090. Orgía en la oficina



Llegué al piso 17. Cuando se abrió la puerta del ascensor ya había fuera cuatro o cinco personas esperándolo. Yo no podía aguantar, me chorreaba la vagina y en un minuto que las tuve puestas tenía las braguitas empapadas. Saludé a Mary mi secretaria y entré a mi oficina. Nada más entrar me desnudé precipitadamente y me tumbé en el sofá diciendo: "¡Qué rica follada me llevé en el ascensor!". Me masturbé de la manera más sucia que pudieran imaginar; tanto que mis gemidos no los podía contener, sentía como mi cuerpo temblaba a causa de los orgasmos que me invadían y de la deliciosa follada que se aproximaba. Pasaron veinte minutos en éxtasis y cuando recobré la conciencia recordé que ya faltaba poco para que llegaran mis dos amantes ocasionales. Sonó el intercomunicador y Mary me dijo que habían dos hombres que me buscaban. Le pedí que les indicara donde estaba mi oficina y los dejara pasar solos, ella ha sido mi cómplice en muchas cosas, también hemos jugado en algunas ocasiones en la oficina y entendía que algo estaba planeando. "Ok, disfrútalo"–dijo ella, seguido de una risa maliciosa.

Cuando llegaron, golpearon la puerta. "Adelante" –grité. La sorpresa fue enorme al verme tumbada desnuda y dispuesta a ser follada. "¿Qué esperan? Ya follenme" –les dije. Como dos tontos se miraban sin saber que hacer.  Fue el ‘ejecutivo’ quien me tomó la palabra, se bajó los pantalones y se tiró sobre mí clavándomela hasta el fondo, Grité de gusto. Pero el 'proxeneta’ no se quedó quieto, naturalmente, este se desnudó por completo y se puso al lado de mi cara arrimando su flácida verga a mi boca para que se la chupara, cosa que no dudé en hacer mientras sentía como el otro bombeaba mi vagina.

Creo que tuve cuatro o cinco orgasmos, el más intenso cuando el que me estaba follando se corrió sobre mis tetas y el otro al mismo tiempo, como si se hubiesen puesto de acuerdo, en mi cara y en mi boca. Pese a todo yo seguía como una perra en celo; sería por la novedad; pero entendí que los tipos necesitaban otros ‘alicientes’, así que recordé que mi secretaria siempre con comunicación directa con el mi oficina nunca me había dado señales de que le gustasen esas cosas pero era de esas que nunca me dijo que no cuando quería sentir su lengua en mi vagina.

"Esperen chicos, a ver si animamos esto" –dije. Fuí al intercomunicador y llamé: “Mary, ven a mi despacho en cuanto puedas”. No tenía la menor idea de cómo iba a reaccionar al vernos allí a los tres desnudos, pero soy mujer y conozco a las mujeres, sobre todo a las que tengo cerca. Se abrió la puerta y entró la chica diciendo: "Sí, dime Irene". Se quedó un tanto cortada al ver el ‘panorama’. Llena de semen en la cara y en los pechos, noté como mordió sus labios y suspiró profundamente. Le dije: "Bueno Mary. Ya ves como estamos. Me preguntaba si querrías participar". "¡Um! Desde luego que sí" –respondió. Uniendo la acción a la palabra se acercó y me besó en los labios, saboreando los chorros de esa viscosa leche, seguido tomó la verga del más joven que se puso tiesa de inmediato como impulsada por un resorte.

"¡Um! Sabía la ayuda de una zorra como tú sería decisiva" –le dije. Viendo lo dura y venosa que estaba la verga del más joven junto con Mary nos encargamos de chupar y lamer hasta esos deliciosos testículos que apenas nos cabían en la boca. Como enloquecida tragaba cada centímetro de esa verga y le dije: "Quiero que me la metas ahora! ¿Te ocupas tú del otro Mary?". Ella respondió: "Claro que sí. Voy a poner esta verga bien dura otra vez. De inmediato se arrodilló ante el ‘ejecutivo’ y empezó a hacerle una mamada como nunca antes había visto.

