Se encontraba en su oficina sentado, detrás de su firme mesa de madera de cerezo sobre la que había un contrato bien examinado y retocado durante largas horas. Vestía un elegante traje oscuro con una corbata roja que ahora mismo reposaba que sobre su mesa ya que seguía ultimando los recovecos finales del preciado contrato. Una vez terminado llamó por el interfono a su secretaria: “Señorita Clara, acuda inmediatamente a mi oficina”. La joven se dio prisa en llegar, ya que su jefe le infundía mucho respeto y no le quería hacer enfadar. Llamó a la puerta y no pasó hasta que le fue concedido el permiso. Era tan estricto que él mismo decidía que debían usar las secretarias de su firma, ya que la vida le había dado el derecho de hacerlo por esfuerzo que había hecho para llegar hasta donde está. Llevaba una falda negra que le llegaba hasta las rodillas y una blusa blanca que dejaba vislumbrar un poco el color negro de su sujetador.
“Puede sentarse” –dijo él en un tono más
cercano a la orden que a la proposición. Siempre que hablaba con él se sentía
un poco cohibida e incapaz de mirarle directamente a los ojos. “¿Le apetece un
café?” –preguntó y añadió: “El mío con dos cucharadas de azúcar”. Casi sin
haberse llegado a sentar se tuvo que volver a levantar y fue por dos cafés a la
mesa de la izquierda. Seguía sin saber porque la habían llamado. Al levantarse
tiró sin querer con la mano uno de los bolígrafos que se encontraban en la
mesa. Lo recogió rápidamente dejando ver a su jefe como se marcaba su trasero
bajo la fina tela de la falda. Al darse cuenta se ruborizo. Llegó a la mesa con
los dos cafés. “¿Quiere un poco de
leche?”. No hubo respuesta por su parte porque él ya estaba vertiendo el lácteo
en su café. Él estaba Tomando las riendas e intentando desconcertarla. “¿Le
apetece una galleta?” –preguntó él. “Si por favor” –dijo ella intentando tomar
el mando y sabiendo que negarse no iba a servir para nada. “Vaya, que error, no
me quedan galletas” –dijo él.
“Bueno,
a lo que íbamos, quería preguntarle si le gustaría ganarse un dinero extra.
Necesito una asistente en casa, ya sabe, mantener limpia la casa, cocinar la
cena y otros quehaceres domésticos” –le dijo, esto último lo dijo con una leve
sonrisa, o eso le pareció a ella. Siguió: “No se preocupe que le pagaría bien”
–dijo al ver en el rostro de Clara una mueca que expresaba cierta duda.
Continuó: “Además, al encontrarse mi casa en una parcela fuera de la ciudad, lo
mejor sería que se quedase allí en la habitación de invitados por lo que puede
dejar de seguir pagando el alquiler”. “No me vendría nada mal ese dinero extra”
–pensó en sus adentros. “Mire señorita, eeehm… “Clara, mi nombre es Clara” –dijo
ella con una tímida voz. “Verdad, Clara” –dijo él frunciendo el ceño, no
esperaba una corrección; menos de alguien a quien él consideraba inferior. “Si
quiere puede venir unos días de prueba y luego ya me dice si quiere el trabajo”
–dijo él dando el tema casi por cerrado.
Ya en
su humilde apartamento estuvo dándole vueltas al asunto. Con él se sentía un
poco incomoda, pero a la vez excitada. Se tuvo que masturbar en la cama para
poder conciliar el sueño. En su fantasía imaginaba como él la subía a la mesa
de su despacho y le hacia el amor suavemente mientras la llenaba de besos. Al
día siguiente era sábado y como no tenía que ir a su trabajo habitual se
pasaría el fin de semana en casa de su jefe como su servil y dócil sirvienta.
Al ver la tremenda casa al medio de un infinito terreno se quedó con la boca
abierta. De pronto, el silencio y lo perdida de la mirada son interrumpidas por
la voz áspera y tosca de su jefe: “Llega usted muy puntual, me gustan las
chicas puntuales y obedientes” –dijo él con una pícara sonrisa.
