Igual volví a despertar solo a
eso de las 5.30 PM, aún seguía cansado. El lado de la cama donde dormía ella,
estaba frío así que mi mamá ya debía haber llegado a casa. Oí su voz, venía de
abajo, decidí vestirme aunque ya me había acostumbrado a ir al natural. Me puse
los boxers y una polera de la escuela, pues ese día tenía educación física y
bajé a saludar a mi mamá. “¡Qué sorpresa!” (Pero era obvio) ver a Carolina
vestida con su uniforme habitual, sin pena ni gloria y con el cabello recogido;
Después me contaría que se despertó muy poco antes de que llegara mamá y guardó
los barnices de uñas, la secadora y el collar de perlas. Bajó y juntó la ropa
que yo había aventado, se vistió y a la bata solo le dio tiempo de arrojarla a
la ropa sucia junto con las medias; En eso llegó mamá y como de costumbre le
gritó tanto que casi la despide de la rabia, faltaba poco por hacer de las
labores de la casa pero era suficiente para regañarla. Ella estaba llorando y por
dentro seguro llena de rencor.
“¿Porque
no obligaste a trabajar a esta criada holgazana?” –me dijo. “No es mi problema
si trabaja o no, tú la contrataste” –contesté haciéndome el enojado. Siguió
discutiendo conmigo, pero a la primera oportunidad cambié el tema a su collar
de perlas, le dije que había visto uno igual en la calle; a lo que respondió
que lo tenía guardado y solo lo usaba en ocasiones especiales. Carolina sonrió
muy coquetamente a sus espaldas. El resto del día transcurrió sin novedades,
además todavía estábamos cansados. Al otro día no fui a clases tampoco, me pasé
la mitad de la mañana en casa de un amigo que también solía faltar a clases con
regularidad, tomamos unas cervezas y se sorprendió que yo tomara, no le di
importancia y platicamos de nuestras mujeres, no le conté muchos detalles ni le
dije que era mi sirvienta, pero quería saber que tan bien andaba él y su novia
en cuestión sexual, pues era como una competencia sutil que siempre había
existido entre nosotros.
Regresé
a casa a media mañana, inmediatamente ella me recibió con un beso muy cachondo,
me quitó la ropa, para cuando acabó ya tenía el miembro bien tieso, pero no dejó
que la desnudara sino que me ató otra vez su media al cuello apretándomela
fuertemente. Me jaló con suavidad, pude ver que tenía puesta una media, pero la
otra pierna estaba descubierta. Evitó con suavidad todo intento mío por empezar
a jugar, en vez de eso me dijo: “Lo siento torito, ya jugamos mucho y hay mucho
trabajo por hacer, porque no me va a volver a regañar la bruja de tu madre”.
Enseguida me llevó a la habitación de mi hermano y me puso a aspirarla mientras
ella oía música en mi celular; luego me bajó a lavar ropa todo el resto del
día. Como premio me dejó besar sus pies y me chupó la verga pero paró cuando
vio que empezaba a dar muestras de verdadero placer, dejándome a medias. Me
mandó a vestirme y como de costumbre llegó mamá que esta vez no la regañó pero
tampoco la felicitó.
Así
pasó ese día, se atravesó el fin de semana, días en que ella se iba a su pueblo
a ver a sus padres y yo no pude hacer nada, más que subir a su cuartito y
masturbarme con la tanga que se había quitado. El domingo avisó que no vendría
sino hasta el miércoles, pues su papá estaba muy enfermo. ¡Maldita sea! una
semana sin cogérmela, ya me desquitaría. El lunes me digne a ir a la escuela
donde por faltas ya me había metido en varios problemas y podría reprobar
alguna materia, falsifiqué un justificante y me dediqué esa semana a ver si
podía rescatar lo perdido. Obtuve buenos resultados en la escuela, pero el
miércoles avisó que llegaría hasta el próximo lunes, pero mamá le dijo que si
no venía el viernes, mejor que ni regresara; Temí que ya no volviera pero aceptó.
Era prácticamente el final del año escolar, al siguiente iría a la universidad,
así que hice también examen de admisión en una de las más prestigiosas de la
ciudad, con mis notas (que hasta hace poco eran impecables) y mi promedio de
calificaciones me aseguraron un lugar dentro de la universidad, además tuve
toda la semana para estudiar, el examen fue el viernes y ese mismo día más
tarde me dieron la noticia de que me aceptaban; planeaba regresar y celebrar
cogiéndome a Carolina, pero me sorprendí al no encontrarla, mecánicamente me
tome una cerveza y con coraje me masturbe con fuerza con su tanga.
En la
noche me dijo mi hermano que papá le había dado permiso de última hora de venir
hasta el lunes, pues no sabía lo que le había dicho a ella mamá. ¡Que
decepción! entonces fui a casa de mi amigo que estaba con su novia, ahí bebimos
cervezas de más, él en un momento fue a su cuarto y se quedó dormido sobre la
cama, yo lo vi al volver del baño. Cuando llegué a la sala estaba ella
recostada en un sillón, no me importó, fui y la besé en los labios y le pasé la
mano por sus tetas, después de un rato así ella reaccionó sorprendida, pues
estaba borracha. “Tú no eras así” –me dijo, y ¿continuó: “Tú eras muy
caballeroso y nunca tomabas. ¿Qué te pasó?”. “La gente cambia” –le contesté y
seguí, ella no se hizo de rogar, se quitó su top y el sostén, yo se las mamaba
sin importarme que fuera la novia de mi amigo. No dejó que le quitara el
pantalón. “No voy a dejar que me cojas, porque soy novia de tu amigo, pero no
te voy a dejar con las ganas” –me dijo. Me bajó el cierre y me la empezó a
chupar, no era lo mismo, no me sentía ni la mitad de bien como con Carolina.
Primero me enojó que se rehusara y pensé en golpearla, pero ella no era como mí
puta y las cosas se podían poner feas. Además, era la novia de mi amigo, era su
casa y lo peor era que ella casi no me excitaba. No eyaculé, cuando acabó regresé
a casa, extrañando a Carolina.
