N° 125 La dulce tentación



Ocurrió el fin de semana en que éramos visitados por Jocelyn mi cuñada. Lo cierto que nunca me cayó muy bien pero las cosas cambiarían según pasaban las horas e incluso los días. Oscar, mi esposo tuvo que salir y ella quiso quedarse conmigo para acompañar y ayudar en los quehaceres de la casa, medio a regañadientes acepté su ayuda y se instaló en una de las habitaciones.
Tratando de llevar la fiesta en paz respondía a sus intentos por enganchar un tema de conversación, y también tener una sana convivencia ya que no puedo estar todo el día con cara de enojada, porque pensará que estoy mal cogida o al borde la menopausia y para soportar chistecitos idiotas no tengo ni muchos menos el humor.
Ya iban como seis horas desde su llegada y se me hicieron eternas. Ya en la noche nos sentamos a cenar algo que ella preparó y debo reconocer que le quedó bastante bueno, en ese momento y a medida que las copas que vino nos hacían efecto se rompían los pedazos de hielo del iceberg que había formado frente a ella. Fue raro, pero a la vez agradable ya que mi cuñada es auténtica, sin dobleces y va siempre de frente ante cualquier situación; cosa que a muchas personas una personalidad así intimida pero que a mí me hace mucha razón porque las dos en cierta forma somos parecidas.
Completamente ebrias y a tumbos nos fuimos a nuestras habitaciones, tuve que desvestirla ya que al posarse sobre la cama se durmió como un tronco. Verla sin ropa me produjo una sensación extraña, vinieron a mi mente pensamientos qué nunca creí tener y mi imaginación voló e imaginaba lo deliciosos que podrían ser los besos de mi cuñada; pero la razón me golpeó ya que siempre me han gustado los hombres y eso lo he tenido definido de hace tiempo.
Algo confundida me dirijo a mi cuarto y pienso en lo que ocurre, voy al baño para darme una ducha caliente pero mi mente morbosa no puede quitarse la imagen de esos labios que casi de curiosidad besé. Al dar el agua tibia la sensación de excitación me invadió cuando las primeras gotas rodaron por mi cuerpo; imaginaba a Jocelyn besándome y recorriéndome con sus manos. ¡Qué exquisita sensación! Mis manos se deslizan por mis muslos, saben dónde dirigirse y que hacer ya que a mi marido le gusta que me toque frente a él, ésta vez no estaba pero yo disfrutaba de ese éxtasis qué me hace cerrar los ojos y gemir con la boca abierta.
Exhausta, sin fuerza y con las piernas temblorosas me voy a la cama y me quedo con esa imagen de aquellos labios siendo devorados por los míos y esas manos recorriéndome por completo. Amanece y ambas nos dirigimos a nuestros trabajos, ella viste un jeans apretado que resalta ese redondo trasero, creo que ya no la veo como la cuñada metiche sino como la mujer que es y eso me asusta ya que nunca he sido infiel a mi hombre, menos lo sería con una mujer y mucho menos con su hermana, pero Jocelyn tiene algo diferente que no pasa inadvertido y me hace desearla. Trato de reprimir mis emociones, la mente dice que no es posible pero en contraste cada átomo de mi ser dice que intente seducirla y que no me quede con las ganas.
Llegamos juntas a casa pero había algo extraño en ella, la sonrisa que siempre ha tenido pareció esfumarse y había cara de tristeza en su semblante; me dijo que no iba a cenar y se encerró en su cuarto. No quise molestarla en un largo rato pero creo que debía intentar ayudarla o mejor dicho escucharla por qué no paró de llorar desde que cerró la puerta. Intento establecer una conversación al otro lado de la puerta sin tener una respuesta, ya derrotada iba por el pasillo cuando abre la puerta y me llama; me pide que entre y que tengamos esa conversación.
Se recuesta y se larga a llorar como una niña, al borde de la cama le ofrezco mi hombro y entre sollozos me dice que descubrió a su novio siéndole infiel, devastada me cuenta detalles; acaricio su rostro y seco sus mejillas pero mi vagina se empapa, mi corazón se acelera y un hormigueo me recorre por completo haciendo que muerda mis labios mientras mi sexo se inunda. La abrazo con fuerza, la apego a mí y el olor de su perfume me seduce; creo que se dio cuenta porque hundía su cabeza en mi pecho y me regalaba su tibio aliento en mis senos mientras acariciaba su pelo. Me contengo cuando ella desliza su rostro por mis senos, un gemido involuntario sale de mis labios pero ella no se detiene; ahora esa deliciosa boca la que sigue el recorrido de mis senos, me estremezco y tomo su cabello para ver como sus labios se amoldan sobre la ropa la figura de mis senos. Ya no resisto mis ganas y caigo en la tentación, mis labios buscan los de ellas y nos fundimos en un apasionado beso; sin prejuicios de ningún tipo me lanzo sobre ella recorriendo su cuerpo lentamente, su respiración agitada hace que me estremezca, me gusta lo que provoco en ella.
Levanto su polera quedando sus senos al descubierto, hábilmente deslizo mi lengua por sus labios y cuello hasta lamer esos duros pezones, con sutileza desabotono su jeans y meto mi mano para sentir cuan mojada está. Su vulva hierve deseosa de ser invadida, puedo sentir su lubricación por sobre la ropa interior. "No puede ser posible que una mujer provoque estás cosas en mi" -pienso, pero no pierdo el tiempo divagando sino que me aboco a darle placer a mi cuñada y tratar de aliviar su pena. La desnudo con la sutileza que el caso requiere y resbalo mi lengua hasta perderme en su húmeda vagina, se estremece de placer gimiendo y apretando sus senos. La pena desaparece y da paso al placer, a la lujuria y a ese deseo prohibido de saber que lo que estamos viviendo no es ético ante los ojos de los demás.
Verla retorcida en la cama al borde del orgasmo realmente me enloquece; sigo hasta que sus piernas comienzan a temblar y su respiración se vuelve más intensa, me dice que está a punto de acabar. Me toma y hunde mi cabeza en su vagina, no puedo negar lo inevitable, explota en mi boca regalándome un intenso orgasmo mezclado por sus fluidos que inundaron no solo mis labios, también mi cara. La tibieza de su lubricación recorre mi cara por completo; Jocelyn me besa y pasa su lengua por mi rostro saboreando cada gota de ese delicioso néctar con el qué me impregnó.
La dejo en la cama rendida, ya habrá tiempo en que podamos disfrutarnos plenamente; esta vez yo quería que ella tuviera un momento de placer ya que no lo pasó muy bien. Esa noche dormimos juntas y fue una de las mejores noches que he vivido y vendrán muchas más porque ahora con agrado acepto que me acompañe cuando mi marido se va de viaje.


Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Hace que mi cuerpo tenga se extremezca y esperar algún día tocar a alguien asi
    Atte L
    .

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