El día viernes en la tarde, mi papá salió de viaje por su trabajo, un congreso de médicos en una ciudad cercana; por lo que pasaría todo el fin de semana fuera. Eso significaba que mi tía se preocuparía de mis cuidados hasta que él regresara, pero mi primo llegó ese día, es el típico baboso que se cree el dueño del mundo y que todas las mujeres se mueren por estar con él; siempre discutimos cuando nos vemos por la misma razón, ya que siempre me dice: “Cuando caigas en mis manos vas a ser mi puta hasta que me aburra”. En realidad me molesta que me diga eso porqué si soy puta es mi problema y si quiero ser la puta sería de cualquiera, menos de ese imbécil arrogante imitador barato de Christian Grey.
Contacté a algunas amigas para reunirnos en un bar, beber algunos tragos y después ir a una discoteque a dejar en alma entre música, baile y alcohol. No todas podían ya que igual en la facultad estábamos en época de exámenes y algunas debían subir sus calificaciones si querían salvar el año. Estaba lista para salir con una “amiga”, pero ella llamó para decir que no podía ir, me dio rabia y me encerré en mi cuarto, ¿qué iba a hacer? Decidí quedarme en casa y ver tele. Me sentí traicionada y ofendida por mi amiga, ya que nos habíamos programado toda la semana. Mi primo había dicho que saldría, pero como yo no salí, creo que él tampoco quiso hacerlo; no sé si por hacer causa común conmigo o quedarse para molestarme.
“Prima, ven y acompáñame. Vemos lo que tú quieras. Además, compré papas fritas y una gaseosa” –me dijo. “Está bien, pero si te pones atrevido te las verás conmigo” –le advertí. “No te preocupes, igual no me pasaría de listo contigo porque mamá podría volver en cualquier momento y no creo que le guste ver a su hijo follando con una putita llorona” –dijo mientras se reía de manera burlesca. “Eres un baboso” –le dije. Me senté en el sofá, tomé el control remoto de la tele y me puse a ver “CSI Miami” esa una de mis series favoritas, él se sentó al lado mío, y yo me le recosté en las piernas, empezó a acariciar mi pelo. De repente y no sé porque me di la vuelta y empecé a besarlo, me monte en sus piernas y empezó a tocarme.
Empezó por mis muslos, subió hasta mis caderas, y bajó un poco hasta mi culo, luego con una mano buscó mis pechos, por encima de la polera, yo tenía puesta una polera blanca de mangas largas y una falda no muy corta de color negro, él ya tenía una mano bajo mi falda, y la otra trataba de meterse bajo mi sostén. Yo estaba tan excitada que no di cuenta cuando tenía mis senos a su disposición, y empezó a chuparlos; era seguro que de mi no saldría un “NO”. Estaba a su merced y el baboso de mi primo lo sabía. Metió una de sus manos a mi entrepierna, aparto mi braga y masajeó mi clítoris, lo besaba de manera apasionada prisionera de esas caricias indecentes que me propinaba; el maldito sabía cómo encenderme. Sacó la mano y me dijo que me pusiera de pie, yo le obedecí, me tomó del cabello con fuerza y pasó su lengua por todo mi rostro, me dijo que fuera a mi cuarto, que él iría luego. Yo muy obediente hice lo que él dijo.
