Una noche más, y ya iban cuatro aquella semana, era incapaz de conciliar el sueño. Demasiados problemas que, aún sin ser demasiado graves, formaban un laberinto en el que me atascaba durante horas.
Miré el despertador: las 3 y media de la mañana. Quería dormir, ¡lo necesitaba! Pero cuando trataba de evadirme del mundo, mi cabeza encontraba siempre la forma de mantenerme despierta. Pensaba en mi novio y las dudas me asaltaban sin piedad ¿me quería realmente o era solo su plan B? A veces tenía la sensación de que para él, tan solo era un segundo plato. Alguien con quien estar tras el fracaso con el "amor de su vida". Y yo, ¿le quería? Me gustaba estar con él, no lo podía negar, y tras dos años de relación, eso no había cambiado. Me divertía, me hacía reír, pero ¿me sentía especial? ¿Me había sentido nunca especial cuando me miraba? Durante las cuatro últimas noches había encontrado mil razones para dejarlo, para tirarlo todo por la borda y, sin embargo, a la mañana siguiente me faltaban fuerzas para hacerlo. Intenté quitarme el tema de la cabeza, prometiéndome a mi misma que a la mañana siguiente le llamaría para hablar, para encontrar un final, fuera el que fuera.
Un nuevo vistazo al despertador y una oleada de pánico se apoderó de mí. Las 3:48, con suerte podría dormir 4 horas y a la mañana siguiente tenía que revisar una nuestras en el laboratorio donde hago una pasantía y me valdría subir las calificaciones si me iba bien. Solo con pensarlo me angustiaba más, y aún así, no podía evitarlo. Hacía tiempo que tenía claro que odiaba aquella carrera, creo que lo descubrí durante el primer año. El miedo, que intentaba disfrazar de orgullo, me impedía abandonar ¿Qué alternativa tenía? Además, por poco que me gustara, como mínimo me daba un propósito. El camino estaba fijado y tan solo tenía que ir aprobando asignaturas para acercarme a la meta. Pensar en lo que vendría después simplemente me aterraba, así que iba paso a paso. Ya me preocuparía por el futuro cuando se presentara.
La tentación de mirar el reloj me invadía otra vez, pero harta, me levanté y lo arrojé violentamente al cajón de la cómoda. Solo quería dormir, descansar de una puta vez, pero nunca había estado tan despierta. Tenía demasiadas cosas en la cabeza, demasiado en que pensar. Estaba completamente saturada. Angustiada por todo e incapaz de solucionar nada por muchas vueltas que le diera. Sentía un gran vacío en mi interior, en la habitación, en el mundo. Me sentía sola, desamparada, sin nadie a quien le importara. Habría dado cualquier cosa por un abrazo y unas palabras de ánimo que me tranquilizarán. Pero allí estaba, sola y sin nadie a quien acudir. Quería gritar, destrozar algo, pero era incapaz de moverme y solo podía llorar en silencio, con rabia.
"¿Quieres dormir?" –una voz penetró en mi cabeza como un rayo. Al escucharlo dejé de llorar al instante, pero todo estaba en completo silencio. No se cuanto tiempo estuve sin siquiera atreverme a respirar, atenta al más mínimo ruido, pero cuando por fin me convencí de que lo había imaginado, de algún lado volvió a surgir la pregunta "¿Quieres dormir?". Intenté decir algo pero me sentía paralizada de puro terror. La voz llenaba toda la habitación, sin venir de un lugar concreto: "Si quieres puedo hacer que descanses como nunca lo has hecho, ¿es eso lo que quieres?". Era extraña pero sugerente y me prometía lo que, en esos momentos, más anhelaba. Asentí en la oscuridad, incapaz aún de articular palabra.
