Era un sábado por la mañana, me levanté temprano ya que debía hacer algunas cosas y no quería perder el tiempo, desayuné, pues me desperté con muchísima hambre. La noche anterior apenas había cenado y eso se notaba... Me preparé un buen vaso de leche con café, unas tostadas con mantequilla y mermelada de fresa, que me encanta, y un jugo de naranja. Lo devoré, pues el hambre era increíble. Estaba entre la espada y la pared, debía en el trabajo entregar un informe a primera hora y era un aburrimiento tenaz sentarme frente al computador y comenzar a redactar. Además, era verano y podría estar en la playa luciendo mi figura bajo el sol o metida en el agua.
Mientras estaba sentada a la mesa, tomando mi desayuno, empecé a sentir mucho calor. Eran apenas las 9 de la mañana y ya el termómetro había alcanzado los 32 grados. Mi casa tiene 140 m², con un jardincito, y una pequeña piscina. Así que pensé que, en cuanto terminase las tareas de la casa, saldría fuera a darme un buen baño. Puse manos a la obra.Empecé a barrer, tirar y arrastrar basura que iba encontrando a mi paso y que no servían para nada, y comencé a sacudir el polvo acumulado en la semana. Estaba ya sudando, por el calor y por no parar. Tenía el volumen del aparato de música bastante alto, para poder escuchar la música por todas las partes de la casa, conforme me iba moviendo por ella. Además, iba cantando, pues me encanta, es que hasta me emociono. Así que quien pasase por la calle se reiría al escucharme cantar, seguro.
No sé porqué, empecé a excitarme. Bueno, quizás fuese porque para trabajar en casa suelo llevar un simple vestidito muy corto, de lycra, sin nada debajo, y según qué movimientos haga como, por ejemplo, agacharme, se asoma por el cortito vestido mi culito y mi sexo. Es ese hecho el que produce cierta excitación. Empecé a sentir deseo y un calor abrumador, y la necesidad de tocarme, de acariciarme. De repente, escuché un ruido, un portazo, me pareció. No pude distinguirlo bien, debido al volumen de la música. Así que, para asegurarme, di una vuelta por la casa, asomándome al jardín. Nada. "Habrá sido una corriente de aire", pensé... Y seguí con lo mío. Ahora "lo mío" era más bien "limpiar" mi excitación que limpiar el polvo. Pero quería terminar de asear la casa, así que me dispuse a limpiar la mesa, para terminar.
Es una mesa de centro, bajita, con un cristal transparente en la parte de arriba y un espejo en la parte de abajo. Me agaché para limpiarla y otra oleada de calor me sacudió y esta vez la excitación fue mucho mayor, pues me veía reflejada en el espejo y me encantaba la cara de deseo que tenía. Comencé a levantar el vestido, aunque poco había que levantar. Lo subí hasta mi cintura y comencé a masturbarme. Estaba increíblemente mojada, demasiado. Me gustan mucho los espejos, así que me coloqué sobre la mesa, con las piernas bien abiertas, viendo mi sexo totalmente abierto, chorreante, mientras no paraba de acariciar mi vulva, mi clítoris, ese frenético mete y saca de mis dedos era un éxtasis completo que me hacía temblar. Me puse más en la esquina de la mesa, de modo que quedaba totalmente en la entrada de mi vagina. Evidentemente, no podía entrar pero la sensación de sentirla ahí, al tiempo que yo me masturbaba era sumamente delicioso, llevándome a un primer orgasmo que me pareció demasiado intenso, tanto que mis piernas temblaban. Seguí tocándome y el placer me pareció insoportable. Cuando estaba a punto de acabar otra vez, agarrándome más fuertemente a la mesa, sentí una especie de brisa a mi alrededor y, tras ella, unas manos me levantaban de la mesa. Me dispuse a girarme, pero suavemente unas fuertes y grandes manos levantaron mi pelo y empezó a besarme la nuca, impidiendo así que lo hiciese. ¿Alguien había entrado en casa? Me asusté pero, por otro lado, sabía que no me haría nada. Nada que yo no quisiese. Por lo cual, le dejé hacer cuánto dispusiera; ya era presa de la excitación y mi cuerpo se había entregado resiliente a esas manos y labios invasores.
