y se la comían con la mirada y los muy sucios se masturbaban viendo como disfrutaba de la verga del patrón. Disfrutando ella mucho de toda esta situación, Vane contó que llegó a un primer orgasmo.

Llegó un momento que no quise escuchar más. Nuestra excitación era tan grande que mientras me contaba esta última parte, la empecé a besar muy efusivamente. Ella me correspondió abrazándome mucho y gritándome que estaba sintiendo como su vagina hervía. Enganchó y trabó mis piernas con las suyas, evitando que nos pudiéramos mover. Con sus músculos vaginales, me empezó a apretar la verga que estaba dura como una piedra. Al poco tiempo, acabamos juntos como dos animales salvajes. Nos quedamos abrazados por un rato, sin decir ni una palabra. Después de haber estado casi todo el día en la cama cogiendo, disfrutando de toda esta jugosa historia, salimos a cenar. En el camino, sonó el celular de Vane avisando que había un mensaje pendiente. Después de verificarlo, me lo hizo escuchar. Era un mensaje de Carlos en el cual le dejaba el número de teléfono de su casa en Caracas. En ese momento, le pregunté: "Pero entonces, ¿Todo esto fue verdad?" "Papito, me encanta verte así de celoso. Ya te lo dije, sí, la conquista existió, pero no me animé a hacer más nada porque recién lo conocía. No soy tan puta como tú crees, aunque contigo soy la más puta que puede existir" –me respondió ella. La miré con desconfianza, sonreímos y continuamos nuestro camino.

A la semana siguiente volvieron a programarle un vuelo a Caracas al cual por supuesto no la deje ir. De todas formas, continuábamos haciendo el amor incluyendo a Carlos en el medio de nuestras fantasías. Lo disfrutábamos mucho. Si bien, yo no sabía la verdad sobre esta relación, tampoco me preocupé mucho en averiguarla. Meses más tarde, pude interceptar un mail que Carlos le mandó a mi mujer. Atando cabos y haciendo unas averiguaciones, me enteré que se habían encontrado en Buenos Aires. Me sentí muy mal porque Vane no me había contado nada. Finalmente y no aguantando más, le envié un mail, haciéndome pasar por ella, en el cual le pregunté cuando nos volveríamos a ver y que fue lo que más le había gustado de nuestro encuentro en Buenos Aires. Carlos me respondió que fue increíble esa chupada de verga que le había hecho en ese bar en la recova de Belgrano.

Él dia llegaba a su fin y fui a dormir pensando en la manera que castigaría a la azafata puta que tengo por mujer; a la mañana siguiente entendí que tantos días fuera y con lo caliente que es necesita tener su forma de aliviar la calentura y que mejor que perfectos desconocidos para hacerlo, de igual forma ellos pueden tenerla una noche y nada más pero yo siempre la tengo en la cama y se vuelve la más perversa mujer que ha existido.



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