Les contaré algo que me sucedió unos meses atrás y que me condujo a la más absoluta "perdición" por llamarlo de alguna manera, pero que en realidad ha liberado a la zorrita que llevaba dentro.
Soy una mujer casada de 32 años, farmaceútica, guapa, castaña clara, aunque ahora llevo mechas rubias, y muy atractiva. Tengo un cuerpo muy bonito, con tetas gordas, buen culo y piernas largas y además me gusta exhibirlo y causar admiración entre los hombres. Me gusta ver cómo me miran e imaginar lo que me harían.
Siempre he tenido fantasías de sumisión, en las que los hombres me obligan a exhibirme y a ser su puta, pero mi marido, que es algo mayor que yo, es muy convencional con respecto al sexo, sin gracia, por llamarlo de alguna manera y verdaderamente no me satisface en cuanto a mis fantasías, por lo que llevaba algún tiempo dedicada al cibersexo, donde daba rienda suelta a mi imaginación sin sospechar lo que me pasaría.
Desde hacía unos meses, mantenía conversaciones "calientes" a través de chats de sexo y sumisión y disfrutaba mucho con ellas e incluso realizando lo que me proponían algunos "ciberamos" como por ejemplo ir sin ropa interior, exhibirme de forma discreta, dejarme sobar en el metro o en el autobús. Me ponía cachondísima hacerlo y luego contárselo a través de las charlas que teníamos. Mi farmacia me deja mucho tiempo libre, ya que tengo varios empleados, y mi marido también porque a consecuencia de su trabajo, viaja mucho y así, llevaba un tiempo muy caliente sometiéndome a varios Amos y corriéndome varias veces al día tanto con ellos como con lo que me hacían hacer, pensando lo puta que era y cómo engañaba a mi marido con cualquiera, pero nunca me había planteado pasar a real.
Un dia, conocía un Dominante que se hacía llamar Khan y me gustó mucho desde el principio porque enseguida captó mis aficiones que eran como el decía, de sexo morboso y caliente con dominación suave. Me excitaba muchísimo hablar con él, me proponía unas situaciones super eróticas y desde que le conocí andaba casi todo el dia mojada. Por orden suya, ya casi nunca usaba ropa interior y mi vestuario fue cambiando de forma que vestía cada vez mas sexy y más provocativa y adopté este nombre: "La putita Khan".
Me hacía por ejemplo ir al cine sola, con minifaldas muy cortas, sentarme cerca de algún hombre y masturbarme descaradamente. En esas ocasiones me hacía ir con bragas para que tuviera que bajármelas y dejármelas a medio muslo o en los tobillos y me vieran así. Si iba con mi marido, me hacía ir sin ellas, sentarme al lado de alguien y ponerme medio girada para que me viera gran parte del culo y si me lo tocaba, me tenía que dejar. Luego, al llegar a casa por la noche, se lo tenía que contar todo.
Más tarde me obligó a darle el teléfono y teníamos charlas eróticas en él. Le gustaba mucho que me metiese en el probador de las tiendas, me desnudase por completo, le llamase y me masturbara mientras hablábamos. Me hacía decirle cosas sucias y quería oir como acababa con lo que también lo oía quien estuviese cerca.
Después me pidió que le enviase fotos y yo lo hice, vestida, en ropa interior, con lo que él me decía que me pusiese, haciendo lo que me decía y a veces en lugares públicos. Procuraba que no se me viera con claridad la cara, porque quería mantener discreción, pero el resto, se lo enseñé todo, con y sin ropa. Si iba a algún sitio, me decía como le gustaría que me vistiese y luego me hacía fotos y se las mandaba.
Luego quiso pasar al real, pero yo no quise hasta que no tuve otra elección, ya que por esas cosas de la vida, como luego supe, logró identificarme y resultó ser un compañero de la empresa de mi marido que ocupaba un cargo algo superior. Luego me dijo que en algunas fotos, la cara no estaba suficientemente borrosa, empezó a sospechar y confirmó mi identidad mirando el teléfono de mi marido y por algún otro detalle.
El caso es que todo comenzó un día en que teníamos una comida de la empresa de mi marido. Estuve hablando con él a través del msn y me dijo que me pusiera muy sexy y que fuese sin ropa interior. Me puse un vestido se satín negro cortito, con un escote muy desbocado y ancho, unas medias acanaladas negras y con ligueros y tanga del mismo color. No me atrevía a ir sin ropa interior porque se me veían las tetas con pequeños movimientos y la vagina si me sentaba sin cuidado y era la empresa de mi marido.