Clara
pasó dentro de la casa sin atreverse a saludar a su jefe con un beso en la
mejilla. Se limitó a esbozar una ligera sonrisa y un saludo algo nervioso. “Su
habitación está arriba, hoy solo descanse y ordene su ropa en los muebles y
closet. Le he dejado su uniforme encima de la cama” –le dijo su jefe. No había
pensado en ningún momento que tendría que llevar un uniforme durante sus
tareas. Al entrar en la habitación fue lo primero que vio. Se trataba de un
vestido negro bastante corto y con un pronunciado escote que no dejaba mucho a
la imaginación en caso de inclinarse hacia delante, lo que también hacía que se
le levantara la falda por detrás y se pudieran ver levemente sus tersas nalgas.
En su pecho llevaba un lazo blanco como si fuera envuelta en papel de regalo. El
uniforme era tan ajustado que se le marcaba la ropa interior, así que se la quitó
para verse mejor en el espejo. Estaba excitada de estar así vestida y en casa
de su jefe. Después fue a guardar su ropa íntima en un cajón, pero encontró
algo que hizo que su entrepierna se mojase al instante. En el cajón había
consoladores de todo tipo, bolas chinas, antifaces, máscaras y unas esposas con
las llaves para abrirlas. Siempre había sentido curiosidad por estar esposada y
a merced de un hombre, sus relaciones sexuales habían sido hasta el momento muy
convencionales y poco morbosas.
Tomó
las esposas y se las probó con los brazos por delante de su cuerpo. Se miró en
el espejo, la imagen era muy excitante, pero tenía que seguir deshaciendo las
maletas. Recogió las llaves y fue a abrir las esposas. No había manera, ¿Qué
estaba pasando? Resulta que las llaves no eran de esas esposas, su jefe lo
tenía todo muy bien planeado. Qué tonta había sido poniéndoselas sin comprobar
nada antes. El nerviosismo invadió su cuerpo. ¿Qué podía hacer ahora? Pensó en
salir corriendo y no volver nunca más a esa casa, pero en ese momento se abrió
la puerta. “¡Vaya vaya! ¿Qué es tenemos aquí? Una zorra que cayó en el truco de
las esposas” –dijo el hombre que la observaba desde que entró en la habitación.
Clara
se quedó muda y petrificada mientras él aprovechaba para situarse detrás y dar
unos besos por su cuello. Ella entreabrió los labios y dio un leve gemido
mientras notaba como él se pegaba a su cuerpo y como su miembro se frotaba en
sus nalgas. Se encontraba totalmente a su merced. Mientras besaba su cuello,
empezó a tocar las tetas de su sirvienta. Ella no hizo nada para resistirse lo
que ánimo aún más a su jefe para seguir con su plan. Se notaba muy mojada y
cada vez más excitada. Ahora él ya había subido de su cuello hacia una oreja y
la lamía y daba leves mordiscos. Sentía escalofríos. En ese momento era
enteramente suya y habría hecho lo que él le hubiese pedido. Estaba indefensa y
completamente expuesta. Notó como una mano bajaba hacia su sexo, el cual estaba
ya empapado. Le introdujo un dedo y ella empezó a gemir.
“Soy
tuya, hazme lo que quieras” –dijo casi sin pensar por la excitación del
momento. “Agáchate” –le ordenó él sin ningún titubeó y sabiendo que ya la tenía
comiendo de su mano. Clara se agachó y se puso cara a él, pero con la mirada al
piso como era habitual cuando se encontraban cara a cara. Él se bajó el cierre
del pantalón mientras su sirvienta miraba fijamente su abultado miembro, el cual
tenía muchas ganas de ver y meter en la boca para darle placer a su jefe. Al
sacar verga esta golpeó en una mejilla de la joven, se la pasó por su rostro
luego por sus labios, los cuales ella fue abrió para sacar su lengua y pasarla
de la base a la suave punta. Pero él no quería sólo la lengua y empujó hacia
delante hasta que la metió completamente entre sus labios.