Me levantó de la mesa y siguió él masturbándome, desde atrás, no podía verle, me desesperaba; buscaba su rostro en el espejo de la mesa pero esa persona de hábiles manos sabía esconderse. Acariciaba mi húmedo sexo, empezando a meter primero un dedo y luego dos, mientras me susurraba al oido: "¡Acaba putita! Quiero que acabes, quiero beber tus fluidos y embriagarme de ellos. ¡Mmmmmm se siente delicioso". Sentí como se arrodilló detrás y separó mis nalgas, su lengua se perdía entre mi vagina y mi ano. Acabé una vez más, mientras él se devoraba mi sexo. Esa voz me ponía aún más caliente, mucho más; aunque por alguna razón me resultaba familiar.
Me hizo apoyarme en la mesa y siempre a mi espalda, empezó a penetrarme. No paraba de moverse; bueno, de movernos. Me calentaba mucho verme en el espejo, mientras gemía, entrecerraba mis ojos. Trataba de visualizar en mi mente quién me estaba dando tan rico en la mañana pero no podía pensar en nada más que en el placer, en la lujuria y en el hecho de que un desconocido que se había metido en mi casa no haya podido resistirse a poseerme cómo una perra en celo. La metía hasta el fondo, muy al fondo, volvía a sacarla. ¡Era alucinante! Me sentía de verdad presa de aquel lobo hambriento que se saciaba en cada embestida. Me tenía tomada por las caderas y eso me encantaba, no paraba de gemir. Ahora pienso que menos mal que tenía la música tan fuerte, pues gritaba y gritaba; su pene crecía más y más dentro de mí, consiguiendo otro orgasmo más fuerte que los anteriores. Ya casi no podía mantenerme en pie, mis piernas temblaban y el corazón parecía que se me saldría del pecho; esperaba que éste hombre entrara en razón y se detuviera para que pudiera recobrar el aire pero cada gemido de mi parte lo hacía embestir con más fuerza y les juro que amaba la poca sutileza y la violencia con la que me follaba.
Sentí que iba a explotar, su pene palpitaba de una manera feroz y le supliqué que dejara chuparlo hasta sentir como su semen llenara mi boca. Por alguna razón no quería que le viese, por lo cual me tapó los ojos con uno de los paños que estaba usando para limpiar y eso me resultó aún más morboso. Sacó su pene de mi sexo, me dio la vuelta y empecé a lamer y chupar su erecto, y duro miembro húmedo de mis jugos. Me gusta saborear el pene de un hombre que previamente me ha penetrado, es tan delicioso, ya que puedo probar mis fluidos y los de él mezclados. ¡Sí, soy una puta! Es mi problema y me encanta serlo.
Lo tragué como una puta hambrienta de verga, agarrándola con una mano fuertemente y moviendo esta de abajo arriba sin parar, mientras la devoraba con mi caliente lengua, con mis labios, con mis dientes, suavemente, pasando a un ritmo mucho mayor, que lo llevaba a la locura, pues ahora él también gemía sin parar mientras se enredaba en mi pelo y lo jalaba al ritmo que llevaba. Intenté destaparme los ojos para ver su cara de placer, pero no me lo permitió. Seguí un rato más comiendo su exquisito miembro, que era en verdad más que grande, grueso. Lo tenía todo dentro de mi boca. Empecé a sentir como su líquido caliente salía. Estaba acabando deliciosamente en mi boca. Su orgasmo fue espectacular pues, aun sin poderlo ver, sentí la gran cantidad de semen que salió. Bañó mi cara, bajó por mi pecho manchando mi vestido y una gran cantidad quedó en mi boca, la que tragué lentamente. Así, con mi boca llena de semen, volví a chupar su verga otra vez. Esta vez, para que terminase su orgasmo y sentir esos benditos espasmos de los hombres cuando ya han acabo y sigues estimulándolos. Cuando me disponía a chupar otra vez, sentí que se marchaba sin darme tiempo a nada, ni a quitarme siquiera el paño con el que me había tapado los ojos. Incluso pensé si lo había imaginado. Pero no, tenía pruebas de que aquello había sido real, de que había tenido un encuentro sexual algo rápido pero muy, muy placentero. Estaba llena de su semen y eso no se podía negar. La curiosidad por saber quién había estado dentro de mi casa y dentro de mí era mayor a cada momento que pasaba. Tanto que busqué por todos lados sin encontrar a nadie. Quizás algún día lo sabré, eso espero.
