Era uno de estos días en los que llegar a casa era mi placer más anhelado o eso pensaba. Vivo en el piso 18 de un edificio en el centro de la ciudad, un lugar demasiado tranquilo, no conocía a ningún residente excepto a mi corpulento vecino del frente con el que había intercambiado unos cuantos saludos, y del que no sabía lo más mínimo excepto que cada noche entraba un chica diferente en su departamento.
Miré mi reloj por quinta vez; las 01:06 de la mañana. Otro día saliendo tarde de la oficina y sin sueldo extra. Por lo menos me quedaba la satisfacción de que mañana era sábado. Saludé al portero de mi edificio y me adentré al ascensor. Justo cuando este iba a cerrar una mano se interpuso y las puertas se abrieron nuevamente. Era mi vecino, estaba en unos jeans muy apretados con una polera negra y una gorra del mismo color. Parecía el chico malo que acababa de cometer un asesinato. Sus ojos se encontraron con los míos y una sonrisa pícara se dibujó en su rostro. "Buenas noches Vecina" —dijo en modo de saludo mientras apretaba el botón subida. Le sonreí en respuesta.
El ascensor comenzó a subir y el silencio se hizo dueño de nosotros. Aproveché que estaba detrás suyo para contemplar la anchura de su espalda y me imaginé lo delicioso que sería arrastrar mis uñas por allí. Negué con la cabeza tratando de alejar mis pensamientos. El elevador seguía subiendo y miré su trasero, y que trasero tan bien marcado, sentí deseos de azotar sus nalgas y apretarlas.
El elevador se detuvo de golpe justo en el piso 10. Él me miró y yo me encogí de hombros. Era la primera vez que me pasaba. Mi vecino comenzó apretar el botón pero nada, miró la cámara y comenzó hacer señas. Unos segundos después la luz se fue y se encendieron las lámparas de emergencias.
(Quince minutos más tarde)
Me había quitado el saco, ya que vestía traje de dos piezas y me dejé puesta mi fina blusa de seda, el calor se volvía más desesperante. Mi vecino estaba recostado en una esquina, podía sentir su intensa mirada sobre mí. Por tercera vez comencé a dar golpes y gritar contra la puerta del ascensor cuando sentí su cuerpo tras mío. su aliento golpeó mi oído y su voz susurró: "¿Alguna vez has follado en un ascensor? Sentí mis bragas mojarse.
Su mano envolvió mi cintura y me apretó contra él. Algo duro presiono mi trasero y un gemido salió de mi boca. Solté mi bolso y el pegó mi cuerpo contra la puerta, aprisionándome. Su mano comenzó acariciar mi abdomen por encima de la blusa y cuando llego a mis tetas las apretó con fuerza. Alargué mi brazo buscando su bulto y cuando lo encontré lo acaricié por encima de la tela. El comenzó a darme besos en el cuello. Olía a menta y a sudor. Sus manos descendieron para luego ascender por la parte interior de mi blusa, acaricio mis pechos por dentro del sostén pero yo quería más. Apreté su bulto con fuerza y como consecuencia el me pellizcó los pezones. Mis senos estaban duros y su tacto solo me acaloraba más. Sentí como su mano estaba destrozando mi blusa. Sabía que aquello no estaba bien pero no podía detenerlo. La tela blanca cayo a mis costados quedando en un simple sostén de encajes blancos. Su mano se deslizo por debajo de mi falda y comenzó a acariciar las piernas mientras su boca mordía y lamia mi cuello. Sentí su mano deslizarse a mi entrepierna.
"Dios, estás muy húmeda" -gruñó en mi oído. Aquellas palabras hicieron que me mojase más. Sus dedos apartaron mi braguitas y comenzaron hacer círculos en mi clítoris de una manera nunca antes experimentada. El cosquilleo aumento más y comencé a gemir. Busqué nuevamente su bulto y se lo apreté. Quería más. Alejó sus manos y me quedó un vacío. Sentí su mano húmeda deslizar mis bragas hasta las rodillas. Me agarró y me llevó hasta la barra del el ascensor frente al espejo. No podía vernos, solo veía nuestros cuerpos en sombras con destellos rojos. Por el reflejo vi como bajaba su pantalón aunque no pude ver nada más. Se acercó nuevamente a mí y lo sentí acariciar mi culo con su miembro. Se movía lentamente por mi sexo como una dulce tortura hasta que me penetró de una estocada. Pegué un ligero grito por la sorpresa y él me cubrió la boca con su mano. Comenzó a penetrarme desde atrás con fuerza, me agarré de la barra buscando equilibrio.
