Narrador: Se hizo de noche y en medio de las sombras en la habitación de un hotel hay un hombre que espera con impaciencia a la mujer que despierta en él deseo, pasión y también un dejo de locura.
Amo: ¿Dónde vienes? ¿Por qué aún no has llegado?
Sumisa: Estoy de camino mi señor. El tráfico está horrible y estoy a cinco de minutos del hotel.
Amo: Has demorado demasiado ya no puedo con la impaciencia.
Sumisa: No se desespere mi señor, usted sabe que estoy para complacerlo y nada me hace más feliz que verlo satisfecho.
Narrador: Esa fue una conversación entre ambos. Habían firmado un contrato de sumisión en que ella cedia los derechos de su cuerpo y sexo a ese enloquecido hombre que ya empezaba a tejer los más oscuros pensamientos en su retorcida mente.
El ruido de una canción rompe el silencio de la habitación, mientras él enciende un cigarrillo y se sirve un vaso de whisky para hacer un poco más grata la espera. Suena su teléfono y el responde...
Amo: ¡Bueno!
Sumisa: Estoy en el hall de ascensores del hotel mi señor.
Amo: La espera me mata, por favor apúrate en llegar.
Sumisa: Hago lo que puedo mi señor.
Amo: ¡No haces nada! Cuando pongas un pie en la habitación tendré que castigarte por tu impertinencia.
Narrador: Ella mordió sus labios imaginando el castigo al que sería sometida, le gusta sentir la violencia de su Amo cuando la castiga; en cierta forma ella lo hace a propósito ya que sabe que ninguna de sus acciones pasan desapercibidas.
Les invito a ver lo que sucederá entre ambos al abrir la puerta.
Amo: Entra y quítate la ropa.
Sumisa: Mi señor, ¿quiere que lo haga lento o rápido?
Amo: Hazlo lento, quiero observarte pero no te quites la ropa interior.
Narrador: Él toma un pequeño látigo con hebras de cuero y lo coloca a un costado de su pierna. Ella respira agitado al ver a su hombre con cara de enojado, humedece sus labios y de pie solo en ropa interior mira al piso aguardando la siguiente orden.
Amo: ¡Arrodíllate! Bien, bien. Me gusta tu obediencia, pero te has portado mal y mereces un castigo. ¡Gatea hacía mí!
Narrador: En silencio la sumisa complaciente gatea hacia su Amo y lo hace de manera sensual, despertando en ese hombre un fuego que es imposible de apagar, que tal vez castigarla aplaque un poco ese fuego que arde.
Pasiones Prohibidas ®
Mmmmmm que interesante mi Señor
ResponderEliminarDelicioso, me quedé anciosa, no cabe duda el relato me abraza ...🔥
ResponderEliminarMuy rico relato
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