El
lunes en la mañana antes de ir a la escuela me masturbé con una media que había
encontrado hace poco en su cuartito. Me salí de clases y llegué a media mañana
a casa, la encontré en la cocina, la besé con pasión, pero después ella me
frenó diciendo que le dolía mucho la cabeza, que había tenido un lago viaje y
un disgusto con mi mamá. Le dije que la entendía, le pregunté por su padre y
como le había ido, me puso a lavar los platos para ayudarla mientras ella
desayunaba. Me contó lo mal que estaba su papá y terminó por confesarme con sus
palabras que odiaba a mi mamá, por la poca consideración hacia ella y su
situación, además le había descontado los días que no trabajó y que si volvió
fue por mí. También me dijo que la enfurecía que había encontrado su bata de
seda de noche en la recamara de mis papás, seguro se la había quedado para sí
mi mamá, odiaba que no respetara sus cosas y menos los regalos que le daba su
"hombre". Esto me excitó y me apuré ayudarla, como de costumbre me
ató la media, pero no me desnudó y al final se negó a chupármela diciendo que
me estaba malacostumbrando, en lugar de eso me dio un cálido abrazo y un húmedo
beso de hembra agradecida. El resto de la semana fue igual de lacónico y sin
sexo, pero ahora ambos trabajábamos, creo que de verdad tenía que mamá la fuera
a correr. El primer día la entendí, pero conforme pasaban los días me excitaba
cada vez más y me costaba más frenarme, pues ya no me masturbaba.
El
jueves en la mañana tomé una decisión, el viernes la iba a poseer a toda costa,
así tuviera que violarla, pero el jueves en la tarde antes de que alguien
llegara a la casa me dijo: “Te has portado bien torito, no solo eres un
semental sino una buena bestia de trabajo, dispuesta a ayudar a su yegua, te
voy a recompensar”. “¿Como?” –le dije. “Estoy muy contenta y con ganas de
amarte, ¿sabes?, ayer habló mi hermana desde mi pueblo y me dijo que papá está
mucho mejor, que no es necesario que vaya este fin de semana. Por otro lado tu
madre me dio permiso de irme el fin de semana por intercesión de tu padre y por
tener listo todo el trabajo a tiempo gracias a ti” –dijo. “¿Entonces?”
–pregunté con ansias. Ella sonrió maliciosamente y dijo: “¿Entonces no te han
dicho nada todavía tus papás?” –preguntó con ojos picaros. “No que yo sepa”
-respondí muy interesado. “Pues bien, ellos planean salir el fin de semana a
visitar a tus parientes de provincia, tu puedes quedarte y no vamos a parar de
follar” –me dijo la muy caliente. Los ojos me brillaron, era genial, mejor de
lo que esperaba y modificaba mis planes, pero enseguida una idea me asaltó la
mente. “No es tan fácil, mi mamá nunca me va a dejar quedarme contigo solos el
fin de semana” –le dije y ella se consternó. “¡Un momento! Y ¿si fingieras que
te vas? –le dije. “¿Cómo hacer eso?” –preguntó ella.
Todo
estaba planeado hasta el mínimo detalle, lo planeé muy bien el resto de la
tarde y en la noche. Ella solo tendría que seguir mis instrucciones con
exactitud y ambos estaríamos encamados ese mismo viernes. Resulta que cuando
mis papás salen de viaje cambian su rutina y esa sería mi arma en contra de
ellos. Ese mismo jueves en la noche me dijeron del viaje; yo me fingí muy
interesado y triste de no poder ir pues tenía un supuesto examen el lunes. De
inmediato mamá le preguntó a Carolina si pensaba irse a su pueblo, ella le
contestó que sí, entonces mi mamá no puso objeción, pues para ella primero
estaba la escuela (no sabía que para mí ya no), pero le pidió a Carolina que
cuando regresara le enseñara los boletos del bus; ella dijo que sí con cierto
nerviosismo, pero creo que solo yo lo noté. El odioso de mi hermano también
quería quedarse pero a él no lo dejaron para mi suerte. El resto de la noche
seguí elaborando mi plan maestro, caro no sabía nada a excepción de que tenía
que obedecer sin equivocarse pues mi mamá era astuta y a la menor falla se
podría venir abajo nuestro plan.
06:30 AM
Me
desperté normalmente y tuve que ir a la escuela, lo cual aproveché para tratar
de ponerme al día en las materias que se pasaron. Llevaba listo el celular,
pues como mis papás no tenían hora fija de salir a carretera, ni habían ido a
trabajar, tenía que estar en casa antes de que ellos se fueran. Carolina debía
avisarme si de iban antes.
14:16 PM
Llegué
a mi hora, Carolina no había llamado, así que debían estar en casa aún. En
efecto allí estaban y mi preciosa zorrita tenía su maleta hecha y estaba lista
para irse; tenía un vestido muy corriente color café y unas sandalias de mal
gusto, creo que solo yo sabía que detrás de esos harapos se encontraba una
hembra hermosa. Mi mamá estaba molesta con ella porque aún no se marchaba,
Carolina ya no sabía qué hacer para ganar tiempo en lo que yo llegaba. Al
llegar debía, según el plan, llevarla a la estación y regresar; mamá no tenía por
qué sospechar una traición a sus planes, pues a la vista de todos Carolina y yo
apenas nos dirigíamos la palabra. Tomé un vaso de agua, les dije a mis papás
que me disculparan con mis primos y los saludaran de mi parte. En eso
tímidamente dijo Carolina: “Ya me voy señora”. “Ya te habías tardado empleada inútil”
–le respondió. En eso me dijo mi papá: “Hijo, deberías llevar a Carolina a la
estación, lleva mucho equipaje”. Hice un gesto de fastidio y mi mamá le dijo: “No
lo obligues si no quiere, además si lleva mucho equipaje está condenada es por
esas cajas con ropa vieja que les lleva a sus primas, si quiere que las cargue
ella misma”. “Pero mujer, como crees que ella va a cargar todo eso sola, ni
modo que aborde un taxi con lo poco que le pagas y los días que le descuentas”
–le dijo mi papá. “Ella gana más de lo que se merece, pues ya le regalé esa
ropa vieja, pero si quieres llevarla hijo es tu problema” –dijo mamá. “Llévala”
–dijo mi papá con autoridad. ¡Si! eso era exactamente lo que quería, hice un
gesto de resignación y le dije a mi papá: “Pero tú pagas el lavado de tapicería
que va a ocasionar que suba esas cajas sucias a mi auto”. No me respondió, subí
las cajas y su maleta a la cajuela de mi auto, la cerré; Ella se subió y
partimos a la estación de buses. En eso cuando nos habíamos alejado unas calles
soltamos una sonora carcajada, el plan salía a la perfección. “Me espanté, creí
que te habías arrepentido” –me dijo con algo de desconcierto. “¿Cómo crees que
iba a dejar ir a mi hermosa yegua? hoy te voy a montar mi amor” –le dije. La
besé con esa calentura que solo ella me provoca. Entonces le expliqué lo que
seguía de acuerdo al plan. La estación de autobuses estaba cerca, nos bajamos
del auto, ella con su maleta; Fuimos hasta la taquilla y compró un boleto de
ida con dinero que le había dado; Salía en 45 minutos el autobús. Ahora
comenzaba la parte contrarreloj del plan. Nos despedimos apenas sin cruzar
palabra y yo me fui por un camino, ella se quedó; rápidamente regresé al auto,
a los 15 minutos llegó ella. Rápidamente salimos del estacionamiento y nos
dirigimos hacia un centro comercial cercano. El truco en la estación era para
obtener un comprobante de viaje y para evitar que nos vieran actuando de forma
rara otras sirvientas de la colonia que la conocen y toman el bus a esas horas,
además de evitar chismes que seguro llegarían a oídos de mi mamá. Llegamos al
centro comercial, me metí en el estacionamiento subterráneo y ella iba agachada
en el asiento, pues como ya lo había previsto estaban regados aquí y allá
conocidos de mis padres. El rincón del estacionamiento estaba despoblado y ahí
me estacioné detrás de un pilar, la besé con lujuria, y me abalancé sobre ella,
quería poseerla allí mismo pero se apartó y me dijo: “Espera torito, apégate a
tu plan y esta noche no te bastará solo una follada”. Me besó y se bajó con su
maleta y desapareció tras el pilar. Yo tomé las cajas de cartón que en realidad
estaban vacías y las eché en un contenedor de basura que había allí, después
subí al área de tiendas donde compré unos discos con música suave, bajé a mi
auto y me dirigí a casa.
