091. Pensar que no quería ir de vacaciones



Mi tía Stella era una leyenda en mi casa cada tanto mi madre la nombraba como una chica que se hizo cargo de media familia, allá en el campo crio a su hermana siendo ella una adolescente, en el límite del campo en una  Provincia del sur de Chile. Mi madre dejó de verla el día que se marchó con su madre, Stella quedó en ese pueblo, luego se casó y criaba 2 hijastras de su actual marido, yo siempre imagine que mi tía Stella tendría la misma edad de mi madre o sea cercana a los cuarenta y cinco años.

Les cuento solo para que tengan una referencia de quién soy. Tengo 23 años, estudiante de Derecho en la Universidad Católica y aficionado al sexo con mujeres mayores, ya que las chicas de mi edad suelen no saber que quieren o tienen ciertos tabúes en cuanto a prácticas o posiciones amatorias se refiere. Por eso mis ojos siempre han estado puestos en aquellas mujeres que tienen experiencia y que no se niegan a algo nuevo, ya que como dicen: "Solo se vive una vez".

Fuimos a visitar a la famosa tía Stella en su pueblo para la Semana Santa, un viaje largo, y aclaro que pensaba que me iba aburrir como un hongo.

Llegamos al pueblo que no era tan pequeño y nos detuvimos casi en la esquina de enfrente en la estación de trenes, claro, la casa era donde vivió mi mamá era grande, de piezas grandes y hasta al final una escalera de hierro toda oxidada llevaba a un altillo húmedo y descascarado.

Llegamos y una mujer de unos 35 aproximadamente sale a recibirnos, rubia alta, muy linda, su cuerpo era esbelto, tenía un vestido blanco que delineaba el contraluz una cintura perfecta y un par de tetas medianas; mi madre sale del auto y la abraza fuerte y dice su nombre “¡Stelita! ¿Cuántos años…?” y yo dentro del auto miraba la escena con una sonrisa de compromiso y decía “Stelita, que linda que estas”. Recordando la canción de alguien que se escuchaba hace años.

Bajé mi madre nos presenta, ella me mira y dice: "Wow, ¡qué hombrecito trajiste!". Me abraza y me besa. Yo adiestrado por mujeres grandes, cuando me besa le busco la boca y la tomó de la cadera con mi mano y la atraigo suavemente a mi cuerpo apretándola mi sexo contra el suyo, y ella se dio cuenta, la suelto y me mira a los ojos como confundida y le dice: "Tu hijo es un hombre y sonríe. "Viste, te dije que había crecido" —le dice mi madre. Ella nos dice: "Entremos que te presento a mi familia" —llevándome del cuello y yo no solté su cintura.

Su familia se componía de su esposo 55 años, que vivía más en el campo donde trabajaba que ahí lo vi el primer día se fue y tenía dos hijastras Irene 19 morochita simpática, tímida, de tez oscura una carita hermosa muy linda, tetitas pequeñas y un cuerpo en ebullición y Sara 21 era más alta castaño oscuro su pelo lacio y su cuerpo era muy flaca poca formas pero todo en su lugar y con una actitud más seria y avasallante parecía, en síntesis la hijastras eran muy bonitas pero yo no les puse interés sabiendo que no llegaría a buen puerto con mis pares de edad. Mis ojos estaban más puestos en Stella y ella mostraba señales, su cambio de ropa dejando ver su cuerpo y sus ojazos no paraban de mirarme. Ella estaba atenta a ver cómo era mi relación con sus hijastras… repito yo les daba poca bola.

