066. Mi sirvienta, mi hembra y mi dueña 3


Igual volví a despertar solo a eso de las 5.30 PM, aún seguía cansado. El lado de la cama donde dormía ella, estaba frío así que mi mamá ya debía haber llegado a casa. Oí su voz, venía de abajo, decidí vestirme aunque ya me había acostumbrado a ir al natural. Me puse los boxers y una polera de la escuela, pues ese día tenía educación física y bajé a saludar a mi mamá. “¡Qué sorpresa!” (Pero era obvio) ver a Carolina vestida con su uniforme habitual, sin pena ni gloria y con el cabello recogido; Después me contaría que se despertó muy poco antes de que llegara mamá y guardó los barnices de uñas, la secadora y el collar de perlas. Bajó y juntó la ropa que yo había aventado, se vistió y a la bata solo le dio tiempo de arrojarla a la ropa sucia junto con las medias; En eso llegó mamá y como de costumbre le gritó tanto que casi la despide de la rabia, faltaba poco por hacer de las labores de la casa pero era suficiente para regañarla. Ella estaba llorando y por dentro seguro llena de rencor.

“¿Porque no obligaste a trabajar a esta criada holgazana?” –me dijo. “No es mi problema si trabaja o no, tú la contrataste” –contesté haciéndome el enojado. Siguió discutiendo conmigo, pero a la primera oportunidad cambié el tema a su collar de perlas, le dije que había visto uno igual en la calle; a lo que respondió que lo tenía guardado y solo lo usaba en ocasiones especiales. Carolina sonrió muy coquetamente a sus espaldas. El resto del día transcurrió sin novedades, además todavía estábamos cansados. Al otro día no fui a clases tampoco, me pasé la mitad de la mañana en casa de un amigo que también solía faltar a clases con regularidad, tomamos unas cervezas y se sorprendió que yo tomara, no le di importancia y platicamos de nuestras mujeres, no le conté muchos detalles ni le dije que era mi sirvienta, pero quería saber que tan bien andaba él y su novia en cuestión sexual, pues era como una competencia sutil que siempre había existido entre nosotros.

Regresé a casa a media mañana, inmediatamente ella me recibió con un beso muy cachondo, me quitó la ropa, para cuando acabó ya tenía el miembro bien tieso, pero no dejó que la desnudara sino que me ató otra vez su media al cuello apretándomela fuertemente. Me jaló con suavidad, pude ver que tenía puesta una media, pero la otra pierna estaba descubierta. Evitó con suavidad todo intento mío por empezar a jugar, en vez de eso me dijo: “Lo siento torito, ya jugamos mucho y hay mucho trabajo por hacer, porque no me va a volver a regañar la bruja de tu madre”. Enseguida me llevó a la habitación de mi hermano y me puso a aspirarla mientras ella oía música en mi celular; luego me bajó a lavar ropa todo el resto del día. Como premio me dejó besar sus pies y me chupó la verga pero paró cuando vio que empezaba a dar muestras de verdadero placer, dejándome a medias. Me mandó a vestirme y como de costumbre llegó mamá que esta vez no la regañó pero tampoco la felicitó.

Así pasó ese día, se atravesó el fin de semana, días en que ella se iba a su pueblo a ver a sus padres y yo no pude hacer nada, más que subir a su cuartito y masturbarme con la tanga que se había quitado. El domingo avisó que no vendría sino hasta el miércoles, pues su papá estaba muy enfermo. ¡Maldita sea! una semana sin cogérmela, ya me desquitaría. El lunes me digne a ir a la escuela donde por faltas ya me había metido en varios problemas y podría reprobar alguna materia, falsifiqué un justificante y me dediqué esa semana a ver si podía rescatar lo perdido. Obtuve buenos resultados en la escuela, pero el miércoles avisó que llegaría hasta el próximo lunes, pero mamá le dijo que si no venía el viernes, mejor que ni regresara; Temí que ya no volviera pero aceptó. Era prácticamente el final del año escolar, al siguiente iría a la universidad, así que hice también examen de admisión en una de las más prestigiosas de la ciudad, con mis notas (que hasta hace poco eran impecables) y mi promedio de calificaciones me aseguraron un lugar dentro de la universidad, además tuve toda la semana para estudiar, el examen fue el viernes y ese mismo día más tarde me dieron la noticia de que me aceptaban; planeaba regresar y celebrar cogiéndome a Carolina, pero me sorprendí al no encontrarla, mecánicamente me tome una cerveza y con coraje me masturbe con fuerza con su tanga.

En la noche me dijo mi hermano que papá le había dado permiso de última hora de venir hasta el lunes, pues no sabía lo que le había dicho a ella mamá. ¡Que decepción! entonces fui a casa de mi amigo que estaba con su novia, ahí bebimos cervezas de más, él en un momento fue a su cuarto y se quedó dormido sobre la cama, yo lo vi al volver del baño. Cuando llegué a la sala estaba ella recostada en un sillón, no me importó, fui y la besé en los labios y le pasé la mano por sus tetas, después de un rato así ella reaccionó sorprendida, pues estaba borracha. “Tú no eras así” –me dijo, y ¿continuó: “Tú eras muy caballeroso y nunca tomabas. ¿Qué te pasó?”. “La gente cambia” –le contesté y seguí, ella no se hizo de rogar, se quitó su top y el sostén, yo se las mamaba sin importarme que fuera la novia de mi amigo. No dejó que le quitara el pantalón. “No voy a dejar que me cojas, porque soy novia de tu amigo, pero no te voy a dejar con las ganas” –me dijo. Me bajó el cierre y me la empezó a chupar, no era lo mismo, no me sentía ni la mitad de bien como con Carolina. Primero me enojó que se rehusara y pensé en golpearla, pero ella no era como mí puta y las cosas se podían poner feas. Además, era la novia de mi amigo, era su casa y lo peor era que ella casi no me excitaba. No eyaculé, cuando acabó regresé a casa, extrañando a Carolina.

