Como
cada mañana, vi al maestro Jacob caminando por el corredor, con esa elegancia y
sensualidad que lo caracteriza, nos imparte la clase de Historia, es uno de
esos hombres, que sin ser guapo en el sentido clásico, resulta un hombre
tremendamente atractivo, con más de metro ochenta de estatura, esbelto, de
hombros anchos, cintura estrecha, piernas largas y poderosas, un trasero firme
y abultado y bajo sus pantalones, un buen paquete, de esos que se te antojan
con sólo echar una mirada. Es uno de esos maestros estrictos y duros con los
alumnos; es imposible sobornarlo y alardear en alguna de sus clases, sin
meterte en un buen lío.
La
cuestión, es que, ése no fue uno de mis mejores periodos, por lo que mis
calificaciones no eran precisamente como para presumir, así que me vi bajo la
estricta lupa del profesor.
Casi
al terminar las clases, Jacob me mandó a llamar a su despecho y mientras me
sermoneaba y me daba detalles sobre cómo salvar el semestre, empecé a fijarme
con atención en él; el pantalón vaquero se ajustaba a sus muslos y mis ojos
fueron directamente a su paquete; mi calentura se disparó de inmediato, al
imaginar esos labios en mis tetas, mordiendo mis pezones o chupándome la
vagina; Jacob pareció advertir mi lascivo interés, por lo que bruscamente dio
por terminada la reunión, no sin que antes yo advirtiera cómo su paquete crecía
visiblemente bajo sus pantalones.
A partir
de ése día, no me perdía su clase, me sentada adelante, frente a su escritorio,
me las arreglé para hacer que mi falda del colegio fuera lo más corta posible,
apenas cubriéndome a medio muslo y la blusa blanca una talla más chica, debajo
me ponía sujetadores de media copa, para que mis tetas quedaron visibles y aún
más, no llevaba calzones. Constantemente, abría mis piernas, dejando expuesta mi
vagina. Disimuladamente, Jacob no evitaba mirarme; muchas veces lo pesqué con
la vista fija en mis senos y yo sólo sonreía y en cuanto él se daba cuenta, se
apartaba con brusquedad; Así pasó más de una semana, en las que pude observar
cómo el perverso maestro de historia se ponía cada vez más nervioso y cómo su
rico miembro se endurecía; yo hacía todo lo posible por provocarlo; en una
ocasión, me acerqué a su escritorio y me incliné sobre él, regalando una
magnífica vista sobre mis tetas; casi se quedó bizco y se puso tan rojo, que
creí que en ése momento me echaría; un poco harta de este jueguecito, decidí
hacer algo drástico, así que cuando el colegio casi estaba desierto, me dirigí
a su oficina; yo sabía que él siempre era uno de los últimos en abandonar la
escuela, así que cuando llegué, él estaba arreglando unos papeles, de espaldas
a la puerta; con suavidad entré y cerré la puerta tras de mí; cuando me vio, se
sonrojó y noté su inquietud. Me preguntó con sequedad qué quería; sonriendo me
senté en una silla y le respondí, que era precisamente lo mismo que yo iba a
preguntarle; me miró sin comprender.
“Te
he visto cómo miras mis tetas” –le dijo con un tono desafiante.
Él se
quedó mudo de asombro y después de unos minutos balbucea: “Eso, no es...”. “Oh,
vamos, no finjas, sé que estás deseando lamerme las tetas” –interrumpo de
manera descortés. Apretó los puños, molesto por mi comentario descarado. “Será
mejor que salgas de aquí” –me dice con furia. Sonreí y empecé a desabotonar mi
blusa ante tu mirada perpleja; él ni siquiera podía hablar, así que cuando mis
senos quedaron expuestos, no pudo dejar de mirar, empecé a acariciarlos,
pellizcando mis pezones y poniendo cara de caliente. “Apuesto a que se te
antojan, ¿eh, profesor?” –le digo de forma insinuante. Lo vi tartamudear y
perder al color; con total descaro, abrí mis piernas, colocándolas sobre los
reposabrazos, dejando a su vista mi vagina que ya estaba húmeda; me incliné y
tomé un trozo de tiza largo y grueso que estaba sobre el escritorio; y ante sus
asombrados ojos, comencé a masturbarme; Jacob no podía salir de su estupor.