A mí me tocó la piecita del fondo y altillo y había que subir la escalera ruidosa de chapa y mi madre en su vieja pieza donde vivió con sus hermanos la infancia y así pasó el primer día, a la noche me voy a bañar y el calor era sofocante, me estoy bañando y Stella dio el primer paso, mientras me bañaba se acerca a la puerta y dice: “¿Quién está?” Y le dije: “yo, Roberto, pasa, pasa, estoy dentro de la ducha no escucho”. Ella entró y nerviosa, me da indicaciones como donde había jabón, toallas, yo había corrido la cortina de adentro dejando solo la traslucida para que me vea, y así ella miro mi cuerpo y yo enseguida le di más conversación para que se quede allí y ahí corro la cortina y me ve desnudo, mira hacia el costado y me tira la toalla. "Ya eres un hombre me da vergüenza verte así" –me dice. "Es lo más común" —le digo secándome. Me mira y me dice: "No tuve ni hermanos ni parientes hombres —y ahí se me acerca— "al único que vi desnudo es a mi marido y ahora a ti sobrinito". Le digo: "Entonces, ¿alguna diferencia? Y le sonrío. "Me gusta mucho lo que vi" —contesta y me sonríe casi desafiando mi actitud provocadora que había tenido. Se dio media vuelta y se fue (esta actitud de hacerla entrar al baño cuando uno se ducha la aprendí de mi primera mujer que me hizo debutar mi prima).

Al otro día desayunamos y mi mama junto a Stella se fueron a ver a todos los vecinos del pueblo cosa que no la acompañe porque me embolaría mal, así que le dije que me quedo durmiendo arriba, el altillo tenía una ventana donde desde la cama uno miraba hacia abajo y podías ver los dormitorios y el baño por dentro la ducha y lavatorio, así fue que escuché como al rato entra al baño Irene, la espío desde arriba y veo que se desnuda y se mete en la ducha, un bomboncito la negrita era hermosa. Me empiezo a masturbar viendo semejante mujercita con unos pechitos hermosos enjabonándose sus cositas y al minuto se tocaba un ratito, una exquisitez, se vistió y salió.

Yo quedé en llamas, pero al rato del dormitorio sale Sara, se mete en el baño y ella se empieza a desnudar para tomar un baño se mete a la ducha y ella se enjabona y luego empieza a masturbarse y toma el palo del cepillo de  la espalda y lo comienza a frotárselo por su conchita y por su cola como un consolador juega y juega, me explotó la cabeza mal y todo se veía perfecto me estaba masturbando lentamente con una imagen esplendida, cuando ella deja de hacerlo y levanta la cabeza me mira a los ojos, me escondo tarde, me vió. Me tiré en la cama escucho más tarde que sale del baño y la escalera empieza a crujir sube ella y golpea.

"¡Pasa!" —Le digo. Tenía un short de tela y la toalla tapaba su torso y me dice: "¿Por qué me estabas mirando?". Entre balbuceos le digo: "Porque eres hermosa y me encantó lo que estabas haciendo, me re calentó verte" –y me sonreí. "¿Pero quien te gusta más mi hermana o yo? Ya que nos espiaste a las dos". "Sabes, esta era mi pieza y yo siempre veía a todos cuando entraban al baño. Por eso supe que ibas a hacer los mismo" —dijo mientras reía. Rompió el hielo. Con eso le digo: "Eres una puta descarada. Planeaste todo, mira tu hermana es muy hermosa y tiene unas tetitas de película; las tuyas no las pude ver bien. Ella sin decir nada se sacó la toalla y se sacó el brasier, y me mostró orgullosa sus tetas perfectas, le dije: "¡Uy, hoy no voy a poder dormir!". Ella se ríe nerviosa y me dice que más tarde me quería enseñar el pueblo. "Con lo que vi me quedo acá" —le dije. Se rió y bajó un poco avergonzada por su atrevimiento. Al parecer Stella y mi mamá la vieron bajar de mi pieza y entrar a la de ella pero no dijeron nada.

A la tarde salimos con Sara y su hermana Irene a caminar por el pueblo, Stella nos encajó a Irene, yo pensé que Stella se había dado cuenta de que Sara tenía planes conmigo y que yo la cogería sin piedad. Caminamos y entre ellas se mandaban indirectas para posicionarse ante mí, se ponía tenso o sea estaban peleándose por quien se quedaba conmigo o algo así. Sara la trataba de pendeja pero Irene dejó deslizar que no era virgen cosa que puso color a la tarde y yo le decía quién era el afortunado y ella se enrojecía. Sara decía que mentía, que nadie la había tocado; el clima estaba como la temperatura de ese febrero y yo les dije: "Bueno,  las dos son muy hermosas, pero saber más. Así que en secreto después me cuentan quien las había hecho mujer y yo veo si mienten o no". Todo un juego que ellas aceptaban y que cuando volvamos a casa jugamos a verdad y reto. En cinco minutos ya estábamos volviendo a casa.

