098. Secretaria sumisa 2




Era lunes, primer día entre semana como la esclava de su jefe. Se había levantado temprano para ponerse a limpiar, por las mañanas tenía que hacerlo desnuda, de la misma forma que tenía que dormir. Lástima que durmiera sola en su cuarto.
Una vez estuvo limpia la casa fue a desayunar, para eso entró en el cuarto de su Amo, se subió lentamente en la cama de su señor para no despertarle y empezó a hacerle una mamada. Ese era su desayuno diario en su nueva vida sumisa. Estuvo lamiéndola hasta que se puso dura y luego se metió toda en la boca. Él se despertó por el trabajito que su esclava estaba haciéndole entre sus piernas. Acarició su pelo hasta que notó que iba a acabar y en ese momento apretó la cabeza de su esclava contra su cuerpo para meter su pene bien adentro y correrse en la boca de Clara. Ella se lo tragó todo y limpió la verga de su jefe, después se marchó de la habitación sin hablar, porque no tenía permiso para ello y llevó a su Amo el desayuno a la cama. “¿Se puede empezar el día de mejor forma?” –pensó él mientras su sirvienta le servía desnuda el desayuno.

Cuando iban en el vehículo de camino a la oficina su Amo le dio otra orden. “Métete este huevo vibrador, esclava, así cuando quiera llamarte a mi despacho sólo tendré que ponerlo en marcha y vendrás excitada a mi despacho para cumplir mis órdenes” –le dijo él con cara de pervertido. “¿Pero me lo tengo que meter ahora?” –preguntó. Un gesto afirmativo le confirmó a Clara que sus peores sospechas eran ciertas. De forma disimulada y con el miedo de que alguien pudiera verla desde los vehículos que estaban detenidos al lado, se metió dentro el huevo vibrador. Una vez lo tuvo sumergido completamente entre las aguas de su entrepierna su Amo lo accionó, según él para comprobar que funcionaba.

Subieron juntos y solos en el ascensor. Él la tomó de la cintura y le dio un apasionado beso que duró hasta que las puertas se abrieron de par en par. “Vamos perrita, a trabajar” –dijo dándole una palmada en el culo y saliendo antes que ella del ascensor. La mañana estaba siendo tranquila, no tenía excesivo trabajo, se encontraba enfrente del ordenador, tenía una pequeña sala para ella sola al lado del gran despacho de su jefe. A mitad mañana su vagina vibró, su jefe la estaba llamando y no quería hacerle esperar. “¿Me llamaba, jefe?” –preguntaba ella conteniendo los gemidos. “Aunque estemos en el trabajo si estamos solos tienes que seguir dirigiéndote a mí como lo que soy. ¿Entendiste putita? –le dijo él con ese tono serio. “Sí Amo” –contestó ella.
“Necesito unas fotocopias, hazme 15 copias de este documento y luego quiero que me traigas también una fotocopia de tu tanga” –ordenó él. “Pero amo, me podría ver cualquiera” –dijo ella preocupada. “¿Tú crees que me preocupa? Ve inmediatamente –dijo él con voz de autoridad. Fue hacia la fotocopiadora, la cual estaba en un pasillo que no era transitado en exceso, pero por el que podía pasar alguien en cualquier momento. Puso sus manos por debajo la falda y se sacó la prenda íntima cuando creyó que era seguro hacerlo. Cuando tuvo la fotocopia recogió la tanga y la guardó fuerte en su puño. Volvió a pasar entre sus compañeros de camino al despacho de su jefe, con la errónea sensación de que todos sabían que iba con su sexo al aire. Esto sólo hizo que se mojara más y se acentuaran por tanto aún más las sensaciones al correr el aire por su entrepierna. “Aquí tiene, amo. ¿Desea algo más de su fiel esclava?” –preguntó ella. “No, está bien, puedes marcharse” –dijo él.
La esclava volvió a su despacho y se puso de nuevo la tanga. Luego tuvo que dirigirse a unos ficheros cercanos a la fotocopiadora, tenía que buscar unos documentos, pero en ese momento vio a su jefe poniéndose en medio de la sala para dirigirse a sus compañeros. “Señoritas, la fotocopiadora no está para hacer estas cochinadas” –dijo  sujetando en alto la fotocopia que su esclava le había entregado pocos minutos antes. Añadió: “Sea quien sea espero que se arrepienta de lo que ha hecho, así que colgaré esto en el tablón, para que se avergüence de lo que ha hecho”. Clara se puso algo colorada y con miedo de que alguien descubriera que esa tanga con un Hello Kitty era suyo. Nadie podía sospecharlo, era una gran empresa y había muchas trabajadoras, aún así estuvo muy preocupada.

Volvió a notar la vibración en su vagina, cubierta ahora por la famosa tanga y acudió al despacho de su jefe. “Perrita, ya has visto el problema en que te has metido, he escuchado alguno que quería ponerse a subir faldas y comprobar cuál de sus compañera es la putita que utiliza así la fotocopiadora. Será mejor que me des tu tanga, así no tendrás problemas, si te levantan la falda verán que no llevas nada y dejarán de sospechar de ti” –dijo con una pícara sonrisa. Añadió: “Ya, dame la tanga para que la guarde. Mañana vienes sin ropa interior a trabajar y te devolveré esta”. “Sí amo” –dijo Clara, quien volvió a quitarse su ropa interior, últimamente se bajaba la tanga muy a menudo.