La reunión transcurría un poco aburrida, salvo porque había dos tipos que me miraban mucho y se reían. Yo los conocía de otras veces, eran atractivos de unos 40 años, pero a mi marido no le caían muy bien. En un momento dado el más alto se me acercó y me dijo: "No me has hecho caso, cielo". Yo le miré entre extrañada y sorprendida, pero el siguió: Te dije que nada de ropa interior, Putita de Khan. "¿Eres Khan?" —le pregunté, poniéndome colorada como un tomate, primero, pero luego excitadisima. "Sí" —me dijo. "¿Y tú sigues siendo mi puta?" —preguntó. "Sí" —le contesté. "Pues ve al baño y ponte como te dije" —ordenó. Le respondí: "Pero hay mucha gente y se me va a ver todo". A lo que él replicó: "¿Quieres que tu marido vea las fotos que tengo tuyas?. Si yo te he reconocido, él podrá hacerlo mejor". "Haré lo que usted quiera" —le respondí
Me fui al baño y me quité el sostén y la tanga. Me sentía desnuda.Los pezones se me marcaban exageradamente y a poco que me inclinaba se me veían los senos enteros. Salí al salón y mi Sr. Khan me llamó. Estaba sentado en unos sillones junto a un amigo suyo. Me lo presentó y al agacharme para saludarlo le mostré mis senos, el tipo miró sin disimulo. Me senté enfrente suyo y al lado de mi Señor Khan, quien me empezó a tocar las piernas y a levantarme un poco el vestido para que su amigo viese mi entrepierna. A todo esto, mi marido charlaba con unos y con otros y no se enteraba de nada. Me mandaron por unas copas con el objetivo de exhibirme, porque el vestido se me había subido un poco pero no dejó que me lo bajara. Cuando traía los tragos las tetas estaban a punto de salirseme y se me bamboleaban como locas, o al menos así lo percibia yo. Me senté de nuevo a su lado pero no dejó que me arreglara el vestido.
"Has sido una puta mala" —me dijo. "Así que te voy a castigar. Quiero que vayas al baño y me esperes allí, con el desnuda. Quédate solo con las medias" —ordenó. Así lo hice. Me fui otra vez y me desnudé. Estaba completamente mojada.
Al poco entraron él y su amigo con una cámara de fotos. Me hicieron fotos desnuda. Ahora ya si que no habría dudas. Me hicieron posar como una puta, metiéndome los dedos, con las piernas muy abiertas, abriéndome el culo y la vagina con las manos, y en estas si que se me veía la cara . Me obligaron a masturbarme y grabaron mientras lo hacía y cómo acababa. "Ahora nos toca a nosotros" —me dijo mi Señor. Me hizo ponerme de rodillas y sacaron su miembros. La de mi Señor era grande y gorda, deliciosa. La de su amigo era algo más pequeña, pero no estaba mal. Empezé a masturbarles. Sentía el calor de sus penes en las manos , me las pasaban por la cara y por las tetas. Su amigo se corrió enseguida pero mi Señor duró más. La metió en mi boca y me la folló un buen rato mientras el otro me hacía más fotos. Yo se la lamía con placer, me cogía de la cabeza y del pelo y empujaba hasta dentro. Me la metía casi entera en la boca, diciéndome cochinadas y alabando lo bien que la chupaba, hasta que eyaculó. Nunca me habían echado tanto semen en la boca, tanto que me rebosaba por las comisuras de los labios. Me hicieron limpiarles bien y luego me dijo: "Bueno, te has portado bien. Eres la zorra que esperaba. ¿Tu marido sale mañana de viaje no? "Sí" —le contesté. "Entonces iré a buscarte sobre las once. Quédate desnuda hasta que vaya. Vas a pasar este fin de semana conmigo" —dijo con seguridad. "¿Dónde?" —pregunté. A lo que respondió: "Ya lo verás. No hará falta que lleves mucha ropa, jaja. Si te portas bien nadie verá las fotos".
Me vestí de nuevo pero se quedaron con mi sostén y mi tanga "de recuerdo". Salimos al salón y al poco rato la reunión terminó y nos fuimos a casa. Me dormí con el gustillo de semen en la boca.
Al dia siguiente, mi marido se levantó pronto para coger un avión. Estaría una semana fuera. Yo me levanté sobre las diez y me quité el pijama, me duché y seguí desnuda, me arreglé, me pinté y esperé con impaciencia las once. Un poco ante llamaron al timbre. Era un muchacho que traía un paquete, pero estaba equivocado. Me puse una para abrirle y le despedí enseguida. A las once en punto volvió a sonar el timbre.Esta vez si era él. Le abrí completamente desnuda, con miedo por si me veían los vecinos.
"Hola guarrita, ¿todavía te sabe la boca a verga?" —preguntó. "Si mi Señor" —le contesté riendo. "Me has desobedecido" —dijo frunciendo el ceño. "¿Por qué mi Señor?" —pregunté. "Te vestiste para abrir al muchacho, así que te castigaré de nuevo, pero más tarde" —dijo con maldad en sus ojos. "Quiero muchos castigos como el de ayer" —le dije con una sonrisa pícara.
Estuvimos hablando sobre los límites. Le dije que me gustaba la humillación y la exhibición pero no el dolor o por lo menos no el dolor intenso. A él le gustaba lo mismo. Me preguntó si aceptaría cambiar mi aspecto porque le gustaría más de rubia platino y con el pelo corto, que resaltaría mi aspecto de puta con ropa interior negra. Me excitaba la idea así que le dije que si. Le pregunté que si quería que me depilase la vagina, pero me dijo que le gustaba como lo llevaba y que le calentaba mucho el contraste de mi vello púbico con el rubio que tendría en mi cabeza. Me vestí para ir a la peluqueria. Por supuesto sin ropa interior. Eligió unos shorts muy justitos de lycra, que se me metían en la vagina y separaban mis labios y un top también muy ceñido sobre el que se me marcaban los pezones, ambos negros, y nos fuimos a la peluquería. Mientras a mi me teñían y me cortaban el pelo él se fue a comprar unas cosas. Cuando me recogió sonrió ampliamente: "¡Que guapa estás!". "Gracias, es por usted" —le contesté. Preguntó: "¿Qué dirá tu marido?". Le respondí: "No creo que le guste mucho, pero le convenceré".
