Dicen
que hay cosas que conviene mejor mantener en secreto, que no merecen ser
divulgadas ya que la careta de muchas personas caería y serian expuestos
oscuros secretos de su vida privada. Por razones obvias mantendré mi nombre en
reserva junto con el de otros involucrados no por miedo a represalias sino por
el respeto a la privacidad que todos merecemos.
Me
llegó un mail que espero con ansias todos los años, este mail contiene una
dirección, hora y fecha de un evento BDSM que se realizaría en algún lugar de
esta larga y angosta faja de tierra, en donde muchas personas influyentes
asisten. Para ingresar hay que dar cierta contraseña que varía cada año y solo
este selecto grupo de hombres y mujeres sabe; y solo así se abre el paso al
evento. Quien quiera ingresar y no se parte de este selecto grupo debe pagar un
alto precio (no en dinero) sino en su cuerpo y el que no sea digno simplemente
no entra. Puedes ser alguien con posición económica, pero si no eres
recomendado debes pagar tu ingreso a tan selecto grupo ya fueras Dominante,
sumiso o switch.
El
desplazamiento no sería tan largo ya que el evento se desarrollaría en mi
ciudad, las instrucciones eran claras, debíamos asistir con nuestra sumisa,
vestidos de gala y después ellas en el lugar se cambiarían de ropa. La mayoría
de los Dominantes que asistimos llevamos capa y antifaz (seas mujer u hombre).
Llegó la fecha y acudí a buscar a mi sumisa para dirigirnos al evento, no
conduje más de media hora y llegamos. Frente a la puerta estaba el guardia de
seguridad, vestido de un impecable traje negro y con antifaz a tono. Me acerco
y susurro en su oído la palabra que nos permitiría el ingreso. Un escueto
“bienvenidos” sale de sus labios haciéndose a un lado y abriéndonos el paso al lugar
en el que se desarrollaría la junta. Mi sumisa se separa de mí para ir al lugar
que tenían designado para efectuar su cambio de vestimenta.
Unos
amigos venían detrás de nosotros y repiten el mismo ritual en la entrada, nos
saludamos cordialmente mientras sus sumisas siguen el camino al cuarto. Nos
dirigimos al salón principal donde el Maestro de ceremonias nos intercepta y
pregunta: “¿Tienen problemas en ceder su sumisa en caso de ser necesario?”. Mis
amigos no ponen objeción pero yo respondo: “Ella es mi propiedad, por ende
esgrimo exclusividad sobre ella”. Me mira y dice: “Entiendo, no hay problema estimado”.
Por razones obvias, no hay alcohol y pido una gaseosa mientras me anuncien que
mi sumisa está lista para juntarse conmigo, la maid trae lo que ordené y
mientras bebo me informan que debo ir a buscarla a otro lado.
Mis
ojos se deleitan al verla vestida con el color escogido este año, con
portaligas rojo, un diminuto calzón que se metía entre sus nalgas, medias
negras hasta los muslos y su antifaz, con tapa pezones del mismo rojo intenso y
esos tacos negros que la hacen ver al menos diez centímetros más alta, con su
cabello cayendo por sus hombros. Sin duda es una mujer preciosa y solo yo tengo
el lujo de poseerla. Camina con pasos seguros hacia donde estoy yo, sabe que no
debe mirarme a los ojos y a nadie a su alrededor, con su vista al piso toma mi
mano y llegamos al amplio salón donde se daría apertura a los juegos. En ese
momento meto mi mano al bolsillo de mi traje de donde saco el collar que la
identifica como mi propiedad, ella se coloca de rodillas y yo coloco el collar
en su cuello. Describir cada uno de los espacios destinados para desarrollar
cada dinámica seria redundar, solo puedo decirles que todo lo que ustedes
piensan que podría haber si había. El Maestro de ceremonias da la bienvenida a
cada uno de los asistentes y de fondo suena música de acorde a la ocasión; el
discurso de apertura fue más corto que en años anteriores; se anuncia que habrá
una ceremonia un tanto especial y que deberíamos estar presentes. Todas las
sumisas con Amo estaban en posición “nadu”
al lado de su respectivo Amo y las que no, estaban a un rincón del salón
completamente desnudas y exhibidas para quien quisiera usarlas, sin duda el
morbo para alguien que iba por primera vez era enorme pero para los que ya
llevamos tiempo asistiendo todo es normal y cotidiano.
