Ocurrió
el fin de semana en que éramos visitados por Jocelyn mi cuñada. Lo cierto que
nunca me cayó muy bien pero las cosas cambiarían según pasaban las horas e
incluso los días. Oscar, mi esposo tuvo que salir y ella quiso quedarse conmigo
para acompañar y ayudar en los quehaceres de la casa, medio a regañadientes
acepté su ayuda y se instaló en una de las habitaciones.
Tratando
de llevar la fiesta en paz respondía a sus intentos por enganchar un tema de
conversación, y también tener una sana convivencia ya que no puedo estar todo
el día con cara de enojada, porque pensará que estoy mal cogida o al borde la
menopausia y para soportar chistecitos idiotas no tengo ni muchos menos el
humor.
Ya iban
como seis horas desde su llegada y se me hicieron eternas. Ya en la noche nos
sentamos a cenar algo que ella preparó y debo reconocer que le quedó bastante
bueno, en ese momento y a medida que las copas que vino nos hacían efecto se
rompían los pedazos de hielo del iceberg que había formado frente a ella. Fue
raro, pero a la vez agradable ya que mi cuñada es auténtica, sin dobleces y va
siempre de frente ante cualquier situación; cosa que a muchas personas una
personalidad así intimida pero que a mí me hace mucha razón porque las dos en
cierta forma somos parecidas.
Completamente
ebrias y a tumbos nos fuimos a nuestras habitaciones, tuve que desvestirla ya
que al posarse sobre la cama se durmió como un tronco. Verla sin ropa me
produjo una sensación extraña, vinieron a mi mente pensamientos qué nunca creí
tener y mi imaginación voló e imaginaba lo deliciosos que podrían ser los besos
de mi cuñada; pero la razón me golpeó ya que siempre me han gustado los hombres
y eso lo he tenido definido de hace tiempo.
Algo
confundida me dirijo a mi cuarto y pienso en lo que ocurre, voy al baño para
darme una ducha caliente pero mi mente morbosa no puede quitarse la imagen de
esos labios que casi de curiosidad besé. Al dar el agua tibia la sensación de
excitación me invadió cuando las primeras gotas rodaron por mi cuerpo;
imaginaba a Jocelyn besándome y recorriéndome con sus manos. ¡Qué exquisita
sensación! Mis manos se deslizan por mis muslos, saben dónde dirigirse y que
hacer ya que a mi marido le gusta que me toque frente a él, ésta vez no estaba
pero yo disfrutaba de ese éxtasis qué me hace cerrar los ojos y gemir con la
boca abierta.
Exhausta,
sin fuerza y con las piernas temblorosas me voy a la cama y me quedo con esa
imagen de aquellos labios siendo devorados por los míos y esas manos
recorriéndome por completo. Amanece y ambas nos dirigimos a nuestros trabajos,
ella viste un jeans apretado que resalta ese redondo trasero, creo que ya no la
veo como la cuñada metiche sino como la mujer que es y eso me asusta ya que
nunca he sido infiel a mi hombre, menos lo sería con una mujer y mucho menos
con su hermana, pero Jocelyn tiene algo diferente que no pasa inadvertido y me
hace desearla. Trato de reprimir mis emociones, la mente dice que no es posible
pero en contraste cada átomo de mi ser dice que intente seducirla y que no me
quede con las ganas.
Llegamos
juntas a casa pero había algo extraño en ella, la sonrisa que siempre ha tenido
pareció esfumarse y había cara de tristeza en su semblante; me dijo que no iba
a cenar y se encerró en su cuarto. No quise molestarla en un largo rato pero
creo que debía intentar ayudarla o mejor dicho escucharla por qué no paró de
llorar desde que cerró la puerta. Intento establecer una conversación al otro
lado de la puerta sin tener una respuesta, ya derrotada iba por el pasillo
cuando abre la puerta y me llama; me pide que entre y que tengamos esa
conversación.
Se
recuesta y se larga a llorar como una niña, al borde de la cama le ofrezco mi
hombro y entre sollozos me dice que descubrió a su novio siéndole infiel,
devastada me cuenta detalles; acaricio su rostro y seco sus mejillas pero mi
vagina se empapa, mi corazón se acelera y un hormigueo me recorre por completo
haciendo que muerda mis labios mientras mi sexo se inunda. La abrazo con
fuerza, la apego a mí y el olor de su perfume me seduce; creo que se dio cuenta
porque hundía su cabeza en mi pecho y me regalaba su tibio aliento en mis senos
mientras acariciaba su pelo. Me contengo cuando ella desliza su rostro por mis
senos, un gemido involuntario sale de mis labios pero ella no se detiene; ahora
esa deliciosa boca la que sigue el recorrido de mis senos, me estremezco y tomo
su cabello para ver como sus labios se amoldan sobre la ropa la figura de mis
senos. Ya no resisto mis ganas y caigo en la tentación, mis labios buscan los
de ellas y nos fundimos en un apasionado beso; sin prejuicios de ningún tipo me
lanzo sobre ella recorriendo su cuerpo lentamente, su respiración agitada hace
que me estremezca, me gusta lo que provoco en ella.
Levanto
su polera quedando sus senos al descubierto, hábilmente deslizo mi lengua por
sus labios y cuello hasta lamer esos duros pezones, con sutileza desabotono su
jeans y meto mi mano para sentir cuan mojada está. Su vulva hierve deseosa de
ser invadida, puedo sentir su lubricación por sobre la ropa interior. "No
puede ser posible que una mujer provoque estás cosas en mi" -pienso, pero
no pierdo el tiempo divagando sino que me aboco a darle placer a mi cuñada y
tratar de aliviar su pena. La desnudo con la sutileza que el caso requiere y
resbalo mi lengua hasta perderme en su húmeda vagina, se estremece de placer
gimiendo y apretando sus senos. La pena desaparece y da paso al placer, a la lujuria
y a ese deseo prohibido de saber que lo que estamos viviendo no es ético ante
los ojos de los demás.
Verla
retorcida en la cama al borde del orgasmo realmente me enloquece; sigo hasta
que sus piernas comienzan a temblar y su respiración se vuelve más intensa, me
dice que está a punto de acabar. Me toma y hunde mi cabeza en su vagina, no
puedo negar lo inevitable, explota en mi boca regalándome un intenso orgasmo
mezclado por sus fluidos que inundaron no solo mis labios, también mi cara. La tibieza
de su lubricación recorre mi cara por completo; Jocelyn me besa y pasa su
lengua por mi rostro saboreando cada gota de ese delicioso néctar con el qué me
impregnó.
La dejo
en la cama rendida, ya habrá tiempo en que podamos disfrutarnos plenamente;
esta vez yo quería que ella tuviera un momento de placer ya que no lo pasó muy
bien. Esa noche dormimos juntas y fue una de las mejores noches que he vivido y
vendrán muchas más porque ahora con agrado acepto que me acompañe cuando mi
marido se va de viaje.
Pasiones Prohibidas
®

Hace que mi cuerpo tenga se extremezca y esperar algún día tocar a alguien asi
ResponderEliminarAtte L
.