030. Una perversa reunión


Dicen que hay cosas que conviene mejor mantener en secreto, que no merecen ser divulgadas ya que la careta de muchas personas caería y serian expuestos oscuros secretos de su vida privada. Por razones obvias mantendré mi nombre en reserva junto con el de otros involucrados no por miedo a represalias sino por el respeto a la privacidad que todos merecemos.

Me llegó un mail que espero con ansias todos los años, este mail contiene una dirección, hora y fecha de un evento BDSM que se realizaría en algún lugar de esta larga y angosta faja de tierra, en donde muchas personas influyentes asisten. Para ingresar hay que dar cierta contraseña que varía cada año y solo este selecto grupo de hombres y mujeres sabe; y solo así se abre el paso al evento. Quien quiera ingresar y no se parte de este selecto grupo debe pagar un alto precio (no en dinero) sino en su cuerpo y el que no sea digno simplemente no entra. Puedes ser alguien con posición económica, pero si no eres recomendado debes pagar tu ingreso a tan selecto grupo ya fueras Dominante, sumiso o switch.

El desplazamiento no sería tan largo ya que el evento se desarrollaría en mi ciudad, las instrucciones eran claras, debíamos asistir con nuestra sumisa, vestidos de gala y después ellas en el lugar se cambiarían de ropa. La mayoría de los Dominantes que asistimos llevamos capa y antifaz (seas mujer u hombre). Llegó la fecha y acudí a buscar a mi sumisa para dirigirnos al evento, no conduje más de media hora y llegamos. Frente a la puerta estaba el guardia de seguridad, vestido de un impecable traje negro y con antifaz a tono. Me acerco y susurro en su oído la palabra que nos permitiría el ingreso. Un escueto “bienvenidos” sale de sus labios haciéndose a un lado y abriéndonos el paso al lugar en el que se desarrollaría la junta. Mi sumisa se separa de mí para ir al lugar que tenían designado para efectuar su cambio de vestimenta.

Unos amigos venían detrás de nosotros y repiten el mismo ritual en la entrada, nos saludamos cordialmente mientras sus sumisas siguen el camino al cuarto. Nos dirigimos al salón principal donde el Maestro de ceremonias nos intercepta y pregunta: “¿Tienen problemas en ceder su sumisa en caso de ser necesario?”. Mis amigos no ponen objeción pero yo respondo: “Ella es mi propiedad, por ende esgrimo exclusividad sobre ella”. Me mira y dice: “Entiendo, no hay problema estimado”. Por razones obvias, no hay alcohol y pido una gaseosa mientras me anuncien que mi sumisa está lista para juntarse conmigo, la maid trae lo que ordené y mientras bebo me informan que debo ir a buscarla a otro lado.

Mis ojos se deleitan al verla vestida con el color escogido este año, con portaligas rojo, un diminuto calzón que se metía entre sus nalgas, medias negras hasta los muslos y su antifaz, con tapa pezones del mismo rojo intenso y esos tacos negros que la hacen ver al menos diez centímetros más alta, con su cabello cayendo por sus hombros. Sin duda es una mujer preciosa y solo yo tengo el lujo de poseerla. Camina con pasos seguros hacia donde estoy yo, sabe que no debe mirarme a los ojos y a nadie a su alrededor, con su vista al piso toma mi mano y llegamos al amplio salón donde se daría apertura a los juegos. En ese momento meto mi mano al bolsillo de mi traje de donde saco el collar que la identifica como mi propiedad, ella se coloca de rodillas y yo coloco el collar en su cuello. Describir cada uno de los espacios destinados para desarrollar cada dinámica seria redundar, solo puedo decirles que todo lo que ustedes piensan que podría haber si había. El Maestro de ceremonias da la bienvenida a cada uno de los asistentes y de fondo suena música de acorde a la ocasión; el discurso de apertura fue más corto que en años anteriores; se anuncia que habrá una ceremonia un tanto especial y que deberíamos estar presentes. Todas las sumisas con Amo estaban en posición “nadu” al lado de su respectivo Amo y las que no, estaban a un rincón del salón completamente desnudas y exhibidas para quien quisiera usarlas, sin duda el morbo para alguien que iba por primera vez era enorme pero para los que ya llevamos tiempo asistiendo todo es normal y cotidiano.

Los juegos se abrieron con el Maestro de ceremonias sesionando con  su sumisa, es colocada en un cepo, dejándola inmovilizada por completo, ya que sus tobillos son apresados con grilletes, comenzó spankeando con su mano para luego continuar con un flogger el que se envolvía en sus caderas y espalda con facilidad, era un espectáculo digno de admirar. Mi sumisa con los ojos mirando al piso sostenía mi vaso y yo me deleitaba viendo como la chica era torturada por su Amo. La quitó del cepo para ser llevada del cabello a la Cruz de San Andrés donde proseguiría la tortura, con grilletes en muñecas y tobillos; esta vez es elegido un Shinai de bambú el que sonaba de manera armónica en esas maltratadas nalgas. Él como buen Amo se acercaba a su propiedad para preguntar si se encontraba bien y si podía continuar. Después de unos treinta placenteros minutos terminó la intensa sesión que encendió los motores de los Dominantes hambrientos de sadismo.

Ahora, cada quien podría ocupar el lugar que quisiera para dar rienda suelta a la perversión; toco el hombro de mi sumisa y con un gesto le hago saber lo que deseo; ella complaciente se coloca en posición para gatear; tomado del extremo de la correa camino con ella hacia el centro del salón y la dejo en medio aguardando a que regrese a deleitarme con su exquisita figura. De rodillas, cabeza abajo y con las palmas de las manos hacía arriba aguarda hasta que sintió una caricia en su cabello. Una mesa con los adminículos necesarios para flagelar su cuerpo me acompañará; me paro frente a ella y solo con un mirada entiende lo que quiero, sin decirle nada se coloca sobre su abdomen en el piso mientras tomo una vela de la mesa y dejo caer el esperma caliente en su espalda, y sobre sus glúteos, casi cubierta por completo se coloca de pie; en sus ojos se puede ver el placer y en los míos se puede ver la perversión.