Llegamos a la casa el calor era infernal nos pusimos traje de baño y en el patio de la casa palangana de por medio, baldes, manguera y bombitas de agua comenzó la guerra, yo las mojaba a ellas y ellas a mí y entre ellas como en guerra… nos cagamos de risa y cuando me arrinconaban a mí, una me agarraba y la otra me bañaba. Así sentí las tetitas de Irene que me buscaba y me abrazaba. Sara era más audaz, se rozaba piernas, sexo, mi manos tocaban sus tetas, cola. Cosa que empezó a hacer Irene cuando se dió cuenta y fue más allá, tocando mi verga que en ese momento parecía roca de lo dura que estaba. Sara más cuidadosa al principio después se dio cuenta que la hermana sacaba ventaja. En una corrida por el pasto la tomo de la cintura, nos caemos juntos quedando en cucharita y yo teniendo sus tetas que se habían salido de su ajustado bikini se ríe y se apoya en mi verga. Cuando se levanta roza su boca en la mía la tomo de las caderas. Irene se tira encima mío y su conchita frotada en mi pierna me clava sus tetitas mojadas y en punta en mi pecho. Ya estaba, esto era un problema de tiempo pensé: "A una o a las dos". Ese era mi plan.

Pero el tema no había terminado aún, ya que se agrega al carnaval Stella y con un jeans cortado a media nalga  y su bikini que cuando se empezó a mojar obviamente se transparento más aún y sus pezones se encumbraron como dos rocas y quedaron a la vista debajo de un tul negro con puntillas, seguimos jugando baldazos y yo con una manguera las mojaba a las 3 (¿un presagio? Jaa) y ellas me arrinconaron y luchaban por quitarme la manguera y fue una guerra de roces frotadas y sexualidad de tres hembras luchando por quien se acopla primero, eso sentí yo. Stella me apretó contra sus tetas y le decía a las chicas que me quiten la manguera; el forcejeo  un rato largo, mi piernas se mezclaron con las de las chicas mi cuerpo rozaba con el de ellas, con las manos y cuerpos nos toqueteamos y reíamos y sentíamos, pero mi cara junto a la cara de Stella reía y gritaba;  sus tetas clavadas en mi espalda y sus brazos me contenía, la lucha terminó cuando Sara dejó se tironear, se alejó del juego, se había dado cuenta que su madrastra se metió en la puja que tenía con su hermana. Nos secamos al sol y Stella se secaba junto a mí mostrándome sus tetas con su bikini negro . Me dice: "Sara fue el otro día a tu pieza. ¿Qué quería?" Nada, invitarme a pasear" –le dije. Ella me miró a los ojos y me dijo: "Voy a ser directa Roberto, acá no hay muchos chicos para noviar con las chicas, ellas están en llamas contigo y compiten, si vas a tener relaciones con alguna hazlo con protección porque hay muchas madres solteras por acá". Le dije que a mí no me interesaban, que era muy sexis las chicas pero que me había fijado en ella, cosa que no se esperaba en ese momento. Me miró y me dijo: "Soy una mujer casada". Yo le dije: "Eres una mujer hermosísima y ya he estado con mujeres mayores y no lo cambiaría por nada, por eso me fijé en ti desde el primer día". Sus tetas se pusieron tensas, se rió y parpadeaba rápido sus ojazos y  me dijo: "Eres muy atrevido". Le dije: "Me gustas mucho". Se levantó y se fue caminando muy sexi y sonriéndose halagada.