Resuena la nueva orden: “Ahora quiero que vayas al baño masculino y te metas en el tercer cubículo. Allí quiero que te desnudes y dejes tu ropa en esta bolsa que contiene unas esposas y te las pondrás para encadenar tus manos a la tubería. Las esposas están abiertas, pero unas vez que las cierres no las podrás abrir sin las llaves, cuando lo crea oportuno iré a visitarte, pero para que pueda entrar tienes que dejar la puerta abierta”. La idea excitó mucho a Clara, pero también sentía miedo por poder ser descubierta, aunque su amo le había dicho que se metiera en el tercer cubículo, el más alejado de la puerta y por tanto el menos utilizado. “Haré lo que me pide, Amo” –dijo ella sin titubear. Llegó a las puertas de los baños, pasando por una pizarra en la que podía verse la tanga. Sólo faltaba que en el cartel pusiera “SE BUSCA” y se ofreciera recompensa si alguien encontraba a la “Puta de la tanga”, que era como sus compañeros empezaban a llamar a aquella desconocida.

Se aseguró de que no hubiera nadie y entró rápidamente en el tercer cubículo. Quedó completamente desnuda, sólo vestía unos zapatos negros. Se lo pensó, pero finalmente se esposó a la cañería para no fallar a su Amo. El pestillo no estaba puesto, así que cualquiera podría entrar y encontrarla allí desnuda y esposada. Tuvo un gran susto y pegó un pequeño grito cuando el vibrador se puso de nuevo en marcha. Ya no se acordaba de él, se había acostumbrado durante la mañana y no se le hacía extraño llevarlo dentro. El huevo iba vibrando cada vez más fuerte y ella empezó a gemir. No podía hacer nada con las manos inmovilizadas. Estuvo retorciéndose de placer y el movimiento y la humedad de su sexo hicieron que poco a poco el huevo se fuera saliendo. Hizo todo lo posible para mantenerlo dentro, estaba a punto de llegar al orgasmo, pero el huevo se cayó al piso y dejó de vibrar. La había dejado al borde del clímax, intento frotar sus muslos para llegar al orgasmo pero no sirvió de nada. El huevo había pasado por debajo de la puerta, si alguien entraba al baño lo encontraría y seguramente abriría la puerta encontrándola a ella con su vagina expuesta y muy mojada. Se estiró para llegar con sus pies para dirigir de nuevo el huevo dentro del cubículo, aunque se hizo algo de daño con las esposas.

La puerta del baño se abrió escuchándose el chirrido de las bisagras, a la puerta le hacía falta justo lo que a ella le sobraba en ese momento, lubricación. Eran dos hombres los que entraron al baño. La conversación que ellos tenían fue un balde de agua fría para Clara: “Tremendas putas tenemos en la oficina, ¿no te parece?” –dijo uno. El otro respondió: “Me gustaría saber de quién es esa tanga, seguro que es de una puta de cuidado”. Puede ser, pero  creo que es de Sandra, esa ha tenido que chupar más vergas  Lucia Lapiedra”. No sé, pero las pelirrojas me ponen malo y menudas tetas. El otro: “También podría ser Noelia, acuérdate en la fiesta de fin de año. Entonces el uno le dijo: “Ya hombre, pero menuda borrachera llevaba, estoy seguro de que no recuerda nada de aquella noche, porque si se acordara te aseguro yo que no se volvía a pasar por la oficina”. Estuvieron especulando por varios minutos de quien podría ser aquella prenda intima, hasta que el uno dijo: “La tanga es que podría ser de cualquiera, hasta de Clara”. Entró al cubículo a la derecha de la secretaria, le faltó muy poco para ser descubierta. “¿Esa mojigata?” –dijo el otro. Mientras Clara pensaba si abrieran la puerta del tercer cubículo con la mojigata desnuda, caliente y dispuesta a ser follada a cambio de un puto orgasmo. Estuvo a punto de hablar y suplicar para que se la cogieran pero su cuerpo y su placer pertenecen a ese hombre al que llama Amo. El uno dijo: “Esas son las peores, en la intimidad te darás cuenta lo putas que son”. Salieron del baño y volvieron a dejar a Clara sola, pero a los pocos minutos se volvió a abrir la puerta y se escucharon unos pasos aproximándose.

“Vaya, vaya. Así me gusta, que seas obediente” –dijo su Amo abriendo la puerta y metiéndose dentro. “Tengo mucho trabajo, pero lo que hiciste con lo de la tanga me ha puesto caliente. Mira lo dura que la tengo” –dijo sacándose la verga y golpeando con ella las nalgas desnudas de su esclava. “Amo, el huevo vibrador se salió y cayó al suelo” –informó ella mientras se inclinaba más para mover su culo hacia atrás y acercarse así más a su Amo. “No te preocupes putita, que ahora te meteré otra cosa” –contestó él poniendo su verga entre los labios vaginales de la esclava. “Ven hacía mí” –ordenó. Ella intentó echarse más hacía atrás para introducirse la verga de su Amo, pero con las esposas no había manera y se hacía daño en las muñecas. Logró meterse solo la punta y empezó un rítmico movimiento hacía delante y hacía atrás dando tirones a la tubería con la cadena de las esposas. En uno de los movimientos que hizo ella hacía atrás, su jefe movió su cadera hacía delante y le clavó la verga entera a su esclava, la cual dió un pequeño grito que pronto silenció al escuchar de nuevo abrirse la puerta.