Pasó un rato antes de verle en mi cuarto, salió de la casa y regresó hablando con una persona, pude oír la voz de la otra persona, era un hombre; me levanté de la cama y tomé una bata, salí del cuarto y llegué a la sala, estaba con un amigo de él conversando. Andrés, primo dijo: “¿No te dije que te fueras al cuarto?”.Si” –le contesté. “Entonces, ¿qué haces aquí? vete al cuarto y espera” –dijo con tono de enfado. Yo solo asentí. Me fui a mi cuarto, me acosté y me quedé pensando: ¿Qué tendrá en mente? Estaba muy asustada, tanto como excitada. Saqué un consolador que tenía guardado en el velador, empecé a jugar con él mientras fantaseaba con lo que mi primo tenía en mente para hacer y que tan puta me comportaría en ese momento. Sin darme cuenta se deslizó entró haciendo gemir de placer. ¡Qué rico se sentía! Estaba con la falda hasta la cintura y con las piernas abiertas, perdida en el éxtasis de sentirme puta en mis pensamientos. Sentí la puerta abrirse y la voz del invitado resonó: “Pero si la putita ya está con un consolador”. “¿Qué? –preguntó mi primo. “Mira, está con un consolador” –dijo aquel hombre. Andrés me mira con algo de enfado y me dice: “¿Quién te dio permiso?”. A lo que respondí: “Nadie”. Añadí: “¿De cuándo acá yo te pido permiso para hacer algo?”. Me miró y con su sonrisa burlona dibujada en el rostro me dijo: “De ahora en adelante sucia putita”.
Andrés se acercó a la cama e invitó a su amigo, yo me puse de pie como pude, pues ya mis piernas temblaban por haber llegado al orgasmo momentos antes; entre ambos me tomaron y me tiraron en la cama, no sé porque trataba de soltarme; deseaba que la situación siguiera y entre los dos me tomaran, pienso que tiene que haber sido ese instinto de supervivencia que todos tenemos al momento de sentirnos abordados de forma abrupta, pero en el fondo mi lujuria estaba rendida a lo que ellos quisieran hacerme. “¿Te vas a ir?” –preguntó el desconocido. “No” –le respondí. “Andrés, ¿por qué no la hacemos disfrutar?” –sugirió. Mi primo respondió: “Creo que eso sería una buena idea”. Y añadió: “¿Lo harás mas fácil o quieres que te golpee?”. Dejé de luchar y dije: “Pero”. “Pero nada, te dejas por la buena o te dejas por la mala. El otro chico tomo un par de medias que había en el suelo y me ataron los brazos a la cama, me abrieron las piernas y sacaron el consolador. “Mierda, ¡es grande!” –dijo el amigo de mi primo. “Si, así me gustan” –le dije con voz de puta deseosa. El amigo de Andrés empezó a lamerlo. “Sabe exquisito” –dijo con la misma sonrisa maquiavélica de mi primo. Él bajó a mi sexo húmedo y como un perro comenzó a olfatear mi entrepierna, pasó su lengua por completo en mi vagina; no miento que me hizo estremecer. En ese momento recordé que mi tía podía regresar de donde andaba y nos descubriría. Traté de protestar pero me gané una bofetada de parte de Andrés y, además metieron mi sostén en la boca.
A los pocos minutos mi primo metió su verga en mi boca. Admito que la sensación de tener invadido mi sexo y boca era alucinante, al punto de desear más de parte de ambos. ¡Qué rico se sentía! A los pocos minutos llegué al orgasmo. Fui privada de tan delicioso miembro en mi boca; Andrés dijo que eso no sería nada. Simplemente me dejé morir pensando que tendría tiempo para reponerme pero ese no era el plan de mi primo y su amigo.