15:15 PM
Llegué
a casa 37 minutos después, mi mamá me preguntó por qué la tardanza y le enseñé
los Cd´s. No dijo nada más. Estuvieron en casa hasta después de las cuatro.
16:22 PM
Partieron
y enseguida se puso dura mi verga, estuve a punto de salir corriendo por mi
"mujer" pero debía esperar media hora, casi había triunfado. Sí, en
efecto, no tuve que esperar tanto porque a los 15 minutos regresaron ya que mi
mamá había olvidado una de sus tarjetas de crédito. Siempre volvían por cosas
olvidadas. ¡Al fin había triunfado! Era la señal de que ya no los volvería a
ver hasta el domingo muy noche o lunes en la madrugada, si tenía mala suerte.
16:50 PM
Me
cambié de ropa, me puse unos calzoncillos negros, una camisa de manga larga y
unos jeans también negros, con zapatos de cuero negro; Ya tenía la ropa
interior húmeda. Salí casi jadeante de la casa y me dirigí a un supermercado un
poco alejado de casa, en donde vi parada en la entrada esperando por su macho a
mi yegua. Estaba preciosa, se había puesto la falda negra larga hasta las
rodillas con abertura hasta el muslo, llevaba las botas de cuero negro, las
medias negras de seda, la blusa negra de licra toda ajustada al cuerpo y resaltando
sus exquisitos melones, se había pintado los labios de rojo, se había puesto rímel
y sombras con maquillaje que le había robado a mi mamá; estaba desgreñada y su
largo cabello negro azabache le caía por un hombro. Además llevaba puesto el
collar de perlas de mamá y una pulsera de oro de ella también. Todos los
hombres la volteaban a ver, era una irresistible gata montesa para ser cogida,
una morenaza ardiente y lo mejor, era mía. Le toqué la bocina y abrí la puerta,
ella subió aprisa y estacioné el auto en un lugar vacío, ahí la besé con furia
lujuriosa y ya me iba sobre sus tetas, pero se volvió a apartar. “¿No dijiste
que tenías un plan torito?” –me dijo riéndose al ver mi ansiedad. “Así es mi
yegua” –le dije jadeando. “Entonces no lo eches a perder. ¿No luzco atractiva?”
–me preguntó. “Hermosísima” –respondí. “¿Y bien? ¿Qué tal tus padres? –preguntó.
“Triunfamos mi amor, ya no serán problema” –respondí. “Me alegro” –dijo al
tiempo que retocaba su maquillaje en el espejo del auto. Yo me preguntaba para
mis adentros: “¿Quién la había enseñado a pintarse tan bien?”.
Bajamos
del auto y la tomé por la cintura, entonces fuimos directo al supermercado; una
vez adentro se zafó de mi abrazo e hizo que la tomara por el brazo. “Así
caminan los esposos amor mío” –me dijo. Me sentía eufórico, la besé en la boca
y fuimos por lo que habíamos ido después de tomar un carrito de compras. Llegamos
al departamento de licores donde ella seleccionó un vodka y yo un vino,
entonces tomó por tres las botellas, en total 6 botellas de vodka y 6 de vino
tinto añejo de buena calidad. “Amor hay que empezar a cuidarnos. Vamos por los
condones” –le dije. “Ya los compré, están en mi maleta” –dijo ella. “Mejor
vamos donde están las frutas” –dijo. Una vez allí compró unas fresas, unos duraznos
y unas naranjas. De regreso ella quiso pasar por unas pasitas, mucho chocolate
para derretir y demás monerías, yo solo me obstiné en comprar unas gaseosas y
unas bolsas hielos. Como era de esperar pagué con la tarjeta adicional que me
habían dado mis padres; El cajero solo miraba como idiota a Carolina, realmente
estaba preciosa esa noche y nadie hubiera imaginado que era en verdad una
sirvienta, pues más parecía una acaudalada mujer a la moda. Pero y qué sucedió
con ella mientras yo volví a casa, de camino a nuestro destino me dio los
detalles: Pues según el plan ella iría a unos baños que estaba en la entrada
del centro comercial por el estacionamiento, por lo general están casi vacíos,
ahí se cambiaría de ropa y se arreglaría, luego se pondría un sombrero de mi
mamá para que le costara más trabajo reconocerla si se topaba con algún vecino
y tomaría un taxi con dinero que yo le había dado para venir hasta este supermercado donde me esperaría “Aparte del sombrero me
puse algo más” –me dijo. Me acercó su muñeca, también se había puesto el
perfume de mamá. No pude evitar besarla.
19:30 PM
Llegamos
a un restaurante lujoso de comida italiana al que alguna vez había ido y me
encantó. Ya había reservado una mesa para dos al fondo. Estaba lejos, era
íntimo y discreto, pues la luz era suave y nuestra mesa la iluminaba una vela.