Su Amo se quedó quieto metido completamente dentro de ella y mientras estuvo acariciando sus tetas y pellizcando sus pezones. Fuera quien fuera entró en el cubículo de al lado y escucharon como caía el chorro al agua del retrete. Por el ruido Clara creyó que era una mujer, pero era muy extraño porque estaban en el baño de hombres. Mientras pensaba en esto notó como su jefe había reiniciado el movimiento, aunque de forma más lenta para que no se les escuchara. La persona que estaba al lado terminó de hacer sus necesidades y se marchó del baño, por lo que el jefe de Clara aprovechó para cogerla del pelo y estirarla hacía él para que ella misma hiciera el movimiento de entrada y salida de su verga en la húmeda y ardiente vagina sumisa.

Acompasaron sus movimientos e iban cada vez más rápido, él seguía marcando el ritmo con los tirones a su cabello y finalmente acabó en su vagina. “Ya está putita, me vuelvo al trabajo, tú puedes vestirte y ya te haré una perdida cuando vea que la zona de los baños está despejada. Tómalo como un regalo por lo bien que te has portado” –le dijo. “Gracias amo. ¿Puedo seguir tocándome en el baño? He tenido un orgasmo al empezar pero después iba a lograr otro, pero justo usted acabó antes de que pudiera volver a llegar al cielo” –dijo ella con un poco de miedo a la reacción de su Amo. El rió de manera sínica y le dijo: “Con uno tienes más que suficiente, putita. Si quieres otro tendrás que ganártelo más tarde”. Dicho esto volvió a meter el huevo vibrador en el coño de su esclava, quitó sus esposas y la volvió a dejar sola en el baño.

Se sentía algo sucia por haber hecho eso en los baños de su oficina y también muy humillada porque cualquiera podría haberla pillado follando con su jefe y su vida se hubiera hecho insoportable. No estaba segura de si alguien sospechaba de lo ocurrido y eso hacía que estuviera algo preocupada. Estuvo vistiéndose con la ropa que había dejado en la bolsa, aunque su amo aún no le había devuelto el tanga y ella estaba muy abierta y húmeda, así que tendrá que ir con mucho cuidado para que el huevo no se volviera a salir, porque podría caer cuando pasaba entre sus compañeros y eso la haría desear que se la tragara la tierra. Una vez salió del baño lo único que cayó de su sexo fueron unas pocas gotas del semen que su Amo había depositado dentro de ella y que resbalaron por su muslo, esto la hizo feliz porque quería decir que había sido obediente y había hecho disfrutar a su dueño.

Un día más Clara volvía a subir en el ascensor junto a su Amo, eran las 8 de la mañana y empezaba su doble jornada laboral, la primera como secretaria y la segunda como esclava. El día anterior su amo había colgado una fotocopia de su tanga en un pizarrón de la oficina y ahora era uno de los temas que más comentaban sus compañeros, pero nadie sabía quién era la mujer que se iba quitando las bragas mientras trabajaba. Él le metió una mano por debajo de la minifalda de su empleada, comprobando que no llevaba ropa interior, acarició su terso trasero y introdujo suavemente un dedo en el sexo de su sumisa. Luego le puso el dedo en la boca y ella lo limpió rápido antes de que se abrieran las puertas.

Se sentó en la silla de su pequeña sala, después de ponerse un huevo vibrador, no le costó mucho introducirlo porque esta nueva situación la mantenía en constante excitación. La puerta de la sala no se podía abrir desde dentro, era otra manera de estar a merced de su amo, quien sólo podía abrir la puerta utilizando un botón de un mando a distancia que a la vez que abría la puerta activaba el huevo vibrador que Laura tenía en su interior, así se aseguraba que su sirvienta estuviera caliente cuando él la necesitaba.

A media mañana notó como vibraba su vagina y se dirigió rápidamente a la oficina de su Amo. Se quedó de pie esperando órdenes, con la mirada baja, su vista se posó sobre la blusa blanca en la que se marcaban sus duros pezones. “Ven aquí, acércate a cuatro patas” –le ordenó su dueño mientras se bajaba los pantalones. “Quiero que me masturbes con esas preciosas tetas” -añadió. Ella se acercó a gatas y al llegar donde estaba sentado su jefe se desabotonó la blusa. Cubrió su verga con sus pechos y empezó el trabajito que su Amo le había ordenado. “Será mejor que también juegues un poco con tu lengua, cuando antes que acabe creo que será mejor para ti. Desde mi ordenador he configurado los ordenadores de la oficina para que dentro de 10 minutos se active un salvapantallas con fotos tuyas. Fotos algo subidas de tono en las que sales en ropa interior, casualmente en las fotos llevas el tanga que todo el mundo conoce en la oficina, el que está colgado en una fotocopia en el pizarrón de anuncios de la sala principal” –le dijo. Se metió la punta en la boca mientras continuaba masturbándole con sus pechos. Tenía que hacerlo bien y deprisa o toda la oficina la vería medio desnuda. Pasaba la lengua suavemente por la punta y apretaba bien sus pechos contra aquel miembro bien duro.

Cuando su Amo notó que iba a correrse se la sacó de la boca y echó todo el semen sobre los senos de su esclava. Luego se la volvió a meter en la boca para que se la dejara bien limpia y reluciente. “Amo, ¿puedo limpiarme con un pañuelo?” –pidió ella. “No, mejor límpiate con esto y luego te lo pones para que ese coño no pase frío y se resfríe” –le dijo mientras le devolvía la famosa pieza de ropa interior. Se puso el tanga, estaba empapado en el semen de su Amo, el cual se mezcló con su flujo vaginal, fruto de la orden que terminaba de cumplir.