“Apuesto
a que estás deseando cogerme, ¿eh? Anda, acércate y cógeme” –le digo
desafiante. Él no se movió, sólo me observó, me deleito al ver como su miembro
crecía bajo su pantalón; seguí masajeando mis clítoris y penetrándome con la
tiza; era maravilloso sentirme expuesta así de esa manera. “Seguro que tu verga
está deseando enterrarse en ésta conchita, anda, no te resistas, cógeme” –le
suplicaba. Me sentí un poco frustrada, al ver que él no estaba dispuesto a
participar, por lo que dejé de masturbarme y me puse de pie; lo vi palidecer
aún más y reí, llevé mis dedos a su boca, para que probara mis jugos, luego
tomé su imponente miembro sobre el pantalón. “Sal de aquí inmediatamente” –Me dijo,
golpeando mi mano y apartándose, pero
sin poder evitar que su cuerpo reaccionara y su pene creciera aún más.
“Piénsalo, profesor, puedo acusarte de violación; cualquiera me creería” –le
digo amenazante. Lo vi apretar los labios, pero prefiero que estés dispuesto, estoy
deseando tomar tu verga y comérmela hasta que escurra tu semen caliente. Apuesto
a que tu esposa no te hace eso” –le digo.
Se
quedó en completo silencio y mordió sus labios, creo que la idea le fascinó. De
prisa, desabroché su cinturón y metí la mano, tomando su pene caliente y duro
entre mis manos y empecé a masturbarlo; él cerró los ojos, no podía evitarlo,
estaba ardiendo. Bajé sus pantalones y me arrodillé; ante mi vista apareció una
verga deliciosa, de enormes proporciones y gorda; envolví el glande con mi
lengua y lamí el tronco hasta la base. “Tú ganas, puta” –Me dijo, de pronto y
tomando su pene lo metió en mi boca de una, me agarró de la nuca y empezó a
follar mi boca; sus movimientos eran cada vez más rápidos y hubo un momento en
que creí me ahogaría. “Esto es lo que querías, ¿verdad, putita? Anda, chupa y
disfrutarás de mi tibio semen” –me dijo en tono enérgico.
Yo
seguí comiéndome su verga que era deliciosa y a momentos crecía dentro de mi
boca; con los dedos masajeé sus testículos; no pasó mucho tiempo antes de que
sintiera el chorro de leche caliente golpeando mi garganta y escuchara su ronco
gemido; me tragué todo, con verdadero placer. Jacobo, se apartó un poco y me
miró, sin poder creer lo que acaba de ocurrir. Sonreí, muy satisfecha.
“Ahora
te gustaría cogerme, ¿verdad?” –le digo otra vez desafiante. Él abrió los ojos
y muy renuente asintió. “Pues, para cogerme tendrás que hacer lo que yo te diga”
–le dije. Me responde: “No entiendo”. Acomodé
mi ropa y lo miré con diversión, le dije mirándolo a los ojos: “Te apuesto a
que te daré la mejor cogida de tu vida; soy una verdadera puta y podrás meterme
tu miembro en todos mis orificios”. Se acercó, para tocarme, pero me aparté.
Casi en tono suplicante pregunta: “¿Qué debo hacer?”. –“Ven a mi casa esta
tarde” –él sacudió la cabeza con energía. “No te preocupes, estaré sola. Te
espero” –le dije sin esperar respuesta. Después de revisar que mi ropa
estuviera en su lugar, salí de su oficina.
A las
siete de la tarde, llamaron a la puerta de mi casa; sonreí. Mi familia no
estaba, por lo que tenía la casa a mi disposición; vi mi ropa; me había puesto
una faldita corta y una blusa color de rosa de tirantes; recogí mi cabello en
dos coletas y no me maquillé; realmente parecía una niña. Cuando abrí la puerta,
vi a Jacobo, tan nervioso, que ni siquiera podía hablar; en seguida se me
lanzó, besándome con ansia; con el pie cerré la puerta. “No he podido pensar en
otra cosa” –murmuró. “Me has calentado como hace mucho tiempo nadie lo hacía”
–dijo. Sonreí maliciosamente.