El garzón nos llevó a la mesa, ella estaba muy emocionada pues no había estado
antes en un lugar así; Se sentó enfrente de mí. “Nada es suficiente para mi
mujer” –le dije. El mesero nos trajo la carta, ordené spaghetti para los dos y
una botella de vino. Platicamos de lo bien que había salido el plan y la suerte
que teníamos de estar solos un fin de semana. Entonces trajeron los platos y
sirvieron el vino; Comenzamos a comer, tuve que enseñarle como se usaba en ese
caso el tenedor pues era obvio que no sabía. Se sonrojó y con tono machista le
dije: “Tú solo preocúpate por tener hijos yegüita”. Ella se sonrió en un tono
alto y vio que llamó la atención de los que estaban cerca, mejor se calló, le
dije que no se sintiera mal y comenzamos a comer, ella un poco torpe al
principio pero iba ganando práctica.
En
eso a mitad de la comida sin que yo me lo esperara, sentí un bulto caliente en
mi entrepierna que me apretaba el miembro, miré sorprendido y era su hermoso pie
enfundado en una media negra de seda salir por debajo del mantel, jugueteaba
con mi bulto, el cual estaba ya durísimo, por suerte la luz era tenue,
estábamos al fondo y no se veía nada. La vi y me sonrió, me dijo que era un
gusanito que buscaba su hogar, a lo que contesté abriendo las piernas y dejando
que me palpara el bulto con su pie. Estuvo jugando un rato, hasta que con
disimulo bajé mi mano, tomé su cálido pie por las costuras de su media y lo
acaricié, no podía soltarlo, casi podría decir que me estaba hipnotizando. Ya
no pude más y con discreción tomé mi copa de vino y vertí un poco de este sobre
sus dedos, suficiente como para empapar su pie que ahora me estaba mojando los
pantalones. “Si me amas ¡Demuéstralo! –me dijo con autoridad. “¡Bésame los
pies! –dijo. Era como una orden, pero ni hablar, fingí que se me caía algo y me
doblé como pude y lamí con toda mi lengua la planta de su pie y chupé sus dedos
por sobre la seda de sus medias, sentí como una descarga eléctrica. Me incorporé
y me miró divertida pero me dijo: “¿No me has oído perrito tonto?, te dije que
me besaras los pies”. Eso me extrañó mucho y le objeté: “¿Los dos?”. “¿Estás sordo
o no me amas? Sí, los dos; aquí y ahora o no me vas a poder seguir follando
–fue su enérgica respuesta. Después de un instante fingí que se me caía otra
cosa, pero ahora debajo de la mesa y con la mayor discreción me incliné hacia
debajo de esta, por suerte me cubría el mantel; pero su otra pierna todavía
tenía la bota puesta, me costó mucho pero se la quité, en eso subió sobre mi
lomo su otra pierna. Ya me había ganado la excitación y besé, lamí a mi antojo
después de haberlo mojado con vino, entonces ella vació más vino, los apoyó en
mi cara y me ordenó: “Bébelo todo, quiero que los seques con tu lengua”. Lamía
como desesperado, en eso me pateó y me dijo; “Súbete ya”.
Me
incorporé y traté de seguir comiendo, lo que más quería era bajar y seguir
besando sus celestiales pies. Al cabo de un rato me dijo: “Mira perrito, te
quiero pero si crees que quién no está a la altura soy yo por ser una sirvienta
te equivocas, eres tú y solo por eso no puedes usar más los cubiertos”. Eso no
me lo esperaba. “¿Cómo voy a comer?” –le pregunté. Tomó una albóndiga con el
tenedor, la bajó de su lado y me dijo. “Baja” –me dijo. Inmediatamente y sin
buscar pretextos bajé, ya nada me importaba. Se había puesto la pequeña
albóndiga de modo que la sostenía con los dedos de sus pies, yo comí gustoso,
era lo más rico que había probado en el mundo. Así me fue dando aceitunas y
hasta el spaghetti en rollitos, yo comía extasiado. Después me hizo sentarme y
me dijo: “Has sido un buen perro y como premio te vas a correr ahora por
primera vez en la noche”. Acto seguido subió ambos pies los puso sobre mi bulto
y empezó un masaje bestial de arriba abajo, en círculos, apretaba y aflojaba.
Yo no podía disimular mi inminente orgasmo, solo me recosté sobre la silla y
acariciaba sus pantorrillas por debajo del mantel, hasta que acabé; solo emití
un gemido seco mientras sentía un cosquilleo como si ella metiera sus pies
hasta mis entrañas. Cuando me recuperé me oí a mi mismo decirle elocuentemente:
“¡Gracias mi amor! Gracias por haberme masturbado”. Habíamos acabado, tanto de
comer como al menos yo de gozar, por el momento. Fui rápidamente al baño y
traté de disimular lo más posible la mancha de semen que ella me había dejado.
Como no había mucha iluminación y mi ropa era negra no se notaba mucho, sin
embargo los meseros si notaron lo que hicimos pues me veían indignados y
sorprendidos. Pagué la cuenta y al salir el Metre me dijo: “Señor esto no es un
hotel, por favor no regrese”. No le contesté y ya de camino al auto vi que ella
iba descalza, ni se molestó en volverse a poner las botas, las cuáles llevaba
en la mano. Se iba riendo, después de todo era una pueblerina con poca
educación. Conduje rápido a la casa, llegamos en menos de una hora, metí el
auto en el garaje y cuando lo cerré ella ya se había bajado del auto. Ella
dijo: “Mi Amor, por fin en nuestro ido de amor, te amo tanto, esta noche…”.
¡Zas! Le solté una tremenda bofetada que la lanzó sobre el cofre del carro,
tanto que me ardía bastante la mano. “¡Esta noche puta pueblerina mal parida,
se te van a quitar los aires de grandeza que has agarrado conmigo!” –le dije
enojado.
