Paty, y yo hemos recién llegamos a los cuarenta, aunque nos conservamos muy bien físicamente. Hemos hecho bastante ejercicio y una vida sana. Por eso creo que aún estamos de buen ver, especialmente mi mujer con una buena figura, una piernas largas y bien torneadas y un par de hermosas tetas. De hecho, cuando la conocí fueron sus tetas lo que más me impresionaron. Ese día llevaba un jersey rojo muy ceñido y, a pesar de la chaqueta del traje que la cubría no podía disimular el tamaño y la forma. Yo me quedé mirándoselas fijamente, como embobado, y ella debió de darse cuenta porque se excitó y se le marcaron los pezones de una forma descarada. Yo me moría por acariciárselas pero tuvo que pasar algún tiempo antes de poder hacerlo. Pero eso es otra historia.
Desde que nos casamos, nuestra vida sexual ha sido bastante activa y creo que satisfactoria. A pesar de los años, mi mujer me sigue excitando y no puedo evitar meterle mano a la menor ocasión. Dos o más veces por semana follamos y quedamos muy satisfechos. Creo que el secreto de que aún sigamos deseándonos está en que hemos ido experimentando. Desde nuestra primera vez de inexpertos hasta ahora hemos recorrido un largo camino buscando siempre darnos mutuamente el mayor placer. Nos gusta el sexo oral, le encanta que la penetre por detrás y a mí pone fuera de sí cuando me la chupa hasta casi tragarse mis testículos.
Una noche la sorprendí. Yo había comprado un vibrador de buen tamaño y lo escondí debajo de la almohada para tenerlo a mano. Después de acariciarla un buen rato y lamer su vagina, metiéndole la lengua hasta lo más hondo que podía y mordisquearle el clítoris, cuando ya la tenía toda abierta y mojada, saqué el vibrador, lo puse en la entrada de sexo húmedo y le introduje un par de centímetros. Ella se quedó muy asombrada y me dijo: "Cariño, ¿qué es eso que me estás metiendo?. No puede ser tu miembro. Tu no la tienes la tan gorda. ¿O es que te has hecho un trasplante?". Yo le di un beso en los labios y le respondí que callara y que sintiera, al mismo tiempo que le daba el contacto, poniendo en marcha la vibración. Fue inmediata la respuesta del cuerpo de Paty. Empezó a gemir y su cuerpo se arqueó buscando su sexo aquel artilugio que tanto gusto le estaba dando.
"¡Aaaah!, ¡Dios mío! ¡Qué bueno!. ¡Más, métemelo más! ¡Dale más velocidad! ¡Así!" —gemía con desesperación. Ella misma tomó el vibrador y, en un instante, se lo introdujo todo. Yo me quedé asombrado de la capacidad de la vagina de mi mujer, se había metido todo aquel enorme aparato y aún parecía que quería más. Al poco, tuvo un tremendo orgasmo de dos o tres minutos. Estuvo encogida, con el vibrador entre las piernas y, de vez en cuando, se estremecía todo su cuerpo. Yo me quedé preocupado por si le había pasado algo.
"¿Qué te pasa, cariño? ¿Te encuentras bien?" —pregunté. "Me pasa que he tenido el mayor orgasmo de mi vida" —me respondió al cabo de unos momentos. Añadió: "Gracias, cielo. Me ha gustado mucho. He tenido unas sensaciones tremendas. Ha sido corto; pero intensísimo. Tendremos que controlarlo para que dure más".
Me dejó preocupado, porque empecé a pensar si mi mujer no preferiría el vibrador a mí y yo habría hecho entonces la mayor idiotez de mi vida. "A ver si ahora te aficionas a él y ya no quieres nada de mí" —le dije como un niño estúpido. "Cariño, es diferente. Tu verga está viva, es vida, es cálida y este cacharro no es más que un sucedáneo. Me ha gustado mucho pero te prefiero a ti. Anda, métemela y pégame un buen polvo" —me dijo toda caliente. Así lo hice y pude comprobar la elasticidad de la vagina de una mujer. Antes se había tragado aquel enorme vibrador y ahora se adaptaba perfectamente a mí. Cuando la estaba follando, sentía como sus piernas me envolvían y decía a mi oído que la follara duro. Quería sentirse puta como al principio de nuestra relación. Por Dios, oírla me calentaba tanto que no pude aguantar y como una erupción volcánica acabé en su interior. Mi mujer, al notar como mi semen la inundaba tuvo otro orgasmo. Después nos dormimos abrazados hasta la mañana siguiente. Al despertarnos la pasión fue la tónica que marcó ese día, tanto que ninguno de los fue al trabajo, ya que era más importante follar hasta quedar rendidos.