"Estás muy apretada" —dijo para luego penetrarme con fuerza. Sus embestidas eran por segundos lentas para luego aumentar la velocidad de manera posesiva. Sus manos masajeaban y apretaban mis senos. Él estaba aun vestido a diferencia mía que solo llevaba la corta falda en la cintura. Su mano hasta mi sexo y me empezó a frotar. Yo le mordía la mano entre jadeos, era demasiado delicioso lo que me estaba haciendo, demasiado placer para mi cuerpo. Mis piernas comenzaron a temblar y un cosquilleo se almacenó en mi bajo vientre. "No puedo más" —dije apretando mi agarre en la barra. Él mordió el lóbulo de mi oreja y un fuerte orgasmo golpeó mi cuerpo provocando me fuertes sacudidas, me solté de la barra. Mis brazos ya no podían más. Él me agarró de la cintura y me pegó a la barra, recosté la frente en el espejo mientras me siguió penetrando. Me embistió unas veces mas y lo sentí vaciarse dentro de mí. Su cuerpo se apoyó en el mío, aun me sentía débil. Puse una mano en la barra con intención de separarme de pero no me lo permitió. "Aún no terminamos" —dijo. Levanté la cabeza y en las sombras busqué sus ojos. "Esto es solo el inicio" —dijo con una sonrisa malvada.
Bastaron aquellas palabras para que me mojase de nuevo. Estuvo recostado contra mi cuerpo unos segundos hasta que lo sentí separarse. Mire por el espejo su reflejo. Comenzó a quitarse la ropa quedando poco a poco expuesto ante mí. La luz roja resaltaba la mitad de su cuerpo. Era un tipo musculoso, con el abdomen bien marcado y brazos bien definidos. Sentí curiosidad de que trabaja y antes de que mi cerebro diese la orden, mi boca ya estaba preguntando: "¿A que te dedicas?".
En ese momento se estaba quitando los zapatos. Levantó el rostro y una sonrisa pícara se dibujo en su rostro. Continuó quitándose sus pantalones mientras decía: "Soy boxeador". Una risita involuntaria salió de mi boca. Con razón tantos músculos. Él me miró curioso y se comenzó acercar a mi. Yo aún tenía la cabeza recostada en el cristal. El ya estaba completamente desnudo. "¿Que es tan gracioso?" —dijo mientras bajaba el cierre de mí falda y se deshacía de ella. Sonreí y respondí: "Nada, solo que es interesante". Sus manos se situaron a mis costados y comenzaron a moldear mi cuerpo, acariciaban mi cintura bajando hasta mi cadera donde le dió un fuerte apretón y siguieron por mis muslos. Se arrodilló y me los comenzó a morder. Me volteó lentamente hasta quedar frente a él. Entonces hizo algo que ni en mis fantasías más locas hubiese imaginado. Tomó una de mis piernas y la subió en su hombro derecho. Me tuve que agarrar de la barra cuando hizo lo mismo con la otra. Mi cuerpo quedo montado en sus hombros con su cara enterrada en mi vagina. Una de sus manos me sujetaba por la cadera mientras con la otra me agarraba el trasero. El corazón me latía a mil. Su lengua comenzó a lamer mis labios y me tuve que apretar con fuerza de la barra. Luego empezó a morder y chupar mi clítoris podía sentir mis fluidos salir. Su lengua me penetró y comenzó hacer movimiento adentro de mi. Gemidos desesperados salían de mi boca mientras su lengua hacia maravillas.