Empezó
a chupar la verga de su jefe y él cogiéndola de la barbilla le hizo mirarle a
los ojos. Era posiblemente la primera vez que sus miradas se cruzaban en aquel
día. Clara sentía fuego en su interior y acercó sus manos esposadas hacia su
vagina para así poder aliviar su calentura. “Putita, nadie te ha dado permiso
para hacer eso, yo decidiré cuando debes tener placer” –le dijo él tomándole
fuertemente del pelo. Le molestó que la llamara así, pero realmente eso la
había excitado aún más. “Chupas muy bien, quien iba a decirlo con esa cara de
niña buena que parecía nunca haber roto un plato” –le dijo él mientras sonreía
complacido.
Le
sujeto la cabeza y se movía como si le estuviera follando la boca. “Voy a acabar
putita y no quiero que caiga ni una gota al suelo”. Sintió como el primer
disparo golpeaba en su paladar y poco a poco fue tragando todo el semen que
salía de la verga de su jefe. Se quedó arrodillada aún con la verga dentro de
la boca y luego con su lengua fue limpiando los últimos restos.
Hizo
que se levantara y se volvió a situar a su espalda. Fue quitándole el vestido
para observar bien ese bello cuerpo. Ella seguía dejándose hacer sin oponer la
menor resistencia. Estaba tan caliente que lo único que quería era ser atada a
la cama y que la follara de una vez sin ninguna contemplación. Desde detrás le
pellizcó sus duros pezones y le susurró algunas cosas obscenas en su oído. “Putita,
tienes dos opciones. Puedes salir de aquí por la puerta y olvidamos lo ocurrido
o te quedas trabajando como mi asistente personal, mi perrita dócil para
cualquier cosa que necesite. Mi esclava deseosa de acatar todas mis órdenes. Te
he dejado el contrato en la mesita. Leelo con atención y mañana sabré que
decisión has tomado. Si cuando yo me levante tú estas limpiando la casa con tu
uniforme, entenderé que aceptas ser mi esclava” –le dijo. Una vez dicho esto le
quitó las esposas. Ella asintió con un movimiento afirmativo de su cabeza y
acercando su culo a la verga de su jefe, deseaba ser follada, pero al darse la
vuelta su jefe ya había abandonado la habitación. Se tumbó en la cama y se puso
a recordar todo lo que había ocurrido. Le había hecho una mamada a su jefe y
este ni siquiera le había dado un ligero beso antes. Pero había algo en él que
la mantenía sumisa y dispuesta a hacer lo que le pidiera.
Acercó
sus manos a su sexo con intención de masturbarse reviviendo mentalmente lo
ocurrido, pero recordó sus palabras y le retumbaron en la cabeza: “Putita,
nadie te ha dado permiso para hacer eso, yo decidiré cuando debes tener
placer”. Le costó mucho pero logró contenerse. Una vez se hubo calmado recordó
que el contrato estaba en su mesita y se dispuso a leerlo. Leyó solo algunos
puntos, por encima sin prestar aún mucha atención, luego lo leería más
atentamente.
Contrato de sumisión
Punto 1: Me comprometo a cumplir las
órdenes y deseos de mi Amo. Accedo voluntariamente a ser su sumisa y le ofrezco
mi cuerpo.
Punto 7: Como su sumisa residiré en su
casa, lo que debo agradecer siempre que sea conveniente. No puedo cerrar ni la
habitación ni el baño, así mi amo podrá entrar siempre que quiera a disfrutar
de mi cuerpo y obtener placer con él.
Punto 8: Mi Amo podrá decidir que ropa o
complementos debo llevar, mi vestimenta será elegida por él sin poderme negar a
su decisión.
Punto 13: Sí mi Señor no ha ordenado nada
podré elegir la ropa que crea conveniente, pero siempre llevaré faldas o
vestidos para facilitar así un rápido acceso a mi sexo.
Punto 17: Debo estar siempre atenta y
lista para acatar sus órdenes y así complacer a mi Amo.
Punto 24: Todo mi cuerpo le pertenece y
podrá utilizarlo para obtener placer cuando y como lo desee.
Punto 26: No puedo hablar sin que mi Amo
me haya dirigido primero la palabra.
Punto 29: Si por alguna razón no acato sus
órdenes o no cumplo con el contrato, mi Amo podrá castigarme como crea oportuno
o romper el contrato y así terminar con la relación.
Punto 31: A parte de mi cuerpo, mi Amo
también será dueño de mi placer, así que no puedo disfrutar sin su previo
permiso.
