"Ya
está terminada mi amado Hasan —se escucha con emoción de los labios de
Perséfone. Por días había estado cociendo una máscara del Dr. de la peste para
su hombre; él la abrazó y la besó como muestra de agradecimiento. "Quiero
que la uses" —le pidió ella. Él le dijo: "Añade una punta filosa en
el pico". Maliciosamente ella suspiró porque entendió que ese gusto por la
sangre había vuelto a su hombre. Después de ese pequeño detalle Hasan se colocó
la máscara que su adorada diosa le había regalado, se veía imponente,
intimidante y hasta un poco terrorífico; rió de manera macabra lo que causó en
la entrepierna de su mujer un fuerte hormigueo que la hizo empaparse por
completo. Hasan ordenó: "Ven hermosa zorrita". Ella mordió sus labios
y caminó de manera sigilosa hasta él; hace un gesto que ella entiende y se
coloca de rodillas ante su señor. "Quiero que bailes para mí"
—ordena. Ella asiente y de la playlist en su celular Hasan hace sonar la
música.
Perséfone
se contonea de manera sensual, se ve la seducción en sus ojos, mientras que las
facciones en el rostro de Hasan son ocultadas por la máscara; a ella eso la
excitaba ya que no podía percibir que había en los ojos de su Amo pero sabía en
su interior que disfrutaba de la forma en que ella lo seducía con su sensual
baile. Sentía que estaba en un palacio árabe como odalisca seduciendo a un
adinerado sultán pero él es más que eso, es quien hace que su vida gire en torno
a él, ya que por alguna razón estando presente o no su corazón está a su lado y
siente calma cuando él la llama Hada Perversa.
Completamente
seducido por su bella odalisca Hasan comienza a recorrer suavemente con la
punta de sus dedos la piel de Perséfone, podía sentir como al tacto sutil se
erizaba. De pronto y sin mediar aviso su mano invade la entrepierna de su amada
y comprueba cómo sus bragas estaban pegadas a su sexo por la humedad; para él
es un deleite saber que su perversa mujer se moja solo al tacto, presume del
poder que su Hada Perversa le entrega y la hace desearla tanto como la primera
vez. Sin permiso mete sus dedos en aquella húmeda cavidad para hurgar en ella y
penetrarla de manera hábil. Los gemidos de ella de dejaban escuchar por toda la
casa, la pasión se había encendido y la lujuria desató los más escabrosos
deseos en ambos. Para Hasan era un deleite sentir como los fluidos tibios de su
amada Perséfone escurrían por su mano mientras ella se ahogaba en gemidos que
la hacían perder la cordura en cada respiración. Perséfone separa más sus
piernas para que Hasan pudiera meter más profundo sus dedos, se aferra a los
hombros de su amado, con miradas y gemidos lascivos se entrega a un intenso y
palpitante orgasmo que sus piernas temblar, mientras esa risa diabólica de
Hasan se hace escuchar, es una risa de triunfo mezclada con lujuria y
perversión que da la sensación de que el mismo demonio se riera en las puertas
del infierno.
La
toma del pelo y bajan las escaleras, el oscuro sótano es iluminado por tenues
luces que se encienden y muestran un paisaje que para quien no entienden lo que
ellos son puede resultar chocante a la vista; instrumentos que antaño eran
usados para flagelar y torturar, pero está vez tendrán un uso para el placer y
la lujuria descarnada. Hasan la desnuda con completa calma y la acomoda en una
cruz con forma de X colocando grilletes en sus muñecas y tobillos. Perséfone
sabía que él tramaba algo intenso y solo se deja llevar ya que sabe que a su
lado todo estará bien. Hasan toma un pañuelo de seda negro y lo coloca en los
ojos de amada diosa, le recuerda que puede decir "la palabra de
seguridad" cuando ella estime conveniente y él se detendrá de inmediato.
El
cuerpo de Perséfone tiembla no de miedo sino por la excitación, ese hombre sabe
cómo tocarla, sabe cómo llevarla por ese camino oscuro y perverso que la
conduce al placer haciendo que sus límites pasen a un segundo plano y en donde
solo por amor se entrega por completo a esos escabrosos deseos. Hasan se coloca
unos guantes de cuero negros, disfruta viendo a su amada vulnerable y dispuesta
a todo por complacerlo. Música suave suena y él lanza una nalgada que hace
estremecer por completo a Perséfone, un gemido de dolor y placer se desprende
de sus labios, seguido de un: "Gracias mi Señor". Él ordena que
cuente en voz alta cada vez que sus manos se amolden a sus nalgas y suenen por
el fuerte impacto. Uno a uno ella los cuenta entre gemidos y alaridos, su piel
arde pero disfruta de la manera en que su hombre la lleva a la siguiente etapa.