“Ahora quiero que te metas estas bolas chinas en coño y mientras te voy a explicar que es lo que quiero que hagas ahora. Vas a ir al mismo baño en el que te follé ayer, te quitarás toda la ropa menos el tanga y te volverás a esposar a la tubería” –dijo él con esa voz perversa. Al pasar entre sus compañeros se sentía incómoda, como si todos supieran que llevaba el tanga manchado por el semen de su jefe. Cuando vio que no había nadie volvió a meterse en el baño masculino y fue directamente al tercer cubículo, no tenía permitido cerrar la puerta, así que se fue desnudó con el miedo a que alguien pudiera entrar y la descubriera. Metió su ropa dentro del bolso, se puso un antifaz para no poder ver nada, una mordaza para no poder hablar ni gritar y unas esposas para quedar inmovilizada a la tubería, con el culo dirigido hacia la puerta y a quien la abriera.

Escuchó abrirse la puerta del baño y unos pasos que se dirigían hacia donde ella se encontraba. El ruido venía de unos tacones, pero ¿cómo podía ser? Ella se encontraba en los baños masculinos. Recordó que el día anterior, mientras estaba siendo follada por su dueño, escuchó como una mujer orinaba en el retrete contiguo. Finalmente la puerta en la que ella se encontraba se abrió- “Vaya vaya. ¿Qué es lo que tenemos aquí? ¡La nueva putita de la oficina!” –exclamo la voz de esa mujer mientras acariciaba el pelo de Clara. “Así me gusta, que muevas el culito, no es necesario que forcejees, conozco esas esposas y no te vas a poder soltar así. Será mejor que te estés quietecita” –replicó. Clara sentía miedo al no saber quién era esa desconocida ni que iba a hacerle. La voz de esa mujer se metía en lo más profundo de su ser, cada vez que hablaba esa tanga se empapaba; sobre todo cuando escuchó: “Lo primero será indicar bien claro que es lo que eres, así no habrá ninguna confusión”. Sacó un lápiz labial y escribió en letras bien grandes y en mayúscula la palabra “PUTA” en la espalda de Clara. Luego se pintó sus labios y dio un beso al lado de la inscripción, dejando la marca rosada en la piel de su presa. “Este es la tanga que tan famosa se ha vuelto por aquí” –dijo la mujer con algo de asombro. Se lo bajó, dejando a Clara completamente desnuda. La mujer volvió a hablar: “¿Y estas marcas blancas? Parece que hace poco alguien ha estado jugando por aquí”.

Atada como estaba no podía hacer nada. “No quiero que grites o será peor. Abre la boca” –dijo la desconocida a Clara mientras le quitaba la mordaza. Le metió la tanga y luego puso cinta aislante para que no pudiera escupirlo. Ella se limitaba a obedecer, estaba asustada y le temblaban las piernas. “Vamos a ver la gama de colores de tu trasero. No te preocupes que nadie va a entrar en este baño, he puesto un cartel en la puerta en el que pone que estamos desinfectando, para que no entre nadie. Voy a desinfectarte estas nalgas a mano abierta” –dijo la mujer. Cuando cayó el primer manotazo ya dejó la marca roja de la mano de esa mujer, pero antes de que ese color rojizo desapareciera de la nalga derecha, otra palmada volvió a caer. Las lágrimas empezaron a empapar en antifaz, mientras una nalgada tras otra iba cambiando el color de la suave piel del culo de la sumisa.

“Hace un año yo estaba en tu misma posición, pero ese cerdo se cansó de mí, me echó de su casa, de su vida y dejé de ser su secretaría. Ahora simplemente soy la mujer de la limpieza. Le gusta verme degrada así, limpiando los baños y pasando la escoba por su despacho. Si sigues, tú terminarás igual” –dicho esto le dio la última palmada en el culo, el cual estaba ya completamente rojo, pero no apartó la mano, bajó entre sus nalgas hasta tocar el hilo que sobresalía de la vagina de Clara. “No sabía que tenías esto dentro de ti, no te preocupes, ahora las saco” –dijo. De un tirón sacó de golpe las bolas y la esclava gimió de dolor, habría sido un grito de no estar amordazada. “Estas muy mojada, menuda puta estas echa. No te preocupes, que hoy también serás follada, pero por mí” –dijo la desconocida. Eso es lo que Clara esperaba oír y por Dios que lo disfrutaría.

La desconocida se desnudó de cintura para abajo y se puso un arnés que llevaba dos consoladores, uno más pequeño que ella se introdujo en la vagina y el otro bastante más grande que apuntaba hacía Clara. Se acercó a la vagina de Clara, reposó la punta del consolador entre sus labios y empujó con sus caderas para ir introduciéndolo. Empujó fuerte y sin contemplaciones hasta que estuvo todo dentro. A Clara le dolía mucho, nunca había entrado algo tan grande en sus profundidades.