Me hicieron un corte muy bonito, rapadito de la nuca y un poco más largo por arriba. Realmente tenía pinta de puta, pero de lujo. Volvimos a casa. Me hizo desnudar de nuevo y pintarme como una puta, con los labios muy rojos y los ojos oscuros. Luego estuvo eligiendo lo que me pondría para llevarme. Me hizo probarme varias cosas y al final me puso un sostén negro transparente, con una tanga a juego y unas medias negras de las que llegan a medio muslo. A través del sostén se me veían mis enormes pezones y areolas y la tanga transparentaba completamente mi conchita. "Irás así" —me dijo. "Pero mi Señor, si estoy desnuda" —repliqué. Él agregó: "Ya te dije que no necesitarias ropa, me contestó riendo. Todos sabrán al verte lo puta que eres. Seguro que ya estás mojada". Efectivamente, ya estaba mojada solo de de pensar como disponía de mí y que me iba a llevar a un sitio que desconocía medio desnuda y descalza. Me puso un collar de cuero y plata que tenía y al que enganchó una cadena de plata, fina pero larga que caía entre mis tetas. Me metió mano en mi vagina mojadita y me hizo chuparle los dedos. "¿A que sabe guarra?" —preguntó. "A vagina de puta" —le contesté y emitió una sonora carcajada.
Me hizo poner a cuatro patas y gatear por la casa para ver que tal quedaba y me daba unos azotes en el culo. "¡Ya es hora vámonos ya! —me ordenó. "Pero Amo no puedo salir así hasta el coche" —le dije. "Busca algo y póntelo por encima zorra" —me dijo.
Tomé una chaqueta de traje que apenas me tapaba el culo y me la puse. Afortunadamente el ascensor daba al garaje. Al subirme al coche,, me hizo quitármela. De camino me fue explicando que íbamos a un club de BDSM, donde había una fiesta. Habría más amos y más sumisas y haría de mí lo que quisiera. Me dijo que si me importaba que me compartiese, me intercambiase o me cediese y le dije que no, que lo que no quería era dolor. Llegamos a une especie de finca en las afueras y al final de un camino, a una casa antigua. Nos bajamos del coche. Yo fuí a coger la chaqueta pero no me dejó. "Aquí no será necesaria. Espera que falta una cosa". Me hizo apoyarme en el capó del coche mostrándole mi culo, y entonces me retiró el cordel de tela de la tanga y me metió en el culo una especie de consolador que llevaba una de cola de caballo negra incorporada. Eso me hacía sentir más puta. Me hizo caminar con ella hacia la casa. Al caminar con los tacones movía y balanceaba mi culo, lo que hacía balancear también la colita que llevaba, igual que las tetas, ya que el sostén era muy finito y apenas sujetaba. "¿Te gusta la sensación?" —me preguntó. "Me encanta Amo— le contesté. Tanto que ya estaba de nuevo mojada. Esto prometía mucho.
Entramos en la casa, que estaba dividida en varias dependencias, como salones privados en los que había varios grupos de personas "montandose" su fantasía. Uno de los salones era más grande y hacía de bar. Mi Señor Khan saludaba a varios hombres que me miraban con descaro y se reían. Le decían cosas como "bonita yegua" y cosas así. Me sobaban, me tocaban las tetas y la vagina o metían y sacaban mi consolador anal. Nos metimos en uno de los privados donde estaban esparándonos otros dos hombres de mediada edad. Uno de ellos gordito, con barriga prominente y calvo y otro que era alto atlético y muy velludo. Además había una pareja de novios, de veintipocos años un poco asustados. Ella era una morena de pelo largo, bastante guapa con un cuerpazo, buenas tetas y buen culo. Él era un chico delgado y rubio. Vestían normal, como si fueran de familia adinerada, se notaba que era su primera vez. En un rincón tenían a un encapuchado en calzoncillos y atado de pies y manos. Empezó la sesión. Mi Señor Khan me obligó a entrar a cuatro patas, tirando de la cadena de mi cuello y pasándosela a uno de los hombres que había allí y que estaba sentado en un sillón. Tiró de mi hasta poner mi cara entre sus piernas. Me cogió del pelo y me arrimando mi cara al bulto de su paquete empezó a restregarlo.