En
seguida, sus manos fueron a mis senos y empezaron a apretarlas, pellizcando mis
pezones que se pusieron duros y otra de sus manos se perdió bajo mi falda,
enterrando uno de sus dedos en mi vagina (no llevaba ropa interior). “que ya
estaba húmeda y caliente” –me dice con asombro. “Espera, espera” –le dije. Lo
aparté y lo tomé de la mano, llevándolo a la parte de arriba, a la habitación
donde los hombres de mi familia me habían iniciado en el sexo; al entrar,
comencé a desnudarlo y sus manos no dejaban de tocarme por todas partes, estaba
muy ansioso y su miembro saltó duro y muy grande ante mis ojos, yo también me
desnudé y sin pensarlo mucho, lo tiré sobre el suelo y me enterré esa tranca en
mi vagina húmeda. ¡Oh, qué buena verga me estaba cogiendo! Era muy grande y
gruesa, pero entró sin ninguna dificultad; empecé a galoparlo con locura; había
soportado demasiado tiempo que me evitara y ahora que lo tenía dispuesto, no
iba a desaprovecharlo. Nos movimos con rapidez y pronto logramos nuestros
orgasmos; sentí su semen llenándome la vagina, fue demasiado rápido, yo quería
más.
Mi
abuelo había colorado unos barrotes en la habitación y tenía unas cintas de
cuero, todo había sido idea de él, ya que quería intentar cosas nuevas, por lo
que aproveché que Jacobo estaba dispuesto a todo con tal de follarme, que no
puso quejas cuando lo puse de pie y le amarré las manos y los tobillos, con las
cintas, quedando inmovilizado. Sin saber muy bien qué era lo que pensaba hacer,
lo amordacé. Empecé a chuparle la verga, que estaba semi erecta; fui chupando
sus testículos, hasta el borde de sus nalgas; sentí cómo se estremeció cuando
chupé su orificio. Sus gemidos eran ahogados por la mordaza, mientras yo seguía
mamando ése delicioso miembro.
La
puerta se abrió de improviso y oí: “¡Vaya, vaya, con la putita de mi
hermanita!”. Al volverme hacia la puerta, descubrí a mi hermano, mirándonos con
desparpajo y observando detenidamente al profesor; éste, al ver a mi hermano,
se puso pálido y forcejeó un poco, para soltarse. “¿Qué haces aquí? Creí que estaría
con la puta de tu novia” –le respondí, sin dejar de chupar ese delicioso
miembro; éste había perdido de pronto su erección y mi hermano sonrió. “La muy
puta no quiso chuparme al culo, así que la mandé a volar. Así que, como me
quedé caliente, decidí venir a cogerme a mi dulce hermanita” –me dijo.
Jacobo
nos miraba a uno y a otro, sin poder comprender. “Ahora estoy ocupada, así que
largo. Estás distrayendo a mi profesor” –le dije molesta. Jacobo no dejaba de
sacudir la cabeza e intentaba soltarse, así que miré con enojo a mi hermano,
que ya se había acercado a nosotros. Mmmmm, no seas egoísta y déjame
participar. Estiró la mano para sacarme de debajo de mi amado profesor y en
cuando lo hizo, me cogió las tetas y comenzó a chuparlas ante los ojos
desorbitados de mi profesor “Qué buena estás, hermanita” –murmuró el muy
descarado y se desabrochó el pantalón, dejando saltar su verga erecta. “¿Verdad
que sí, profesor?” –dijo fijando su vista en Jacobo, que no podía dejar de
mirarnos. “Ahora vas a ver lo que le gusta a esta zorra” –dijo. Levantó una de
mis piernas y se arrodilló; entonces comenzó a lamer mi conchita, yo gemía como
loca, estaba tan caliente; ahí estaba yo, cogiendo con mi hermano ante de la
vista de mi profesor. Mi hermano encontró mi clítoris y lo chupó con energía, haciéndome
temblar. No tardé en tener un orgasmo y derramarme en el rostro de mi hermano. Cuando
terminé, mi hermano se puso de pie con agilidad y se deshizo de su ropa;
desnudo se acercó a Jacobo, que lo miró aterrorizado. “Parece una buena verga”
–dijo mi hermano y tomó ese delicioso miembro que me muero por tener dentro
otra vez, éste en seguida trató de apartarse y mi hermano se rió con
perversidad. “¿Qué tal sabe ésta verga, hermanita?” –pregunta el muy morboso.