“Arrodíllate dando la espalda” –me dijo Andrés. “¿Qué?” –pregunté con asombro. “¿No me oyes puta? Qué te arrodilles dándome la espalda” –dijo en un tono que bordeaba el enojo. “Estoy agotada” –le digo, a lo que Andrés rió a carcajadas; al menos su amigo fue un poco más amable y libera mis manos, me ayuda a levantar, me hace arrodillarme en la cama, me pone de espalda y me ata de nuevo. “Tú ya conoces los golpes que mi correa lanza sobre tu espalda pero no conoces lo dulce y ardientes golpes que mi amigo puede darte con un látigo” –me dijo mientras enredaba sus dedos en mi pelo. Me asustó bastante. Apenas puedo mantenerme arrodillada, mi primo unta algo en mi espalda: “No te preocupes, la vaselina hará que no queden marcas” –me dice. Se oye el silbido más perturbador que mis oídos hayan oído jamás, seguido un latigazo se cierne sobre mi espalda, arrancando de mi boca un dulce gemido, nunca sabré si de dolor o de placer, si hay algo que como libertina he aprendido es que nunca se debe implorar misericordia; por eso acepto consternada mi dolor. Ya van unos cuantos latigazos cuando una lágrima siento correr por mi mejilla. “Llora, puta, así me gusta” –me decía mi primo. Ni un sonido sale de mi boca, aunque puedo saborear la sangre que derrama mi labio, ya que lo mordí para no gritar. “Vamos, quiero oírte suplicar, yo quiero que llores y me digas que pare” –me dice el amigo de Andrés. Una vez más puedo oír el silbido del látigo, muerdo mi labio y siento el golpe. De inmediato siento las manos de uno de mis verdugos, levanta mi falda y oigo el terrible silbido… al sentir el golpe dejo escapar un terrible grito, y por lo consiguiente siento dos más. Luego siento como separan mis nalgas, tengo miedo; siento las manos de uno de mis verdugos ponerme un pañuelo en los ojos, el miedo me toma por completo, soy una presa acorralada por dos hambrientos lobos, tiemblo.
“Vamos, mételo” –dice Andrés abriendo mis nalgas. Siento como algo es introducido en mi ano, no es un pene, al poco me doy cuenta que es el mango del látigo. “¡Ay, hijos de puta!” –puedo evitar gritar, el dolor que siento por el grueso invasor anal es terrible. “Así, así, grita, más fuerte, y aun queda mucho. Te juro que nunca más dejarás que nadie te toque allí” –me decía aquel desconocido. De manera sádica parecía disfrutar de la manera en que mi culo se abría por tener semejante herramienta en él. Siento que me liberan las manos… me hacen poner de pie y bajar de la cama, asustada no niego a nada, oigo la voz de mi primo, quien hacía rato que no oía: “No tengas miedo, sabes que nada malo te va a pasar mientras obedezcas. ¡Arrodíllate!” –me dice. Yo lo hago, me pongo de rodillas en el suelo, me inclinan poniéndome en cuatro, y me hacen levantar más el culo. “Vamos, levanta ese culo más alto” –me dicen.
Seguido me sacan el látigo de un solo tirón, dejo escapar otro suspiro, en ese momento siento un pene entrar en mi vagina, aunque no conozco tan bien la anatomía de mi primo que sé que no es él. Siento dos estocadas que casi me dejan sin aliento y luego lo retira; se me ordena me ponga de pie, mis piernas tiemblan, tanto por el dolor de los latigazos como por la excitación, siento las manos de mi primo sobre mis senos, luego un apretón terrible; es por algo frio, es cuando se me informa que en los senos me cuelgan unas pinzas, que no debo tratar de arrancarlas pues eso ocasionaría que me lastime los pezones, seguido de la explicación soy puesta contra la pared y noto como algo caliente cae en mis nalgas y en mi espalda; una mezcla de dolor y placer se apodera de mi cuerpo al sentir como mi piel se quemaba por aquella substancia. Andrés me susurra: “Es cera caliente de vela”. Sigo temblando no por miedo ni por dolor sino por el placer que me produce. El amigo de Andrés pasa su lengua por mi cara y yo como una zorra hambrienta la busco para meterla en mi boca, al menos soy complacida y él mete su lengua en mi boca hasta casi dejarme sin aire.