Camina de manera sensual a mi alrededor provocándome, se detiene dándome la espalda y de la mesa tomo un flogger que deslizo suavemente por su piel, hasta ir poco a poco azotándola para quitar todo rastro de cera de su delicado cuerpo; sus gemidos son la música predilecta que envuelve mis oídos. Por un momento el tiempo se detiene y todo lo que nos rodea desaparece; solo la tengo frente a mí recibiendo cada azote propinado para mi deleite, hago que se gire y el flogger se deja sentir en sus senos, en su abdomen y en sus muslos, el sonido de cada golpe en su cuerpo es estridente, excitante y lascivo; es un privilegio que muchos de los presentes quisieran tener.

Otra vez, solo con una mirada va al piso mientras busco la fusta que ella me regaló, sin duda uno de mis juguetes favoritos. Recorro sus muslos con ella, subiendo por su sexo hasta llegar a la zona de sus deliciosos senos. Le advertí que serían treinta y siete fustazos que debida enumerar a viva voz, de no se ser escuchada de comenzaría otra vez. Mueve su cabeza afirmativamente y el festín comienza, el aire se corta al paso de la fusta y se escucha: “Uno, mi Señor”. El cuero de la fusta deja una rosada marca en el borde de su seno izquierdo.  Prosigo con la tortura, dejando en cada golpe una exquisita marca. Cuando llegamos al N°36 me detengo y espero su reacción. La recorro girando a su alrededor y el la fusta corta el aire, se siente el delicioso golpe y un agónico “treinta y siete mi Señor” –se deja escuchar.
A una indicación las maid traen una camilla, ella sabe lo que viene; un perverso juego que a ambos nos gusta y que queremos compartir con los presentes. De manera caballerosa la ayudo a subir y sola se coloca sobre su pecho. Tomo una botella de alcohol para quemar, el que es esparcido por sus muslos. Los demás asistentes se detienen por un instante y la luz se apaga; enciendo una antorcha y comienzo. Al entrar en contacto el fuego con alcohol se inflama. Con mi mano sigo el camino de la llama para que se extinga a medida que avanza aquel delicioso cuerpo. El placer en mis ojos es tremendo, ver que tan dispuesta está mi sumisa a complacer cada uno de mis deseos y la conexión que existe sin palabras es algo que no se puede conseguir con dinero.

Después de un momento dimos por terminada la sesión nos quedamos contemplando el proceder de los otros que sesionaron. Pasaron un par de horas de aquellas prácticas cuando se nos convocó al salón principal a los asistentes y dar comienzo a la “ceremonia especial” de esa noche. En un círculo cada Dominante de pie y su sumisa arrodillada a su lado se anuncia que una pareja realizaría una ceremonia denominada: “La Ceremonia de las cuerdas”. El círculo pierde la perfección, ya que mi preciosa sumisa y yo pasamos al frente donde una cuerda larga nos esperaba y realizar nuestro ritual.

Ella arrodillada frente a mí con su cabeza abajo me entrega la cuerda con sus dos manos extendidas y me dice: “Esta cuerda simboliza mi regalo de sumisión, y se la ofrezco como prueba de mi entrega”. De igual forma la recibo y comienzo a atar sus manos mientras le digo: “Por el nudo número uno, tu lazo se ha atado, tu vida estará junto a la mía”. “Por el nudo número dos, te prometo que acepto tu regalo y que comenzaremos una nueva vida”. “Por el nudo número tres, tu sueño se cumplirá, y me entregarás toda tu pasión”. “Por el nudo número cuatro, te prometo aún más, que mi amor por ti seguirá creciendo”. “Por el nudo número cinco, a partir de este día me esforzaré por dirigirte y mantener en ti la sensación de sentirte viva”. “Por el nudo número seis, mi poder estará contigo, con honradez y respeto, sin trucos”. “Por el nudo número siete, mi control llevará tu cuerpo a la tierra y tu espíritu al cielo”. “Por el nudo número ocho, el placer de la carne se consumará en la voluntad de amor que con esta cuerda me entregas”. “Por el nudo número nueve, mi amor por ti brillará siempre, el pensamiento de la eternidad se me hace divino”.

Después de eso, tomo sus manos entre los nudos, la coloco de pie y beso tiernamente sus labios; un gesto que desde hacía tiempo no tenía. Ella a través de esta ceremonia se entregó por completo a mí para ser mi esclava y todos los presentes han sido los testigos de tan preciada y solemne entrega. Hay quienes por supuesto dirán que la esclavitud ha sido abolida con el correr de los años pero quiero decirles a a quienes cuestionan la legalidad de tal ceremonia que no hay nada más valioso en el mundo que alguien con quien has recorrido un camino se entregan de forma libre y desinteresada para no solo ser un juguete sexual que puede ser usado cuando y de la manera que quieras sino que te entrega todo lo que tiene que ver con su vida para no solo ser el verdugo que la azotará hasta el cansancio sino también el hombre que la protegerá y la hará ser mejor de lo que en su sumisión fue.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. interesante lectura para quienes somos amantes de lo prohibido y lo perverso, de esta manara nos lleva a mundos inimaginables para cualquier mortal normal, pero para quienes somos adictos a la adrenalina que nos causa sensación de placer es un mundo perfecto.

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