23:50 PM
Sin
darle tiempo a reaccionar la tomé por los pelos y la jalé hacia adentro de la
casa casi arrastrándola. Ella se asustó y comenzó a gritar. “¡No voy a permitir
que me humilles delante de otros!” –le dije; como iba agachada le solté una
tremenda nalgada y ella seguía chillando, decía que la perdonara, que la dejara
en paz o ya vería. Realmente no sabía que decir. No me molesté en prender las
luces pues la noche era clara y la luz se colaba por las cortinas. La boté en
una esquina de la sala con fuerza ahí quedó atontada y llorando para que no le
hiciera nada. Regresé rápido a la cocina y encontré un lazo para atar cajas, lo
traje y ella ya se estaba escapando, pero alcancé a tomarla de la cintura, la
hice girar y la boté sobre un sillón. Volvió a gritar que la ayudaran y le di
otra bofetada para que se callara, cosa que obedeció y solo lloraba, de un
tirón la llevé hacia la esquina donde la había dejado, pues ahí en ese muro
había una especie de argolla que estaba fija en la pared, no sé con qué propósito
la habían dejado allí, pero ahora me iba a servir, le até los brazos con el
lazo y este al arillo de metal que estaba más o menos a la altura de su
cintura, me aseguré que no se zafara, me desnudé por completo y le susurré al
oído: “Sabes usar muy bien los pies pero creo que las manos no te sirven de
nada por eso te las até”. Ella solo pedía perdón y decía que me amaba. “Yo
también y por eso te voy a castigar, porque te amo” –le dije. Entonces tomé
aire y le di una nalgada con todas mis fuerzas, ella se quejó, luego otra y
otra, alternaba ambos brazos, ella solo se mecía hacia la pared. Cuando me
cansé fui así desnudo al garaje (Que no tenía techo y podía ser visto), tomé
las bolsas del supermercado, puse los hielos en la nevera, llevé hasta donde
estaba ella dos botellas de vodka, abrí una y tomé un trago tan grande como me
pude, lo saboreé, di otro gran trago y se lo escupí en la cara, luego le di de
tomar un trago hasta que casi se atraganta. La veía muy bien con la luz que
entraba y le dije ya fuera de mí. “Vas a ser mía” –le dije. Así que comencé a
subirle su falda larga hasta su adolorido culo ahí vi su sensual y semi transparente
tanguita negra, le di un tirón y oí como se rompía, esperaba que se rasgara; le
di una nalgada y otra, esta vez no me equivoqué empezó a gemir. Volví a tomar
la tanga por el lado donde se unen la parte trasera y delantera y la jalé con
todas mis fuerzas. Esta vez se desgarró con un agradable sonido. Me limpié mi
pene húmedo con ella, la empapé con vodka y se la metí en la boca. Comencé a
acariciar con delicadeza contrastante su delicioso culito, lo bañé con más
vodka y comencé a lamerlo con devoción y gratitud repentina, ella gemía ahogadamente;
Separé sus nalgas y me fui sobre su ano, metía cada vez más la lengua en su
hoyito. Estaba caliente, apretado y olía a mil diablos. Entonces fui por un
durazno, le arranqué un pedazo, lo mastiqué lo saqué, lo sujeté entre mi índice
y pulgar y empecé a introducirlo lentamente en su ano, ella se sacudía
violentamente y soltaba gemidos desesperados, me dificultaba meterlo más, la
agarré de las caderas y le solté tres nalgadas seguidas. Ella se sacudía con
violencia, le quité a tanga de la boca y comenzó a berrear.
Poseído
por un deseo animal, así atada le di la vuelta, me abalancé sobre ella contra
el muro al tiempo que la alzaba de las nalgas. Quedó levantada y prensada entre
mi cuerpo y el muro. Desesperado buscaba atinar ensartar mi verga en su vagina,
cuando la puse en posición mi pene rozaba sus labios vaginales, entonces
arremetí en contra de ella aplastándola contra el muro. Ella soltó un grito
animal, volví a arremeter con más fuerza, estaba empalándola vaginalmente con mi
ariete al rojo vivo. “¡Ah! Desgárrame, rómpeme, hazme tuya maldito violador”
–me decía. En cada embestida gemía más fuerte, su escándalo se debía oír en
toda la casa. La tenía muy bien abrazada del torso y ella para seguir en el
aire se aferraba con sus piernas enfundadas en esas medias negras a mis
pantorrillas. Después de soltar un agónico gemido y quedar sin respirar. Creí
que se moriría con ese último grito pero en realidad era un orgasmo tremendo,
cuando sus jugos comenzaron a chorrear, así en vilo le di una suprema embestida
y me oí gritar muy fuerte narcotizado de placer y mi pene reventó por la punta
bombeando un potentísimo chorro de semen, comencé a temblar sin control y la apretaba
hacia a mí.
No tenía
fuerzas y como pude le saqué mi miembro y bajé con ella hasta ponerla en el
piso, ahí nos quedamos un largo rato bañados en sudor y besándonos con ternura.
Creo que estaba borracho o no sé, pero ya no podía permanecer en pie, así que
tambaleándome llegué al sillón lo empujé al muro donde estaba ella que con
dificultad se encaramó en él pues seguía amarrada y se tendió a lo largo, yo
subí por un edredón y bajé para taparla. Me acosté más abajo que ella, le di
vuelta y con mi lengua le saqué el trocito de durazno de su ano y me lo comí.
Tomé la botella le di otro trago y bebió también, la regresé a su posición
original, me cercioré de que estuviera cómoda y me hundí en su suculento valle
vaginal, lamiendo, mordisqueando y saboreando tantos sabores exóticos hasta que
me quedé dormido, entre sus piernas y bajo el edredón. Desperté con el rostro
empapado por un líquido caliente, se acababa de orinar. Me incorporé y la vi,
se estaba despertando. Ya era de día, la vi atada, con la falda levantada,
igual que la blusa me daba ganas de cogerla, pero en lugar de eso me levanté y
la besé en la boca. “Te amo” –fue lo primero que dijo, después sintió que se
había orinado, supongo, porque puso una cara de angustia. Yo le sonreí y subí a
prepararle una sorpresa. Cuando bajé estaba cantando una canción muy vieja, le
quité las ataduras y la detuve acostada, le bajé la falda y la blusa; Junté
fuerzas y la cargué como cuando el esposo recién casado carga a su esposa para
llevarla a la alcoba nupcial.
Así
la llevé hasta el cuarto de mis papás donde pasamos hasta el baño grande que
hay dentro y para su sorpresa la deposité en el jacuzzi, cuya agua estaba tibia
y burbujeante. Le quité la pulsera de oro y el collar de perlas no sin que me
rezongara. Cerré la puerta y traje algunas de las fresas que compró ella ayer
en el supermercado. Me metí con ella, nos abrazamos y besamos un largo rato. Le
quité la blusa y la falda, entonces la empecé a tallar con una esponja llena de
shampoo de esencias diversas. A ella le daban cosquillas, de cuando en cuando
ella me daba a comer alguna fresa. Al terminar de limpiarla acaricié sus
pezones largo rato. “¿Te gustan mis pezones, torito?” –preguntó. Como respuesta
tomé aire y me sumergí en el agua y mi lengua buscó la suprema calidez de su
vagina, la cual lamía como si fuera un rico helado, pero al poco tiempo me
faltó el oxígeno y tuve que sacar mi cabeza para tomar aire.