"Concéntrate en mis palabras, deja que te controle y te guíe. No te resistas y pronto podrás descansar" –decía y como arte de magia uno a uno, los problemas desaparecían de mi mente, sustituidos por el eco de esa voz cálida y familiar. Oír esa voz, escucharla, me relajaba y la angustia y la soledad parecían ahora un lejano recuerdo. Sin querer impedirlo, me abría más y más a ella. Dejé que penetrara en mí a su antojo, que controlara mi voluntad y mis actos y cuando quise darme cuenta estaba completamente a su merced. Un atisbo de conciencia, una señal de alarma, intentó revelarse ante la intrusión. "Tranquila, no pienses. Solo déjame actuar y disfruta" –esa hipnótica voz consiguió derrotarme con una sola frase. Mi cuerpo ya no me pertenecía, no era mío y empezó a moverse poco a poco al ritmo de una música que no podía llegar a escuchar pero que de alguna manera percibía. Acostada, mis piernas se abrían y cerraban lentamente mientras mis manos buscaban mi cuello y lo acariciaban.
Era una sensación muy extraña. Mi cuerpo se movía por propia voluntad pero, al mismo tiempo, lo podía sentir con más intensidad que nunca. Como si al no tener que controlarlo, pudiera centrar toda mi atención en las sensaciones que me provocaba. Una parte de mi seguía queriendo liberarse, retomar el control, pero las sensaciones eran demasiado intensas, demasiado embriagadoras como para resistirlas. Podía sentir cada parte de mi cuerpo moviéndose al ritmo que marcaba esa sugerente melodía, el roce de la tela sobre mi piel y el lento y suave cosquilleo de mis dedos en el cuello que me estaba volviendo loca. Mis ojos se cerraron, me sentía tranquila, relajada. De pronto, un profundo suspiro invadió la habitación y, entregada como estaba, tardé unos segundos en darme cuenta que era mío y que me estaba excitando más de lo que creía posible.
Mi mano izquierda empezó a ascender lentamente hasta llegar a mis labios, mientras que la derecha se decidía por el camino contrario y empezaba a acariciar suavemente mis pechos por encima del camisón. Los masajeaba sin prisa, casi con veneración, como si tuviera toda la eternidad para hacerlo. Ese ritmo lento me exasperaba pero al mismo tiempo conseguía que me evadiera de todo y que me centrase solo en el suave tacto de la tela y en la sensación tan placentera que me producía. Sin previo aviso, dos dedos se cerraron sobre el pezón. Fue un simple toque, apenas un roce, pero bastó para sacarme un leve gemido que me hizo tomar conciencia de que ya no había vuelta atrás. Toda yo estaba disfrutando como nunca, y en mi interior, la voz me decía que esto tan solo era el principio.
Como si mi gemido hubiera sido una señal, la extraña música que me dominaba se aceleró. Eran tambores de guerra antes de un asalto que me hicieron estremecer pensando en lo que podía pasar a continuación. Sin darme tiempo a reaccionar, ambas manos se apoderaron de mis pechos salvajemente y mis piernas se abrieron hasta casi dolerme. Nada pude hacer para disimular los gemidos que ese inesperado ataque me provocó. Asustada, noté como algo húmedo y caliente entraba dentro de mí. Quería gritar, pedirle a la voz que parara y no ser capaz de hacerlo me aterrorizaba aún más. Me sentía poco más que un juguete sometido a algo que ni siquiera entendía.
Mientras, esa cosa seguía hurgando en mi interior, penetrándome al ritmo de la música. Cada vez más hondo y moviéndose rápidamente en círculos. Su habilidad y precisión eran tales que el miedo se rindió al placer más salvaje y primitivo. Ya no había temor ni duda. Mi parte racional había quedado sometida al apabullante placer, vencida por el deseo y por la urgente necesidad que me consumía. Empecé a gemir más y más fuerte, sin pensar ya en el escándalo que estaba montando ni en mi hermana, que dormía en la habitación contigua.
Mis caderas empezaron a elevarse al ritmo que marcaba esa cosa en mi interior, presagiando la llegada del tan anhelado orgasmo. Mis manos seguían aferrándose a mis pechos, masajeándolos y pellizcándolos de tal manera que placer y dolor eran uno. Notaba como el orgasmo estaba muy cerca, apenas a un suspiro, pero por alguna razón no podía alcanzarlo. Me sentía tan fuera de mí, tan excitada, que noté como los ojos se me humedecían. Estaba llorando de placer y de ansia por acabar para entregar ese esquivo orgasmo al dueño de aquella voz.