"Sácamela puta" —me dijo. Se la saqué. Tenía un pene enorme, duro como una piedra. Me hizo sacar la lengua y lamerlo de arriba abajo, sin metérmelo en la boca. Me sacó las tetas del sostén, las tomó y empezó a masturbarse con ellas., mientras me obligaba a tener la lengua fuera para que su glande rozase con ella y a meterme y a sacarme el consolador del culo. Esa escena estaba calentando a los otros dos que empezaron a meter mano a la morena. Al principio se arrepintieron. Suplicaban que les dejasen marchar, pero luego la chica se animó, La habían dejado solo en bragas y la estaban obligando a hacer una paja al gordo. Mi Señor le bajó las bragas, la metió un dedo en el culo y la preguntó: "¿Quieres irte?". No, por favor, quiero seguir" —suplicó. "¿Y que hacemos con tu novio?" —preguntó mi Señor. "Amarrenlo con el otro y que mire como me follan unos machos de verdad" —contestó la muy puta. Así lo hicieron. Lo dejaron desnudosl, atado en el suelo viendo como se follaban a su preciosa novia. Mi Amo se la follaba a lo perrito mientras ella le hacía una mamada gloriosa al gordo que no tardó en correse en su boca. La colocó en cuatro patas mirando a su novio y se la follaba por detrás para que la viese su cara y su boca llenas de semen del gordo. "¡Dile cuanto te gusta puta! ¡Vamos díselo sucia perra!" —exclamaba mientras la tiraba del pelo y embestía en su vagina. "¡Me gusta! ¡Me gusta ser una puta caliente! Que me follen así" —decía entre gritos mientras acababa. Estaba tan caliente oyendo los gritos de la otra puta que disfruté cuando el tipo sentado en el sillón me llenó de semen las tetas. Me permitió probar el sabor de su semen y la verdad me gustaba saborearlo. Mientrasse había montado a caballito en la morena y le había hecho caminar hacia mi. Le hacía sacarme el consolador del culo y metérselo en la boca y chuparme el culo, mientras le decía: 'Déjaselo bien mojadito que me lo voy a follar"
Me arrancó el tanga y el sujetador. Me hizo montarme encima del tipo que había eyaculado en mis senls, quien la tenía otra vez dura y me la metió en la vagina, mientras mi Amo me follaba el culo. La morena me besaba como una salvaje y limpiaba los ultos rastros de semen de mis tetas, luego se subió encima del gordo, mirando otra vez a su novio, mientras la daban por culo y le decía: "Mira, aprende maricón". Creo que estaba mal follada y se sintió toda una hembra al ser poseída por esos desconocidos. Era un concierto de gemidos los que se oían, era una escena excitante; primera vez para ambas en una comunidad BDSM y participabamos de una orgía. Por alguna razón acabamos todos sincronizadamente; mi Señor dijo al novio de la chica que masturbara al encapuchado. A lo que él se negó. Entonces le dijeron que si quería ver como orinaban a su novia. Al oir eso se puso manos a la obra. Le sacó la verga al encapuchado y empezó a masturbarle. "¡Ahora chúpasela¡" —dijo uno de los tres participantes. Empezó a chuparsela, pusieron a la morena de rodillas en el suelo y empezaron a orinarla encima, en la cara, en las tetas y la vagina. La chica al sentir la tibieza de la orina recorrer su cuerpo tuvo otro orgasmo. Le dijeron al encapuchado que limpiase a la morena con la lengua. Le quitaron la capucha y ¿saben quien era? Mi esposo. Verlo de sumiso fue algo excitante ya que el muy maricón por esa razón no quería ser parte de mis fantasías, él prefería ser sometido por hombres y descubrir esa faceta no se me hizo repulsiva pero si chocante por la forma en que lo descubrí. No tenía permiso de darle placer a la chica por lo que solo su lengua de limitó a la parte superior de si pecho, a lo que había chorreado por el vientre y lo que cayó al piso.
Los tres Dominantes presentes hicieron que mi esposo se la chupara a ellos y que el otro chico lamiera su culo; nosotras con la morena estábamos extasiada viendo la escena, excitadas. Se nos dió permiso de masturbarnos y jugar entre nosotras si queríamos. Eso fue un premio a nuestro comportamiento. Chica se tumbó en el piso y yo sobre ella y nos dimos placer con nuestras lenguas, excitada y chorreando a mares veía como mi esposo saboreaba el semen de los tres Señores presentes hasta la última gota y gemía cómo un cerdo al sentir la lengua del chico en su agujero. Mi Señor y los otros dos dijeron al chico que podía hacer lo que quisiera con mi esposo, querían ver si era capaz de dar placer a un hombre ya que era evidente que no sabía coger con mujeres. Ellos beberían unos tragos y fumarían cigarrillos. Mi marido se puso en cuatro y abrió sus nalgas ofreciendo su culo al muchacho, el chico la tenía dura y se acomodó detrás hundiendo su miembro, arrancando un delicioso grito de dolor de los labios del que se suponía era el hombre de mi casa que en ese momento era el juguete sexual que sacaría a un chico que no sabe tratar a una mujer. Se movía como un endemoniado, creo que le gustaba follar culos de hombres y también creo que a mi marido le gustaba tener vergas en el culo ya que mientras era embestido se masturbaba, el muy puto acabó en el suelo, yo me moría de ganas junto a la chica de limpiar el charco de semen pero no nos fue permitido. El chico aferrado con fuerza a las caderas del hombre con quién me había casado lo embestía con fuerza hasta que gimió con esa misma fuerza y acabó dentro de ese culo abierto y palpitante. Le ordenaron al chico sacar su semen del culo de mi esposo y tragarlo, y limpiar el charco de semen con su boca del piso.
El fin de semana pasó, regresé con mi marido a casa; el viaje de regreso se hizo en un tenso silencio; yo no quise decir nada al respecto y creo que él mucho menos. Al llegar entendió que nuestra relación vainilla no cambiaría pero mi sumisión pertenece a Khan; así ambos seríamos felices compartiendo nuestras fantasías.