Terminé de limpiar la casa. Tratando muy bien, a partir de entonces, a mi mesa, que había sido testigo mudo de todo aquello y una parte fundamental del placer recibido.
Mientras estaba sentada a la mesa, tomando mi desayuno, empecé a sentir mucho calor. Eran apenas las 9 de la mañana y ya el termómetro había alcanzado los 32 grados. Mi casa tiene 140 m², con un jardincito, y una pequeña piscina. Así que pensé que, en cuanto terminase las tareas de la casa, saldría fuera a darme un buen baño. Puse manos a la obra.Empecé a barrer, tirar y arrastrar basura que iba encontrando a mi paso y que no servían para nada, y comencé a sacudir el polvo acumulado en la semana. Estaba ya sudando, por el calor y por no parar. Tenía el volumen del aparato de música bastante alto, para poder escuchar la música por todas las partes de la casa, conforme me iba moviendo por ella. Además, iba cantando, pues me encanta, es que hasta me emociono. Así que quien pasase por la calle se reiría al escucharme cantar, seguro.
No sé porqué, empecé a excitarme. Bueno, quizás fuese porque para trabajar en casa suelo llevar un simple vestidito muy corto, de lycra, sin nada debajo, y según qué movimientos haga como, por ejemplo, agacharme, se asoma por el cortito vestido mi culito y mi sexo. Es ese hecho el que produce cierta excitación. Empecé a sentir deseo y un calor abrumador, y la necesidad de tocarme, de acariciarme. De repente, escuché un ruido, un portazo, me pareció. No pude distinguirlo bien, debido al volumen de la música. Así que, para asegurarme, di una vuelta por la casa, asomándome al jardín. Nada. "Habrá sido una corriente de aire", pensé... Y seguí con lo mío. Ahora "lo mío" era más bien "limpiar" mi excitación que limpiar el polvo. Pero quería terminar de asear la casa, así que me dispuse a limpiar la mesa, para terminar.
Es una mesa de centro, bajita, con un cristal transparente en la parte de arriba y un espejo en la parte de abajo. Me agaché para limpiarla y otra oleada de calor me sacudió y esta vez la excitación fue mucho mayor, pues me veía reflejada en el espejo y me encantaba la cara de deseo que tenía. Comencé a levantar el vestido, aunque poco había que levantar. Lo subí hasta mi cintura y comencé a masturbarme. Estaba increíblemente mojada, demasiado. Me gustan mucho los espejos, así que me coloqué sobre la mesa, con las piernas bien abiertas, viendo mi sexo totalmente abierto, chorreante, mientras no paraba de acariciar mi vulva, mi clítoris, ese frenético mete y saca de mis dedos era un éxtasis completo que me hacía temblar. Me puse más en la esquina de la mesa, de modo que quedaba totalmente en la entrada de mi vagina. Evidentemente, no podía entrar pero la sensación de sentirla ahí, al tiempo que yo me masturbaba era sumamente delicioso, llevándome a un primer orgasmo que me pareció demasiado intenso, tanto que mis piernas temblaban. Seguí tocándome y el placer me pareció insoportable. Cuando estaba a punto de acabar otra vez, agarrándome más fuertemente a la mesa, sentí una especie de brisa a mi alrededor y, tras ella, unas manos me levantaban de la mesa. Me dispuse a girarme, pero suavemente unas fuertes y grandes manos levantaron mi pelo y empezó a besarme la nuca, impidiendo así que lo hiciese. ¿Alguien había entrado en casa? Me asusté pero, por otro lado, sabía que no me haría nada. Nada que yo no quisiese. Por lo cual, le dejé hacer cuánto dispusiera; ya era presa de la excitación y mi cuerpo se había entregado resiliente a esas manos y labios invasores.
Me levantó de la mesa y siguió él masturbándome, desde atrás, no podía verle, me desesperaba; buscaba su rostro en el espejo de la mesa pero esa persona de hábiles manos sabía esconderse. Acariciaba mi húmedo sexo, empezando a meter primero un dedo y luego dos, mientras me susurraba al oido: "¡Acaba putita! Quiero que acabes, quiero beber tus fluidos y embriagarme de ellos. ¡Mmmmmm se siente delicioso". Sentí como se arrodilló detrás y separó mis nalgas, su lengua se perdía entre mi vagina y mi ano. Acabé una vez más, mientras él se devoraba mi sexo. Esa voz me ponía aún más caliente, mucho más; aunque por alguna razón me resultaba familiar.