El lunes en la mañana antes de ir a la escuela me masturbé con una media que había encontrado hace poco en su cuartito. Me salí de clases y llegué a media mañana a casa, la encontré en la cocina, la besé con pasión, pero después ella me frenó diciendo que le dolía mucho la cabeza, que había tenido un lago viaje y un disgusto con mi mamá. Le dije que la entendía, le pregunté por su padre y como le había ido, me puso a lavar los platos para ayudarla mientras ella desayunaba. Me contó lo mal que estaba su papá y terminó por confesarme con sus palabras que odiaba a mi mamá, por la poca consideración hacia ella y su situación, además le había descontado los días que no trabajó y que si volvió fue por mí. También me dijo que la enfurecía que había encontrado su bata de seda de noche en la recamara de mis papás, seguro se la había quedado para sí mi mamá, odiaba que no respetara sus cosas y menos los regalos que le daba su "hombre". Esto me excitó y me apuré ayudarla, como de costumbre me ató la media, pero no me desnudó y al final se negó a chupármela diciendo que me estaba malacostumbrando, en lugar de eso me dio un cálido abrazo y un húmedo beso de hembra agradecida. El resto de la semana fue igual de lacónico y sin sexo, pero ahora ambos trabajábamos, creo que de verdad tenía que mamá la fuera a correr. El primer día la entendí, pero conforme pasaban los días me excitaba cada vez más y me costaba más frenarme, pues ya no me masturbaba.

El jueves en la mañana tomé una decisión, el viernes la iba a poseer a toda costa, así tuviera que violarla, pero el jueves en la tarde antes de que alguien llegara a la casa me dijo: “Te has portado bien torito, no solo eres un semental sino una buena bestia de trabajo, dispuesta a ayudar a su yegua, te voy a recompensar”. “¿Como?” –le dije. “Estoy muy contenta y con ganas de amarte, ¿sabes?, ayer habló mi hermana desde mi pueblo y me dijo que papá está mucho mejor, que no es necesario que vaya este fin de semana. Por otro lado tu madre me dio permiso de irme el fin de semana por intercesión de tu padre y por tener listo todo el trabajo a tiempo gracias a ti” –dijo. “¿Entonces?” –pregunté con ansias. Ella sonrió maliciosamente y dijo: “¿Entonces no te han dicho nada todavía tus papás?” –preguntó con ojos picaros. “No que yo sepa” -respondí muy interesado. “Pues bien, ellos planean salir el fin de semana a visitar a tus parientes de provincia, tu puedes quedarte y no vamos a parar de follar” –me dijo la muy caliente. Los ojos me brillaron, era genial, mejor de lo que esperaba y modificaba mis planes, pero enseguida una idea me asaltó la mente. “No es tan fácil, mi mamá nunca me va a dejar quedarme contigo solos el fin de semana” –le dije y ella se consternó. “¡Un momento! Y ¿si fingieras que te vas? –le dije. “¿Cómo hacer eso?” –preguntó ella.

Todo estaba planeado hasta el mínimo detalle, lo planeé muy bien el resto de la tarde y en la noche. Ella solo tendría que seguir mis instrucciones con exactitud y ambos estaríamos encamados ese mismo viernes. Resulta que cuando mis papás salen de viaje cambian su rutina y esa sería mi arma en contra de ellos. Ese mismo jueves en la noche me dijeron del viaje; yo me fingí muy interesado y triste de no poder ir pues tenía un supuesto examen el lunes. De inmediato mamá le preguntó a Carolina si pensaba irse a su pueblo, ella le contestó que sí, entonces mi mamá no puso objeción, pues para ella primero estaba la escuela (no sabía que para mí ya no), pero le pidió a Carolina que cuando regresara le enseñara los boletos del bus; ella dijo que sí con cierto nerviosismo, pero creo que solo yo lo noté. El odioso de mi hermano también quería quedarse pero a él no lo dejaron para mi suerte. El resto de la noche seguí elaborando mi plan maestro, caro no sabía nada a excepción de que tenía que obedecer sin equivocarse pues mi mamá era astuta y a la menor falla se podría venir abajo nuestro plan.

06:30 AM
Me desperté normalmente y tuve que ir a la escuela, lo cual aproveché para tratar de ponerme al día en las materias que se pasaron. Llevaba listo el celular, pues como mis papás no tenían hora fija de salir a carretera, ni habían ido a trabajar, tenía que estar en casa antes de que ellos se fueran. Carolina debía avisarme si de iban antes.

14:16 PM
Llegué a mi hora, Carolina no había llamado, así que debían estar en casa aún. En efecto allí estaban y mi preciosa zorrita tenía su maleta hecha y estaba lista para irse; tenía un vestido muy corriente color café y unas sandalias de mal gusto, creo que solo yo sabía que detrás de esos harapos se encontraba una hembra hermosa. Mi mamá estaba molesta con ella porque aún no se marchaba, Carolina ya no sabía qué hacer para ganar tiempo en lo que yo llegaba. Al llegar debía, según el plan, llevarla a la estación y regresar; mamá no tenía por qué sospechar una traición a sus planes, pues a la vista de todos Carolina y yo apenas nos dirigíamos la palabra. Tomé un vaso de agua, les dije a mis papás que me disculparan con mis primos y los saludaran de mi parte. En eso tímidamente dijo Carolina: “Ya me voy señora”. “Ya te habías tardado empleada inútil” –le respondió. En eso me dijo mi papá: “Hijo, deberías llevar a Carolina a la estación, lleva mucho equipaje”. Hice un gesto de fastidio y mi mamá le dijo: “No lo obligues si no quiere, además si lleva mucho equipaje está condenada es por esas cajas con ropa vieja que les lleva a sus primas, si quiere que las cargue ella misma”. “Pero mujer, como crees que ella va a cargar todo eso sola, ni modo que aborde un taxi con lo poco que le pagas y los días que le descuentas” –le dijo mi papá. “Ella gana más de lo que se merece, pues ya le regalé esa ropa vieja, pero si quieres llevarla hijo es tu problema” –dijo mamá. “Llévala” –dijo mi papá con autoridad. ¡Si! eso era exactamente lo que quería, hice un gesto de resignación y le dije a mi papá: “Pero tú pagas el lavado de tapicería que va a ocasionar que suba esas cajas sucias a mi auto”. No me respondió, subí las cajas y su maleta a la cajuela de mi auto, la cerré; Ella se subió y partimos a la estación de buses. En eso cuando nos habíamos alejado unas calles soltamos una sonora carcajada, el plan salía a la perfección. “Me espanté, creí que te habías arrepentido” –me dijo con algo de desconcierto. “¿Cómo crees que iba a dejar ir a mi hermosa yegua? hoy te voy a montar mi amor” –le dije. La besé con esa calentura que solo ella me provoca. Entonces le expliqué lo que seguía de acuerdo al plan. La estación de autobuses estaba cerca, nos bajamos del auto, ella con su maleta; Fuimos hasta la taquilla y compró un boleto de ida con dinero que le había dado; Salía en 45 minutos el autobús. Ahora comenzaba la parte contrarreloj del plan. Nos despedimos apenas sin cruzar palabra y yo me fui por un camino, ella se quedó; rápidamente regresé al auto, a los 15 minutos llegó ella. Rápidamente salimos del estacionamiento y nos dirigimos hacia un centro comercial cercano. El truco en la estación era para obtener un comprobante de viaje y para evitar que nos vieran actuando de forma rara otras sirvientas de la colonia que la conocen y toman el bus a esas horas, además de evitar chismes que seguro llegarían a oídos de mi mamá. Llegamos al centro comercial, me metí en el estacionamiento subterráneo y ella iba agachada en el asiento, pues como ya lo había previsto estaban regados aquí y allá conocidos de mis padres. El rincón del estacionamiento estaba despoblado y ahí me estacioné detrás de un pilar, la besé con lujuria, y me abalancé sobre ella, quería poseerla allí mismo pero se apartó y me dijo: “Espera torito, apégate a tu plan y esta noche no te bastará solo una follada”. Me besó y se bajó con su maleta y desapareció tras el pilar. Yo tomé las cajas de cartón que en realidad estaban vacías y las eché en un contenedor de basura que había allí, después subí al área de tiendas donde compré unos discos con música suave, bajé a mi auto y me dirigí a casa.