"¿Quieres acabar?" –la voz sonaba encantada de verme completamente entregada. "Ya sabes que tienes que hacer, ¿verdad?" –me dijo y preguntó. Sí lo sabía o de algún modo lo sabía. Esa voz lo quería a cambio de ese orgasmo era mi vida entera. Quería que la obedeciera, que me dejara guiar por ella en todo momento. Quería usarme, convertirme en una simple herramienta de su voluntad. En otras circunstancias me habría negado horrorizada, pero había llegado a un punto sin retorno en el que lo único que me importaba era culminar ese torrente de placer. La promesa de ese orgasmo era demasiado fuerte, demasiado tentadora como para negarme. Así que acepté, me rendí feliz a ella.
Mis ojos se abrieron bruscamente cuando una de mis manos bajo a la entrepierna. Bastó un simple toque, frotar levemente el clítoris, para desatar la locura. Oleadas de placer invadieron cada poro de mi cuerpo, mientras el ser que me penetraba continuaba escribiendo círculos en mi interior provocándome violentos espasmos. Gemía, gritaba extasiada, me retorcía de placer mientras la música se iba apagando y sentía como poco a poco iba recobrando el control de mi cuerpo. Noté como el ente salía de mi interior y lo substituí por mi mano para prolongar el orgasmo. Ya plenamente dueña de mis acciones, seguí masturbándome con furia durante un largo rato, incapaz de saciarme del todo. Tras dos orgasmos más, caí exhausta sobre la cama.
Estaba tan cansada que aún tardé un rato en ser consciente de que la luz de mi habitación estaba encendida y que mi hermana me miraba pasmada desde la puerta. Al verse descubierta, apagó la luz y salió corriendo hacía su cuarto. Me levanté para perseguirla pero algo en mi interior me dijo que era hora de descansar y que ya tendría tiempo de ocuparme de ella. Incapaz de resistirme, volví a la cama y con solo apoyar la cabeza en la almohada me quedé profundamente dormida.
Ya ha pasado un tiempo y la "voz sensual" me seguía atrapando y poseyendo por las noches, invadiendo mi intimidad, pervirtiendo ese momento de insomnio hasta hacer que mis ojos se cierren por el infinito placer de múltiples orgasmos. Era tan recurrente que siempre la esperaba desnuda para asaltara mi cuerpo como lo dispusiera; al fin y al cabo era suya, no podía negarme a nada.
Era un lunes por la mañana, camino al trabajo y la voz se hace resonar: "Quiero que te toques ahora". Mi cuerpo se estremeció por completo al oír semejante orden. En mis adentros pensaba que era una locura y que quedaría como una enferma para los demás en el bus. "No eres una loca, recuerda que cada ápice de tu cuerpo me pertenece" –me dice. Por alguna razón el calzón que traía puesto se empapó y mis manos se deslizaron por mis muslos hasta encontrar el broche del jeans que llevaba puesto. Mi mano se deslizó lentamente entre mi pantaleta y mi sexo ya húmedo para tocarme lentamente; con los ojos cerrados me dejo guiar por las descaradas órdenes de la voz que decía: "Mete tus dedos y saborea tus jugos. Me gusta cuando están así con esa tibieza exquisita". Poco a poco mi índice y dedo medio se adentraban, para darme de probar de ese delicioso néctar que tan sutilmente se me ofrecía. No importaba ya nadie a mi alrededor solo importaba que estaba en viaje al divino placer que toda mujer busca desde la primera vez que sintió ganas de sexo.
Los minutos parecían ir más lento de lo habitual, yo con mis dedos hurgando mi interior y con mi otra mano jugando en mis senos me sentía feliz, no necesitaba nada más que la voz de mi "dueño" para motivarme. Mordí mis labios de manera descarada para disfrutar del sabor cobrizo de mi sangre. "Eso, hazlo así. Demuéstrales que eres mía" –decía aquella voz. Los gemidos se hacían audibles para el resto como para la mujer que venía sentada a mi lado que apretaba sus piernas y cerraba sus ojos, tal vez excitada por lo que yo hacía a su lado.