A la noche cenamos y si bien estaba divertido percibí una tensión entre Sara y su madre, me voy a dormir, me acuesto, y a la noche plena cuando no se escuchaba un solo ruido, siento que alguien se mete en mi pieza y en seguida en mi cama, era Sara estaba en bombachita y polera me dice y nerviosa: "Quiero que me hagas el amor". La empiezo a besar y ella se quedaba quieta y la comienzo a acariciar, ella estaba inmóvil sintiendo  el roce de mi pene sobre la bombacha en su vulva, le saco su remera y desplazo su bombachita hacía los pies y miro su carita de niña traviesa; estaba tensa, nerviosa; comienzo a bajar con mi lengua por su abdomen, al llegar a su húmeda vagina le digo: "Sara ¿eres virgen?".  Ella me dice sí y se pone a gimotear de vergüenza. Me dice" mentí". Le digo que no llore, que vamos a seguir adelante, que se relaje. Ahí le dije que me indique que es lo que más le gusta cuando vaya avanzando y ella dice que los besitos de lengua. Empecé a besar sus hombros, sus tetas y ella decía: "Sí, así, sigue". Bajé por su cuerpo, ella volaba de calor y llegué a su conchita virginal y me moría por penetrarla y romperle el himen para tener acceso completo a su sexo; tenía espasmos con mi lengua, abrió sus piernas y me sujetó con sus manos mi cabeza, gemía como loca hasta clavó en su conchita mi cabeza y en solo un juego oral explotó en un perverso orgasmo contenido por el tiempo. Ya no lo soportaba más, quería poseerla por completo, no quería que otro ladrón se metiera en su jardín y cortará tan bella flor. Como puede llegué al velador y del cajón saqué uno de mis condones, lo puse despacio, acomodé mi glande a la entrada de su vagina; gemía como una loca al borde de un colapso, sus ojos se cerraron y su boca se abrió al máximo, mientras entraba y salía sin romper aún su himen. Gozaba entre el dolor y su placer máximo, con ella estuve casi toda la noche trabajando esa virginida, terminé metiendo toda mi verga dentro, el himen se rompió; tuve que tapar su boca para ahogar el grito de dolor que se aproximaba. La follé con toda la calma y serenidad del mundo, estaba dejando mi placer para que ella no tuviera una experiencia traumática, de todas maneras disfruté tanto cuando acabé, ya que lo hice afuera de su vagina sin el condón puesto. Me sentí satisfecho a tal grado que dormí como un bebé, no sin ser rodeado de besos y caricias que se transformaron por parte de ella en sutiles te amo. No sé a qué hora en la madrugada se fue pero sin duda para ella fue una experiencia que no olvidará y yo tampoco.

Al día siguiente me levanté tarde, fuí a la  cocina y ahí estaba Sara con una sonrisa imborrable, Stella miraba y Irene también ya que sospechaban que algo había sucedido en la noche ya que Sara estaba tan feliz y no les quería contar.

A la tarde fuimos en el auto todos a ver a parientes en el medio del campo, llegamos y por un momento me alejé, caminaba tranquilo cuando apareció Irene que se sumó a la caminata, entre risas y empujones le preguntaba: "¿Quién te hizo mujer?". Ella me dice: "¿Por qué te interesa?". A lo que respondí: "Porque me da envidia, quiero saber que te hizo". En un momento quedamos frente a un galpón, ella me dice: "Quiero que me beses y me hagas lo que le hiciste a mi hermana anoche". Rodeó mi cuello y me besó en la boca, metió la lengua y enseguida me tomó mi verga y me sorprendió; ella era más decidida que la hermana mayor y yo la acaricié, la tomé de la cintura era una mujercita, tenía un cuerpito de pendeja aunque su edad era mayor a su apariencia, nos sentamos en unos cajones, metí su mano debajo de su falds y saqué su calzón humedo de un tirón. Mis dedos buscan sus labios vaginales para perderse en su clitoris. ¡Oh, esos gemidos! Eran dulces, casi inocentes; enseguida desabotonó su blusa y quitó el brasier. ¡Dios, esas tetas respingadas y duras! Las acaricio y me dice: "No son como las de Sara". "Lo sé" –le dije y como un niño hambriento me lancé a sus pezones. Ella, bajó el cierre de mi pantalón y soltó mi cinturón, brotó mi verga en su esplendor; la vio, se arrodilló y la empezó a chupar toscamente, para mí que era su primera vez. La tomo de la cabeza y le digo: "Hazlo despacio". Se devoraba completa, la salivaba, toqué su conchita y estaba húmeda. Se coloca de espaldas y comienza hacer correr mi verga por su vulva, hasta que se decidió y la punteo yo la tome de cintura y  fui siguiendo su ritmo, le besaba la espalda; tomé sus tetas, mi pene se hundió despacio; sentí un latigazo que dio su vagina el cual me estremeció y ella gimió de dolor. Mi glande había entrado y desflorado a Irene de una. Se quedó quieta, respiraba hondo; la recosté boca abajo y la puse en cuatro, vi su vagina ensangrentada y fue como un afrodisíaco, me sentía como un animal salvaje que había probado la sangre. La tomé de las caderas y lentamente fui metiéndola, ella lagrimeaba gemía y me tomaba de la mano para que entre más y me decía: "Me duele pero me gusta". Con media verga comencé a moverla en su interior y no metérsela más y ella lo disfrutó hasta que acabó. La bese en su cuello y le digo: "Eres una putita mentirosa, era tu primera vez". La besé y sus ojitos se iluminaron me dijo si, estaba feliz y yo muerto pero con fuerzas para hacerle saber lo que es un verdadero macho. Se montó encima de mí y le dije que de moviera rápido sin importar nada. Muy obediente comenzó a moverse con habilidad ya que movía sus caderas en un ritmo desenfrenado. Para mí era un éxtasis sentirme dentro y escuchar esos deliciosos gemidos. Al unísono ambos caímos presa de un orgasmo tan intenso, ella cayó en mi pecho, la abracé y la besé dulcemente en los labios mientras me decís que su concha palpitaba como nunca antes, ya que los orgasmos que había tenido al masturbarse antes no la hicieron sentir así. Ya se hacía tarde y debíamos volver a casa, para no levantar sospechas lo hicimos por separado.