15:15 PM
Llegué a casa 37 minutos después, mi mamá me preguntó por qué la tardanza y le enseñé los Cd´s. No dijo nada más. Estuvieron en casa hasta después de las cuatro.

16:22 PM
Partieron y enseguida se puso dura mi verga, estuve a punto de salir corriendo por mi "mujer" pero debía esperar media hora, casi había triunfado. Sí, en efecto, no tuve que esperar tanto porque a los 15 minutos regresaron ya que mi mamá había olvidado una de sus tarjetas de crédito. Siempre volvían por cosas olvidadas. ¡Al fin había triunfado! Era la señal de que ya no los volvería a ver hasta el domingo muy noche o lunes en la madrugada, si tenía mala suerte.

16:50 PM
Me cambié de ropa, me puse unos calzoncillos negros, una camisa de manga larga y unos jeans también negros, con zapatos de cuero negro; Ya tenía la ropa interior húmeda. Salí casi jadeante de la casa y me dirigí a un supermercado un poco alejado de casa, en donde vi parada en la entrada esperando por su macho a mi yegua. Estaba preciosa, se había puesto la falda negra larga hasta las rodillas con abertura hasta el muslo, llevaba las botas de cuero negro, las medias negras de seda, la blusa negra de licra toda ajustada al cuerpo y resaltando sus exquisitos melones, se había pintado los labios de rojo, se había puesto rímel y sombras con maquillaje que le había robado a mi mamá; estaba desgreñada y su largo cabello negro azabache le caía por un hombro. Además llevaba puesto el collar de perlas de mamá y una pulsera de oro de ella también. Todos los hombres la volteaban a ver, era una irresistible gata montesa para ser cogida, una morenaza ardiente y lo mejor, era mía. Le toqué la bocina y abrí la puerta, ella subió aprisa y estacioné el auto en un lugar vacío, ahí la besé con furia lujuriosa y ya me iba sobre sus tetas, pero se volvió a apartar. “¿No dijiste que tenías un plan torito?” –me dijo riéndose al ver mi ansiedad. “Así es mi yegua” –le dije jadeando. “Entonces no lo eches a perder. ¿No luzco atractiva?” –me preguntó. “Hermosísima” –respondí. “¿Y bien? ¿Qué tal tus padres? –preguntó. “Triunfamos mi amor, ya no serán problema” –respondí. “Me alegro” –dijo al tiempo que retocaba su maquillaje en el espejo del auto. Yo me preguntaba para mis adentros: “¿Quién la había enseñado a pintarse tan bien?”.

Bajamos del auto y la tomé por la cintura, entonces fuimos directo al supermercado; una vez adentro se zafó de mi abrazo e hizo que la tomara por el brazo. “Así caminan los esposos amor mío” –me dijo. Me sentía eufórico, la besé en la boca y fuimos por lo que habíamos ido después de tomar un carrito de compras. Llegamos al departamento de licores donde ella seleccionó un vodka y yo un vino, entonces tomó por tres las botellas, en total 6 botellas de vodka y 6 de vino tinto añejo de buena calidad. “Amor hay que empezar a cuidarnos. Vamos por los condones” –le dije. “Ya los compré, están en mi maleta” –dijo ella. “Mejor vamos donde están las frutas” –dijo. Una vez allí compró unas fresas, unos duraznos y unas naranjas. De regreso ella quiso pasar por unas pasitas, mucho chocolate para derretir y demás monerías, yo solo me obstiné en comprar unas gaseosas y unas bolsas hielos. Como era de esperar pagué con la tarjeta adicional que me habían dado mis padres; El cajero solo miraba como idiota a Carolina, realmente estaba preciosa esa noche y nadie hubiera imaginado que era en verdad una sirvienta, pues más parecía una acaudalada mujer a la moda. Pero y qué sucedió con ella mientras yo volví a casa, de camino a nuestro destino me dio los detalles: Pues según el plan ella iría a unos baños que estaba en la entrada del centro comercial por el estacionamiento, por lo general están casi vacíos, ahí se cambiaría de ropa y se arreglaría, luego se pondría un sombrero de mi mamá para que le costara más trabajo reconocerla si se topaba con algún vecino y tomaría un taxi con dinero que yo le había dado para venir hasta este supermercado  donde me esperaría “Aparte del sombrero me puse algo más” –me dijo. Me acercó su muñeca, también se había puesto el perfume de mamá. No pude evitar besarla.