En medio tanto placer me vino un pensamiento a la mente ¿Que pasaría si las luces encendieran y el ascensor arrancase? ¿Que sucedería si al abrirse las puertas hubiesen personas? Aquella preguntas me llenaron de miedo y al mismo tiempo las encontré excitantes. Su lengua seguía causando me placeres cuando lo agarre por el pelo con fuerza y empuje su cabeza contra mi coño. Sus manos me apretaron las nalgas y no pude evitar gemir. Sentí la presión en mi vientre y un fuerte orgasmo me golpeó y como la primera vez; comencé a temblar desenfrenadamente. Él bajó mis piernas y se levantó sosteniendo me firmemente por la cintura, me pegó a el y su miembro me tocaba el abdomen provocándome millones de sensaciones.
Su ojos oscuros por el deseo se posaron en los míos. Lentamente comenzó acercar su rostro al mío y por primera vez me besó. No pude evitar sonrojarme a reconocer el sabor salado que tenía sus labios. Su lengua exploró mi interior mientras su boca succionaba la mía con fuerza. Envolví mi brazos alrededor de su cuello y me estremecí al sentir su pecho duró contra mis tetas. Su erección acariciaba mi abdomen. Sin dejar de besarme la comencé a tocar y apretarla. Ahogados gemidos salían de su boca. Yo quería más, interrumpió el beso y le miré a los ojos.
"¡Quiero probarla! ¡Déjame por favor sentir tu verga en mi boca!" —le dije. Abrió los ojos con sorpresa y sonrío e hizo un movimiento con su cabeza como diciendo: "Como gustes".
Sonreí y me arrodillé ante él. Su virilidad se alzaba frente a mí en todo su esplendor. Con la punta de mi lengua lamí su glande y él se estremeció al tacto. Besé la punta y comencé a lamer toda su longitud. Era larga y gruesa. Me relamí los labios deseosa de probarla. Le solté una escupida y me la metí de golpe en mi boca. Como él me había echó comencé una dulce tortura con mi boca. Su miembro era grande y lo chupaba con fuerza con cada estocada me lo metía más adentro, cuando la sacaba arrastraba los dientes, luego volvía chuparla. Se agarró de la barra al igual que yo lo había echo y sus caderas arremetían contra mi boca a mi ritmo. Aumente mi ritmo y mientras la succionaba utilizaba mis manos para masturbarlo. Aumentó más el ritmo, más y más, y lo sentí venirse. Todo el se vacío en mi o mejor dicho en mi boca, deje que el líquido corriera por mi cuerpo y comencé a pasarme su miembro por mi cuerpo, me lo estruje contra mis tetas su líquido embarrando. Levanté la cabeza y él me miraba fijamente. "Si sigues haciendo eso me la vas poner dura de nuevo," —me dijo. Sonreí de manera perversa. "Eso es lo que quiero" —dije de manera provocativa mientras me metía su miembro de nuevo en mi boca. Esta ves lo miraba a los ojos mientras le chupaba la punta y luego se la mordía. Mi vecino me agarró por los hombros y hizo pararme de manera bastante brusca para ser sincera. "¿Explícame por que no hemos hecho esto antes?" —preguntó. Su pregunta me tomó por sorpresa y sonreí ante esta. No respondí me acerqué y besé sus labios delicadamente. Comencé acariciar sus abdomen mientras mi lengua se adentraba en su boca. Envolví mis brazos en su cuello. Sentí sus manos apretar mi trasero y por instinto brinque y envolví mis piernas en sus cadera. Sentí su erección otra vez y sonreí sobre su boca. Él me apoyó en la barra y gemí al sentir la frialdad de esta contra mi trasero. Se alejó ligeramente de mi sin dejar de mirarme. Luego miro su miembro. Comenzó a pasar su miembro por mi sexo, acariciando mi clítoris y mis labios. Me penetró solo con la punta y luego volvió hacer lo mismo. Cada vez me penetraba más profundo y yo me contraía no queriendo que saliese. Hasta que por fin me penetró de una sola estocada y comenzó embestidas constante que cada vez aumentaban más su ritmo. Sus manos apretaban mi trasero, mientras yo no dejaba de arañar su espalda. Mis tetas no dejaban de brincar y rozar su pecho mientras él me mordía en los hombros.