Punto 35: Deberé dirigirme a mi Amo
siempre con respeto, mientras él podrá dirigirse a mí como quiera.
Yo la
esclava Clara Nuñez, firmo el presente contrato el 27 de agosto de 2011.
Firma:
Por
segunda noche consecutiva tuvo problemas para conciliar el sueño y todo por
causa de la excitación. Tenía muchas dudas, pero sabía que terminaría firmando
ese contrato.
El
sol empezaba a entrar por su ventana pero él seguía tumbado en su cama. Sabía
que podría haberse follado a su secretaria la noche anterior, pero no lo hizo y
no fue por falta de ganas, había tenido que contenerse para no poner a su
asistente en cuatro. No quería un sólo polvo de una noche, quería una esclava a
sus órdenes para poder desahogarse cuando él lo encontrara conveniente y como
quisiera.
Antes
de salir de su habitación se masturbo pensando los planes que tenía para el
domingo. Lo hizo para saciar su sed de sexo y así poder seguir haciéndose el
duro, si no sería salir de la habitación y abalanzarse encima de su secretaria
para follar como salvajes en el suelo. Él no tenía ninguna duda de que ella
seguiría allí y dispuesta a firmar el contrato que la transformaría de su
secretaría a su esclava.
Clara se había levantado temprano para empezar
con sus trabajos. Se había maquillado para quien iba a ser su Amo. Llevaba los
labios pintados con un ardiente rojo y estaba vestida con su uniforme de
sirvienta. Vio cómo su jefe entraba por la puerta del comedor, pero no pudo
dirigirle ninguna palabra porque según el contrato ella no podía hablar primero
(Punto 26: No puedo hablar sin que mi
amo me haya dirigido primero la palabra). Su jefe se sentó en el sofá y se
puso a observar como trabajaba su asistente. Ella seguía muy caliente pues no
había podido desahogarse la noche anterior, así que limpiaba contoneándose
delante de él para intentar excitarle y que le metiera esa dura verga que ya
había probado con su boca. Dejó el trapero a un lado y cogió un trapo para
fregar el suelo arrodillada. En esta posición se exhibía más, porque su vestido
se subía dejando ver parte de su culo y con cada movimiento de sus brazos sus
tetas se bamboleaban hacía delante y hacía atrás, pues no llevaba sujetador.
Siguió moviéndose, cada vez más rápido, imaginando que detrás de ella estaba su
Amo, moviendo el culo hacía atrás, lo que hacía que cada vez su falda estuviera
más levantada, pero también hacía que su sexo estuviera más húmedo.
En un
momento él pudo observar que Clara no llevaba ropa interior y vio su rosada
parte íntima. Hacía rato que había visto lo que intentaba hacer su secretaria,
pero sabía que realmente ella se estaba excitando igual o más que él. “Quédate
quieta así como estás” –ordenó. Se quedó inmóvil como una estatua, arrodillada,
con el vestido subido hasta casi su cintura y los brazos hacía adelante. Escuchó
por sus pasos como se situaba detrás de ella y notó como su mano acariciaba
suavemente su vagina. Lo había conseguido, por fin iba a tener a su Amo dentro
e iba a alcanzar el ansiado orgasmo. Notó como algo frío entraba en sexo y
apoyó su cabeza contra el suelo mientras un suspiro escapaba de su boca. Al
tocar la vagina de su secretaria notó lo mojada que estaba y por lo tanto
seguía excitada y no le iba a hacer falta ningún lubricante para meterle las
bolas chinas. Las introdujo lentamente, escuchando un gemido por parte de Clara
cada vez que una bola entraba completa. “Ahora sigue con tu trabajo” –le dijo
cuando tuvo ya las dos bolas metidas. Siguió pasando el trapo por el suelo,
pero a cada movimiento las bolas se movían en su interior y le hacían retorcerse
de placer. Estaba ya muy sensible y no aguantaba más, pero continuó con su
trabajo mientras su jefe la miraba con una sonrisa en su boca, sabiendo el
sufrimiento que le estaba proporcionando. “Cuando termines con tu trabajo,
preséntate en mi habitación aún con ese regalito que te he dejado en tu
interior” –le ordenó.