Pasiones Prohibidas ®
Soy una mujer casada de 32 años, farmaceútica, guapa, castaña clara, aunque ahora llevo mechas rubias, y muy atractiva. Tengo un cuerpo muy bonito, con tetas gordas, buen culo y piernas largas y además me gusta exhibirlo y causar admiración entre los hombres. Me gusta ver cómo me miran e imaginar lo que me harían.
Siempre he tenido fantasías de sumisión, en las que los hombres me obligan a exhibirme y a ser su puta, pero mi marido, que es algo mayor que yo, es muy convencional con respecto al sexo, sin gracia, por llamarlo de alguna manera y verdaderamente no me satisface en cuanto a mis fantasías, por lo que llevaba algún tiempo dedicada al cibersexo, donde daba rienda suelta a mi imaginación sin sospechar lo que me pasaría.
Desde hacía unos meses, mantenía conversaciones "calientes" a través de chats de sexo y sumisión y disfrutaba mucho con ellas e incluso realizando lo que me proponían algunos "ciberamos" como por ejemplo ir sin ropa interior, exhibirme de forma discreta, dejarme sobar en el metro o en el autobús. Me ponía cachondísima hacerlo y luego contárselo a través de las charlas que teníamos. Mi farmacia me deja mucho tiempo libre, ya que tengo varios empleados, y mi marido también porque a consecuencia de su trabajo, viaja mucho y así, llevaba un tiempo muy caliente sometiéndome a varios Amos y corriéndome varias veces al día tanto con ellos como con lo que me hacían hacer, pensando lo puta que era y cómo engañaba a mi marido con cualquiera, pero nunca me había planteado pasar a real.
Un dia, conocía un Dominante que se hacía llamar Khan y me gustó mucho desde el principio porque enseguida captó mis aficiones que eran como el decía, de sexo morboso y caliente con dominación suave. Me excitaba muchísimo hablar con él, me proponía unas situaciones super eróticas y desde que le conocí andaba casi todo el dia mojada. Por orden suya, ya casi nunca usaba ropa interior y mi vestuario fue cambiando de forma que vestía cada vez mas sexy y más provocativa y adopté este nombre: "La putita Khan".
Me hacía por ejemplo ir al cine sola, con minifaldas muy cortas, sentarme cerca de algún hombre y masturbarme descaradamente. En esas ocasiones me hacía ir con bragas para que tuviera que bajármelas y dejármelas a medio muslo o en los tobillos y me vieran así. Si iba con mi marido, me hacía ir sin ellas, sentarme al lado de alguien y ponerme medio girada para que me viera gran parte del culo y si me lo tocaba, me tenía que dejar. Luego, al llegar a casa por la noche, se lo tenía que contar todo.
Más tarde me obligó a darle el teléfono y teníamos charlas eróticas en él. Le gustaba mucho que me metiese en el probador de las tiendas, me desnudase por completo, le llamase y me masturbara mientras hablábamos. Me hacía decirle cosas sucias y quería oir como acababa con lo que también lo oía quien estuviese cerca.
Después me pidió que le enviase fotos y yo lo hice, vestida, en ropa interior, con lo que él me decía que me pusiese, haciendo lo que me decía y a veces en lugares públicos. Procuraba que no se me viera con claridad la cara, porque quería mantener discreción, pero el resto, se lo enseñé todo, con y sin ropa. Si iba a algún sitio, me decía como le gustaría que me vistiese y luego me hacía fotos y se las mandaba.
Luego quiso pasar al real, pero yo no quise hasta que no tuve otra elección, ya que por esas cosas de la vida, como luego supe, logró identificarme y resultó ser un compañero de la empresa de mi marido que ocupaba un cargo algo superior. Luego me dijo que en algunas fotos, la cara no estaba suficientemente borrosa, empezó a sospechar y confirmó mi identidad mirando el teléfono de mi marido y por algún otro detalle.
El caso es que todo comenzó un día en que teníamos una comida de la empresa de mi marido. Estuve hablando con él a través del msn y me dijo que me pusiera muy sexy y que fuese sin ropa interior. Me puse un vestido se satín negro cortito, con un escote muy desbocado y ancho, unas medias acanaladas negras y con ligueros y tanga del mismo color. No me atrevía a ir sin ropa interior porque se me veían las tetas con pequeños movimientos y la vagina si me sentaba sin cuidado y era la empresa de mi marido.