De pronto las luces de ascensor encendieron. La luz nos cegó unos segundos. Luego sentimos el ascensor arrancar y por sorprendente que parezca no tenía miedo, aquello no nos impidió parar. Mi vecino continuó embistiendo duro mientras yo chupaba y mordía el lóbulo de su oreja al tiempo que gemía en esta.
Sus embestidas eran rápidas y duras. Mi espalda golpeaba el espejo y recordé el espejo que estaba en la parte arriba de la esquina del ascensor. Volví mi vista buscándolo y ¡Por Zeus! qué vista. Podía ver su espalda bien formada y como su trasero se contrae cada vez que me penetraba. Aquello me excitó más y apreté más su agarre contra mí. Miré conteo del ascensor, iba por el piso 16. El cosquilleo en mi vientre comenzó a golpear. El soltó mis nalgas, alejó su torso de mí y me siguió penetrando mientras sus ojos lujuriosos me miraban. Sus manos volaron a mis tetas y me las comenzó jalar y apretar. Yo me rendí ante tanto placer y justo cuando el ascensor se detuvo mi cuerpo se sacudió y lo fluidos comenzaron a salir de mí embarrando la barra. Él me dió dos estocadas más y lo sentí correrse. Me volvió abrazar enterrando su rostro en mis tetas y en eso momento la puertas del ascensor se abrieron. La fragancia floral del pasillo inundo el lugar. Mi cuerpo aún temblaba y el agotamiento se hacía presente. Él se alejó de mi sonriendo.
Luego de ayudarme, comenzó a ponerse los pantalones, no sin antes poner el pie evitando que las puertas del ascensor se cerraran. Nuestras miradas no se desconectaron un momento a menos cuando necesitamos inclinarnos. Me puse solo la falda y la chaqueta, no quería la ropa interior. Cuando estuvimos vestidos él me tomó de la mano y me acompañó hasta mi puerta, me dio un casto beso en los labios antes de ir frente a la suya. Antes de cerrar la puerta lo oí llamarme. "¡Vecina! Esto no se ha terminado" —me dijo y me guiñó un ojo. "Esto apenas empieza" —dijo para luego cerrar la puerta.
Pasiones Prohibidas ®
Miré mi reloj por quinta vez; las 01:06 de la mañana. Otro día saliendo tarde de la oficina y sin sueldo extra. Por lo menos me quedaba la satisfacción de que mañana era sábado. Saludé al portero de mi edificio y me adentré al ascensor. Justo cuando este iba a cerrar una mano se interpuso y las puertas se abrieron nuevamente. Era mi vecino, estaba en unos jeans muy apretados con una polera negra y una gorra del mismo color. Parecía el chico malo que acababa de cometer un asesinato. Sus ojos se encontraron con los míos y una sonrisa pícara se dibujó en su rostro. "Buenas noches Vecina" —dijo en modo de saludo mientras apretaba el botón subida. Le sonreí en respuesta.
El ascensor comenzó a subir y el silencio se hizo dueño de nosotros. Aproveché que estaba detrás suyo para contemplar la anchura de su espalda y me imaginé lo delicioso que sería arrastrar mis uñas por allí. Negué con la cabeza tratando de alejar mis pensamientos. El elevador seguía subiendo y miré su trasero, y que trasero tan bien marcado, sentí deseos de azotar sus nalgas y apretarlas.
El elevador se detuvo de golpe justo en el piso 10. Él me miró y yo me encogí de hombros. Era la primera vez que me pasaba. Mi vecino comenzó apretar el botón pero nada, miró la cámara y comenzó hacer señas. Unos segundos después la luz se fue y se encendieron las lámparas de emergencias.
(Quince minutos más tarde)
Me había quitado el saco, ya que vestía traje de dos piezas y me dejé puesta mi fina blusa de seda, el calor se volvía más desesperante. Mi vecino estaba recostado en una esquina, podía sentir su intensa mirada sobre mí. Por tercera vez comencé a dar golpes y gritar contra la puerta del ascensor cuando sentí su cuerpo tras mío. su aliento golpeó mi oído y su voz susurró: "¿Alguna vez has follado en un ascensor? Sentí mis bragas mojarse.
