Buenos
días tengan todos, estuve un tiempo ausente producto de mi trabajo y atendiendo
otros asuntos personales, esta vez quiero compartir con ustedes algo que me
sucedió no hace mucho tiempo atrás y que guardo como un recuerdo valioso de
alguien a quien llegué a apreciar mucho. Cómo siempre y por razones obvias no
diré cómo se llama para proteger la identidad de la inocente.
Bueno
resulta que conocí a una sumisa gracias a la ventaja del internet; hicimos una
bonita amistad que con el paso del tiempo se transformó en una relación, nos
habíamos visto en persona; tuvimos la oportunidad de sesionar y tener sexo;
puedo decir que ha sido una grata experiencia. Bueno, resulta que estábamos
chateando por mensajes de texto, algo muy poco común, hoy en día la gente usa
más que todo el WhatsApp y a veces Facebook, sin embargo hay pocas personas que
usan SMS jajaja, bueno resulta que en medio del chat estábamos conversando y la
cosa se estaba poniendo extremadamente caliente y fogosa ¡uffffff cosa que a mí
me encanta! Ella me dice que quiere ser sesionada como la última vez que
estuvimos juntos, lo que hace que yo me caliente aún más, estamos en lugares
distintos y el saber que quiere que la azote me hace hervir la sangre, ella consciente
de la situación me provoca y me dice cosas para calentarme aún más, imagínense
ustedes, el muchacho que es llorón y la mamá que lo pellizca, jajaja. En medio
de mi gran calentura tomo bastante aire, respiro profundo y hago ejercicio de
respiración y me llega la calma, puedo sentir como mi corazón disminuye ese
latido vertiginoso y logró controlar mi mente y mi cuerpo, sin embargo, mi
sumisa sigue provocándome, razón la cual decido hacerle una videollamada aunque
sepa cómo va a terminar esta situación.
“Hola
Paula. ¿Me ves? –comienzo. “Sí te veo” –me responde. Primera falta, se dice:
Sí, mí señor. ¿Entendido mi querida sumisa?” –le corrijo. “Sí, mi señor” –me
responde. Le digo: “Muy bien, eres una zorrita obediente y sonrío de manera
perversa. La conversación transcurrió de manera pausada, observaba cada detalle
de Paula y me excitaba ver cuán dispuesta estaba a obedecer cada orden que
pudiera darle. “Me gusta como vistes, pero quiero que te desnudes ahora” –le
digo. “Como usted ordene” –me responde. “Hazlo lento, quiero disfrutar tu
cuerpo exquisito” –le ordeno. Poco a poco se quitó la ropa; primero la blusa de
color blanco y el brasier que le hacía juego, con transparencia que dejaba ver
lo rosado de sus areolas y pezones. Para mí era un deleite ser quien disfrutaba
de su cuerpo esta vez a la distancia. Pronto ya estaba quitándose el ajustado
jeans que se amoldaba de manera perfecta a las curvas de sus caderas anchas,
como le digo siempre: “Caderas anchas para montar a esa yegua salvaje”. Mi
sorpresa fue mayor al ver que no usaba pantaletas; sin duda Paula estaba
dispuesta a despertar mis demonios y lo estaba consiguiendo.
Solo
con decirle que se desvistiera ya estaba completamente húmeda, podía notar que
su vagina brillaba. Era alucinante, para mí uno es uno de los mayores placeres
que hay; disfrutar de la humedad vaginal de una mujer que se muere por estar
contigo. “¿Estás mojada zorrita?” –le pregunté.
“Muy mojada mi señor” –me responde. Mi mente empezó a tejer un plan para
saciar mi sed de lujuria. Apunto con mi dedo al piso y ella entiende lo que
quiero, sin decir una palabra acomoda su teléfono y se coloca de rodillas
frente a mí; de manera delicada y sutil dice: “Espero su orden mi Señor”. Era
el tiempo preciso de probar su lealtad, de probar su obediencia y hasta donde
sería capaz de llegar.