La reunión transcurría un poco aburrida, salvo porque había dos tipos que me miraban mucho y se reían. Yo los conocía de otras veces, eran atractivos de unos 40 años, pero a mi marido no le caían muy bien. En un momento dado el más alto se me acercó y me dijo: "No me has hecho caso, cielo". Yo le miré entre extrañada y sorprendida, pero el siguió: Te dije que nada de ropa interior, Putita de Khan. "¿Eres Khan?" —le pregunté, poniéndome colorada como un tomate, primero, pero luego excitadisima. "Sí" —me dijo. "¿Y tú sigues siendo mi puta?" —preguntó. "Sí" —le contesté. "Pues ve al baño y ponte como te dije" —ordenó. Le respondí: "Pero hay mucha gente y se me va a ver todo". A lo que él replicó: "¿Quieres que tu marido vea las fotos que tengo tuyas?. Si yo te he reconocido, él podrá hacerlo mejor". "Haré lo que usted quiera" —le respondí
Me fui al baño y me quité el sostén y la tanga. Me sentía desnuda.Los pezones se me marcaban exageradamente y a poco que me inclinaba se me veían los senos enteros. Salí al salón y mi Sr. Khan me llamó. Estaba sentado en unos sillones junto a un amigo suyo. Me lo presentó y al agacharme para saludarlo le mostré mis senos, el tipo miró sin disimulo. Me senté enfrente suyo y al lado de mi Señor Khan, quien me empezó a tocar las piernas y a levantarme un poco el vestido para que su amigo viese mi entrepierna. A todo esto, mi marido charlaba con unos y con otros y no se enteraba de nada. Me mandaron por unas copas con el objetivo de exhibirme, porque el vestido se me había subido un poco pero no dejó que me lo bajara. Cuando traía los tragos las tetas estaban a punto de salirseme y se me bamboleaban como locas, o al menos así lo percibia yo. Me senté de nuevo a su lado pero no dejó que me arreglara el vestido.
"Has sido una puta mala" —me dijo. "Así que te voy a castigar. Quiero que vayas al baño y me esperes allí, con el desnuda. Quédate solo con las medias" —ordenó. Así lo hice. Me fui otra vez y me desnudé. Estaba completamente mojada.
Al poco entraron él y su amigo con una cámara de fotos. Me hicieron fotos desnuda. Ahora ya si que no habría dudas. Me hicieron posar como una puta, metiéndome los dedos, con las piernas muy abiertas, abriéndome el culo y la vagina con las manos, y en estas si que se me veía la cara . Me obligaron a masturbarme y grabaron mientras lo hacía y cómo acababa. "Ahora nos toca a nosotros" —me dijo mi Señor. Me hizo ponerme de rodillas y sacaron su miembros. La de mi Señor era grande y gorda, deliciosa. La de su amigo era algo más pequeña, pero no estaba mal. Empezé a masturbarles. Sentía el calor de sus penes en las manos , me las pasaban por la cara y por las tetas. Su amigo se corrió enseguida pero mi Señor duró más. La metió en mi boca y me la folló un buen rato mientras el otro me hacía más fotos. Yo se la lamía con placer, me cogía de la cabeza y del pelo y empujaba hasta dentro. Me la metía casi entera en la boca, diciéndome cochinadas y alabando lo bien que la chupaba, hasta que eyaculó. Nunca me habían echado tanto semen en la boca, tanto que me rebosaba por las comisuras de los labios. Me hicieron limpiarles bien y luego me dijo: "Bueno, te has portado bien. Eres la zorra que esperaba. ¿Tu marido sale mañana de viaje no? "Sí" —le contesté. "Entonces iré a buscarte sobre las once. Quédate desnuda hasta que vaya. Vas a pasar este fin de semana conmigo" —dijo con seguridad. "¿Dónde?" —pregunté. A lo que respondió: "Ya lo verás. No hará falta que lleves mucha ropa, jaja. Si te portas bien nadie verá las fotos".
Me vestí de nuevo pero se quedaron con mi sostén y mi tanga "de recuerdo". Salimos al salón y al poco rato la reunión terminó y nos fuimos a casa. Me dormí con el gustillo de semen en la boca.
Al dia siguiente, mi marido se levantó pronto para coger un avión. Estaría una semana fuera. Yo me levanté sobre las diez y me quité el pijama, me duché y seguí desnuda, me arreglé, me pinté y esperé con impaciencia las once. Un poco ante llamaron al timbre. Era un muchacho que traía un paquete, pero estaba equivocado. Me puse una para abrirle y le despedí enseguida. A las once en punto volvió a sonar el timbre.Esta vez si era él. Le abrí completamente desnuda, con miedo por si me veían los vecinos.
"Hola guarrita, ¿todavía te sabe la boca a verga?" —preguntó. "Si mi Señor" —le contesté riendo. "Me has desobedecido" —dijo frunciendo el ceño. "¿Por qué mi Señor?" —pregunté. "Te vestiste para abrir al muchacho, así que te castigaré de nuevo, pero más tarde" —dijo con maldad en sus ojos. "Quiero muchos castigos como el de ayer" —le dije con una sonrisa pícara.
Estuvimos hablando sobre los límites. Le dije que me gustaba la humillación y la exhibición pero no el dolor o por lo menos no el dolor intenso. A él le gustaba lo mismo. Me preguntó si aceptaría cambiar mi aspecto porque le gustaría más de rubia platino y con el pelo corto, que resaltaría mi aspecto de puta con ropa interior negra. Me excitaba la idea así que le dije que si. Le pregunté que si quería que me depilase la vagina, pero me dijo que le gustaba como lo llevaba y que le calentaba mucho el contraste de mi vello púbico con el rubio que tendría en mi cabeza. Me vestí para ir a la peluqueria. Por supuesto sin ropa interior. Eligió unos shorts muy justitos de lycra, que se me metían en la vagina y separaban mis labios y un top también muy ceñido sobre el que se me marcaban los pezones, ambos negros, y nos fuimos a la peluquería. Mientras a mi me teñían y me cortaban el pelo él se fue a comprar unas cosas. Cuando me recogió sonrió ampliamente: "¡Que guapa estás!". "Gracias, es por usted" —le contesté. Preguntó: "¿Qué dirá tu marido?". Le respondí: "No creo que le guste mucho, pero le convenceré".