19:30 PM
Llegamos a un restaurante lujoso de comida italiana al que alguna vez había ido y me encantó. Ya había reservado una mesa para dos al fondo. Estaba lejos, era íntimo y discreto, pues la luz era suave y nuestra mesa la iluminaba una vela. El garzón nos llevó a la mesa, ella estaba muy emocionada pues no había estado antes en un lugar así; Se sentó enfrente de mí. “Nada es suficiente para mi mujer” –le dije. El mesero nos trajo la carta, ordené spaghetti para los dos y una botella de vino. Platicamos de lo bien que había salido el plan y la suerte que teníamos de estar solos un fin de semana. Entonces trajeron los platos y sirvieron el vino; Comenzamos a comer, tuve que enseñarle como se usaba en ese caso el tenedor pues era obvio que no sabía. Se sonrojó y con tono machista le dije: “Tú solo preocúpate por tener hijos yegüita”. Ella se sonrió en un tono alto y vio que llamó la atención de los que estaban cerca, mejor se calló, le dije que no se sintiera mal y comenzamos a comer, ella un poco torpe al principio pero iba ganando práctica.

En eso a mitad de la comida sin que yo me lo esperara, sentí un bulto caliente en mi entrepierna que me apretaba el miembro, miré sorprendido y era su hermoso pie enfundado en una media negra de seda salir por debajo del mantel, jugueteaba con mi bulto, el cual estaba ya durísimo, por suerte la luz era tenue, estábamos al fondo y no se veía nada. La vi y me sonrió, me dijo que era un gusanito que buscaba su hogar, a lo que contesté abriendo las piernas y dejando que me palpara el bulto con su pie. Estuvo jugando un rato, hasta que con disimulo bajé mi mano, tomé su cálido pie por las costuras de su media y lo acaricié, no podía soltarlo, casi podría decir que me estaba hipnotizando. Ya no pude más y con discreción tomé mi copa de vino y vertí un poco de este sobre sus dedos, suficiente como para empapar su pie que ahora me estaba mojando los pantalones. “Si me amas ¡Demuéstralo! –me dijo con autoridad. “¡Bésame los pies! –dijo. Era como una orden, pero ni hablar, fingí que se me caía algo y me doblé como pude y lamí con toda mi lengua la planta de su pie y chupé sus dedos por sobre la seda de sus medias, sentí como una descarga eléctrica. Me incorporé y me miró divertida pero me dijo: “¿No me has oído perrito tonto?, te dije que me besaras los pies”. Eso me extrañó mucho y le objeté: “¿Los dos?”. “¿Estás sordo o no me amas? Sí, los dos; aquí y ahora o no me vas a poder seguir follando –fue su enérgica respuesta. Después de un instante fingí que se me caía otra cosa, pero ahora debajo de la mesa y con la mayor discreción me incliné hacia debajo de esta, por suerte me cubría el mantel; pero su otra pierna todavía tenía la bota puesta, me costó mucho pero se la quité, en eso subió sobre mi lomo su otra pierna. Ya me había ganado la excitación y besé, lamí a mi antojo después de haberlo mojado con vino, entonces ella vació más vino, los apoyó en mi cara y me ordenó: “Bébelo todo, quiero que los seques con tu lengua”. Lamía como desesperado, en eso me pateó y me dijo; “Súbete ya”.

Me incorporé y traté de seguir comiendo, lo que más quería era bajar y seguir besando sus celestiales pies. Al cabo de un rato me dijo: “Mira perrito, te quiero pero si crees que quién no está a la altura soy yo por ser una sirvienta te equivocas, eres tú y solo por eso no puedes usar más los cubiertos”. Eso no me lo esperaba. “¿Cómo voy a comer?” –le pregunté. Tomó una albóndiga con el tenedor, la bajó de su lado y me dijo. “Baja” –me dijo. Inmediatamente y sin buscar pretextos bajé, ya nada me importaba. Se había puesto la pequeña albóndiga de modo que la sostenía con los dedos de sus pies, yo comí gustoso, era lo más rico que había probado en el mundo. Así me fue dando aceitunas y hasta el spaghetti en rollitos, yo comía extasiado. Después me hizo sentarme y me dijo: “Has sido un buen perro y como premio te vas a correr ahora por primera vez en la noche”. Acto seguido subió ambos pies los puso sobre mi bulto y empezó un masaje bestial de arriba abajo, en círculos, apretaba y aflojaba. Yo no podía disimular mi inminente orgasmo, solo me recosté sobre la silla y acariciaba sus pantorrillas por debajo del mantel, hasta que acabé; solo emití un gemido seco mientras sentía un cosquilleo como si ella metiera sus pies hasta mis entrañas. Cuando me recuperé me oí a mi mismo decirle elocuentemente: “¡Gracias mi amor! Gracias por haberme masturbado”. Habíamos acabado, tanto de comer como al menos yo de gozar, por el momento. Fui rápidamente al baño y traté de disimular lo más posible la mancha de semen que ella me había dejado. Como no había mucha iluminación y mi ropa era negra no se notaba mucho, sin embargo los meseros si notaron lo que hicimos pues me veían indignados y sorprendidos. Pagué la cuenta y al salir el Metre me dijo: “Señor esto no es un hotel, por favor no regrese”. No le contesté y ya de camino al auto vi que ella iba descalza, ni se molestó en volverse a poner las botas, las cuáles llevaba en la mano. Se iba riendo, después de todo era una pueblerina con poca educación. Conduje rápido a la casa, llegamos en menos de una hora, metí el auto en el garaje y cuando lo cerré ella ya se había bajado del auto. Ella dijo: “Mi Amor, por fin en nuestro ido de amor, te amo tanto, esta noche…”. ¡Zas! Le solté una tremenda bofetada que la lanzó sobre el cofre del carro, tanto que me ardía bastante la mano. “¡Esta noche puta pueblerina mal parida, se te van a quitar los aires de grandeza que has agarrado conmigo!” –le dije enojado.