Cuando
terminó las tareas designadas fue a la habitación de su jefe. A cada paso que
daba estaba más cachonda, por una parte gracias a las bolas, pero por otra por
el misterio y la duda al no saber qué iba a ocurrir en esa habitación. Llamó
golpeando dos veces a la puerta pero no hubo ninguna respuesta. Espero allí en
la puerta, dócil y sin atreverse a abrir. A los cinco minutos obtuvo respuesta
y permiso para entrar. Su jefe se encontraba sentado en un sofá, vestía unos
cómodos jeans y una camisa similar a la tela del jeans, un vaso de whisky en la
mano derecha y en la izquierda un habano. Un look que no tenía nada que ver con
el que ella estaba acostumbrada a verle en la oficina. “¿Así que quiere seguir
con tu trabajo, verdad? –preguntó él sin siquiera darse vuelta. Clara respondió
con un tímido sí, intentando callar los demonios en su interior que querían
gritar: “¿Es que acaso no te das cuenta? Estoy aquí, húmeda; caliente, deseosa
de ser tu propiedad y lo único que haces es ignorarme. Quiero correr y que me
persigas para saciar tu sed de lujuria, y no haces nada. Eres un estúpido que
me ha tenido a su merced siempre pero no has sabido darte cuenta de lo que pasa
frente a tus ojos”. “Lo que no sé es si está preparada, de momento he visto que
es obediente y ayer ya me demostró que hace unas buenas mamadas” –le dijo él en
tono despectivo.
“Por
favor señor, déjeme demostrarle que puedo ser su sirvienta, su esclava” –rogó
ella cayendo de rodillas al piso. “Mi putita en casa y mi secretaria sumisa en
la oficina” –dijo él mientras se ponía de pie. Mirándola añadió: “Dime putita,
¿tienes novio?”. Ella respondió de inmediato: “No señor”. Parado frente a ella
le preguntó: “¿Alguna vez has sido la esclava de alguien?”. “No, Amo, mis
relaciones siempre han sido muy convencionales”. Él le dijo: “Pues vas a
descubrir un mundo nuevo y no me llames aún amo porque no lo soy, aún no te he
aceptado como mi esclava. Quiero saber si vales la pena”. “¡Desnúdate!” –ordenó
con voz sería. Ella se despojó lentamente del vestido intentando ser muy
sensual para su hombre. Mientras él se sirvió una copa de whisky. Se quedó sólo
con los zapatos de tacón, que hacían que tuviera más levantado el culo.
Por
primera vez se encontraba completamente desnuda enfrente de él. Quien estuvo
observando todas sus curvas. “Date la vuelta y ábrete de piernas. Ahora quiero
ver como te sacas las bolas de tu coño” –dijo le. No le costó mucho sacarlas
pues estaba ya muy bien lubricada. Una vez las tuvo fuera sintió un gran vacío
en su sexo, el cual tenía ganas de volver a llenar pero con la vergaa de su
jefe.
Se
puso detrás de ella y fue acariciando todo su cuerpo, centrándose en sus tetas
y también en la parte interior de sus muslos. La esposo con las manos detrás de
la espalda y le puso un antifaz sin .ojos para que no pudiera ver nada. “Desnúdame
perrita” –le ordenó. De espaldas a él palpó su entrepierna y desabrochó el
botón de su pantalón no sin cierta dificultad, ya que tenía las manos
inmovilizadas. Bajó su cremallera y se dio la vuelta. Al tocar su torso notó
que ya había quitado la camisa para facilitarle el trabajo. Ya sólo quedaba la
ropa interior. Sé arrodilló delante de él y bajo sus bóxer con la boca, sin
poder evitar recordar la mamada que le había dado el día anterior.
Una vez estuvieron los dos completamente
desnudos, la cogió con cierta dureza y la puso contra la pared y le susurró al
oído: “Dime esclava ¿Qué es lo que quieres?”. “Fólleme” –dijo, mientras sentía
alegría pues era la primera vez que se dirigía a ella como su esclava. “Creo
que esa no es la forma de pedirlo” –le dijo él. “Fóllese a esta putita” –le dijo
a la vez que se inclinaba con la cara apoyada contra la pared echando el culo
hacia atrás hasta obtener contacto con la verga que deseaba tanto tener dentro.