Esa noche era la última, no podía irme sin si quiera probar los labios de Stella; ya no podía perder el tiempo y tenía mucho por hacer ya que el reloj era mi peor enemigo. Había una fiesta y las chicas se fueron antes, yo fui con mi vieja y Stella; caminábamos una a cada lado tomadas de mis brazos, me  mi vieja es astuta, intuía que hice de las mías en las vacaciones y me dice: "¿Qué le hiciste a Sarita?". Como niño descubierto en la travesurs le digo: "eh". Ella me dice: "No te la habrás follado". "¡No! Solo unos chispazos" –le digo. Se ríen las dos y Stella agarra mi brazo con su otra mano, y me golpea con su cadera , nos miramos intensamente y me dice: "¡Chispazos!". Aprieta mi brazo contra sus tetas y así caminamos.

Cuando llegamos al evento mi madre se fue a hablar con una amiga de infancia y yo me quedé con Stella, ella me dice: "¿Chispazos? ¡Sí como no?". La miro y le digo: "Tú sabes lo que yo quiero". Me dijo como concentrada: "En quince minutos vuelve a casa y espérame". Me fuí y esperé en mi pieza, al rato subió ella, a solas me dijo desafiante pero nerviosa: "Vengo a ver que son los chispazos". Sentado frente a ella me acerqué y metí mis manos bajo su falda, era una mujer hermosa, bajé su calzón y falda, con su ayuda le saqué su ropa. Mientras la besaba en su vientre su pubis y debajo de sus tetas, ella de pie gemía y me tomaba del pelo; me llevaba a recorrer sus tetas que estaban duras, así desnuda me paré frente a ella y me saqué la ropa, solo me dejé el bóxer, yo me acuesto esperando a que ella hiciera lo que quisiera conmigo pero se sienta desnuda de costado enfrentándome y comienza a decirme que su marido no la cogía hace tiempo y que para ella tenía una chica más joven que lo tenía alejado de la casa, harto de charlar le metí la mano entre sus piernas y acaricié su vagina, enseguida bajé lentamente y me posicioné en su entrepierna, con mi lengua comencé a separar sus labios hasta dar con su delicioso e hinchado clitoris, ella me decía que su único hombre había sido su marido que le tenga paciencia y como dije harto de charlar le metí la lengua en su sexo, fue como desvirgarla. 

Movía sus caderas de forma circular, me tomó de la cabeza y dirigía mi lengua, era hipersensible a todo los roces. Lamí su vagina suavemente, transportándola por ese camino de placer que no recorría hace tiempo. Entre sus gemidos se escuchaba mi nombre y lo mucho que disfrutaba de mi lengua tanto como yo lo hacía de su sexo.