“Cuando vi la fotocopia del tanga supe que ya se había buscado una nueva esclava. Así que ayer cuando él entró al baño le seguí y entre aquí al lado, fue entonces cuando escuché tus gemidos mientras eras follada. Intentabas que no saliera ningún ruido, pero no sabes mantenerte en silencio, hoy lo estoy comprobando” –le hizo saber. Mientras contaba esta historia seguía con el vaivén y aquel consolador enorme entraba y salía de la esclava. ·Cuando termine contigo no vas a poder follar ni sentarte en una semana” –le decía la mujer entre los gemidos de ambas. La continuó follando mientras tiraba de su pelo. “Yo siempre hice lo que él quiso, no puede ser que te prefiera a ti antes que a mí” –le decía. En cada embestida Clara sentía doble dolor, primero por el objeto que entraba y salía de su cuerpo y segundo cuando la intrusa chocaba contra la sensible piel rojiza de sus nalgas. La mujer del pene de goma seguía taladrando a Clara sin piedad, mientras clavaba sus uñas en la espalda de su cachorrita. Estuvo torturándola de esta manera hasta que creyó que ya había sido suficiente. Se quitó el arnés pero no sacó el consolador del interior de Clara.

 La intrusa se sentó en el inodoro, delante de Laura y le puso unas pinzas en los pezones. Le preguntó: “¿Duele, verdad? Pues si quieres que te libere tendrás que arrodillarte delante de mí y pedírmelo con tu lengua entre mis piernas”. Le quitó la cinta aislante de un fuerte tirón y Clara escupió la tanga bañado en su saliva. Clara quería que toda aquella tortura terminara de una vez, así que sin pensárselo dos veces se abalanzó a lamer el sexo de aquella mujer. Las pinzas le dolían demasiado, así que lamió con rapidez buscando dar un rápido orgasmo. Finalmente aquella desconocida llegó al clímax mientras Clara lamía sus flujos vaginales. Si bien es cierto, había disfrutado ser la presa de esa mujer desconocida y despechada, en su boca tenía el sabor de la derrota, la vergüenza y la rabia. “Me marcho porque él estará a punto de llegar, creo que con esto habrás tenido suficiente. No quiero volver a verte por aquí y si volvemos a vernos no voy a ser tan buena” –sentenció. No tuvo mucho tiempo la boca libre ya que la anterior mordaza volvió rápidamente a impedir que saliera su voz. “Esto me lo llevo yo y no creo que quieras que nadie sepa quién es la propietaria. Así que ya sabes, mantén la concha cerrada cuando estés en la oficina” –volvió a advertir.

Se fue dejando a Clara aún esposada a la cañería, amordazada, con un consolador enorme en su interior y llorando por la impotencia y el dolor. Las pinzas aún seguían apretando fuerte en sus pezones, aquella mujer no se las había quitado y eso que había cumplido haciéndole sexo oral. Sentía asco de sí misma y además aquel sabor no desaparecía de su boca.

“Veo que has conocido a Sandra” –dijo su Amo cuando abrió la puerta en la que se encontraba su esclava. Se dibujó en su rostro una sonrisa un tanto burlona. Le quitó las esposas y acarició la espalda de su esclava donde aún se podía leer la palabra “puta” escrita con lápiz labial. “No llores, no te preocupes que podrás vengarte por lo que hoy ha pasado aquí. Arréglate y ven a mi despacho” –dijo mientras sacaba el consolador de la vagina de su esclava. Clara se tomó un tiempo hasta que dejó de llorar, se limpió las lágrimas con un pañuelo, aunque sus ojos hinchados aún relataban su desgracia. Volvió a vestirse, pero otra vez sin tanga. El roce de la falda causaba dolor en la sensible piel de sus nalgas.

Después de la salvaje tortura en los baños, Clara se dirigió al despacho de su jefe. Tomó silla una vez tuvo permiso y se quedó callada escuchando lo que su Amo tenia que decir al respecto: “Esa mujer que acabas de conocer se llama Sandra. Hace un año era mi juguete, pero fue desobediente y tuve que romper el contrato. Dejó de ser también mi secretaria y le ofrecí un puesto para limpiar la oficina. Ella aceptó el empleo, no quería despegarse de mí e incluso me visitaba por las noches medio desnuda intentando provocarme para que volviera a utilizarla. Yo he pasado siempre de ella, no quiero esclavas desobedientes. Parece que cuando ha visto que tenía una nueva sirvienta la ha tomado contigo, pero no te preocupes, tendrás la oportunidad de vengarte”. Clara, no daba crédito a lo que escuchaba, no necesitaba que le hablaran de venganza; necesitaba contención, tal vez un abrazo que demostrara que al menos le importaba algo el hecho de que hayan corrompido su propiedad sin su permiso. 

Como cada mañana fue al cuarto de su amo a despertarle con una mamada y así tomarse su desayuno. “Putita, voy a ponerte a prueba para cosas que me gustaría que hicieras en un futuro” –dijo él. “Haré lo que usted quiera para que no se aburra, ¿Quiere que me desnude y ponga mi vagina a su disposición?” –preguntó Clara. “Eso estaría bien, pero no putita, lo que quiero que hagas es otra cosa. Vas a ir a la playa a buscar alguien para seducirlo, traerlo aquí y luego dominarlo, hoy quiero verte en un rol diferente al habitual, ¿crees que serás capaz?” –dijo su Amo. “Lo intentaré para contentarle Amo. Haré lo que crea que puede divertirle y excitarle” -respondió. “Yo te estaré vigilando putita y pondré una cámara en la habitación para poder ver que le estas haciendo. Llevaras el huevo vibrador que puedo controlar a distancia” –le advirtió.