La sensual voz siguió sus órdenes: "Separa las piernas de la mujer a tu lado e invade su sexo". En mi mente le respondí: "Pero, mi Señor. Eso puede ser considerado un delito si es que no quiere que la toquen". "No cuestiones. ¡Solo hazlo!". Obediente y dejando la cordura de lado obedecí. Toqué sus turgentes muslos y lentamente levanté su falda; mi corazón estaba a mil por hora y mi respiración era escasa. No daba crédito de mis acciones pero no fue necesario que yo hiciera algún esfuerzo, la mujer que tenía alrededor de los cuarenta separó las piernas y ofreció su sexo como ofrenda su sexo a mis manos como si estuviera esperando ansiosamente ser abusada por una desconocida en el bus. Estaba sin bragas, lista para ser acariciada en su zona íntima, la humedad en la parte superior de sus muslos era impresionante, para que decir de la que emanaba de su sexo ansioso. Se acomodó en el asiento y dejó que la invadiera con amplia libertad; de a poco los prejuicios fueron cayendo y el placer era intenso. A nuestro alrededor al parecer no había nadie porque nadie se nos acercaba ya sea para detenernos o unirse, así que actué con total libertad.
Uno a uno desabroché los botones de su blusa, podía sentir el encaje de su sostén pero lo que más me impresionó fue lo duro que estaban sus febriles pezones casi al borde de reventar por la excitación, los apreté con fuerza sobre la tela del sostén; gimió como una verdadera puta al sentir mis dedos como pinzas apretando. La besé en los labios, quería sentir el sabor de su boca y sin dejar de tocarla ella abría su boca y me ofrecía su lengua la que chupaba con locura. La muy zorra estaba al borde del orgasmo y yo sin tocarme también sentía que explotaría en gemidos que nadie podría acallar. En mis adentros pensaba si aquella voz estaba satisfecha por lo que estaba haciendo porque por largo rato pareció estar ausente. Me tenía al borde de la desesperación no saber pero también estaba desesperada porque aquella desconocida y yo acabáramos a la vez. De pronto, por fin volvió a hablar: "Sigue, falta poco para tan anhelada recompensa". Fue el estímulo que necesitaba, saber qué estaba ahí observando y disfrutando lo que hacía por satisfacer a cabalidad su orden y darme cuenta acaba ella y al segundo lo hago yo. Nuestras bocas se pegaron y nuestra lengua se entrelazó en un perverso beso que nos llevó al máximo placer; empapando nuestros asientos, el piso del bus y parte de nuestra ropa. "¡Mierda, eso fue intenso!" –pensé. Al levantar la vista pude comprobar que no estábamos solas, que la gente nos miraba como a dos locas y que incluso murmuraban sobre nuestro perverso espectáculo. Como pude abroché mi pantalón y me bajé del bus. Avisé en la oficina que no alcanzaba a llegar debido a un percance y me devolví en un taxi a casa. Lo primero que hice fue darme una ducha de agua fría e irme a mi cuarto, me puse solo ropa interior de color rojo que dejaba muy poco a la imaginación y me tiré en la cama para descansar de tan intenso trabajo hecho en el bus.
Por último les voy a contar lo que sucedió esa misma tarde de lunes en casa; no quiero cansarles con la lectura. Les decía era lunes por la tarde, dormí profundamente después de tirarme en la cama, había pasado alrededor de media hora cuando desperté con unas ganas incontrolables de sexo. Recordar el trayecto a mi trabajo me había dejado tan caliente que deseaba sentir una lengua que bebiera mis fluidos hasta hacerme explotar de placer.