Como ocupaban el sofá, el ‘proxeneta’ me sentó sobre mi escritorio, me hizo subir los pies a la altura de mi cabeza y me la clavó hasta el fondo sin miramiento alguno. Grité como loca al sentir mi vagina llena de aquel pedazo de carne que se movía acompasadamente en mi interior. En mi vida había estado tan caliente, y el espectáculo de Mary mamándosela al otro contribuía aún más a mi excitación. Me corría una y otra vez ininterrumpidamente, pero seguía queriendo más y más. El ‘ejecutivo” se había corrido en la boca de Mary, pero la joven no se iba a conformar con eso. Sólo con su forma de desnudarse logró ponérsela dura de nuevo. De inmediato lo cabalgó entre gritos de placer y palabras subidas de tono que parecían excitarla más aún. Casi una hora después, con los dos hombres agotados y nosotras todavía ansiosas, Mary me dijo: "¿Sabes Irene? Tengo ganas de comerme tu concha. ¿Me dejarías?". Sonreí y le dije: "Claro que sí pequeña, estaba esperando a que lo hicieras". Estaba tan cachonda que en esos momentos hubiese dejado que me follase una manada de perros.

Echamos al ‘ejecutivo’ del sofá y me tumbé en él con una pierna sobre el respaldo y la otra colgando al suelo para ofrecerle mi vagina bien abierta. Mary se puso de rodillas en el asiento y hundió su cara entre mis muslos. ¡Qué maravilla! Mi marido algunas veces, pocas, había hecho lo mismo, pero ni punto de comparación. Mary sabía tan bien donde lamer, mordisquear, succionar, jugando al tiempo con sus dedos en mi culo, en mi vagina, que mis orgasmos eran continuos y sentí que me desvanecía de gusto. Ella tampoco dejaba de masturbarse con su mano libre. Ni que decir tiene que la visión de nosotras gozando como locas no dejó indiferentes a los hombres; al rato estaban junto a nosotras masturbándose como locos.

El ‘proxeneta’, viendo el tentador culo de Mary que se movía de manera sensual mientra lamía mi vagina se la quiso clavar, pero ella, apartando un momento la boca de mi sexo, le dijo: "No, en el chocho no, métemela por el culo guapo". No se hizo de rogar el joven, al momento se la había metido en el culo con toda facilidad, se ve que la chica estaba acostumbrada a ‘usar’ aquella vía de penetración. Yo, de paso que me corría una y otra vez con la lengua de la chica, mientras yo devoraba la verga del ‘ejecutivo’ para que no se sintiese desplazado. Otra de las consecuencias de mi inexperiencia era que a mí nunca me la habían metido por el culo, pero por los alaridos de placer que daba Mary, me dije que tenía que probar también aquello, de forma que le dije a ella: "Nena me voy a poner de rodillas en el sofá, yo también quiero que me la metan en el culo". "Estupendo, no te arrepentirás" –me dijo.

Así que con la cabeza y las manos apoyadas en el respaldo, de rodillas en el asiento y ofreciendo nuestros culos; ya ni puedo decir cual de los dos me la metió. Sé que al principio me dolió un poco, pero luego resultaba delicioso al máximo. Las dos enculadas nos besábamos cuando nuestros gritos de placer nos lo permitían. Tres o cuatro horas más tardes, después de mil orgasmos; también con cortos períodos de recuperación; se marcharon los dos hombres. Le dije a Mary que nosotras también nos tomábamos el resto del día libre.

De forma que volví a mi casa, a mi rutina de dama recatada, esposa fiel y madre abnegada que todos conocen pero recordando unos de los momentos más intensos de placer que he vivido al borde de sentirme puta y disfrutar de los espasmos vaginales y anales que sentía cuando conduje de camino a casa, sintiendo aún como el semen espeso de dos extraños brotaba de mi entrepierna como delicioso y tibio manantial.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Wow, excelente relato no podría mentir que me a fascinado al punto que sentí vibrar mi cuerpo.
    Gracias por compartir..

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  2. Mmmmmm que rico!!!
    🔥🔥🔥😈😈La imaginación vuela tras leer cada línea
    Haces que mi mente perversa vuele
    Delicioso relato mi Demonio
    🔥🔥💋💋

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  3. Muy buen relato,imaginaba la situacion

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