Se preparó para salir con un bikini amarillo, un pareo y una camiseta blanca. Una vez en la puerta su Amo introdujo el huevo vibrador en su sexo y se despidió de ella con unos pellizcos en sus pezones. Al llegar a la playa estuvo dando una vuelta buscando algún chico de su edad y que estuviera sólo. El huevo no vibraba aún, pero se movía con cada paso y esto hacia que empezara a mojarse. En la arena aún era peor porque sus pasos eran más imprecisos. Encontró alguien que le parecía interesante tumbado tomando el sol, no quiso ponerse muy cerca para no ser muy descarada, así que se puso a unos 5 metros de él, pero entre la toalla del chico y el agua, por lo tanto si él quería darse un baño tendría que pasar por donde estaba Clara.

Desplegó su toalla inclinándose hacia delante y dejando una visión perfecta de su culo ya desprovisto del pareo. Se quitó también la camiseta dejando sus pechos a la vista, sólo cubiertos por la parte superior del bikini. Se tumbó en la toalla con unas gafas de sol para así seguir mirándole sin que él se diera cuenta. Después de un rato vio como se levantaba para ir hacia el agua, así que sacó su crema solar y empezó a untarse su piel, haciendo que brillara bajo los rayos del sol. Hizo como que tenía problemas para aplicarse la crema solar por su espalda en el momento que él pasaba por su lado.

“Ehm, oye, ¿quieres que te ayude? –preguntó el joven. “Pues me harías un favor porque no llegó a algunas zonas y no quiero quemarme” –le dijo ella con una sonrisa. “Sería una lástima que se quemará una piel tan bonita” –dijo el muchacho. “Vaya, parece que ya viene al ataque” –pensó Clara. “Tal vez es que se cree un Don Juan. Será entonces más divertido lo que vendrá después” –pensó otra vez y esbozó una sonrisa. Él se sentó al lado y empezó a ponerle la crema. “Siéntate en mi espalda, te será más fácil” –era la primera orden de la tarde. Se fue a sentar sobre la parte baja de su espalda, pero en el último momento ella subió un poco la cadera y término sentándose en su culo.

“Fóllame” –dijo ella en voz baja. “¿Perdón? ¿Había dicho lo que él había entendido? No era posible. “Frótame” –dijo ella. “Me parecía que te habías quedado dormido, porque no sentía tus manos” –le dijo. El chico empezó a aplicar la crema aún algo descolocado.

“¿Cómo te llamas?” –preguntó Clara. Sin salir del asombro el chico respondió: “Eh, ¿yo? Víctor, ¿tú?”. “Clara” –respondió ella de manera cortés. “Deshaz el nudo del bikini, así no te molestara para ponerme la crema por la espalda” –fue la segunda orden de la tarde. Todo marchaba de acuerdo a su plan. Había atado el nudo muy fuerte para que su futuro sumiso no lo tuviera nada fácil.

¿Qué ocurre? ¿No sabes? ¿Nunca has quitado un bikini o un sujetador? dijo Laura en tono pícaro. “No, o sea sí, es que está atado muy fuerte” –dijo él ya algo avergonzado. “Prueba con los dientes” –sugirió ella en tono de orden. Él se reclinó encima de ella para hacerle caso, con lo que Clara empezó a notar esa verga reposando entre sus nalgas y ya algo dura. De repente, el huevo se puso a vibrar. Fue un sólo instante, lo que hizo que diera un pequeño salto golpeando con su culo la entrepierna de Víctor. Su Amo ya debía estar allí observándola y esa vibración le recordó que no era ella la que estaba al mando.
Víctor empezaba a estar excitado después de estar poniendo crema por esa fina piel y por el salto de Clara.

“¿Qué edad tienes, Victor?” –preguntó Clara. “23 años, ¿tú?” –respondió “Eso no se le pregunta a una mujer pero te diré que tengo 21. ¿Puedes ponerme también crema en mis muslos?” –dijo ella. Víctor empezó a cubrir con protector solar las piernas de Laura, subiendo cada vez un poco más y al ver que Laura no le decía nada subió ya hasta la parte de su culo que no cubría el bikini. Tenía ya una erección moderada que ella vió de reojo y a través de sus gafas de sol.

“¿Estas veraneando por aquí?” –preguntó él. “Si, un amigo me ha prestado su casa para que pase unos días y allí estoy sola y algo aburrida” –dijo ella. “Si quieres puedo pasar más tarde a hacerte compañía” –sugirió Víctor. “Sería perfecto, así no como sola” –dijo ella. Estuvieron un rato más hablando y finalmente decidieron ir al apartamento. Ella se sentó en la toalla de espaldas a él y empezó a ponerse la parte de arriba del bikini. Si Víctor hubiese estado al otro lado hubiera visto los pechos de Clara, pero no fue así.