Le
pregunto: “¿Haz cumplido con lo que te pedí?”. “Sí, Amo” –responde sin
titubeos. “Veo que eres una zorrita obediente y eso me gusta” –le digo mientras
sonrío. “Quiero ver donde están” –le digo. Solicita permiso para colocarse de
pie, el cual es concedido y se dirige al otro extremo de la habitación, de un
mueble saca los artilugios que usaríamos en otra oportunidad pero que esa noche
serían solo la premisa de algo que se estaba dando en el momento. “Listo señor”
–me dice colocándose otra vez de rodillas. “Coloca las pinzas en tus pezones”
–le digo. Obediente las coloca, abre su boca al sentir como se aferran con
fuerza y da un gemido mezclado con excitación. “¿Duele?” –pregunto con voz
maliciosa. “Si mi señor” –me responde. Le digo: “Esa es la idea, no sabes cómo
disfruto al verte”. “¡Ay Amo, mi dolor es su placer! –me dice. “¿Estás excitada
Paula?” –le pregunto. “Mucho mi señor”
–responde. “Vamos a la habitación” –le digo. Ella sin dejar de transmitir dirige
sus pasos hacia la habitación, le ordeno que cierre la puerta con llave ya que
es nuestro momento y no quiero ser interrumpido. Susurró algo que no pude
entender y le digo: “Habla más fuerte putita, no te oigo bien”. “¡Ay mi señor, estoy tan excitada! Sonreí
complacido al otro lado de la pantalla. Ya era tiempo de dejar libres a los
demonios.
“Así
me gusta que hables fuerte y claro. Date palmadas suaves en la vagina y poco a
poco aumenta la intensidad” –le digo. Siempre buscando complacer mi perversión,
comenzó con golpes suaves; se podía percibir su excitación y disfrutaba de esos
casi inaudibles gemidos. De momento los golpes se hicieron constantes y
rápidos; el mayor deleite es ver como se retuerce en la cama, al momento en que
su vulva y clítoris se hinchan; sus gemidos se intensifican y se rinde de
manera milagrosa a un intenso orgasmo que la deja temblando. “¿Acabaste
zorrita?” –pregunté. “Perdón mi señor, no pude aguantar las ganas” –me dijo.
Sonreí y le dije: “Está bien, pero la próxima vez habrá castigo”. “Sí señor, lo
aceptaré gustosa” –responde. Sin dudas en una zorrita astuta y eso me gusta.
“Ahora
vas a buscar en el cajón de la mesa de noche el dildo que compramos para estas
ocasiones” –le dije. Presurosa lo busca, lo mira y sonríe. “Mételo en tu boca”
–le dije. Ella sin pensarlo comienza a lamerlo de la misma forma sensual que lo
hace cuando tenemos la oportunidad de estar juntos; yo me tocaba de manera
suave viendo como poco a poco lo metía en su boca. Le digo que se coloque en
cuatro poniendo su sexo hacia la cámara y que se meta el dildo en la vagina
para que se penetre hasta que ya no pueda más. Solo responde: “¡A su orden mi
señor!”. “¡Ay Amo!” –gime con desesperación. Yo solo le ordeno que lo haga
rápido, al mismo ritmo que mi mano sube y baja por mi miembro. “Quiero que te
des nalgadas dejando el dildo dentro y que lo hagas un poco más duro” –le digo.
Obediente lo hace dejando sus manos marcadas en las nalgas. “¡Ay Amo! ¡Ay Amo
tengo ganas de acabar!” –me dice. “No todavía pequeña, aún no, detente” –le
digo. “¡Ay mi señor, ya no resisto!” –me dice. “¿Te gusta putita?” –le digo.
“Sí, mi señor” –responde casi al borde del éxtasis. “Habla más fuerte puta” –le
ordené. “¡Sí, sí me gusta” –responde ahogando sus gemidos. “Puedes aliviar la
tensión. ¡Acaba zorra!” –le digo mientras exploto dejando mi vientre y mi mano
cubiertos de mi semen. Su cuerpo cayó sobre la cama y se retorcía de placer;
sus gemidos eran intensos y voz casi inaudible decía: “¡Gracias Amo por tan
delicioso placer que me regala!”.
Después
de recuperar el aire le dije: “Ponte de rodillas zorrita”. Obediente responde:
“¡Sí señor!”. “¿Quién eres tú? –pregunté. “Soy su perra, su puta” –respondió.
“Nunca lo olvides, porque siempre serás mía” –le dije. Acto seguido, me despedí
con cariño y colgué la llamada. Al otro día recibí una foto de ella desnuda
para motivarme en el trabajo y andar todo el día pensando en las cosas
perversas que haríamos en nuestro próximo encuentro.
Pasiones Prohibidas
®

Precioso
ResponderEliminarSeñor me hizo recordar a mi antiguo Amó hoy diré que me éxito pero al mismo tiempo mi corazón se enmudecio
ResponderEliminarSabes bien que Todos tus relatos
ResponderEliminarMe calientan deliciosamente
Haciendo que chorrear mi entre pierna sentir mi vagina palpitante y muy mojada.
Me encanta leerte siempre Mí Señor
Es tan excitante como despiertas mis demonios
Me fascina ser tu puta mi amor