Pasados los minutos, algo filoso me recorre por completo, los malditos hijos de puta están sacando la cera impregnada en mis nalgas y en mi espalda con un filoso cuchillo el cual hace que mi piel se erice por completo. Una vez se sintieron satisfechos de dejar pequeños cortes en mi piel liberan mis manos y mis ojos. Ahora, no solo soy participante sino también observadora de lo que sucederá a mi alrededor. Como premio a buen compartimiento a sus juegos perversos me ofrecen sus vergas para saciar mis deseos; soy una puta agradecida y les retribuyo el gesto chupando sus vergas hasta mi garganta, lo que casi me hace vomitar; eso no importa solo quiero que sepan que lo mucho que disfruto siendo la puta de ambos y que es placer complacerles. “Quiero que me montes” –dice el amigo de Andrés, tumbado en la cama espera a que me suba sobre él; obedezco como una puta obediente y a horcajadas en subo sobre él. Me muevo de manera sutil, suavemente para que disfrute de mis caderas esa deliciosa danza del coito que enloquece. Me toma con fuerza de los muslos y los aprieta; yo correspondo haciendo presión con mi vagina en su verga. Me toma del pelo y con su otra mano me quita con el mayor cuidado las pinzas de los pezones pero la presión al ser liberada se intensificó al punto de hacerme estremecer- “¡Ay qué rico!” –dije y mi primo dijo: “Ahora sentirás algo más rico”. Andrés se coloca detrás de mí mientras su amigo separaba mis nalgas, acomodó su glande justo en la entrada de culo y de una certera estocada lo abrió por completo. “Imbécil me dolió” –le dije pero a él pareció no importarle; como poseído por alguna fuerza extraña comenzó a taladrar y su amigo continuaba con esos movimientos que me tenían loca.
Ya casi no había fuerzas en mí, me apoyaba con las dos manos en la pared y gemía como puta disfrutando como mis dos orificios eran taladrados por dos bestias en celo, a mi lado había un espejo que iba del techo al piso que miraba por completo la escena, y al verme con el cabello en la cara y en esa posición solo podía exclamar entre gemidos: “¡Soy una sucia puta!”. El primero en acabar fue el amigo de mi primo, llenado mi sexo con su espeso semen, mi vagina palpitaba al sentir la tibieza de ese viscoso liquido invadir por completo mi interior. Sentía como esa dura verga se deshinchaba en mi interior hasta salirse por completo. ¡Dios, qué sensación! Sentir ese trozo de carne al salirse y rozar mi clítoris me empujó más al borde del abismo del placer mientras que Andrés se vació por completo en mi culo. Cerré mis ojos por un instante pero la imagen en el espejo era recurrente y caí en precipicio del placer. Gemidos incontables salían de mi interior, acompañados de interminables contracciones anales y vaginales que me hicieron desvanecer por completo. Claro, después pusieron sus vergas en mi boca para probar hasta la última gota de semen que pudieran tener, dejando a esta puta satisfecha después de su labor, era como si no quisieran darme tregua pero yo estaba por completo entregada a la perversión y estaba dispuesta a solo ser usada para brindarles placer.
Al cabo de un rato, ambos se visten y salen de la habitación. Me dormí por unos minutos y al despertar ninguno de los dos estaba. Fui al baño y llené la tina para relajarme con un merecido baño de burbujas. Otra vez la imagen del espejo se vino a mi cabeza y me calenté tanto que tuve que masturbarme. ¡Por Dios! ¡Nunca había disfrutado tanto del sexo! Al ir a la sala, sobre la mesa había una nota firmada por ambos: “Diviértete zorra que aun tienes tiempo para salir a beber algunos tragos” y junto a la nota dinero para gastar, supongo el pago por los servicios otorgados por esta puta de día viernes por la tarde.
Pasiones Prohibidas ®

Excelente muy buen relato
ResponderEliminarMe gustó mucho. Gracias por compartir
ResponderEliminarMuy bueno.
ResponderEliminarUff que placentero y excitante como siempre me hace vibrar mi ser Mr.P
ResponderEliminarMe encantan tus relatos amor
ResponderEliminarSiempre con ese toque perverso que te carácteriza.
Deliciosamente perverso y lujurioso, me encantó ...
ResponderEliminarExcelente y muy excitante tu relato, gracias por compartir
ResponderEliminarCuantas cosas pasaron por mi mente, mientras leí.
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