Él se
acerca y recorre su espalda con el pico de la máscara, el objeto filoso le
desgarra la piel de la misma manera que lo hace una hoja de afeitar e hilos de
sangre se deslizan mezclándose con el sudor de ese cuerpo flagelado, el líquido
vital lo excita, siempre ha sido una de sus prácticas favoritas. Se quita la
máscara y recorre con su lengua la sangrante espalda de su mujer, bebiendo cada
gota de sangre que brota; para él es el
máximo placer, incluso más que el licor al que solo los dioses tienen derecho.
Toma el cabello de su adorada mujer y besa sus labios, ella siente sabor
cobrizo de su líquido vital y se embriaga de placer. Las pulsaciones de ambos
estaban aceleradas, parecían poseídos por el éxtasis de sentirse tan
compenetrados que el tiempo se detuvo para ellos.
Él
quitó los grilletes, la volteó y besó en los labios, la llevó a un cepo
quedando expuesta e inmovilizada; la tortura no había terminado. Tomó un
flogger que él había confeccionado con cadenas, el metal frío se desliza por
los glúteos de Perséfone. De manera lenta giraba su muñeca y las cadenas
golpean de manera suave y armoniosa en esos deliciosos glúteos. De a poco la
intensidad aumenta y se sentía que esas cadenas quemaban mientras azotaban y
desgarraban algo de piel en cada arremetida. Perséfone sentía como lágrimas
salían de sus ojos, disfrutaba de manera intensa de ese perverso dolor que
estaba recibiendo. El color morado que tomaban los hacía ver alucinantes, con
esas pintas de sangre que se esparcían le daba a la escena un matiz de
perversión absoluta. "¿Quieres que me detenga?" —pregunta Hasan. Ella
responde: "¡Por favor Amo siga!". Era la súplica de un alma sumisa
que estaba en las manos de aquel verdugo.
Ya
casi sin fuerzas, las piernas de aquella hermosa diosa se doblaban, señal para
el inquisidor de detenerse. Su sed de sadismo había sido saciada pero la
lujuria no había encontrado su punto culmine. Bajó el cierre de su pantalón y
sacó su miembro erecto, lo acomodó en la entrada del apretado agujero de Perséfone,
con fuerza embistió, ella suelta un agónico alarido mientras él embestía de
manera brutal aferrado a esas turgentes caderas. Se había transformado en una
bestia sedienta de sexo, era un demonio que abusaba de una diosa desvalida.
Ella no podía contenerse ante la magnitud de las estocadas de la que era
víctima; gemidos, tras gemidos ese pequeño agujero de dilataba y se amoldaba
con mayor facilidad a la verga destrozaba sus entrañas.
Él
bramaba como un toro en celo, estaba decidido a dejarla sin fuerzas; estaba
decidido a arrebatarle la vida en un intenso orgasmo y disfrutar viendo cómo
sucumbía por completo a ese prohibido placer que solo algunos tienen el
privilegio de experimentar. De igual manera él no puede contenerse y comienza a
gemir, para Perséfone es tan excitante oírlo que intenta seguir el ritmo con
las locas fuerzas que le quedan. Extasiados y envueltos en sudor, sucumben al
placer, para ella sentir como su dios del sexo se vacía en su interior es la
prueba sublime de que ha sabido satisfacer esos oscuros deseos, siente que sus
entrañan se queman por los fluidos vertidos pero disfruta cuando el apetecible
miembro de Hasan palpita dejando caer hasta la última gota de su espeso semen.
Él está quieto disfrutando del momento pero no deja de gemir hasta que aquella
dureza disminuye y el dilatado ano de su amada lo libera.
Faja
su camisa y acomoda su pantalón, procede a liberar a su amada del cepo. Con
delicadeza la toma en sus brazos y la lleva hasta la cama. Con amor intenta
curar las heridas que la sesión dejó, haciéndole saber que él siempre estará
para protegerla; qué no importa cuántos sean los demonios que se liberen
siempre tendrá al hombre, siempre tendrá a ese ser que no es solo el Dominante
sino también es el amante que suple la necesidad de afecto, la necesidad de
atención que toda mujer que entrega su vida merece recibir.
Pasiones Prohibidas
®

Recuerdo bien la historia de este relato
ResponderEliminarPensé que lo habia comentado antes
Muy bonita y apasionada historia