Comencé a masturbarme despacio, de manera suave, disfrutando cada sensación que invade mi cuerpo, tenía mis pantaletas mojadas y el roce de la tela de mi sostén hacía estragos en mis pezones. Sin darme cuenta me estaba convirtiendo en una puta adicta al sexo pero me encantaba lo que sentía, saber que cualquier cosa despertaba esa libido que estuvo acallada por mucho tiempo. Ya sin delicadeza me tocaba haciendo que mi vagina expulsara fluidos por montones. Me quité las pantaletas y las metí en boca. Bebía la humedad impregnada en ellas como un delicioso néctar, mis dedos sabían encontrar ese pozo inagotable de placer que inundaba no solo mis muslos, sino también mi cama. Estaba retorciéndome de placer en la cama cuando la voz se hace oír una vez más pero esta vez lo hizo para dar una orden que rompería la cordura de cualquiera por muy caliente que estuviera: "Ahora, puedes hacer lo que quieras con tu hermana; eres libre de acción ya que aprendiste a dar rienda suelta a tus deseos íntimos; no me necesitas para tener placer, te necesitas a ti misma y disfrutar cada momento que se ponga en frente". Por un momento pensé: "Con mi hermana, eso sería una locura; la chica apenas cumplió los dieciocho años y cuando me vio masturbarme salió huyendo". "Recuerda, solo hazlo, el resto dependerá de lo que hagas y que lo hagas bien" –dijo. Suspiré y dije: "Será una aventura interesante de vivir".
Espere a que llegara, la asechaba; quería hacerle sentir que estaba ahí y que no escaparía de mis garras. Cuando entró pude percibir su olor llenando el aire, me alegré al saber que aún teníamos muchas horas para estar juntas y me calentaba la idea de poseerla de maneras infinitas e inimaginables. Esperé ansiosa el momento de caerle encima y dar rienda a la perversión y lujuria que consumía mi mente. “¿Y tú que hace aquí? Se supone que estás en tu trabajo” –me dice algo exaltada cuando me ve. “Pues, ya ves. No fui. Me he sentido mal todo el día y llamé para avisar que me quedaría en casa” –le dije. No dijo nada, solo asintió. Evadía mirarme, me había puesto solo la ropa interior que me puse cuando salí de la ducha al llegar. Me acerque al refrigerador y saqué el jarro con agua fría y serví un vaso, que en vez de beberlo lo derramé sobre mí. “¡Oh mierda! ¡Qué sensación!”. Creo que se notaban a kilómetros mis intensiones. “¡Ups! Derramé el agua sobre mi y moje el piso” –le dije. De paso mi pantaleta se volvía a empapar. “Andas muy distraída en estos días parece” –me dice. Le pregunto: “¿Me ayudas a secarme?” –le pregunto. “Claro” –me dice mientras toma un rollo de papel secante. Al voltearse y verme solo en ropa interior sus ojos se deslizaron por completo en mi cuerpo y se quedaron mirando mis senos.
Se acercó despacio y comenzó a pasar el papel secante por mi piel, el cumulo de emociones era demasiado y de mi sexo ya no salían fluidos, era como lava que salía y quemaba desde mis entrañas a mis muslos. La manera en que intentaba secarme me encendía más. Ella seguía pendiente de mis pechos y dije para mis adentros: “La presa cayó, es mi oportunidad”. Como una leona y cazadora experta le pregunto: “¿Te gustan?”. Algo tímida responde que sí, tomé su muñeca y puse su mano en mi pecho para que los palpara; entendió el mensaje y los tocó con algo de miedo, ya que temblaba. “No te asustes hermanita, no te harán nada” –le digo. Me mira y sonríe a media que toca con más confianza. Me di vuelta, le dije que soltara el sujetador y que tocara a destajo; no se pudo resistir a tal oferta, obediente hizo lo que le pedí y sin darme vuelta tenía sus dos manos en mis senos, recorriéndolos con plena libertad; yo gemía suave, despacio; le mostraba que me gustaba lo que estaba haciendo meneando mis nalgas y pegándolas a ella. Mi hermana disfrutaba tanto como yo al sentir lo duro que estaban mis pezones, los apretaba y masajeaba con sutileza. De pronto, sus manos se despegaron de mis tetas y me apoyó sobre la mesa separó mis piernas con sus pies y comenzó a recorrer mi espalda, creo que el plan se escapó de mis manos y la que terminó siendo cazada fui yo.