Otro de los secretos de nuestra aún activa vida sexual, de que nos sigamos excitando mutuamente es que hemos introducido fantasías: preparamos la habitación con una luz sugerente, Paty se viste con ropas eróticas. También vemos películas porno aunque a ella no le gustan demasiado porque la mayoría no tiene ningún argumento y prefiere leer relatos eróticos en los que otras personas relatan sus experiencias. Eso la pone muy excitada. Desde que encontré esta página en Internet hemos leído juntos muchos relatos y nos hemos puesto muy cachondos. Hemos estado varios días follando recordando algunas de las historias que hemos leído. Y ha sido ella la que me ha sugerido que contemos algunas de nuestras experiencias.
También en más de una ocasión hemos tenido más personas en nuestra cama, cómo por ejemplo su prima Paulina. Estábamos en una reunión familiar y a Paty se le habían pasado un poco las copas, cosa que no era habitual; creo que las margaritas estaban más cargadas al alcohol. Mirábamos a Paulina con cara de pervertidos y ella me decía: "¡Qué bueno es follar! ¡Me encanta cómo me lo haces! ¡Tengo mucha suerte de tener un marido que se preocupa de darme placer! La verdad, cariño, es que sabes ponerme caliente y que acabe a torrentes hasta dejarme exhausta. ¡Y pensar en la cantidad de mujeres que no saben lo delicioso que es follar!. Ahí tienes a mi prima Paulina, tiene ya unos treinta y cinco años y estoy segura de que aún es virgen.
"No creo. Tu prima está bastante buena. Tiene un buen culo, unas piernas bonitas y un par de tetas no tan grandes como las tuyas pero sí bonitas" —le dije sin despegar los ojos de la suculenta presa que tenía al frente. "Sí; pero en la ciudad que vive es tan pequeña que es casi un pueblo, donde todos se conocen no creo que nadie le haya ni siquiera acariciado la vagina. Es posible que haya tenido alguna proposición; pero no se habrá atrevido a abrirse de piernas. Tremendo escándalo si lo llega a hacer. Enseguida se habrían enterado todos, como ha pasado con otras. Pauly sólo se habría dejado después de pasar por el altar. Y, a propósito, ¿cómo es que te has fijado tanto en ella?" —dijo. A lo que respondí: "Bueno uno tiene dos ojos para ver y dos manos para tocar y una verga para follarla, si me dejan". "Eres un maldito pervertido, y ¿si yo te doy permiso?" —me dijo. "Mira Paty, si tanta pena te da podríamos hacerle un favor. No necesito tu permiso pero puedo tirarle los tejos a ver qué pasa" —le dije.
Yo noté que la conversación iba calentando a mi mujer y empecé a acariciarla y a besarla de nuevo. Cuando bajé la mano hasta su coño lo noté húmedo y muy receptivo, Enseguida abrió las piernas y yo introduje un par de dedos y, a continuación, huimos del tumulto a una de las habitaciones de la casa y la penetré como un salvaje. "Sucio, ¿estás pensando en que te estás follando a Paulina?" —me susurró mientras le daba con fuerza. Yo, la verdad, es que sólo pensaba en darle gusto a mi mujer y por eso le dije que si, que pensaba en mi verga dentro de su vagina, me imaginaba que sus tetas apretaban mi pene y que se perdía en su culo. Que pensaba, sobre todo, en su sexo y que me encantaría desvirgarla. Paty se corrió enseguida y después me abrazó y mientras me masturbaba me decía lo que ella imaginaba que yo haría con su prima y, sobretodo, el placer que ella experimentaría. Me atreví a preguntarle: "¿Y tú? ¿Qué harías mientras?". "Yo solo miraría. Miraría cómo te la follas. Cómo se la metes hasta los testículos y cómo chillaría de gusto. Y mientras... me acariciaría las tetas y la vagina hasta acabar" —me respondió. "Dices que yo soy el sucio y el pervertido. Te has convertido en una exquisita puta. Ahora tienes el coño tan mojado que está ideal para que una chica te lo lamiera. ¿Te gustaría?" —sugerí.