Me hicieron un corte muy bonito, rapadito de la nuca y un poco más largo por arriba. Realmente tenía pinta de puta, pero de lujo. Volvimos a casa. Me hizo desnudar de nuevo y pintarme como una puta, con los labios muy rojos y los ojos oscuros. Luego estuvo eligiendo lo que me pondría para llevarme. Me hizo probarme varias cosas y al final me puso un sostén negro transparente, con una tanga a juego y unas medias negras de las que llegan a medio muslo. A través del sostén se me veían mis enormes pezones y areolas y la tanga transparentaba completamente mi conchita. "Irás así" —me dijo. "Pero mi Señor, si estoy desnuda" —repliqué. Él agregó: "Ya te dije que no necesitarias ropa, me contestó riendo. Todos sabrán al verte lo puta que eres. Seguro que ya estás mojada". Efectivamente, ya estaba mojada solo de de pensar como disponía de mí y que me iba a llevar a un sitio que desconocía medio desnuda y descalza. Me puso un collar de cuero y plata que tenía y al que enganchó una cadena de plata, fina pero larga que caía entre mis tetas. Me metió mano en mi vagina mojadita y me hizo chuparle los dedos. "¿A que sabe guarra?" —preguntó. "A vagina de puta" —le contesté y emitió una sonora carcajada.
Me hizo poner a cuatro patas y gatear por la casa para ver que tal quedaba y me daba unos azotes en el culo. "¡Ya es hora vámonos ya! —me ordenó. "Pero Amo no puedo salir así hasta el coche" —le dije. "Busca algo y póntelo por encima zorra" —me dijo.
Tomé una chaqueta de traje que apenas me tapaba el culo y me la puse. Afortunadamente el ascensor daba al garaje. Al subirme al coche,, me hizo quitármela. De camino me fue explicando que íbamos a un club de BDSM, donde había una fiesta. Habría más amos y más sumisas y haría de mí lo que quisiera. Me dijo que si me importaba que me compartiese, me intercambiase o me cediese y le dije que no, que lo que no quería era dolor. Llegamos a une especie de finca en las afueras y al final de un camino, a una casa antigua. Nos bajamos del coche. Yo fuí a coger la chaqueta pero no me dejó. "Aquí no será necesaria. Espera que falta una cosa". Me hizo apoyarme en el capó del coche mostrándole mi culo, y entonces me retiró el cordel de tela de la tanga y me metió en el culo una especie de consolador que llevaba una de cola de caballo negra incorporada. Eso me hacía sentir más puta. Me hizo caminar con ella hacia la casa. Al caminar con los tacones movía y balanceaba mi culo, lo que hacía balancear también la colita que llevaba, igual que las tetas, ya que el sostén era muy finito y apenas sujetaba. "¿Te gusta la sensación?" —me preguntó. "Me encanta Amo— le contesté. Tanto que ya estaba de nuevo mojada. Esto prometía mucho.
Entramos en la casa, que estaba dividida en varias dependencias, como salones privados en los que había varios grupos de personas "montandose" su fantasía. Uno de los salones era más grande y hacía de bar. Mi Señor Khan saludaba a varios hombres que me miraban con descaro y se reían. Le decían cosas como "bonita yegua" y cosas así. Me sobaban, me tocaban las tetas y la vagina o metían y sacaban mi consolador anal. Nos metimos en uno de los privados donde estaban esparándonos otros dos hombres de mediada edad. Uno de ellos gordito, con barriga prominente y calvo y otro que era alto atlético y muy velludo. Además había una pareja de novios, de veintipocos años un poco asustados. Ella era una morena de pelo largo, bastante guapa con un cuerpazo, buenas tetas y buen culo. Él era un chico delgado y rubio. Vestían normal, como si fueran de familia adinerada, se notaba que era su primera vez. En un rincón tenían a un encapuchado en calzoncillos y atado de pies y manos. Empezó la sesión. Mi Señor Khan me obligó a entrar a cuatro patas, tirando de la cadena de mi cuello y pasándosela a uno de los hombres que había allí y que estaba sentado en un sillón. Tiró de mi hasta poner mi cara entre sus piernas. Me cogió del pelo y me arrimando mi cara al bulto de su paquete empezó a restregarlo.