Los
juegos se abrieron con el Maestro de ceremonias sesionando con su sumisa, es colocada en un cepo, dejándola
inmovilizada por completo, ya que sus tobillos son apresados con grilletes,
comenzó spankeando con su mano para luego continuar con un flogger el que se
envolvía en sus caderas y espalda con facilidad, era un espectáculo digno de
admirar. Mi sumisa con los ojos mirando al piso sostenía mi vaso y yo me
deleitaba viendo como la chica era torturada por su Amo. La quitó del cepo para
ser llevada del cabello a la Cruz de San Andrés donde proseguiría la tortura,
con grilletes en muñecas y tobillos; esta vez es elegido un Shinai de bambú el
que sonaba de manera armónica en esas maltratadas nalgas. Él como buen Amo se
acercaba a su propiedad para preguntar si se encontraba bien y si podía
continuar. Después de unos treinta placenteros minutos terminó la intensa
sesión que encendió los motores de los Dominantes hambrientos de sadismo.
Ahora,
cada quien podría ocupar el lugar que quisiera para dar rienda suelta a la
perversión; toco el hombro de mi sumisa y con un gesto le hago saber lo que
deseo; ella complaciente se coloca en posición para gatear; tomado del extremo
de la correa camino con ella hacia el centro del salón y la dejo en medio
aguardando a que regrese a deleitarme con su exquisita figura. De rodillas,
cabeza abajo y con las palmas de las manos hacía arriba aguarda hasta que sintió
una caricia en su cabello. Una mesa con los adminículos necesarios para
flagelar su cuerpo me acompañará; me paro frente a ella y solo con un mirada
entiende lo que quiero, sin decirle nada se coloca sobre su abdomen en el piso
mientras tomo una vela de la mesa y dejo caer el esperma caliente en su espalda,
y sobre sus glúteos, casi cubierta por completo se coloca de pie; en sus ojos
se puede ver el placer y en los míos se puede ver la perversión.
Camina
de manera sensual a mi alrededor provocándome, se detiene dándome la espalda y
de la mesa tomo un flogger que deslizo suavemente por su piel, hasta ir poco a
poco azotándola para quitar todo rastro de cera de su delicado cuerpo; sus
gemidos son la música predilecta que envuelve mis oídos. Por un momento el
tiempo se detiene y todo lo que nos rodea desaparece; solo la tengo frente a mí
recibiendo cada azote propinado para mi deleite, hago que se gire y el flogger
se deja sentir en sus senos, en su abdomen y en sus muslos, el sonido de cada
golpe en su cuerpo es estridente, excitante y lascivo; es un privilegio que
muchos de los presentes quisieran tener.
Otra
vez, solo con una mirada va al piso mientras busco la fusta que ella me regaló,
sin duda uno de mis juguetes favoritos. Recorro sus muslos con ella, subiendo
por su sexo hasta llegar a la zona de sus deliciosos senos. Le advertí que serían
treinta y siete fustazos que debida enumerar a viva voz, de no se ser escuchada
de comenzaría otra vez. Mueve su cabeza afirmativamente y el festín comienza,
el aire se corta al paso de la fusta y se escucha: “Uno, mi Señor”. El cuero de
la fusta deja una rosada marca en el borde de su seno izquierdo. Prosigo con la tortura, dejando en cada golpe
una exquisita marca. Cuando llegamos al N°36 me detengo y espero su reacción.
La recorro girando a su alrededor y el la fusta corta el aire, se siente el
delicioso golpe y un agónico “treinta y siete mi Señor” –se deja escuchar.