Después del acabar deliciosamente en la boca de mi mujer, nos dirigimos otra vez al patio en donde la conversación estaba entretenida y el alcohol había hecho que unos cayeran en la inconsciencia quedándose dormidos en donde la borrachera los agarró. Buscábamos a Paulina con la mirada, hasta que en un rincón la encontramos. Nos acercamos como una pareja de leones que acorrala a su presa, de manera sigilosa estábamos uno a cada lado. "Hace tiempo que no sé nada de ti" —le dice Paty. "He tenido poco tiempo, pero no me he olvidado de la familia como ustedes" —le responde. Observaba como mi mujer no podía disimular sus ganas de invadir los labios de su adorada prima y probar el sabor de su lápiz labial, de manera descarada mordía sus labios y al beber pasaba su lengua alrededor de la copa. La conversación comenzó a subir de tono, en Paulina se observaba que algo la hacía estar intranquila, tal vez era el entorno o la forma en que Paty la estaba abordando. En los ojos de mi mujer se podía leer: "¡Vamos, no te hagas la tonta, se nota que quieres que te cojamos!". Sonó una canción y Paulina me dice: "Primo, ¿bailamos?". "Claro" —respondí.
Tomado delicadamente de caderas ella se movia al ritmo de la salsa, se pegaba con fuerza a mi cuerpo; la excitación en mí era tal que creo podía notar mi erección cada veZ que sus nalgas se movían pegadas a mi pantalón. La mirada de lujuria de Paty eran un aliciente más para deslizar mis manos perversas por aquellas turgentes caderas, sin duda una motivación extra. La voltee con fuerza hacía mí, se tomó de mi cuello y observó con detenimiento, mi instinto decía que la besara mientras que mi cordura era lo que impedía que encendiera el combustible. Suena otra canción y seguimos pegados moviéndonos al ritmo de la sensual tonada, hasta que la razón cedió y el león hambriento apareció y la besé sin importar consecuencias. Ella se sorprendió pero continuó aferrada a mi cuello y a mi boca mientras Paty se fue a la habitación donde habíamos tenido nuestro juego previo, señal de que la presa había caído y daríamos paso al festín.
Cómo fieras en celo nos besamos, le propuse ir a la habitación y desatar la pasión que nos consumía. Poco a poco dejamos pasar los minutos para que nadie se diera cuenta de lo pasaba. Al entrar lo hicimos como dos locos pervertidos, la puerta se cerró y comencé tocar cada espacio de su cuerpo. La desvestí con calma y así disfrutar de cada detalle de su cuerpo con mis manos. No podía creer a lo que había llegado nuestra calentura, no importaba la familia ni los amigos, lo más importante era satisfacer el deseo que corría por nuestras venas.
De pronto la luz de un cigarrillo iluminó un rincón de la habitación, la voz de Paty de hace escuchar: "Ya se habían tardado" —dijo. "No podíamos solo llegar y salir, era necesario que esta zorra se calentara un poco más" —le respondí. Había asombro en los ojos de Paulina, no podía creer lo que sucedía y que todo era un sucio plan para tenerla en la cama para ser disfrutaba por nosotros. Creo que la idea solo le sorprendió porque no quiso salir corriendo sino que permaneció inmóvil esperando a ver qué hacíamos. "¡Follate a la puta!" —dijo Paty. Lentamente la desvestí sin parar de besarla. Subí su falda hasta la cintura mientras y quité sus bragas que rebosaban de humedad. Su exquisito clítoris palpitaba con el rose de mis dedos mientras sus gemidos eran ahogados por mi lengua. Le quité la blusa y el brasier para llevarla a la cama prendida de mi cuello, sus besos cada vez eran más intensos y la lujuria se percibía en el aire. Paty en el rincón de la habitación observaba fumando su cigarro lentamente, se mantenía en silencio observando cada movimiento que hacíamos. Decir que estaba en las nubes es poco para describir el cúmulo de sensaciones que venían a mí mente en ese momento pero basta decir que me sentía el maldito dueño del mundo.