23:50 PM
Sin darle tiempo a reaccionar la tomé por los pelos y la jalé hacia adentro de la casa casi arrastrándola. Ella se asustó y comenzó a gritar. “¡No voy a permitir que me humilles delante de otros!” –le dije; como iba agachada le solté una tremenda nalgada y ella seguía chillando, decía que la perdonara, que la dejara en paz o ya vería. Realmente no sabía que decir. No me molesté en prender las luces pues la noche era clara y la luz se colaba por las cortinas. La boté en una esquina de la sala con fuerza ahí quedó atontada y llorando para que no le hiciera nada. Regresé rápido a la cocina y encontré un lazo para atar cajas, lo traje y ella ya se estaba escapando, pero alcancé a tomarla de la cintura, la hice girar y la boté sobre un sillón. Volvió a gritar que la ayudaran y le di otra bofetada para que se callara, cosa que obedeció y solo lloraba, de un tirón la llevé hacia la esquina donde la había dejado, pues ahí en ese muro había una especie de argolla que estaba fija en la pared, no sé con qué propósito la habían dejado allí, pero ahora me iba a servir, le até los brazos con el lazo y este al arillo de metal que estaba más o menos a la altura de su cintura, me aseguré que no se zafara, me desnudé por completo y le susurré al oído: “Sabes usar muy bien los pies pero creo que las manos no te sirven de nada por eso te las até”. Ella solo pedía perdón y decía que me amaba. “Yo también y por eso te voy a castigar, porque te amo” –le dije. Entonces tomé aire y le di una nalgada con todas mis fuerzas, ella se quejó, luego otra y otra, alternaba ambos brazos, ella solo se mecía hacia la pared. Cuando me cansé fui así desnudo al garaje (Que no tenía techo y podía ser visto), tomé las bolsas del supermercado, puse los hielos en la nevera, llevé hasta donde estaba ella dos botellas de vodka, abrí una y tomé un trago tan grande como me pude, lo saboreé, di otro gran trago y se lo escupí en la cara, luego le di de tomar un trago hasta que casi se atraganta. La veía muy bien con la luz que entraba y le dije ya fuera de mí. “Vas a ser mía” –le dije. Así que comencé a subirle su falda larga hasta su adolorido culo ahí vi su sensual y semi transparente tanguita negra, le di un tirón y oí como se rompía, esperaba que se rasgara; le di una nalgada y otra, esta vez no me equivoqué empezó a gemir. Volví a tomar la tanga por el lado donde se unen la parte trasera y delantera y la jalé con todas mis fuerzas. Esta vez se desgarró con un agradable sonido. Me limpié mi pene húmedo con ella, la empapé con vodka y se la metí en la boca. Comencé a acariciar con delicadeza contrastante su delicioso culito, lo bañé con más vodka y comencé a lamerlo con devoción y gratitud repentina, ella gemía ahogadamente; Separé sus nalgas y me fui sobre su ano, metía cada vez más la lengua en su hoyito. Estaba caliente, apretado y olía a mil diablos. Entonces fui por un durazno, le arranqué un pedazo, lo mastiqué lo saqué, lo sujeté entre mi índice y pulgar y empecé a introducirlo lentamente en su ano, ella se sacudía violentamente y soltaba gemidos desesperados, me dificultaba meterlo más, la agarré de las caderas y le solté tres nalgadas seguidas. Ella se sacudía con violencia, le quité a tanga de la boca y comenzó a berrear.

Poseído por un deseo animal, así atada le di la vuelta, me abalancé sobre ella contra el muro al tiempo que la alzaba de las nalgas. Quedó levantada y prensada entre mi cuerpo y el muro. Desesperado buscaba atinar ensartar mi verga en su vagina, cuando la puse en posición mi pene rozaba sus labios vaginales, entonces arremetí en contra de ella aplastándola contra el muro. Ella soltó un grito animal, volví a arremeter con más fuerza, estaba empalándola vaginalmente con mi ariete al rojo vivo. “¡Ah! Desgárrame, rómpeme, hazme tuya maldito violador” –me decía. En cada embestida gemía más fuerte, su escándalo se debía oír en toda la casa. La tenía muy bien abrazada del torso y ella para seguir en el aire se aferraba con sus piernas enfundadas en esas medias negras a mis pantorrillas. Después de soltar un agónico gemido y quedar sin respirar. Creí que se moriría con ese último grito pero en realidad era un orgasmo tremendo, cuando sus jugos comenzaron a chorrear, así en vilo le di una suprema embestida y me oí gritar muy fuerte narcotizado de placer y mi pene reventó por la punta bombeando un potentísimo chorro de semen, comencé a temblar sin control y la apretaba hacia a mí.

No tenía fuerzas y como pude le saqué mi miembro y bajé con ella hasta ponerla en el piso, ahí nos quedamos un largo rato bañados en sudor y besándonos con ternura. Creo que estaba borracho o no sé, pero ya no podía permanecer en pie, así que tambaleándome llegué al sillón lo empujé al muro donde estaba ella que con dificultad se encaramó en él pues seguía amarrada y se tendió a lo largo, yo subí por un edredón y bajé para taparla. Me acosté más abajo que ella, le di vuelta y con mi lengua le saqué el trocito de durazno de su ano y me lo comí. Tomé la botella le di otro trago y bebió también, la regresé a su posición original, me cercioré de que estuviera cómoda y me hundí en su suculento valle vaginal, lamiendo, mordisqueando y saboreando tantos sabores exóticos hasta que me quedé dormido, entre sus piernas y bajo el edredón. Desperté con el rostro empapado por un líquido caliente, se acababa de orinar. Me incorporé y la vi, se estaba despertando. Ya era de día, la vi atada, con la falda levantada, igual que la blusa me daba ganas de cogerla, pero en lugar de eso me levanté y la besé en la boca. “Te amo” –fue lo primero que dijo, después sintió que se había orinado, supongo, porque puso una cara de angustia. Yo le sonreí y subí a prepararle una sorpresa. Cuando bajé estaba cantando una canción muy vieja, le quité las ataduras y la detuve acostada, le bajé la falda y la blusa; Junté fuerzas y la cargué como cuando el esposo recién casado carga a su esposa para llevarla a la alcoba nupcial.

Así la llevé hasta el cuarto de mis papás donde pasamos hasta el baño grande que hay dentro y para su sorpresa la deposité en el jacuzzi, cuya agua estaba tibia y burbujeante. Le quité la pulsera de oro y el collar de perlas no sin que me rezongara. Cerré la puerta y traje algunas de las fresas que compró ella ayer en el supermercado. Me metí con ella, nos abrazamos y besamos un largo rato. Le quité la blusa y la falda, entonces la empecé a tallar con una esponja llena de shampoo de esencias diversas. A ella le daban cosquillas, de cuando en cuando ella me daba a comer alguna fresa. Al terminar de limpiarla acaricié sus pezones largo rato. “¿Te gustan mis pezones, torito?” –preguntó. Como respuesta tomé aire y me sumergí en el agua y mi lengua buscó la suprema calidez de su vagina, la cual lamía como si fuera un rico helado, pero al poco tiempo me faltó el oxígeno y tuve que sacar mi cabeza para tomar aire.