Sin poder escapar ni querer hacerlo me entrego a sus manos, total lo inevitable venia en proceso. Sus dedos eran como cuchillas que desgarraban mi piel y su respiración era cada vez más agitada. Al sentir como se apoderó de mis nalgas casi acabo en un orgasmo; mis piernas se doblaron pero ella supo cómo ponerme de pie, me dio una nalgada que me estremeció por completo. “¡Auch!” –dije. Ella rió y preguntó: “¿Dolió?”. “Solo un poco, sigue lo que estás haciendo porque lo haces bien” –le dije. “Eres una puta y siempre lo has sido” –me dice, mientras deja caer otra nalgada que me vuelve a arrancar un gemido. Era inevitable, sentir como golpeaba mis nalgas con una intensidad que me hacia querer más; le suplicaba que azotara mi culo y lo dejara marcado. Me sentía en el cielo y en el infierno, cada azote era como una caricia que esperaba con ansias. “Así hermanita, golpea duro” –le decía. Su mano derecha parecía fundirse en cada nalga cada vez que me golpeaba, podía sentir como mis nalgas ardían y se marcaba su mano en ellas. Me tomó del pelo y me dió vuelta para besarme con pasión. "Desnudame perra" –me decía sin separar su boca de la mía. Había tomado por completo el control y yo disfrutaba siguiendo cada indicación que me daba. Nunca olvidaré verla desnuda, sus senos no eran muy grandes pero tenía unas caderas anchas con un culo firme y redondo que aún me hace alusinar. Me llevó del pelo al piso y separó sus piernas para que pasara la lengua en su vagina. "Eso, lame perra" –me decía y hundía mi cabeza en su entrepierna.
Apresada a tan deliciosa vagina lamía como si el mundo se terminara en ese instante. Ella gemía de manera sensual y meneaba su cintura como una diosa. Habían momentos en los que me quedaba sin aire, solo me sacaba para que pudiera respirar profundo y siguiera lamiendo. Sus piernas comenzaron a temblar, su respiración se acortaba y sus ojos se ponían blancos de placer, un delicioso orgasmo la invadió y yo bebí hasta la última gota de esos tibios fluidos que emanaban de su sexo. Me coloca de pie y apoya otra vez con las tetas en la mesa, me quita la pantaleta y la estruja cerca de su boca, me dice: "Veamos que tienes para mí". Sentí como sus dedos manipularon en pleno control mi clítoris, tenía el piso empapado y ya casi no quedaban fuerzas en mí que sentía que me desvanecía. La sola sensación de sentir sus dedos era como si me quemase por completo; no lo niego, me gustaba pero estaba al borde del colapso.
Me soltó y dejó que descansara al ver que ya no podía más. Me besó en labios y me dijo: "Has sido una buena puta hermanita. Tal vez en otra oportunidad te use cuando tenga ganas". Había sido un día cargado de sensaciones extrañas y puedo dar fe después de lo que viví. La voz en mi mente de acalló, ahora sabía a quien acudir para recibir placer y sabía cómo moverme en la calle para captar la atención de quien quisiera.
En el silencio de mi habitación, a eso de las 3 y media de la mañana se abre la puerta; era mi hermana que se metió en mi cama, desgarró el camisón que tenía puesto y con un marcador permanente escribió en mis tetas y en mi trasero: "My sister's bitch". Sí, me había convertido en su perra. Pero ustedes no están preparados para esa conversación.
Pasiones Prohibidas ®

Wao exelente historia felicitaciones
ResponderEliminarGenial me encantan tus relatos
ResponderEliminarMe encantó!! Espero subas pronto otra historia, gracias
ResponderEliminar��
Como sabes atrapar el encanto del placer con tus letras tanto que me haces imaginarme siendo la protagonista sintiendo tan rico placer recorrer mi cuerpo mojando mi pantys que rico Mr.P
ResponderEliminarCómo siempre excelente Amado mío 💋💋
ResponderEliminarTus escritos son Exquisitamente excitantes🔥 Mi Cielo 💋
Me gustó tu relato muy exitante
ResponderEliminarGracias amigo
ResponderEliminarPor su relato mi amor y pasión por sus letras va más allá.
Genial 👍
ResponderEliminarMuy buen relato, calentó mi mañana fría en la habitación, desee ser el personaje principal, gracias
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