“Me
gustas tanto” –le dije. “Así quería tenerte, desnuda y mojada solo para mí” –le
recalqué. “Así quería entregarme a ti, así quería ser poseída por ti” –me dijo
completamente excitada. “¿Qué esperas? hazme tuya, quiero ser total y
completamente tuya, solo para ti” –solicitó como una puta en celo. Ante esta
invitación no podía rehusarme, mi pene ya estaba listo, así que le abrí las
piernas, puse lo en la entrada y con él acaricié suavemente sus labios
vaginales. Ella empezaba a gemir de lo caliente que estaba. “¡Métemela!” –gritó
de repente. “¿Qué?, no te escuché” –le dije. “¡Métemela, clávamela hasta el
fondo, rómpeme el útero si quieres pero ya cógeme!” –suplicaba. De inmediato
sintió mi primera embestida, luego una tras otra, más y más rápido, fuerte. Sus
gritos de placer retumbaban en el baño cerrado. Fue entonces que la tomé del
cabello y sin darle tiempo la hundí de pronto en el agua junto conmigo y seguí
embistiéndola con furia, y ella trataba de zafarse ahora pero el peso de mi
cuerpo se lo impedía. Sentí como si me electrocutara con 10,000 voltios y poco
después sus sacudidas por el orgasmo al sentir mi semen en su interior, de
inmediato me hice a un lado para respirar y dejarla respirar. Estaba mucho muy
agitada, creo que sí la estaba ahogando; pero no le di tiempo de decir nada
porque ya estaba mi lengua en su boca y mis brazos rodeaban su espalda. Estuvimos
otras dos horas acariciándonos en el jacuzzi y luego salimos, abrí la puerta
del baño y ella se adelantó al clóset de la recámara a tomar la bata de noche
que mamá le había quitado y tenía guardada. Se la puso y como aquel día se le
embarró al cuerpo transparentándosele los pezones duros que tenía, parecían dos
jugosas uvas. Salió de la recámara y regresó un poco después, había traído
lencería que dejó escondida en mi recámara.
Nos
tiramos sobre la cama y la volví a poseer ahí, yo encima de ella, literalmente
el potro montaba a su yegua. No quise que se limpiara los fluidos que con gran
abundancia salía de su vagina, ni dejé que se volviera a cerrar la bata, pues
pasé creo más de dos horas chupando sus pezones. Después, nos metimos debajo de
las sabanas de la cama de mis papás y prendimos la tele con el control remoto;
Yo me recosté en la cabecera y ella se recargó sobre mi pecho, pensé con
satisfacción que era mi mujer.
Así
transcurrieron las horas del sábado hasta la noche, que fue cuando ya no
aguantamos más el hambre y decidimos salir por algo de comer. Con pereza nos
levantamos y ella se puso su conjunto de lencería gris: la tanga con encaje,
las medias de seda, el liguero y el sostén con encaje; Todo a tono, iba por
ropa pero la detuve, le dije que no porque la iba a lucir, yo me puse un
pantalón que tenía a la mano y me puse una chamarra sin camisa, saqué también
un abrigo grande de mamá y se lo puse a carolina, también le dije que trajera
sus zapatos de charol. Salimos en el auto y la llevé a un restaurante express
de comida china, compramos arroz y demás, cuando ya iba a pagar abrí el abrigo
de mi sirvienta y el cajero pudo ver que no llevaba más que las medias, el liguero,
la tanga y el sostén, por si fuera poco saqué de su tanga los billetes y de su
sostén algunas monedas, el tipo ni siquiera contó el dinero, solo veía con
deseo a Carolina. Nos fuimos y regresamos a casa; Subí a la habitación de mis
papás la comida, una gaseosa de naranja, otro vodka y unos hielos. Apenas cerré
la puerta ella hizo que le besara uno de sus pies y que subiera hasta sus
muslos, tenía un olor a fresco muy rico. Ahí le desabroché la media del liguero
y la bajé con tanto cuidado como si hubiera sido de cristal fino, al tiempo que
besaba su tersa piel, finalmente besé su pie con admiración. Ella tomó la media
y me vendó con ella los ojos, luego hizo que a ciegas le quitara la otra y con
esa me ató las manos y me puso de pie con la pared a mis espaldas. Me dio a
tomar mucho vodka y comenzó a darme de vueltas, al poco rato caí al piso
completamente mareado. Entonces me puso de pie otra vez y apoyó mi torso contra
la pared.
“Bien
perrito, vamos a ver qué tan juguetón eres si no puedes ver ni mover tus
manitas” –dijo. “¡Ladra!” –me gritó. No hice nada, pero de pronto sentí un
dolor inmenso en mis testículos, y me doblé hasta caer de rodillas; Me había
dado una buena mordida. “¡Ladra perro! Si no quieres que esta gata te castre a
mordidas” –dijo. “¡Arrf, arrf, arrf!” –me sentí un tanto ridículo. “¡Bien hecho!”
y me puso uno de sus pies en mi cara, desató mis manos y me puso la media de
collar. “Ahora te voy a lleva a pasear por la habitación perrito” –me dijo. Caminé
a cuatro patas. –“¡Ladra! –me dijo. “Arff, arrf!” –insisto me siento ridículo.
Sentí un apretón fuerte en mis bolas. “Así no, como un perro grande” –me ordenó.
–“¡Arrf!” “Con más fuerza” – gritaba. “Así está mejor” –me dijo mientras
acariciaba mi cabello. Dimos unas vueltas más, me quitó la venda después de un
rato y se volvió a poner esa media, la otra la dejó en mi cuello, fuimos a la
cama y me dijo: “Escondí gran parte del arroz, si tienes hambre búscalo”. Como
no escuché que se moviera a un lugar muy lejos supuse que la comida estaba
cerca y sí en efecto al ver detenidamente su zona vaginal de esta salía un
bultito, me paré, la aventé a la cama y le quité su tanga y ahí justo dentro de
la vagina estaba escondido el arroz, el cuál comí con desesperación, luego
encontré un poco más bajo sus tetas. Por mi parte yo le di de comer en su
boquita hasta que se llenó.
Una
vez así me dijo. “Cumple con tu misión torito semental”. No lo repitió, ya
estaba encima de ella quitándole el sostén al mismo tiempo que comenzaba a
penetrarla, ella gemía y me abrazaba, nos metimos debajo de las sabanas y ahí
en la habitación de mis padres consumamos nuestro amor; Quedamos como siempre
exhaustos y empapados en sudor. Antes de quedarnos dormidos me preguntó que si
de verdad la amaba, le dije que con toda mi alma y me preguntó además si haría
cualquier cosa por ella, le dije que estaba dispuesto a todo. Después ya no
supe más, solo que dormí abrazándola.