Yo
que permanecía en el suelo, laxa, por mi reciente orgasmo, le dije en voz baja:
“Buenísima. Anda, prueba, no digas que tu hermanita es egoísta”. Al escuchar
mis palabras, Jacobo forcejeó, tratando de soltarse y gimiendo con pánico. Mi
hermano se arrodilló frente a él; Jacobo seguía intentando evitar ése momento
que parecía inevitable. Yo sonreí y el pervertido de mi hermano también, me
dice: “No, comer vergas es de putas, así que dale placer a este mariconcito.
Metí su verga en mi boca una vez más, él estaba disfrutando como un verdadero
puto. Mi hermano me alza de las caderas y clava de una certera estocada su
miembro en mi culo.
“¡Qué
puta eres hermana! No paras de chupar aunque te reviento el culo” –dice el
pervertido de mi hermano. “Está tan rica como la tuya, sigue que me gusta cómo
me ensartas el culo” –le digo sin parar de chuparla. Jacobo, vencido por
completo al placer, lo advertí por sus gemidos, se podía ver que lo estaba
disfrutando. Me sentía como una puta, sobre todo cuando los dos a la vez
llenaron mi boca y mi culo con ese espeso semen. Mi culo palpitaba y mi boca
escurría la tibieza de los fluidos de Jacobo.
Al
verlo vencido, mi hermano y yo decidimos desatarlo, para poder coger a nuestras
anchas; me puse de rodillas y le indiqué a mi hermano que era hora de que me
follase la boca y que Jacobo se tumbara en el piso y me follara con la boca. Me
puse sobre él regalándole mi culo y mi sexo, abrí mis piernas y en seguida mi
perverso profesor comenzó a lamer mi vulva. Mi hermano no podía dejar de gemir mientras
su verga entraba y salía de mi boca. Sentí cómo mi profesor me tomo de los
muslos y poniéndome sobre su pene y de un empujón lo hizo entrar completo, haciéndome
gritar de placer. Al percatarse de eso, mi hermano arremetió con más rapidez
sobre mi boca, cuando sintió que estaba a punto de venirse, sacó su pene y me
echó su leche en la cara, a la vez que Jacobo acababa dentro de mí y yo tenía
mi propio orgasmo.
Aun
no estaba satisfecha, quería que mi profesor me rompiera el culo, lo deseaba y
él se lo había ganado con creces. Por lo que mamé su miembro hasta que otra vez
se puso duro y le ofrecí mi culo; quería que me usara como siempre lo deseó y
de la manera salvaje en que yo había fantaseado. Mi hermano se acomodó de
espaldas en el suelo y yo me monté sobre él, ensartándome a su verga, me voltee
a mirar a mi querido profesor y le pedí que se acercara, mientras me abría las
nalgas dejando a su vista mi ano. Empezó a chuparlo, para dilatarlo; acomodó su
glande a mi agujero. “Ahí tienes lo que querías, puta” –me dijo con rabia y de
un golpe me ensartó su verga; yo grité por el dolor; era una verga muy grande
para mi hoyito; mi hermano al notar mi incomodidad, empezó a moverse dentro de
mí. Pronto me acostumbré y logramos acompasar nuestros ritmos. “¡Ah, qué rico
culito tienes perra! –murmuraba Jacobo con voz ronca. “¡Ah, qué bien se
siente! voy a romperte el culo, puta” –decía enajenado. Yo me movía con
agilidad sobre esos deliciosos penes. “¡Ah! ¡Qué bien se siente! ¡Vamos par de
putos, denme su semen –les decía al borde del orgasmo. Mi hermano dio un
empujón más y se derramó dentro de mí, cuando yo grité al tener mi orgasmo;
Jacobo tardó unos segundos más en acabar, pero cuando lo hizo, su leche salió
ardiendo y abundante, tanto que no pude retenerla en el culo. Caímos los tres
en el suelo, exhaustos. “Apuesto a que esa buena verga que tiene tu profesor,
le encantaría al abuelo” –dijo de pronto mi hermano y los dos soltamos una
fuerte carcajada, mientras Jacobo nos miraba atónito. Lo único que espero es
repetir la experiencia con mi querido profesor esta vez solos, sin que me tenga
que compartir con alguien más pero no niego que siempre me ha gustado coger con
mi hermano.
Pasiones Prohibidas
®

♥️♥️ Me encanta!! Saludos Tio P
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