Me puse de espaldas y ella entendió lo que queria. Se subió encima mío y empezó a chuparla con un gusto, la disfrutaba a full,  estaba poseída y yo parecía un loco desesperado chupando y lamiendo esos fluidos tibios que brotaban. Recorrí con mi lengua hasta el ano y se lo lubrique, ella explotó, se dejó llevar y ya no volvió más, se transformó en toda una puta. Me tomó la verga con violencia y empezó a chuparla y jugar enloquecida, la nalguié hasta que no di más y penetré su culo con mis dedos hasta que ese pequeño orificio se abrió al punto de casi entregarle mi mano a puño cerrado. Ya no aguantaba, quería meterle toda mi verga de una vez por todas. Le dije: "Ven". La puse de lado, subí su pierna y le rozaba con mi verga su clítoris, se arqueaba de placer sobretodo cuando le entró completa por el culo, centímetro por centímetro acompañó el proceso pegando su culo a mi pubis. Me decía: "Ay, despacio". Con calma se movía para que su culo se amoldara por completo a mi verga. De pronto, gritó: "¡Sacala!". Su culo abierto era un deleite a mis ojos. "Métela más y más" –me rogaba. Le tomé su mano para que ella lo agarrara y se lo meta;  yo besaba su cuello, subada y tomaba su cara para besar sus labios. Le digo: "Juega tú con mi verga".

 Se liberó e hizo todo lo que nunca pudo hacer, acabó y no dejó un centímetro de mi miembro afuera. Suspirando me decía: "Fue mejor que la primera vez ya que nadie entrado en mi culo. Maldito muchacho, me tienes en las nubes, me encantó". La besaba con locura hasta que se volvió a parar el "amigo". Me senté sobre su torso y puse mi verga entre sus tetas y me masturbé con sus tetas para que se la meta en la boca cada envestida, a ella le encantaba; con mi mano le levantaba la cabeza y ella acunaba sus tetas  y con la otra mano la masturbaba. Así llegó otro orgasmo para ella, no pude contenerme más y acabé en su boca. Bebió hasta la última gota de mi leche tibia. Creo que nunca había cogido de esa forma, solo había recibido cogidas clásicas de un tipo con su pene pequeño.

Llegó la mañana y mis ganas de despedirme de las tres hembras como un macho eran notorias pero nadie podía saber del secreto de aquellas vacaciones. Fue una cosa increíble al despedirnos, la más chica fue la más atrevida y la más grande fue la que realmente desvirgue no física sino mentalmente; a los meses nos enteramos que Stella se separó y Sara me escribió una carta diciéndome que su primera vez fue muy linda pero no me iba a perdonar que me había cogido a su hermana, que se lo confesó meses después cuando por azares de la vida juguetearon entre ellas. Qué estaba segura que también a su madrastra Stella porque cambió a partir de mi visita, se veía más a menudo tratando de lucir sexi y siempre usaba esos jeans cortados a media nalga, y siendo la zorra que siempre escondió. Bah, en realidad todas habían cambiado a partir de mi visita y yo también. Me di cuenta que habían chicas de mi edad que podrían estar a la altura de un acostón conmigo y que mi debilidad seguían siendo las mujeres maduras.

Una noche cenabamos con mi vieja y ella se recordaba de algo que yo había dicho cuando caminamos con Stella del brazo, que solo habían sido "chispazos". "¿A qué te referías con eso muchacho caliente? Te conozco y que me digas ya" –preguntó y ordenó a la vez. "Mamá es algo que no puedo explicarte de ninguna manera" –le dije y me levanto de la mesa. "Roberto, ¡ven aquí!" –me dice en tono molesto. "Te tiraste a las tres, ¿cierto?" –me dice con cara de asombro. "Por Dios mamá, si fuera así ¿qué? Ya las tres eran mayores de edad" –le dije justificándome. El resto de la conversación tal vez se la cuente en otra ocasión, por ahora solo me quedo con el recuerdo de las que han sido las más perversas vacaciones que he tenido.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Perfecto para desfogar las ganas ...
    Como sabrás he quedado muy húmeda y con mi vagina palpitante
    Tras tu rico relato.

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