N° 109 Un tenso encuentro y placentero castigo 1 (BDSM)

Narrador: Se hizo de noche y en medio de las sombras en la habitación de un hotel hay un hombre que espera con impaciencia a la mujer que despierta en él deseo, pasión y también un dejo de locura.

Amo: ¿Dónde vienes? ¿Por qué aún no has llegado?

Sumisa: Estoy de camino mi señor. El tráfico está horrible y estoy a cinco de minutos del hotel.

Amo: Has demorado demasiado ya no puedo con la impaciencia.

Sumisa: No se desespere mi señor, usted sabe que estoy para complacerlo y nada me hace más feliz que verlo satisfecho.

Narrador: Esa fue una conversación entre ambos. Habían firmado un contrato de sumisión en que ella cedia los derechos de su cuerpo y sexo a ese enloquecido hombre que ya empezaba a tejer los más oscuros pensamientos en su retorcida mente.
El ruido de una canción rompe el silencio de la habitación, mientras él enciende un cigarrillo y se sirve un vaso de whisky para hacer un poco más grata la espera. Suena su teléfono y el responde...

Amo: ¡Bueno!

Sumisa: Estoy en el hall de ascensores del hotel mi señor.

Amo: La espera me mata, por favor apúrate en llegar.

Sumisa: Hago lo que puedo mi señor.

Amo: ¡No haces nada! Cuando pongas un pie en la habitación tendré que castigarte por tu impertinencia.

Narrador: Ella mordió sus labios imaginando el castigo al que sería sometida, le gusta sentir la violencia de su Amo cuando la castiga; en cierta forma ella lo hace a propósito ya que sabe que ninguna de sus acciones pasan desapercibidas.
Les invito a ver lo que sucederá entre ambos al abrir la puerta.

Amo: Entra y quítate la ropa.

Sumisa: Mi señor, ¿quiere que lo haga lento o rápido?

Amo: Hazlo lento, quiero observarte pero no te quites la ropa interior.

Narrador: Él toma un pequeño látigo con hebras de cuero y lo coloca a un costado de su pierna. Ella respira agitado al ver a su hombre con cara de enojado, humedece sus labios y de pie solo en ropa interior mira al piso aguardando la siguiente orden.

Amo: ¡Arrodíllate! Bien, bien. Me gusta tu obediencia, pero te has portado mal y mereces un castigo. ¡Gatea hacía mí!

Narrador: En silencio la sumisa complaciente gatea hacia su Amo y lo hace de manera sensual, despertando en ese hombre un fuego que es imposible de apagar, que tal vez castigarla aplaque un poco ese fuego que arde.

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