Su mano envolvió mi cintura y me apretó contra él. Algo duro presiono mi trasero y un gemido salió de mi boca. Solté mi bolso y el pegó mi cuerpo contra la puerta, aprisionándome. Su mano comenzó acariciar mi abdomen por encima de la blusa y cuando llego a mis tetas las apretó con fuerza. Alargué mi brazo buscando su bulto y cuando lo encontré lo acaricié por encima de la tela. El comenzó a darme besos en el cuello. Olía a menta y a sudor. Sus manos descendieron para luego ascender por la parte interior de mi blusa, acaricio mis pechos por dentro del sostén pero yo quería más. Apreté su bulto con fuerza y como consecuencia el me pellizcó los pezones. Mis senos estaban duros y su tacto solo me acaloraba más. Sentí como su mano estaba destrozando mi blusa. Sabía que aquello no estaba bien pero no podía detenerlo. La tela blanca cayo a mis costados quedando en un simple sostén de encajes blancos. Su mano se deslizo por debajo de mi falda y comenzó a acariciar las piernas mientras su boca mordía y lamia mi cuello. Sentí su mano deslizarse a mi entrepierna.
"Dios, estás muy húmeda" -gruñó en mi oído. Aquellas palabras hicieron que me mojase más. Sus dedos apartaron mi braguitas y comenzaron hacer círculos en mi clítoris de una manera nunca antes experimentada. El cosquilleo aumento más y comencé a gemir. Busqué nuevamente su bulto y se lo apreté. Quería más. Alejó sus manos y me quedó un vacío. Sentí su mano húmeda deslizar mis bragas hasta las rodillas. Me agarró y me llevó hasta la barra del el ascensor frente al espejo. No podía vernos, solo veía nuestros cuerpos en sombras con destellos rojos. Por el reflejo vi como bajaba su pantalón aunque no pude ver nada más. Se acercó nuevamente a mí y lo sentí acariciar mi culo con su miembro. Se movía lentamente por mi sexo como una dulce tortura hasta que me penetró de una estocada. Pegué un ligero grito por la sorpresa y él me cubrió la boca con su mano. Comenzó a penetrarme desde atrás con fuerza, me agarré de la barra buscando equilibrio.
"Estás muy apretada" —dijo para luego penetrarme con fuerza. Sus embestidas eran por segundos lentas para luego aumentar la velocidad de manera posesiva. Sus manos masajeaban y apretaban mis senos. Él estaba aun vestido a diferencia mía que solo llevaba la corta falda en la cintura. Su mano hasta mi sexo y me empezó a frotar. Yo le mordía la mano entre jadeos, era demasiado delicioso lo que me estaba haciendo, demasiado placer para mi cuerpo. Mis piernas comenzaron a temblar y un cosquilleo se almacenó en mi bajo vientre. "No puedo más" —dije apretando mi agarre en la barra. Él mordió el lóbulo de mi oreja y un fuerte orgasmo golpeó mi cuerpo provocando me fuertes sacudidas, me solté de la barra. Mis brazos ya no podían más. Él me agarró de la cintura y me pegó a la barra, recosté la frente en el espejo mientras me siguió penetrando. Me embistió unas veces mas y lo sentí vaciarse dentro de mí. Su cuerpo se apoyó en el mío, aun me sentía débil. Puse una mano en la barra con intención de separarme de pero no me lo permitió. "Aún no terminamos" —dijo. Levanté la cabeza y en las sombras busqué sus ojos. "Esto es solo el inicio" —dijo con una sonrisa malvada.
Bastaron aquellas palabras para que me mojase de nuevo. Estuvo recostado contra mi cuerpo unos segundos hasta que lo sentí separarse. Mire por el espejo su reflejo. Comenzó a quitarse la ropa quedando poco a poco expuesto ante mí. La luz roja resaltaba la mitad de su cuerpo. Era un tipo musculoso, con el abdomen bien marcado y brazos bien definidos. Sentí curiosidad de que trabaja y antes de que mi cerebro diese la orden, mi boca ya estaba preguntando: "¿A que te dedicas?".