“Por favor Amo, su putita tiene ganas de sentir su miembro dentro y que pueda
disfrutar usted por primera vez de la vagina de su sirvienta” –le decía
enloquecida.
“No
te he escuchado” –dijo él aumentando en ella la agonía. “Fólleme por favor” –dijo
ella casi gritando y con cierta desesperación en la voz. Llevaba desde la tarde
anterior siendo excitada y aún no había recibido esa dosis perfecta de placer
que su cuerpo tanto le reclamaba. “Ve a la cama” –le ordenó. Ella obediente subió
a la cama de rodillas y se inclinó reposando su cabeza sobre la almohada. Era
la misma posición que había adoptado un rato antes mientras limpiaba el suelo. Su
jefe se situó detrás y pasó su miembro lentamente por la vagina de su esclava,
la cual estaba en tensión esperando ese regalo. Finalmente la metió entera de
una sola embestida. No importaban los brutales movimientos, solo deseaba
sucumbir ante las embestidas de toro en celo de su jefe. Ella no tardó mucho en
obtener su primer orgasmo, mientras notaba como su Amo entraba y salía de su
sexo y como chocaban sus testículos haciéndola disfrutar de placer. Sus tetas
se balanceaban con cada embestida, estaba justo como se había imaginado un rato
antes, pero nunca podría haber imaginado que obtendría tanto placer. Se sentía
casi al borde del desmayo y quería sentir de una vez como su Amo acababa dentro
de ella. Quería sentir ese espeso líquido golpear en su interior y sentirse así
completamente de su propiedad. Se tomaba la píldora, así que no pasaba nada. Pero
nada de eso ocurrió, cuando él estuvo a punto de terminar, se la sacó y acabó
sobre su espalda y sobre su culo. Ella quedó un poco decepcionada, se preguntó
si le había gustado a su amo y si sería digna de ser su esclava.
Su
jefe se marchó de la habitación después de quitarle el antifaz y la dejó allí
extasiada y aún esposada. Estuvo a punto de llorar al pensar que su jefe estaba
decepcionado con ella, pero al girarse encontró en la mesita las llaves de las
esposas y una carta.
Se
quitó las esposas con cierta dificultad y tomó la carta que su jefe había
dejado a su lado. Sus manos aún temblaban por las fuertes emociones y el placer
recibido, pero también por los nervios al querer saber qué es lo que ponía en
aquel texto.
Leyó
punto por punto las órdenes de su Amo, en la carta se detallaba todo lo que
tenía que hacer esa noche, era la noche en la que por fin sería aceptada como
esclava y sería la protagonista del ritual para que su amo la tomara en
propiedad. Se estudió bien todos los pasos que tenía que hacer esa noche, no
quería fallarle, quería ser su esclava y firmar de una vez el contrato.
La
futura sumisa quiso estar lo más apetecible posible para su jefe, así que se
depiló entera y luego se dio una ducha, la cual no calmó sus nervios ni su
calentura.
Se
vistió como estaba indicado en la carta. Tenía que ir completamente de blanco,
tanga incluido, pero sin sujetador, así que se puso un vestido que tenía del
color designado pero sin la ropa interior aún, porque quedaba un rato para la
cita con su Amo y no quería llegar con la tanga bañada en sus flujos, fruto de
la excitación. Finalmente estuvo maquillándose cuidadosamente y sin excesos.
Tenía una tez bastante blanca, por lo tanto resaltaban mucho sus carnosos
labios pintados de rojo, labios que un poco antes habían estado apretando la
polla del que sería su dueño.
Tomó
una rosa, también blanca que su amo había dejado en el baño, símbolo de su pureza,
como también el color de las prendas que llevaba y fue hacía el comedor donde
iba a suceder todo. Al entrar vio que todo estaba preparado en la mesa, siguió
las órdenes de su Amo y encendió dos velas, luego apagó las luces lo que hacía
que la sala tuviera una atmósfera muy sensual y misteriosa. Esperó de pie a su
Amo, con la mirada baja y los brazos caídos hacía delante sujetando la blanca
rosa, que justo quedaba a la altura de su entrepierna.