Me hizo apoyarme en la mesa y siempre a mi espalda, empezó a penetrarme. No paraba de moverse; bueno, de movernos. Me calentaba mucho verme en el espejo, mientras gemía, entrecerraba mis ojos. Trataba de visualizar en mi mente quién me estaba dando tan rico en la mañana pero no podía pensar en nada más que en el placer, en la lujuria y en el hecho de que un desconocido que se había metido en mi casa no haya podido resistirse a poseerme cómo una perra en celo. La metía hasta el fondo, muy al fondo, volvía a sacarla. ¡Era alucinante! Me sentía de verdad presa de aquel lobo hambriento que se saciaba en cada embestida. Me tenía tomada por las caderas y eso me encantaba, no paraba de gemir. Ahora pienso que menos mal que tenía la música tan fuerte, pues gritaba y gritaba; su pene crecía más y más dentro de mí, consiguiendo otro orgasmo más fuerte que los anteriores. Ya casi no podía mantenerme en pie, mis piernas temblaban y el corazón parecía que se me saldría del pecho; esperaba que éste hombre entrara en razón y se detuviera para que pudiera recobrar el aire pero cada gemido de mi parte lo hacía embestir con más fuerza y les juro que amaba la poca sutileza y la violencia con la que me follaba.
Sentí que iba a explotar, su pene palpitaba de una manera feroz y le supliqué que dejara chuparlo hasta sentir como su semen llenara mi boca. Por alguna razón no quería que le viese, por lo cual me tapó los ojos con uno de los paños que estaba usando para limpiar y eso me resultó aún más morboso. Sacó su pene de mi sexo, me dio la vuelta y empecé a lamer y chupar su erecto, y duro miembro húmedo de mis jugos. Me gusta saborear el pene de un hombre que previamente me ha penetrado, es tan delicioso, ya que puedo probar mis fluidos y los de él mezclados. ¡Sí, soy una puta! Es mi problema y me encanta serlo.
Lo tragué como una puta hambrienta de verga, agarrándola con una mano fuertemente y moviendo esta de abajo arriba sin parar, mientras la devoraba con mi caliente lengua, con mis labios, con mis dientes, suavemente, pasando a un ritmo mucho mayor, que lo llevaba a la locura, pues ahora él también gemía sin parar mientras se enredaba en mi pelo y lo jalaba al ritmo que llevaba. Intenté destaparme los ojos para ver su cara de placer, pero no me lo permitió. Seguí un rato más comiendo su exquisito miembro, que era en verdad más que grande, grueso. Lo tenía todo dentro de mi boca. Empecé a sentir como su líquido caliente salía. Estaba acabando deliciosamente en mi boca. Su orgasmo fue espectacular pues, aun sin poderlo ver, sentí la gran cantidad de semen que salió. Bañó mi cara, bajó por mi pecho manchando mi vestido y una gran cantidad quedó en mi boca, la que tragué lentamente. Así, con mi boca llena de semen, volví a chupar su verga otra vez. Esta vez, para que terminase su orgasmo y sentir esos benditos espasmos de los hombres cuando ya han acabo y sigues estimulándolos. Cuando me disponía a chupar otra vez, sentí que se marchaba sin darme tiempo a nada, ni a quitarme siquiera el paño con el que me había tapado los ojos. Incluso pensé si lo había imaginado. Pero no, tenía pruebas de que aquello había sido real, de que había tenido un encuentro sexual algo rápido pero muy, muy placentero. Estaba llena de su semen y eso no se podía negar. La curiosidad por saber quién había estado dentro de mi casa y dentro de mí era mayor a cada momento que pasaba. Tanto que busqué por todos lados sin encontrar a nadie. Quizás algún día lo sabré, eso espero.
Terminé de limpiar la casa. Tratando muy bien, a partir de entonces, a mi mesa, que había sido testigo mudo de todo aquello y una parte fundamental del placer recibido.
Pasiones Prohibidas ®

Mmmm 🔥🔥😏😏😋😋que delicioso relato
ResponderEliminarIntrigante muy excitante
Me encantó mi amor
Sus Exquisitos detalles son muy placenteros a la imaginación ...
Me has dejado muy excitada mi Perverso 🔥🔥😈🔥
Exelente relato
ResponderEliminarExcelemte y muy excitante relato
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