En ese momento se estaba quitando los zapatos. Levantó el rostro y una sonrisa pícara se dibujo en su rostro. Continuó quitándose sus pantalones mientras decía: "Soy boxeador". Una risita involuntaria salió de mi boca. Con razón tantos músculos. Él me miró curioso y se comenzó acercar a mi. Yo aún tenía la cabeza recostada en el cristal. El ya estaba completamente desnudo. "¿Que es tan gracioso?" —dijo mientras bajaba el cierre de mí falda y se deshacía de ella. Sonreí y respondí: "Nada, solo que es interesante". Sus manos se situaron a mis costados y comenzaron a moldear mi cuerpo, acariciaban mi cintura bajando hasta mi cadera donde le dió un fuerte apretón y siguieron por mis muslos. Se arrodilló y me los comenzó a morder. Me volteó lentamente hasta quedar frente a él. Entonces hizo algo que ni en mis fantasías más locas hubiese imaginado. Tomó una de mis piernas y la subió en su hombro derecho. Me tuve que agarrar de la barra cuando hizo lo mismo con la otra. Mi cuerpo quedo montado en sus hombros con su cara enterrada en mi vagina. Una de sus manos me sujetaba por la cadera mientras con la otra me agarraba el trasero. El corazón me latía a mil. Su lengua comenzó a lamer mis labios y me tuve que apretar con fuerza de la barra. Luego empezó a morder y chupar mi clítoris podía sentir mis fluidos salir. Su lengua me penetró y comenzó hacer movimiento adentro de mi. Gemidos desesperados salían de mi boca mientras su lengua hacia maravillas.
En medio tanto placer me vino un pensamiento a la mente ¿Que pasaría si las luces encendieran y el ascensor arrancase? ¿Que sucedería si al abrirse las puertas hubiesen personas? Aquella preguntas me llenaron de miedo y al mismo tiempo las encontré excitantes. Su lengua seguía causando me placeres cuando lo agarre por el pelo con fuerza y empuje su cabeza contra mi coño. Sus manos me apretaron las nalgas y no pude evitar gemir. Sentí la presión en mi vientre y un fuerte orgasmo me golpeó y como la primera vez; comencé a temblar desenfrenadamente. Él bajó mis piernas y se levantó sosteniendo me firmemente por la cintura, me pegó a el y su miembro me tocaba el abdomen provocándome millones de sensaciones.
Su ojos oscuros por el deseo se posaron en los míos. Lentamente comenzó acercar su rostro al mío y por primera vez me besó. No pude evitar sonrojarme a reconocer el sabor salado que tenía sus labios. Su lengua exploró mi interior mientras su boca succionaba la mía con fuerza. Envolví mi brazos alrededor de su cuello y me estremecí al sentir su pecho duró contra mis tetas. Su erección acariciaba mi abdomen. Sin dejar de besarme la comencé a tocar y apretarla. Ahogados gemidos salían de su boca. Yo quería más, interrumpió el beso y le miré a los ojos.
"¡Quiero probarla! ¡Déjame por favor sentir tu verga en mi boca!" —le dije. Abrió los ojos con sorpresa y sonrío e hizo un movimiento con su cabeza como diciendo: "Como gustes".