A la
mañana siguiente no la encontré, al despertar, de inmediato salté de la cama a
buscarla pero no la encontré en toda la casa, no sabía que pensar. Llegó media
hora después con un paquete voluminoso que no me quiso enseñar, diciendo que
era para después. Llevaba una falda escocesa con medias negras y las botas,
además llevaba una blusa de licra y el collar y la pulsera. La abracé y besé
con lujuria animal, me correspondió, pero antes de cualquier cosa se apartó y
me preguntó muy seria si era cierto lo que le había dicho anoche. Le dije que sí.
Me tomó de la mano y me llevó aprisa a la habitación de mis papás, ahí se
desnudó para mi deleite con mucha prisa, me metió al baño; El agua del jacuzzi
ya estaba caliente supongo que la había preparado con anticipación. Nos
metimos, ahí me besó y me dijo de nuevo: “Ayer te hice una pregunta cuando ya
no estabas caliente, te pregunté si me amas de verdad o no y si harías lo que
fuera por mí, ¿eso es verdad?”. “Sí mi amor, lo que sea, cueste lo que cueste” –le
respondí. No parecía muy convencida. Dejó que la cubriera de besos, caricias y
abrazos, pero cuando hacía intentos por poseerla no se dejaba, así me trajo
hora y media, de hecho yo disfrutaba el placer de su voluptuoso cuerpo pero no
podérmela coger. Se salió y me sacó del jacuzzi y se volvió a poner su sensual
bata, no se la cerró pero esta le cubría solo una teta. Se acostó sobre la
cama, y yo desnudo con la verga tiesa a un lado de ella. Solo miraba al techo y
yo no podía dejar de verla, de pronto tomó con sus dos dedos una parte de sus
flujos y me lo pasó por los labios; yo lo chupé con avidez, ya la iba a
cabalgar pero se rodó en el colchón huyendo una vez más.
“Mira
torito, yo estoy total y perdidamente enamorada de ti, haría lo que fuera por ti”
–me dijo. “Yo también mi yegua” –respondí. “Entonces debo pedirte una prueba de
amor, una muy grande” –dijo. “La que sea” –le dije sintiéndome muy macho pues
mi miembro ya estaba que reventaba, lo que fuera con tal de cogérmela. “Tú
dices siempre que soy tu mujer, tu hembra; Pero eso no puede ser verdad hasta
que se cumpla el requisito indispensable” –dijo. “¿Cuál? Lo que sea con tal de
que seas mía” –respondí. Me miró tiernamente, se sonrió y se metió otra vez los
dedos a su vagina y me los ofreció empapados con sus flujos. “Cásate conmigo” –me
dijo. “¿Qué?” –respondí, la pregunta me erizó hasta los pelos. ¿Casarme con
ella? ¡Estaba loca! ¿Cómo se atrevía siquiera a pensarlo, yo necesitaba acabar
la escuela, tenía un futuro por delante, pero por otro lado, serían años y años
de estudio y esfuerzo y abstinencia o sexo frugal, no vería a otra mujer así
hasta dentro de muchos años y ahora la tenía aquí delante de mí junto con todo
el sexo que pudiera tener. Conocía a Carolina lo suficiente como para saber que
si me negaba ella ya no se acostaría conmigo, fuera de que era sirvienta esa
hembra era una obra de arte. ¿Abandonaba una vida de facilidades y
oportunidades por una mujer voluptuosa y sensual? Estaba sentenciado a que me
echaran de la casa, pero tendría una muy buena esposa. En eso ella interrumpió
mis meditaciones al ofrecerme con ademanes felinos más flujo vaginal. Me sacié
con ese delicioso jugo y la vi entonces: tendida en la cama con la bata mojada
pegándosele al cuerpo, con su enorme teta al aire, con un pezón marcado, y un
muslo mostrándose casi obscenamente. En eso pensé, podríamos casarnos en secreto
y nadie se iba a enterar. No lo pensé más, tomé la decisión con mi pene no con
la cabeza. “Acepto Carolina, te haré mi esposa” –le dije. De inmediato ella
saltó y me abrazó, me besó metiendo su lengua hasta mi paladar. Me decía que me
amaba y que ya quería ser mi esposa.
Bajó
mi cabeza su vagina y yo lamía con delicadeza, incluso arrancaba alguno que
otro de sus pelos púbicos. Me dijo que me pusiera un traje que ya iba a ser la
boda, yo me asombré pero obedecí. Cuando estuve listo salí y la vi ataviada con
un vestido de novia y un peinado solemne. Así que eso llevaba en el paquete. Salimos
a prisa y llegamos a una iglesia no muy lejana, allí en una capilla estaba
esperándonos un sacerdote. “He gastado mis ahorros en alquilar este vestido,
pagarle al sacerdote y al juez del gobierno para que viniera aquí a casarnos
también” –me dijo. No lo podía creer, ya lo había premeditando, como sea que
fuere ya estaba yo allí súper excitado. No hubo misa, solo dijo unas palabras
unos cuantos minutos, luego nos declaró marido y mujer, casi eyaculé cuando
dijo eso, por cierto las los anillos eran de aluminio. Nos besamos y luego le
tocó el turno al juez el cual nos hizo firmar unos papeles que reconocían la
unión legal, los testigos en ambos casos fueron gente de la iglesia. No lo
podía creer esa tarde ya éramos religiosa y legalmente marido y mujer. No podía
para de besarla. “Es hora de nuestra noche de bodas” –dijo ella.
Conduje
hasta la casa con una mano en el volante y otra sobre mi esposa. Una vez en
casa me dijo que había guardado lo mejor para el final. Me dijo que esperara
media hora, yo me quedé esperando tratando de no pensar en nada, no podía creer
que ya tuviera esposa. Pasada un poco más de media hora me llamó, subí a
nuestra recámara nupcial (sí, la de mis papás) y la encontré igual, con su
vestido de novia todavía puesto, pero esta vez sí me abalancé como un poseído
sobre ella, la tiré en la cama y comencé a quitarle el vestido. Afuera se había
soltado una tormenta, mientras yo terminaba de quitárselo. “Mira mis senos” –me
dijo y yo le quité el sostén y lo aventé muy lejos, como si no quisiera que se
volviera a vestir jamás. Los encontré completamente cubiertos chocolate
derretido el cuál lamía como perro hambriento, igual descubrí que todo su
vientre plano estaba cubierto de chocolate, y cuando llegué a su ombligo casi
se ahoga de risa. Le bajé la tanguita blanca y encontré que entre sus vellos
púbicos había trozos de fresas, los cuales ingerí con calma. La abrí
bruscamente de piernas, al final recubriendo su cueva del tesoro otra oleada de
chocolate sin derretir, saqué lo más que pude de su vagina mezclado con sus
flujos. Era alimento del paraíso.