“¿Tu amigo es sólo eso o tienen algo más?” –preguntó él. “Soy su esclava y puta particular” -es lo que pensó, pero le dijo: “Sólo amigos, pero tenemos muy buena amistad, yo haría por él lo que me pidiera”. Su amo había estado poniendo el huevo en marcha a ratos, pero una vez entró a la finca empezó a vibrar sin pausa. Una vez en el ascensor pegó su culo a la entrepierna de Víctor y empezó a restregarse suavemente. Él desde atrás lamía su oreja. Ella se giró y empezaron a besarse, mientras metía una mano dentro del bañador para coger la verga de Víctor. Una vez llegados a su piso, Clara tomó a Víctor de la mano y lo llevó al apartamento. Ya dentro, él la empujó contra la pared y empezó a besarla y sobarla por todo el cuerpo. Si ella no tomaba pronto el control, después sería demasiado tarde. Giró a Víctor y en ese momento fue él quien se encontró de cara a la pared. Él se lanzó a besarla, pero ella se apartó rápidamente y le dijo que no moviendo la cabeza de lado a lado, mientras mostraba una pícara sonrisa. Siguió calentándole besando su cuello y frotando una mano por su más que erecta verga. Clara se arrodilló enfrente de los pantalones del chico y empezó a bajarle la ropa. Finalmente dejó su miembro en libertad y le dio unos besos. Luego se la metió completamente en la boca para mostrarle a su sumiso lo que tendría si se portaba bien.

Pero no es aún momento de hacerle disfrutar de esa manera, la mañana iba a ser muy larga. “Ven perrito” –le dijo tomando su miembro y tirando de él como si fuese la correa de un perro. Llegados a la habitación le echó a la cama de un empujón, se puso encima de su pecho desnudo y le esposo a los barrotes. Él solo se dejaba llevar por la situación. “Así estas mejor, porque serás obediente y no pondrás las manos donde yo no quiera” –mientras dijo esto se quitó la camiseta para dejarle ver de nuevo sus pechos cubiertos por el bikini. “¿Quieres ver lo que hay debajo de la parte de arriba del bikini?” –dijo ella cogiendo su miembro que estaba apuntando al cielo y empezó a masturbarle. “Sí por favor” –respondió él. “¡Pídemelo bien!” –dijo Clara, de la misma forma que le hacía a ella su Amo. “Por favor, ¿puedes quitarte el bikini?” –dijo Víctor presa de la excitación. “Depende. ¿Harás esta tarde todo lo que yo te pida?” –Preguntó Clara “Sí, haré lo que tú quieras”  -contestó él mientras cada vez lo masturbaban más fuerte.

Ella dejó lo que tenía entre manos y se quitó la parte de arriba del bikini y el pareo. Estaba ya casi desnuda ante él y veía como su verga no dejaba de palpitar en plena erección. Se puso encima y empezó a besarle, frotando su entrepierna con la dura verga de su improvisado esclavo. Se mojó un poco la fina tela del bikini con el líquido pre seminal. “Vaya, me has manchado, ahora lo tendrás que limpiar con tu lengua” –le dijo poniéndose arrodillada encima de su cara, con su vagina a la altura de la boca del chico. Víctor lamió el bikini, notando el caliente sexo de Clara debajo de la tela. Ella se giró, dándole la espalda a su esclavo, quien así tenía una vista perfecta de ese culo. Tomó de nuevo su verga y empezó a hacerle una mamada, mientras con la otra mano se dirigía a su sexo para sacarse de una vez el huevo vibrador que su Amo iba apagando y encendiendo cuando ella menos lo esperaba. Lo hizo bajo la atenta mirada de Víctor, quien no se perdía ningún detalle. “¿Qué haces mirándome el culo, puto?” –dijo dándose la vuelta. “Será mejor que te ponga un antifaz para que así no puedas mirar que es lo que ocurre” –dijo ella. Una vez hecho, continuó con la mamada, poniendo sus piernas a los lados de la cabeza de Víctor. Él mientras tanto intentaba llegar con su lengua a la entrepierna de Laura, que le facilitó las cosas para que pudiera llegar y lamerle todo lo que ella quisiera.

 “Avísame cuando vayas a correrte, esclavo” –ordenó ella. “Sí, Ama” –dijo él ya poniéndose en el papel. Clara empezó a esmerarse, trabajando con su boca, su lengua y sus manos. Succionaba toda la verga del esclavo y pasaba por ella toda su lengua. No dejaba ni un segundo de descanso. “Ama, voy a correrme” –avisó Víctor, pensando que el aviso era para que ella pudiera apartarse y no recibir su corrida en la boca. Pero estaba equivocado, después de avisarla ella dejó la mamada, se puso en pie para quitarse la parte de debajo del bikini y fue a gatas pasando sobre el cuerpo de su perrito. Pasando sus tetas por su pecho y el coño por su polla, que estaba roja y parecía a punto de explotar. Le besó por el cuello y lamiendo su pecho. Jugó un rato con él entre besos y caricias y luego puso de nuevo sus muslos a los lados de las orejas de Víctor. “Saca la lengua perrito, quiero que pruebes algo que tengo entre las piernas” –dijo para motivarlo aún más. Su esclavo sacó la lengua y empezó a lamer, la caliente y húmeda vagina de Laura, la cual ayudaba con movimientos de cadera a la lengua de Víctor.

Le cogía de la cabeza y apretaba su sexo contra su boca para que su esclavo siguiera dándole placer. Sus jadeos fueron en aumento mientras su esclavo le follaba con la lengua hasta que al final llegó al tan deseado orgasmo. Sus piernas tenían un temblor que ella no podía controlar, el chico sabía muy bien que hacer bajo aquella presión a la que estaba siendo sometido, lo que la complació gratamente. “Ya puedes dejarlo, como te has portado tan bien voy a darte un regalo” –dijo ella. Se situó entre las piernas del esclavo y empezó de nuevo a pasar la lengua por su miembro. Estaba incluso más duro que cuando la había abandonado, tal vez era que se había excitado más lamiéndola a ella que mientras le hacían la mamada. Se la metió lo más dentro que pudo y luego pasó sus dientes por toda su extensión causándole algo de placentero dolor. Se la metía y se la sacaba de la boca cada vez más rápido.