“Me gustas tanto” –le dije. “Así quería tenerte, desnuda y mojada solo para mí” –le recalqué. “Así quería entregarme a ti, así quería ser poseída por ti” –me dijo completamente excitada. “¿Qué esperas? hazme tuya, quiero ser total y completamente tuya, solo para ti” –solicitó como una puta en celo. Ante esta invitación no podía rehusarme, mi pene ya estaba listo, así que le abrí las piernas, puse lo en la entrada y con él acaricié suavemente sus labios vaginales. Ella empezaba a gemir de lo caliente que estaba. “¡Métemela!” –gritó de repente. “¿Qué?, no te escuché” –le dije. “¡Métemela, clávamela hasta el fondo, rómpeme el útero si quieres pero ya cógeme!” –suplicaba. De inmediato sintió mi primera embestida, luego una tras otra, más y más rápido, fuerte. Sus gritos de placer retumbaban en el baño cerrado. Fue entonces que la tomé del cabello y sin darle tiempo la hundí de pronto en el agua junto conmigo y seguí embistiéndola con furia, y ella trataba de zafarse ahora pero el peso de mi cuerpo se lo impedía. Sentí como si me electrocutara con 10,000 voltios y poco después sus sacudidas por el orgasmo al sentir mi semen en su interior, de inmediato me hice a un lado para respirar y dejarla respirar. Estaba mucho muy agitada, creo que sí la estaba ahogando; pero no le di tiempo de decir nada porque ya estaba mi lengua en su boca y mis brazos rodeaban su espalda. Estuvimos otras dos horas acariciándonos en el jacuzzi y luego salimos, abrí la puerta del baño y ella se adelantó al clóset de la recámara a tomar la bata de noche que mamá le había quitado y tenía guardada. Se la puso y como aquel día se le embarró al cuerpo transparentándosele los pezones duros que tenía, parecían dos jugosas uvas. Salió de la recámara y regresó un poco después, había traído lencería que dejó escondida en mi recámara.

Nos tiramos sobre la cama y la volví a poseer ahí, yo encima de ella, literalmente el potro montaba a su yegua. No quise que se limpiara los fluidos que con gran abundancia salía de su vagina, ni dejé que se volviera a cerrar la bata, pues pasé creo más de dos horas chupando sus pezones. Después, nos metimos debajo de las sabanas de la cama de mis papás y prendimos la tele con el control remoto; Yo me recosté en la cabecera y ella se recargó sobre mi pecho, pensé con satisfacción que era mi mujer.

Así transcurrieron las horas del sábado hasta la noche, que fue cuando ya no aguantamos más el hambre y decidimos salir por algo de comer. Con pereza nos levantamos y ella se puso su conjunto de lencería gris: la tanga con encaje, las medias de seda, el liguero y el sostén con encaje; Todo a tono, iba por ropa pero la detuve, le dije que no porque la iba a lucir, yo me puse un pantalón que tenía a la mano y me puse una chamarra sin camisa, saqué también un abrigo grande de mamá y se lo puse a carolina, también le dije que trajera sus zapatos de charol. Salimos en el auto y la llevé a un restaurante express de comida china, compramos arroz y demás, cuando ya iba a pagar abrí el abrigo de mi sirvienta y el cajero pudo ver que no llevaba más que las medias, el liguero, la tanga y el sostén, por si fuera poco saqué de su tanga los billetes y de su sostén algunas monedas, el tipo ni siquiera contó el dinero, solo veía con deseo a Carolina. Nos fuimos y regresamos a casa; Subí a la habitación de mis papás la comida, una gaseosa de naranja, otro vodka y unos hielos. Apenas cerré la puerta ella hizo que le besara uno de sus pies y que subiera hasta sus muslos, tenía un olor a fresco muy rico. Ahí le desabroché la media del liguero y la bajé con tanto cuidado como si hubiera sido de cristal fino, al tiempo que besaba su tersa piel, finalmente besé su pie con admiración. Ella tomó la media y me vendó con ella los ojos, luego hizo que a ciegas le quitara la otra y con esa me ató las manos y me puso de pie con la pared a mis espaldas. Me dio a tomar mucho vodka y comenzó a darme de vueltas, al poco rato caí al piso completamente mareado. Entonces me puso de pie otra vez y apoyó mi torso contra la pared.

“Bien perrito, vamos a ver qué tan juguetón eres si no puedes ver ni mover tus manitas” –dijo. “¡Ladra!” –me gritó. No hice nada, pero de pronto sentí un dolor inmenso en mis testículos, y me doblé hasta caer de rodillas; Me había dado una buena mordida. “¡Ladra perro! Si no quieres que esta gata te castre a mordidas” –dijo. “¡Arrf, arrf, arrf!” –me sentí un tanto ridículo. “¡Bien hecho!” y me puso uno de sus pies en mi cara, desató mis manos y me puso la media de collar. “Ahora te voy a lleva a pasear por la habitación perrito” –me dijo. Caminé a cuatro patas. –“¡Ladra! –me dijo. “Arff, arrf!” –insisto me siento ridículo. Sentí un apretón fuerte en mis bolas. “Así no, como un perro grande” –me ordenó. –“¡Arrf!” “Con más fuerza” – gritaba. “Así está mejor” –me dijo mientras acariciaba mi cabello. Dimos unas vueltas más, me quitó la venda después de un rato y se volvió a poner esa media, la otra la dejó en mi cuello, fuimos a la cama y me dijo: “Escondí gran parte del arroz, si tienes hambre búscalo”. Como no escuché que se moviera a un lugar muy lejos supuse que la comida estaba cerca y sí en efecto al ver detenidamente su zona vaginal de esta salía un bultito, me paré, la aventé a la cama y le quité su tanga y ahí justo dentro de la vagina estaba escondido el arroz, el cuál comí con desesperación, luego encontré un poco más bajo sus tetas. Por mi parte yo le di de comer en su boquita hasta que se llenó.

Una vez así me dijo. “Cumple con tu misión torito semental”. No lo repitió, ya estaba encima de ella quitándole el sostén al mismo tiempo que comenzaba a penetrarla, ella gemía y me abrazaba, nos metimos debajo de las sabanas y ahí en la habitación de mis padres consumamos nuestro amor; Quedamos como siempre exhaustos y empapados en sudor. Antes de quedarnos dormidos me preguntó que si de verdad la amaba, le dije que con toda mi alma y me preguntó además si haría cualquier cosa por ella, le dije que estaba dispuesto a todo. Después ya no supe más, solo que dormí abrazándola.