Su
Amo se dirigió hacia ella, levantó su barbilla para mirarla a los ojos y acercó
sus labios a los de su sumisa. Ella los abrió un poco esperando el ansiado
beso, pero nunca llegó, porque los besos se alejaron de su boca y fueron a
parar a su cuello. Antes de abandonar su el fino cuello de su secretaria, le
hizo un pequeño chupón, para señalarla como de su propiedad.
“A partir
de hoy serás mía en mente” –dijo él mientras acariciaba su cabeza y su cabello.
“En
corazón” – mientras acariciaba la parte superior de sus pechos.
“En
alma” –expresó mientras subía su mano hacía los labios de su perrita.
“Y
sobre todo en cuerpo” –le susurró al oído, situando una mano en un pecho y otra
por encima de su tanga.
Ella
permaneció con la boca cerrada como estaba indicado en la carta y él le dio un
suave beso en sus labios. Se ruborizó, casi había sentido más en ese beso que
cuando su Amo la estuvo follando y es que ella empezaba a estar enamorada de su
señor y este era el primer símbolo de cariño hacía ella. Clara se arrodilló y
entregó la rosa a su jefe con las manos en alto, ofreciendo su pureza para que
él pudiera hacer con ella lo que quisiera.
Al
recibir la rosa, su jefe fue arrancado pétalo a pétalo y fueron cayendo al
suelo delante de su sumisa. Estaba terminando con su pureza y ella poco a poco
tenía que ir abriendo sus piernas y subiéndose el vestido para que su amo
pudiera volver apreciar el cuerpo que su sumisa le estaba entregando y dándole
en posesión. Inclinó la cabeza hacia adelante y dejó que su Amo le pusiera su
collar de esclava, que debería llevar siempre que estuviera dentro de casa. Luego
se bajó un poco la tanga mientras su Amo observaba desde atrás, para así darle
una buena vista de su vagina. Ella tomó un vibrador que había en el suelo y lo
introdujo en su húmeda vagina, ofreciéndose así a su Amo. Una vez dentro, echó
sus brazos hacía adelante para dejarse llevar. “Ahora mi placer es tuyo, así
que no puedes tener un orgasmo sin pedirme permiso” –dijo él mientras
aproximaba su mano al vibrador y lo ponía en marcha. Se bajó los pantalones y
la ropa interior y se sentó delante de su esclava. Se masturbaba lentamente
viendo como ella recibía placer por ese vibrador.
“Amo,
¿puedo chupar su miembro?” –preguntó ella con un ligero temblor en la voz, por
el placer que estaba sintiendo, gracias a la vibración en su entrepierna. Él
sonrió levemente y dijo: “Sólo si te sacas el vibrador entero y te lo vuelves a
meter”. Ella lo hizo inmediatamente mientras le miraba a los ojos y después se
abalanzó hacía su verga engulléndola completamente. La sacó de su boca solo para
lamer el glande y pasar su rosada lengua por toda ella, luego se metía solo el
glande entre sus labios rojos. Besó por toda la piel, mientras le masturbaba. Él
puso la mano en la nuca de su esclava y la dirigió para que se la metiera de
nuevo en la boca y llevarle el ritmo de la mamada. Su vagina no paraba de
vibrar, sabía que cuanto antes acabara su Amo, antes la dejaría a ella alcanzar
el orgasmo, así que chupó cada vez más rápido, mientras también se iba ayudando
con la mano. “Para de lamer perrita” -ordenó. Sacó casi completa la verga de la
boca de su esclava, solo dejó dentro el glande y empezó a masturbarse. La
esclava cerró los ojos y siguió chupando, ya sabía que era lo que iba que
ocurrir y siguió sus órdenes mientras jugaba con la lengua por la punta del
sexo de su jefe.
Siguió
masturbándose, hasta que notó que iba a acabar, en ese momento la sacó de la
boca de su esclava y acabó por su cara. El primer chorro fue a parar a sus
labios, pero los que vinieron después alcanzaron también parte de su pelo y las
últimas gotas cayeron a sus tetas.