Entonces
le dije agitado por la excitación. “Por fin vas a ser ahora de verdad y para
siempre mi mujer y mi hembra” –le dije “¿Que tanto me amas?” –me preguntó. “Ya
lo sabes, más que a nada en el mundo” –le respondí. “¿Me amas tanto como para
darme una prueba de tu amor, aquí y ahorita?” –me dijo. “¡Sí!” –respondí ebrio
de deseo. “Embarázame”. Hazme tu mujer y tu hembra y embarázame ahora. Hazme la
madre tus hijos” –me pidió. “No entiendo” –le dije. “Siempre existe el riesgo
de que te embarace, incluso puedes ya estarlo” –le respondí. “Eso sí mi amor,
pero hoy exactamente estoy ovulando, hoy soy fértil, si me coges hoy es casi
seguro que me preñas” –insistió. “Entonces te voy a preñar, te voy a coger y te
voy a dejar embarazada, ya lo di todo por tí, entonces te voy a hacer madre” –le
dije obsesionado. Me dijo: “Otra cosa torito, como regalo de bodas quiero que
me des el collar de peras de tu madre y su pulsera de oro, en compensación por
mi bata”. Está bien, toma lo que
quieras, de todas formas nos tendremos que ir.
“Amor
mío, cumple con tu misión, poséeme, hazme tuya y déjame preñada” –me dijo.
Entonces la monté, ella me aprisionó con sus piernas enfundadas en las medias blancas
de seda y la empecé a cabalgar salvajemente, sabía que con cada embestida de mi
miembro mi vida como la conocía se iba perdiendo para siempre igual que el
futuro promisorio, sabía que me iban a echar de casa también, pero no me
importaba, en ese momento era muy feliz tomando posesión de mi hembra,
montándola, sintiendo como mi pene conquistaba sus entrañas, embarazándola,
amándola como hombre, en fin haciéndola mía. Pronto eyaculé sin control
depositando mis chorros de semen en lo más profundo de sus entrañas. La poseí
varias veces durante toda la noche, en varias posiciones, no paramos hasta que
nos abandonaron todas nuestras fuerzas y sudamos tanto que las sábanas y
colchas escurrían con aplastarlos. Yo me dormí arriba de ella y a la tarde del
lunes cuando nos despertamos ella seguía penetrada por primera vez por mí. Nos
levantamos, ella con su bata encima sin cerrar. Yo desnudo, bajamos sin prisa,
ordenamos una pizza y nos bebimos medio garrafón de agua, acabábamos de comer
cuando llegaron mis papás, ella se cerró la bata y salimos agarrados de la mano
a recibirlos estábamos preparados para lo peor. Mamá no daba crédito a sus ojos
al ver a su hijo desnudo agarrado de la mano con la sirvienta en bata de noche,
creo que se desmayó. En realidad olvidé vestirme, así que mientras mi asombrado
papá y mi hermano la llevaban a la sala (y encontraban allí un desastre) me
puse unos shorts que había colgados en el patio. Expliqué a papá, lo que había
sucedido pero puse mucho énfasis en lo que sentía por Carolina, nuestro
matrimonio en otras palabras nuestro amor y que ya nada podría cambiarlo, pedí
perdón por el desorden prometiendo que limpiaríamos, que estaba consciente de
lo que había hecho y que si nos echaban de la casa lo entendíamos, pero que
jamás por ningún motivo nos íbamos a separar. Además era casi seguro que ya
estábamos esperando un hijo. Lo meditó largo tiempo y nos mandó por lo pronto a
dormir al cuarto de la azotea en lo que discutía con mamá que seguía
inconsciente.
Esa
noche me la cogí sin disimulo y seguro ellos si durmieron en su cuarto nos
oyeron. Al otro día vino papá y me dijo que podíamos quedarnos un tiempo en el
cuarto de servicio hasta que encontrara dónde llevar a mi esposa a vivir. Le di
las gracias y ese mismo día me despedí de la escuela para siempre pues salí a
buscar trabajo y Carolina limpió el desorden. También esa noche mamá nos subió
a buscar al cuartito, pero no la iba a dejar pasar si iba a gritarle a mi
esposa. Ella dijo que no, solo nos ofreció bajar a dormir a mi antigua
recámara, a lo que accedimos, entonces cuando no las oía le dijo a Carolina que
ya se había salido con la suya y ella le contestó que era como ella se las
estaba pagando por haberla tratado así, se embarazó de su hijo y lo hizo su
marido, la sirvienta a la que ella despreciaba. Esa noche me la cogí
largamente, era imposible que mis papás no oyeran los gemidos de mi esposa ni
mis gritos. Encontré trabajo de mensajero y con los meses junté el dinero para
poner una tienda de artículos electrónicos muy sencilla, pero que hice crecer
poco a poco. Ella encontró trabajo como mesera A los seis meses mi esposa ya
tenía bastante pancita, ni había duda, si no fue esa noche, antes o después la
había embarazado, ya que nunca usamos condón y a partir de esa noche me la
cogía todas las noches.
Al
octavo mes una noche que estábamos haciendo el amor le chupé una teta y salió
leche de ella, no cabía de placer, desde esa noche hasta que nació el bebé ella
me tuvo que amamantar a mí. Cuando nació ya estábamos listos para irnos, pero
mamá no nos dejaba pues adoraba al bebé y decía que nuestro departamento no
tenía casi muebles ni enseres. Tres meses más tarde ya lo habíamos amueblado
del todo, y para celebrar hicimos una cena, pero como no llegaban mis padres me
cogí a mi esposa sobre la mesa, en eso llegaron ellos, pero qué diablos era mi
hogar y mi esposa así que me la seguí cogiendo enfrente de ellos y no reparamos
en gemidos o gritos. Después cenamos.
Poco más
de tres meses después de nacer el primer bebé, ya la había embarazado otra vez,
pues me obsesionaba la idea de seguir probando su leche materna, creo que la dejé
preñada el día de la cena. Hasta ahora tenemos cinco años de casados, cuatro
hijos y está esperando el quinto. Van a ser al final 3 niñas y 2 niños. Aún
planeamos tener más hijos y seguir con nuestra historia romántica; y con esa
historia que enciende la lujuria cada vez que con mi yegua estamos en la cama.
Pasiones Prohibidas
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