A la mañana siguiente no la encontré, al despertar, de inmediato salté de la cama a buscarla pero no la encontré en toda la casa, no sabía que pensar. Llegó media hora después con un paquete voluminoso que no me quiso enseñar, diciendo que era para después. Llevaba una falda escocesa con medias negras y las botas, además llevaba una blusa de licra y el collar y la pulsera. La abracé y besé con lujuria animal, me correspondió, pero antes de cualquier cosa se apartó y me preguntó muy seria si era cierto lo que le había dicho anoche. Le dije que sí. Me tomó de la mano y me llevó aprisa a la habitación de mis papás, ahí se desnudó para mi deleite con mucha prisa, me metió al baño; El agua del jacuzzi ya estaba caliente supongo que la había preparado con anticipación. Nos metimos, ahí me besó y me dijo de nuevo: “Ayer te hice una pregunta cuando ya no estabas caliente, te pregunté si me amas de verdad o no y si harías lo que fuera por mí, ¿eso es verdad?”. “Sí mi amor, lo que sea, cueste lo que cueste” –le respondí. No parecía muy convencida. Dejó que la cubriera de besos, caricias y abrazos, pero cuando hacía intentos por poseerla no se dejaba, así me trajo hora y media, de hecho yo disfrutaba el placer de su voluptuoso cuerpo pero no podérmela coger. Se salió y me sacó del jacuzzi y se volvió a poner su sensual bata, no se la cerró pero esta le cubría solo una teta. Se acostó sobre la cama, y yo desnudo con la verga tiesa a un lado de ella. Solo miraba al techo y yo no podía dejar de verla, de pronto tomó con sus dos dedos una parte de sus flujos y me lo pasó por los labios; yo lo chupé con avidez, ya la iba a cabalgar pero se rodó en el colchón huyendo una vez más.

“Mira torito, yo estoy total y perdidamente enamorada de ti, haría lo que fuera por ti” –me dijo. “Yo también mi yegua” –respondí. “Entonces debo pedirte una prueba de amor, una muy grande” –dijo. “La que sea” –le dije sintiéndome muy macho pues mi miembro ya estaba que reventaba, lo que fuera con tal de cogérmela. “Tú dices siempre que soy tu mujer, tu hembra; Pero eso no puede ser verdad hasta que se cumpla el requisito indispensable” –dijo. “¿Cuál? Lo que sea con tal de que seas mía” –respondí. Me miró tiernamente, se sonrió y se metió otra vez los dedos a su vagina y me los ofreció empapados con sus flujos. “Cásate conmigo” –me dijo. “¿Qué?” –respondí, la pregunta me erizó hasta los pelos. ¿Casarme con ella? ¡Estaba loca! ¿Cómo se atrevía siquiera a pensarlo, yo necesitaba acabar la escuela, tenía un futuro por delante, pero por otro lado, serían años y años de estudio y esfuerzo y abstinencia o sexo frugal, no vería a otra mujer así hasta dentro de muchos años y ahora la tenía aquí delante de mí junto con todo el sexo que pudiera tener. Conocía a Carolina lo suficiente como para saber que si me negaba ella ya no se acostaría conmigo, fuera de que era sirvienta esa hembra era una obra de arte. ¿Abandonaba una vida de facilidades y oportunidades por una mujer voluptuosa y sensual? Estaba sentenciado a que me echaran de la casa, pero tendría una muy buena esposa. En eso ella interrumpió mis meditaciones al ofrecerme con ademanes felinos más flujo vaginal. Me sacié con ese delicioso jugo y la vi entonces: tendida en la cama con la bata mojada pegándosele al cuerpo, con su enorme teta al aire, con un pezón marcado, y un muslo mostrándose casi obscenamente. En eso pensé, podríamos casarnos en secreto y nadie se iba a enterar. No lo pensé más, tomé la decisión con mi pene no con la cabeza. “Acepto Carolina, te haré mi esposa” –le dije. De inmediato ella saltó y me abrazó, me besó metiendo su lengua hasta mi paladar. Me decía que me amaba y que ya quería ser mi esposa.

Bajó mi cabeza su vagina y yo lamía con delicadeza, incluso arrancaba alguno que otro de sus pelos púbicos. Me dijo que me pusiera un traje que ya iba a ser la boda, yo me asombré pero obedecí. Cuando estuve listo salí y la vi ataviada con un vestido de novia y un peinado solemne. Así que eso llevaba en el paquete. Salimos a prisa y llegamos a una iglesia no muy lejana, allí en una capilla estaba esperándonos un sacerdote. “He gastado mis ahorros en alquilar este vestido, pagarle al sacerdote y al juez del gobierno para que viniera aquí a casarnos también” –me dijo. No lo podía creer, ya lo había premeditando, como sea que fuere ya estaba yo allí súper excitado. No hubo misa, solo dijo unas palabras unos cuantos minutos, luego nos declaró marido y mujer, casi eyaculé cuando dijo eso, por cierto las los anillos eran de aluminio. Nos besamos y luego le tocó el turno al juez el cual nos hizo firmar unos papeles que reconocían la unión legal, los testigos en ambos casos fueron gente de la iglesia. No lo podía creer esa tarde ya éramos religiosa y legalmente marido y mujer. No podía para de besarla. “Es hora de nuestra noche de bodas” –dijo ella.

Conduje hasta la casa con una mano en el volante y otra sobre mi esposa. Una vez en casa me dijo que había guardado lo mejor para el final. Me dijo que esperara media hora, yo me quedé esperando tratando de no pensar en nada, no podía creer que ya tuviera esposa. Pasada un poco más de media hora me llamó, subí a nuestra recámara nupcial (sí, la de mis papás) y la encontré igual, con su vestido de novia todavía puesto, pero esta vez sí me abalancé como un poseído sobre ella, la tiré en la cama y comencé a quitarle el vestido. Afuera se había soltado una tormenta, mientras yo terminaba de quitárselo. “Mira mis senos” –me dijo y yo le quité el sostén y lo aventé muy lejos, como si no quisiera que se volviera a vestir jamás. Los encontré completamente cubiertos chocolate derretido el cuál lamía como perro hambriento, igual descubrí que todo su vientre plano estaba cubierto de chocolate, y cuando llegué a su ombligo casi se ahoga de risa. Le bajé la tanguita blanca y encontré que entre sus vellos púbicos había trozos de fresas, los cuales ingerí con calma. La abrí bruscamente de piernas, al final recubriendo su cueva del tesoro otra oleada de chocolate sin derretir, saqué lo más que pude de su vagina mezclado con sus flujos. Era alimento del paraíso.