"Sácamela puta" —me dijo. Se la saqué. Tenía un pene enorme, duro como una piedra. Me hizo sacar la lengua y lamerlo de arriba abajo, sin metérmelo en la boca. Me sacó las tetas del sostén, las tomó y empezó a masturbarse con ellas., mientras me obligaba a tener la lengua fuera para que su glande rozase con ella y a meterme y a sacarme el consolador del culo. Esa escena estaba calentando a los otros dos que empezaron a meter mano a la morena. Al principio se arrepintieron. Suplicaban que les dejasen marchar, pero luego la chica se animó, La habían dejado solo en bragas y la estaban obligando a hacer una paja al gordo. Mi Señor le bajó las bragas, la metió un dedo en el culo y la preguntó: "¿Quieres irte?". No, por favor, quiero seguir" —suplicó. "¿Y que hacemos con tu novio?" —preguntó mi Señor. "Amarrenlo con el otro y que mire como me follan unos machos de verdad" —contestó la muy puta. Así lo hicieron. Lo dejaron desnudosl, atado en el suelo viendo como se follaban a su preciosa novia. Mi Amo se la follaba a lo perrito mientras ella le hacía una mamada gloriosa al gordo que no tardó en correse en su boca. La colocó en cuatro patas mirando a su novio y se la follaba por detrás para que la viese su cara y su boca llenas de semen del gordo. "¡Dile cuanto te gusta puta! ¡Vamos díselo sucia perra!" —exclamaba mientras la tiraba del pelo y embestía en su vagina. "¡Me gusta! ¡Me gusta ser una puta caliente! Que me follen así" —decía entre gritos mientras acababa. Estaba tan caliente oyendo los gritos de la otra puta que disfruté cuando el tipo sentado en el sillón me llenó de semen las tetas. Me permitió probar el sabor de su semen y la verdad me gustaba saborearlo. Mientrasse había montado a caballito en la morena y le había hecho caminar hacia mi. Le hacía sacarme el consolador del culo y metérselo en la boca y chuparme el culo, mientras le decía: 'Déjaselo bien mojadito que me lo voy a follar"
Me arrancó el tanga y el sujetador. Me hizo montarme encima del tipo que había eyaculado en mis senls, quien la tenía otra vez dura y me la metió en la vagina, mientras mi Amo me follaba el culo. La morena me besaba como una salvaje y limpiaba los ultos rastros de semen de mis tetas, luego se subió encima del gordo, mirando otra vez a su novio, mientras la daban por culo y le decía: "Mira, aprende maricón". Creo que estaba mal follada y se sintió toda una hembra al ser poseída por esos desconocidos. Era un concierto de gemidos los que se oían, era una escena excitante; primera vez para ambas en una comunidad BDSM y participabamos de una orgía. Por alguna razón acabamos todos sincronizadamente; mi Señor dijo al novio de la chica que masturbara al encapuchado. A lo que él se negó. Entonces le dijeron que si quería ver como orinaban a su novia. Al oir eso se puso manos a la obra. Le sacó la verga al encapuchado y empezó a masturbarle. "¡Ahora chúpasela¡" —dijo uno de los tres participantes. Empezó a chuparsela, pusieron a la morena de rodillas en el suelo y empezaron a orinarla encima, en la cara, en las tetas y la vagina. La chica al sentir la tibieza de la orina recorrer su cuerpo tuvo otro orgasmo. Le dijeron al encapuchado que limpiase a la morena con la lengua. Le quitaron la capucha y ¿saben quien era? Mi esposo. Verlo de sumiso fue algo excitante ya que el muy maricón por esa razón no quería ser parte de mis fantasías, él prefería ser sometido por hombres y descubrir esa faceta no se me hizo repulsiva pero si chocante por la forma en que lo descubrí. No tenía permiso de darle placer a la chica por lo que solo su lengua de limitó a la parte superior de si pecho, a lo que había chorreado por el vientre y lo que cayó al piso.
Los tres Dominantes presentes hicieron que mi esposo se la chupara a ellos y que el otro chico lamiera su culo; nosotras con la morena estábamos extasiada viendo la escena, excitadas. Se nos dió permiso de masturbarnos y jugar entre nosotras si queríamos. Eso fue un premio a nuestro comportamiento. Chica se tumbó en el piso y yo sobre ella y nos dimos placer con nuestras lenguas, excitada y chorreando a mares veía como mi esposo saboreaba el semen de los tres Señores presentes hasta la última gota y gemía cómo un cerdo al sentir la lengua del chico en su agujero. Mi Señor y los otros dos dijeron al chico que podía hacer lo que quisiera con mi esposo, querían ver si era capaz de dar placer a un hombre ya que era evidente que no sabía coger con mujeres. Ellos beberían unos tragos y fumarían cigarrillos. Mi marido se puso en cuatro y abrió sus nalgas ofreciendo su culo al muchacho, el chico la tenía dura y se acomodó detrás hundiendo su miembro, arrancando un delicioso grito de dolor de los labios del que se suponía era el hombre de mi casa que en ese momento era el juguete sexual que sacaría a un chico que no sabe tratar a una mujer. Se movía como un endemoniado, creo que le gustaba follar culos de hombres y también creo que a mi marido le gustaba tener vergas en el culo ya que mientras era embestido se masturbaba, el muy puto acabó en el suelo, yo me moría de ganas junto a la chica de limpiar el charco de semen pero no nos fue permitido. El chico aferrado con fuerza a las caderas del hombre con quién me había casado lo embestía con fuerza hasta que gimió con esa misma fuerza y acabó dentro de ese culo abierto y palpitante. Le ordenaron al chico sacar su semen del culo de mi esposo y tragarlo, y limpiar el charco de semen con su boca del piso.
El fin de semana pasó, regresé con mi marido a casa; el viaje de regreso se hizo en un tenso silencio; yo no quise decir nada al respecto y creo que él mucho menos. Al llegar entendió que nuestra relación vainilla no cambiaría pero mi sumisión pertenece a Khan; así ambos seríamos felices compartiendo nuestras fantasías.
Pasiones Prohibidas ®

Increíble relato Caballero qiede1 impactada gracias por sus letras
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