A una
indicación las maid traen una camilla, ella sabe lo que viene; un perverso
juego que a ambos nos gusta y que queremos compartir con los presentes. De
manera caballerosa la ayudo a subir y sola se coloca sobre su pecho. Tomo una
botella de alcohol para quemar, el que es esparcido por sus muslos. Los demás
asistentes se detienen por un instante y la luz se apaga; enciendo una antorcha
y comienzo. Al entrar en contacto el fuego con alcohol se inflama. Con mi mano
sigo el camino de la llama para que se extinga a medida que avanza aquel
delicioso cuerpo. El placer en mis ojos es tremendo, ver que tan dispuesta está
mi sumisa a complacer cada uno de mis deseos y la conexión que existe sin
palabras es algo que no se puede conseguir con dinero.
Después
de un momento dimos por terminada la sesión nos quedamos contemplando el
proceder de los otros que sesionaron. Pasaron un par de horas de aquellas prácticas
cuando se nos convocó al salón principal a los asistentes y dar comienzo a la “ceremonia
especial” de esa noche. En un círculo cada Dominante de pie y su sumisa
arrodillada a su lado se anuncia que una pareja realizaría una ceremonia denominada:
“La Ceremonia de las cuerdas”. El círculo pierde la perfección, ya que mi
preciosa sumisa y yo pasamos al frente donde una cuerda larga nos esperaba y
realizar nuestro ritual.
Ella arrodillada
frente a mí con su cabeza abajo me entrega la cuerda con sus dos manos
extendidas y me dice: “Esta cuerda simboliza mi regalo de sumisión, y se la
ofrezco como prueba de mi entrega”. De igual forma la recibo y comienzo a atar
sus manos mientras le digo: “Por el nudo número uno, tu lazo se ha atado, tu
vida estará junto a la mía”. “Por el nudo número dos, te prometo que acepto tu
regalo y que comenzaremos una nueva vida”. “Por el nudo número tres, tu sueño
se cumplirá, y me entregarás toda tu pasión”. “Por el nudo número cuatro, te
prometo aún más, que mi amor por ti seguirá creciendo”. “Por el nudo número
cinco, a partir de este día me esforzaré por dirigirte y mantener en ti la
sensación de sentirte viva”. “Por el nudo número seis, mi poder estará contigo,
con honradez y respeto, sin trucos”. “Por el nudo número siete, mi control
llevará tu cuerpo a la tierra y tu espíritu al cielo”. “Por el nudo número
ocho, el placer de la carne se consumará en la voluntad de amor que con esta
cuerda me entregas”. “Por el nudo número nueve, mi amor por ti brillará
siempre, el pensamiento de la eternidad se me hace divino”.
Después
de eso, tomo sus manos entre los nudos, la coloco de pie y beso tiernamente sus
labios; un gesto que desde hacía tiempo no tenía. Ella a través de esta ceremonia
se entregó por completo a mí para ser mi esclava y todos los presentes han sido
los testigos de tan preciada y solemne entrega. Hay quienes por supuesto dirán
que la esclavitud ha sido abolida con el correr de los años pero quiero
decirles a a quienes cuestionan la legalidad de tal ceremonia que no hay nada
más valioso en el mundo que alguien con quien has recorrido un camino se
entregan de forma libre y desinteresada para no solo ser un juguete sexual que
puede ser usado cuando y de la manera que quieras sino que te entrega todo lo
que tiene que ver con su vida para no solo ser el verdugo que la azotará hasta
el cansancio sino también el hombre que la protegerá y la hará ser mejor de lo
que en su sumisión fue.
Pasiones Prohibidas
®

interesante lectura para quienes somos amantes de lo prohibido y lo perverso, de esta manara nos lleva a mundos inimaginables para cualquier mortal normal, pero para quienes somos adictos a la adrenalina que nos causa sensación de placer es un mundo perfecto.
ResponderEliminarHermoso. Gracias por compartirlo.
ResponderEliminarUn relato Realmente hermoso mi Señor
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