Me desvestí lento, no quería apresurar nada, si bien era cierto había algo de expertiz en esos cálidos besos, se percibía cierta inexperiencia en cuanto a lo que vendría por parte de Paulina, al parecer Paty tenía razón al afirmar que era virgen a pesar de haber cruzado la barrera de los treinta. Su cuerpo temblaba al sentir como mi lengua se deslizaba buscando la apertura de aquel sexo húmedo, algo duditativa separaba de a poco sus piernas; al sentir el primer contacto de mi boca en esos cálidos labios vaginales cerró las piernas de golpe. Todo cambió cuando Paty se recostó desnuda a su lado y acarició su tembloroso rostro, con un tierno beso le dijo: "Tranquila prima, solo déjate llevar y disfruta lo que pase". Ya entregada abrió sus piernas y de entregó a los caprichos de mi lengua que recorría por completo su vagina; mi mujer disfrutaba de esos exquisitos senos mientras yo bebía del delicioso néctar que brotaba libremente de su entrepierna.
Acomodé mi miembro para penetrarla con delicadeza, poco a poco entraba hasta que su himen me detuvo el paso; tuve que empujar con un poco de fuerza hasta que se desgarró por completo, un hilo de sangre envolvió mi glande y Paty gustosa limpió con su boca. Ahora con amplia entrada en su interior mis movimientos fueron aumentando hasta comenzar a moverme de manera salvaje. "¡Ah, por Dios, que rico!" —exclamaba Pauly. Mi mujer estimulaba el clítoris de su prima con desesperación, creo que buscaba que tuviera un violento orgasmo lo más pronto posible. "Ves que ibas a disfrutar putita si te dejabas llevar" —le dijo mientras una sonrisa perversa se dibujaba en sus labios. "Sigue dándole duro a la puta" —me decía. Gotas de sudor corrían por mi frente mientras mis movimientos se hacían más intensos. Mi mujer dijo: "Déjame probar esa rica vagina mientras me partes el culo". Se acomodó en cuatro frente a su prima cómo una gata sedienta frente al agua y lamió sin misericordia mientras yo entraba en su pequeño agujero. Tomado fuertemente de sus caderas me movía al punto de hacer chocar mis testículos en su vulva. Paulina ya no daba más de placer, apretaba sus pezones y jadeaba; hasta que acabó de una manera deliciosa que la dejó temblando. Yo no podía contenerme más y Paty pidió que acabara en la cara de su adorada prima. Obediente a los deseos de mi mujer me masturbé frente a Paulina y vertí hasta la última gota de mi semen en su cara y en sus labios. Premio suficiente para una puta primeriza y que mi mujer supo aprovechar ya que hábilmente limpió con su lengua y compartió con ella. Desde esa noche Paulina se convirtió en una invitada frecuente en nuestra cama para ser el juguete con quién aplacar nuestra lujuria.
Podría contarles un montón de historias más que con mi mujer hemos vivido pero sería cansarlos, solo quiero que se lleven el buen sabor de que cuando hay complicidad en la pareja cualquier cosa es realizable y se puede disfrutar de una sexualidad plena, sin prejuicios y llena de perversión. Ahora mi pregunta es: ¿Hasta donde son capaces de llegar por realizar aquella fantasía que les quita el sueño?
Pasiones Prohibidas ®

Me encanta este tipo de lectura,me exita y desata toda mi perversión y lujuria
ResponderEliminarLeerte siempre es un deleite
ResponderEliminarMuy buena la página
ResponderEliminarUmmm me has exo ponerme zorra
ResponderEliminarA mi me a puesto muy zorro
Eliminarporque esta muy bien relatado