Sonreí y me arrodillé ante él. Su virilidad se alzaba frente a mí en todo su esplendor. Con la punta de mi lengua lamí su glande y él se estremeció al tacto. Besé la punta y comencé a lamer toda su longitud. Era larga y gruesa. Me relamí los labios deseosa de probarla. Le solté una escupida y me la metí de golpe en mi boca. Como él me había echó comencé una dulce tortura con mi boca. Su miembro era grande y lo chupaba con fuerza con cada estocada me lo metía más adentro, cuando la sacaba arrastraba los dientes, luego volvía chuparla. Se agarró de la barra al igual que yo lo había echo y sus caderas arremetían contra mi boca a mi ritmo. Aumente mi ritmo y mientras la succionaba utilizaba mis manos para masturbarlo. Aumentó más el ritmo, más y más, y lo sentí venirse. Todo el se vacío en mi o mejor dicho en mi boca, deje que el líquido corriera por mi cuerpo y comencé a pasarme su miembro por mi cuerpo, me lo estruje contra mis tetas su líquido embarrando. Levanté la cabeza y él me miraba fijamente. "Si sigues haciendo eso me la vas poner dura de nuevo," —me dijo. Sonreí de manera perversa. "Eso es lo que quiero" —dije de manera provocativa mientras me metía su miembro de nuevo en mi boca. Esta ves lo miraba a los ojos mientras le chupaba la punta y luego se la mordía. Mi vecino me agarró por los hombros y hizo pararme de manera bastante brusca para ser sincera. "¿Explícame por que no hemos hecho esto antes?" —preguntó. Su pregunta me tomó por sorpresa y sonreí ante esta. No respondí me acerqué y besé sus labios delicadamente. Comencé acariciar sus abdomen mientras mi lengua se adentraba en su boca. Envolví mis brazos en su cuello. Sentí sus manos apretar mi trasero y por instinto brinque y envolví mis piernas en sus cadera. Sentí su erección otra vez y sonreí sobre su boca. Él me apoyó en la barra y gemí al sentir la frialdad de esta contra mi trasero. Se alejó ligeramente de mi sin dejar de mirarme. Luego miro su miembro. Comenzó a pasar su miembro por mi sexo, acariciando mi clítoris y mis labios. Me penetró solo con la punta y luego volvió hacer lo mismo. Cada vez me penetraba más profundo y yo me contraía no queriendo que saliese. Hasta que por fin me penetró de una sola estocada y comenzó embestidas constante que cada vez aumentaban más su ritmo. Sus manos apretaban mi trasero, mientras yo no dejaba de arañar su espalda. Mis tetas no dejaban de brincar y rozar su pecho mientras él me mordía en los hombros.
De pronto las luces de ascensor encendieron. La luz nos cegó unos segundos. Luego sentimos el ascensor arrancar y por sorprendente que parezca no tenía miedo, aquello no nos impidió parar. Mi vecino continuó embistiendo duro mientras yo chupaba y mordía el lóbulo de su oreja al tiempo que gemía en esta.
Sus embestidas eran rápidas y duras. Mi espalda golpeaba el espejo y recordé el espejo que estaba en la parte arriba de la esquina del ascensor. Volví mi vista buscándolo y ¡Por Zeus! qué vista. Podía ver su espalda bien formada y como su trasero se contrae cada vez que me penetraba. Aquello me excitó más y apreté más su agarre contra mí. Miré conteo del ascensor, iba por el piso 16. El cosquilleo en mi vientre comenzó a golpear. El soltó mis nalgas, alejó su torso de mí y me siguió penetrando mientras sus ojos lujuriosos me miraban. Sus manos volaron a mis tetas y me las comenzó jalar y apretar. Yo me rendí ante tanto placer y justo cuando el ascensor se detuvo mi cuerpo se sacudió y lo fluidos comenzaron a salir de mí embarrando la barra. Él me dió dos estocadas más y lo sentí correrse. Me volvió abrazar enterrando su rostro en mis tetas y en eso momento la puertas del ascensor se abrieron. La fragancia floral del pasillo inundo el lugar. Mi cuerpo aún temblaba y el agotamiento se hacía presente. Él se alejó de mi sonriendo.
Luego de ayudarme, comenzó a ponerse los pantalones, no sin antes poner el pie evitando que las puertas del ascensor se cerraran. Nuestras miradas no se desconectaron un momento a menos cuando necesitamos inclinarnos. Me puse solo la falda y la chaqueta, no quería la ropa interior. Cuando estuvimos vestidos él me tomó de la mano y me acompañó hasta mi puerta, me dio un casto beso en los labios antes de ir frente a la suya. Antes de cerrar la puerta lo oí llamarme. "¡Vecina! Esto no se ha terminado" —me dijo y me guiñó un ojo. "Esto apenas empieza" —dijo para luego cerrar la puerta.
Pasiones Prohibidas ®

Excelente, me trae ricos recuerdos, fabulosa
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