“Ama, para o déjame correrme, pero no voy a aguantar” – dijo el chico. Ella hizo oídos sordos y siguió chupando. “Por favor, no aguanto más” –suplicaba. Siguió sin querer escuchar las súplicas de Víctor y continuo chupando incluso más rápido. Aguantó todo lo que pudo, pero llegó un momento que no pudo hacer nada y explotó en la boca de su ama, la cual recibió todo en su boca pero luego lo escupió en la cara del inocente muchacho. El único semen que quería que pasara por su garganta era el de su Amo.

“Eres un cerdo asqueroso. ¡Se nota que no puedes ni aguantar con una mamada!. ¿Es tu primera vez? –dijo ella provocándole. Sabía que nadie podría haber aguantado dentro de su boca, se estaba haciendo una experta. “Lo siento ama, me ha sido imposible” –contestó él muy avergonzado por lo ocurrido y aún con la respiración acelerada. “Te mereces un castigo por desobediente” –dijo Dominatrix primeriza. Clara fue por unas pinzas y un cubito de hielo. Puso las pinzas en los pezones de su esclavo y luego pasó el hielo por todo su cuerpo, pasando después su boca por cada zona para hacer contraste de temperaturas.

En esa posición en la que estaba le hizo unas fotos por si las necesitaba para chantajearle con ellas más delante de ser necesario. Lo estuvo besando por varios minutos y le quitó y volvió a poner las pinzas, quería que tuviera de nuevo una erección tan completa como la de antes. Le quitó el antifaz y le  colocó un preservativo. Luego le dio la espalda y puso su vagina justo encima de su verga para sentarse lentamente sobre sus caderas hasta que estuvieron completamente unidos. Él veía como el culo de Clara subía y bajaba para que el sexo de su Ama engullera su verga. Clara seguía cabalgando encima de Víctor, haciendo cambios de ritmo. En un momento bajó el ritmo y se sentó completamente sobre su esclavo, tenía el miembro metido hasta el fondo y fue girando lentamente hasta ponerse cara a cara con él. Empezó de nuevo a cabalgarle y siguió las órdenes que le había dado su amo aquella mañana. Tenía que quitarle las pinzas y ponérselas a ella misma. Esto lo hizo mientras seguía saltando sobre el pene de su esclavo, la otra orden era que no podía tener 2 orgasmos y ya había tenido uno utilizando su lengua, así que tenía que hacer que se corriera rápido para que ella no estuviera a punto de llegar al clímax de nuevo.

Clara tocaba pezones y jugando con las pinzas bajo la atenta mirada de su esclavo, quería excitarle con eso y hacer que se corriera. Sus movimientos eran cada vez más rápidos, notando ese duro trozo de carne en su interior. El chico finalmente se corrió en su vagina, quedando exhausto al lado de aquella joya que acababa de conocer. “Bueno, ahora fuera y no quiero volverte a ver, si quiero volver a utilizarte te buscaré en la playa en el mismo sitio el primer sábado de mes. El chico se fue a medio vestir y la dejó en la cama tendida. Encontró entretenida la experiencia de ser ella quien tomara las riendas en la relación. Su Amo salió de entre las sombras sonriendo y aplaudiendo el magnífico desempeño de su esclava. La tomó en sus brazos y la llevó al baño donde la esperaba una tina con agua tibia para que se relajara.

Al lunes siguiente Clara entró en la habitación de su Amo no para despertarlo como él acostumbraba sino para decirle que era todo, se había cansado de ser la sumisa y que si quería despedirla de la empresa por ella estaba bien, ya que tenía la suficiente experiencia para trabajar en otra empresa y no terminar siendo “la que limpia” como su anterior secretaria y sumisa. Era un adiós sin retorno y de él buscarla hablaría del porque Sandra terminó limpiando si ella nunca cometió un error en cuanto a su trabajo se refería. Tomó sus maletas y salió. Pasado los días entendió las palabras de su Amo: “Pronto tendrás la oportunidad de vengarte” y dio una sonrisa porque el objeto de venganza fue él mismo.

De Víctor se sabe que concurre el primer sábado del mes a la playa para complacer y agasajar a su Ama hasta que se pone el sol el día domingo.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Cambio de roll, sería rico dominar a un Victor... 🤔😈

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  2. Aprender de un gran maestro que te quite los miedos y te haga disfrutar del placer al máximo eso me gusta gracias Mr.P

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  3. Buen relato, excitante y con mucha imaginación.

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  4. Interesante y muy excitante relato mi Demonio Perverso 😈🥰💋🔥🔥🔥

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  5. Estaba un poco reacia al contenido de este blog, pero trás leer esta entrada...Excitante! (Y muy bien escrita, por cierto)

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    1. Muchas gracias por darse el tiempo de leer el relato y darle la oportunidad a mi blog.
      Deseo que en cada entrada que tenga la oportunidad de leer pueda sentirse parte de la historia y contar con un comentario de su parte.
      Nuevamente gracias y estamos en contacto.

      Atte.
      Pasiones Prohibidas ®

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  6. Muy buen relato caballero 👏👏👏👏👏
    Es tan bueno con las letras que have que sintamos cada una de las acciones de los protagonistas 🔥👏🤗 Felicidades 👏

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