“Este
ha sido tu bautismo como mi esclava. Ahora solo falta que firmes el contrato
para que tu cuerpo, corazón, mente y alma me pertenezcan” –dijo él. “Amo, ¿ahora
puedo correrme yo por favor? –preguntó a la vez que recogía con su lengua los
restos de semen que habían quedado en sus labios. “No, putita, aún no. Ahora sácate
el vibrador” –respondió. Se sacó el vibrador y se quitó también el tanga para
entregárselo a su Amo, ofreciéndole su intimidad. Siguiendo una pauta
elaborada, ella dijo: “Le entrego también este látigo para que me castigue
cuando considere que su esclava se ha portado mal o le ha fallado”. Su dueño
pasó el látigo entre sus piernas, luego subió hacia sus tetas y finalmente
acarició con él el culo de Clara. A lo que ella continuó diciendo: “Mi señor,
tome también estas esposas, para inmovilizar este cuerpo que le pertenece”.
Está bien, ahora vístete como mi esclava” –respondió él.
Ella
se puso un corto vestido de color negro, con unas botas a juego y de tacón alto. Completo su vestimenta
con unos complementos, una pulsera y unos pendientes. Ahora ya sin sujetador y
sin bragas para que así su Amo tuviera el acceso libre. “Putita, ponte de pie e
inclina tu cuerpo hacia delante reposando tus manos en la mesa. Reclínate hasta
que tus pezones rocen la fría madera” –ordenó él de manera seria. Se acercó a
ella y puso su verga entre sus nalgas aún con una mediana erección. Su vagina
quedaba a una buena altura por los altos tacones de sus botas. “Si quieres que
te vuelva a follar, tendrás que poner tus datos en el contrato que tienes en la
mesa y después firmarlo” –dijo él con ese tono autoritario que lo caracteriza
en la oficina. Apretando en su vagina y luego metiéndosela mientras ella cogía
un bolígrafo y empezaba a rellenar los datos debajo de la tenue luz de las dos
velas. Le costaba muchísimo escribir mientras estaba siendo follada. A cada
empujón ella deslizaba un poco el bolígrafo sin querer. “Ya está firmado, Amo.
Soy ya oficialmente su esclava, su sumisa, el cuerpo que está follando es ya de
su propiedad” –le dijo.
Su
amo sopló las dos velas dejando la habitación completamente a oscuras. Giró a
su esclava y le dio un lento pero cálido beso con lengua, al que ella respondió
de forma más desatada y pegando sus cuerpos. Su Amo la tumbó en el sofá y
continuó besándola, cada vez de forma más salvaje y restregando sus cuerpos.
Volvió a metérsela y continuaron besándose sin control. A veces paraba un poco
el movimiento para bajar su boca hasta los pezones de su esclava, la cual había
tenido finalmente un orgasmo. No había podido pedírselo a su amo porque este
seguía violándole la boca con su lengua, aunque ella no oponía ninguna
resistencia a esos besos en la oscuridad.
Siguió
con un profundo beso y con la polla entrando y saliendo de ese coño tan húmedo,
hasta que finalmente se corrió, pero esta vez dentro de su esclava, la cual
volvió a tener otro orgasmo al notar como el semen de su amo entraba en lo más
dentro de su ser. “Lo quiero, Amo” –le dijo con los ojos llorosos y pegándose
más a su cuerpo. No quería dejar de sentir dentro la verga de su dueño. Al
sacarla se sentó en el sofá. “¡Límpiala perrita!” –fue la orden. A lo que que
gustosa acudió gateando y lamió por completo, sin dejar escapar ni una sola
gota de semen. El con los ojos cerrados acariciaba su pelo y le dijo: “Ahora
eres mi esclava, mi asistente, pero también mi secretaria. No olvides que mañana
toca ir al trabajo”. Asintió con la
cabeza mientras ella seguía limpiándole la verga como su dócil asistente.
Se
había olvidado de su otra vida, entre semana tendría que seguir siendo simplemente
la secretaria de su jefe, ¿o no?
Pasiones Prohibidas ®

Este relato no le habia leido super bueno eh interesante uffff incleible
ResponderEliminarUffff. Me encantó !!
ResponderEliminarQue relato tan deliciosamente descriptivo
Exquisita lectura
He quedado tan mojada con tan solo leer....
Con tantas ganas
Cómo siempre mi amor me encantan tus letras Perversas 🔥🔥🔥💋💋💋