Entonces le dije agitado por la excitación. “Por fin vas a ser ahora de verdad y para siempre mi mujer y mi hembra” –le dije “¿Que tanto me amas?” –me preguntó. “Ya lo sabes, más que a nada en el mundo” –le respondí. “¿Me amas tanto como para darme una prueba de tu amor, aquí y ahorita?” –me dijo. “¡Sí!” –respondí ebrio de deseo. “Embarázame”. Hazme tu mujer y tu hembra y embarázame ahora. Hazme la madre tus hijos” –me pidió. “No entiendo” –le dije. “Siempre existe el riesgo de que te embarace, incluso puedes ya estarlo” –le respondí. “Eso sí mi amor, pero hoy exactamente estoy ovulando, hoy soy fértil, si me coges hoy es casi seguro que me preñas” –insistió. “Entonces te voy a preñar, te voy a coger y te voy a dejar embarazada, ya lo di todo por tí, entonces te voy a hacer madre” –le dije obsesionado. Me dijo: “Otra cosa torito, como regalo de bodas quiero que me des el collar de peras de tu madre y su pulsera de oro, en compensación por mi bata”.  Está bien, toma lo que quieras, de todas formas nos tendremos que ir.

“Amor mío, cumple con tu misión, poséeme, hazme tuya y déjame preñada” –me dijo. Entonces la monté, ella me aprisionó con sus piernas enfundadas en las medias blancas de seda y la empecé a cabalgar salvajemente, sabía que con cada embestida de mi miembro mi vida como la conocía se iba perdiendo para siempre igual que el futuro promisorio, sabía que me iban a echar de casa también, pero no me importaba, en ese momento era muy feliz tomando posesión de mi hembra, montándola, sintiendo como mi pene conquistaba sus entrañas, embarazándola, amándola como hombre, en fin haciéndola mía. Pronto eyaculé sin control depositando mis chorros de semen en lo más profundo de sus entrañas. La poseí varias veces durante toda la noche, en varias posiciones, no paramos hasta que nos abandonaron todas nuestras fuerzas y sudamos tanto que las sábanas y colchas escurrían con aplastarlos. Yo me dormí arriba de ella y a la tarde del lunes cuando nos despertamos ella seguía penetrada por primera vez por mí. Nos levantamos, ella con su bata encima sin cerrar. Yo desnudo, bajamos sin prisa, ordenamos una pizza y nos bebimos medio garrafón de agua, acabábamos de comer cuando llegaron mis papás, ella se cerró la bata y salimos agarrados de la mano a recibirlos estábamos preparados para lo peor. Mamá no daba crédito a sus ojos al ver a su hijo desnudo agarrado de la mano con la sirvienta en bata de noche, creo que se desmayó. En realidad olvidé vestirme, así que mientras mi asombrado papá y mi hermano la llevaban a la sala (y encontraban allí un desastre) me puse unos shorts que había colgados en el patio. Expliqué a papá, lo que había sucedido pero puse mucho énfasis en lo que sentía por Carolina, nuestro matrimonio en otras palabras nuestro amor y que ya nada podría cambiarlo, pedí perdón por el desorden prometiendo que limpiaríamos, que estaba consciente de lo que había hecho y que si nos echaban de la casa lo entendíamos, pero que jamás por ningún motivo nos íbamos a separar. Además era casi seguro que ya estábamos esperando un hijo. Lo meditó largo tiempo y nos mandó por lo pronto a dormir al cuarto de la azotea en lo que discutía con mamá que seguía inconsciente.

Esa noche me la cogí sin disimulo y seguro ellos si durmieron en su cuarto nos oyeron. Al otro día vino papá y me dijo que podíamos quedarnos un tiempo en el cuarto de servicio hasta que encontrara dónde llevar a mi esposa a vivir. Le di las gracias y ese mismo día me despedí de la escuela para siempre pues salí a buscar trabajo y Carolina limpió el desorden. También esa noche mamá nos subió a buscar al cuartito, pero no la iba a dejar pasar si iba a gritarle a mi esposa. Ella dijo que no, solo nos ofreció bajar a dormir a mi antigua recámara, a lo que accedimos, entonces cuando no las oía le dijo a Carolina que ya se había salido con la suya y ella le contestó que era como ella se las estaba pagando por haberla tratado así, se embarazó de su hijo y lo hizo su marido, la sirvienta a la que ella despreciaba. Esa noche me la cogí largamente, era imposible que mis papás no oyeran los gemidos de mi esposa ni mis gritos. Encontré trabajo de mensajero y con los meses junté el dinero para poner una tienda de artículos electrónicos muy sencilla, pero que hice crecer poco a poco. Ella encontró trabajo como mesera A los seis meses mi esposa ya tenía bastante pancita, ni había duda, si no fue esa noche, antes o después la había embarazado, ya que nunca usamos condón y a partir de esa noche me la cogía todas las noches.

Al octavo mes una noche que estábamos haciendo el amor le chupé una teta y salió leche de ella, no cabía de placer, desde esa noche hasta que nació el bebé ella me tuvo que amamantar a mí. Cuando nació ya estábamos listos para irnos, pero mamá no nos dejaba pues adoraba al bebé y decía que nuestro departamento no tenía casi muebles ni enseres. Tres meses más tarde ya lo habíamos amueblado del todo, y para celebrar hicimos una cena, pero como no llegaban mis padres me cogí a mi esposa sobre la mesa, en eso llegaron ellos, pero qué diablos era mi hogar y mi esposa así que me la seguí cogiendo enfrente de ellos y no reparamos en gemidos o gritos. Después cenamos.

Poco más de tres meses después de nacer el primer bebé, ya la había embarazado otra vez, pues me obsesionaba la idea de seguir probando su leche materna, creo que la dejé preñada el día de la cena. Hasta ahora tenemos cinco años de casados, cuatro hijos y está esperando el quinto. Van a ser al final 3 niñas y 2 niños. Aún planeamos tener más hijos y seguir con nuestra historia romántica; y con esa historia que enciende la lujuria cada vez que con mi yegua estamos en la cama.



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