Aeropuerto Comodoro Arturo Merino
Benítez - Santiago de Chile. Ventanilla de la oficina para arrendar un auto. Me
pongo a la fila detrás de la única persona que hay. Veo una chica de melena
castaña. Desde atrás la veo elegante. Traje de americana con falda de tubo gris
oscuro, tacones y sin poder evitarlo me fijo en su culo y en sus caderas,
mmmmmm, sin duda algo digno de admirar. De repente da un golpe en el mostrador
y me saca de mi contemplación para devolverme a la realidad. "Diablos, que
genio tiene esta mujer" –pienso.
"¡No
pueden hacerme esto! Debo ir a Rancagua sin falta ahora" –le oigo decir.
"¡Caramba va donde yo también voy!" –digo en mis adentros. La oigo
discutir con la chica de ventanilla escuchando la conversación. Me meto en ella
sin pensarlo y comento: "Yo también tengo un vehículo reservado y voy a
Rancagua ahora por trabajo". La mujer se gira y me mira extrañada de
arriba abajo, con cara de enfado. Inmediatamente me fijo en sus ojos, grandes y
verdes, con una mirada que intimida. "Disculpe no pretendía molestar, oí
la conversación y al verla tan apurada, también ver que lo tenía solución y que
íbamos al misma ciudad, me parecía que podía ayudar" –le dije tratando de apaciguar
la fiera que había en sus ojos. Ella dijo: "Perdone pero no le conozco de
nada, no creo que sea buena idea". A lo que añadí: "Como quiera, yo
solo quería ayudar".
Terminó
de discutir con la chica de la ventanilla, se fue cabreada sin decir nada. Pasé
por ventanilla, me comentaron que tendría que esperar aproximadamente una hora
para recoger el vehículo ya que habían tenido problemas de logística, así que
decidí ir a almorzar algo mientras hacía tiempo. Estaba sentado tomando un café
y un bocadillo mientras pensaba en la mujer de antes, en si mi propuesta a lo
mejor había sido algo inapropiada e inevitablemente en esos ojos verdes que me
habían dejado helado. Estaba dando vueltas a la cabeza, cuando alguien me dio
un par de toques en el hombro y al girarme me volvía a encontrar esos ojos
verdes, la expresión de su cara era distinta, una sonrisa tímida asomaba y yo
me quedé con cara de tonto mirando si saber que decir.
"Hola,
soy Paula, disculpe estaba bastante alterada y tal vez no he actuado
adecuadamente. Sí todavía sigue en pie, me gustaría compartir el auto con
usted, también compartiríamos gastos por supuesto. Yo también tengo que ir por
trabajo y me encuentro con la tarjeta de crédito bloqueada sin saber por qué"
–me dice. Embobado y casi tartamudeando digo: "Ehhh sí, sí, claro. Me dijo
la chica que se demorarían una hora aproximadamente en darme el vehículo.
¿Puedo invitarle un café? Me llamo Carlos por cierto".
Se
sentó enfrente de mí y estuvimos hablando, los dos íbamos el fin de semana a
Rancagua por trabajo. Ella venía de una ciudad del norte y yo de una bella
ciudad llamada Puerto Montt; no profundizamos mucho en el trabajo de cada uno
ya que la conversación fue un poco tímida. Era una mujer muy agradable,
educada, tenía una sonrisa preciosa, sus ojos me intimidaban como no me había
pasado antes, tenía un cuerpo trabajado y un par de senos espectaculares que intenté no mirar sin
éxito. Ya con las llaves del auto en la mano nos pusimos en camino, la
conversación empezó a fluir, descubrimos que teníamos puntos en común y
opiniones parecidas, lo que hizo que el viaje fuera bastante agradable. Al
llegar a Rancagua la dejé en su hotel. "Muchas gracias Carlos, me has
salvado, no sé qué habría hecho sin tu ayuda" –me dijo. Sonaba tan sensual
mi nombre en sus labios. "No hay de qué Paula, ha sido un placer compartir
el viaje contigo, y por los gastos no te preocupes" –le dije.
Me
fui a mi hotel, preparé el traje que me pondría al día siguiente para el
congreso y me fui a dormir, sin poder sacarme a esa mujer de la cabeza. La
escena del viaje se repetía una y otra vez pero con detalles que jamás
sucedieron. Estaba excitado mirando el techo y a ratos cerrando los ojos para
recordar la figura de aquella mujer que de metió en mis pensamientos perversos.
Ya no podía contenerme, me daba vueltas de un lado al otro hasta que las ganas
vencieron; me masturbé pensando en Paula, la imaginaba sobre el capó del auto,
con sus piernas abiertas y mi miembro dentro de su vagina. Imaginaba sus
gemidos y diciendo mi nombre entre ellos; acabé y mi semen borboteaba. Fue un
momento exquisito, que me hizo conciliar el sueño de manera profunda.
A la
mañana siguiente, estábamos hablando varios compañeros antes de entrar al salón
de eventos donde se celebraba el congreso, cuando una voz llamó mi atención a
mis espaldas. Me giré y allí estaba Paula, en un principio dudé si acercarme a
saludar, pero a una mujer así no se la puede dejar de lado. Con valentía me
acerqué y dije: "Hola Paula ¿Qué casualidad no? Parece que al final los
dos veníamos al mismo sitio". Sus maravillosos ojos verdes se abrieron y
una sonrisa se dibujó en sus labios para responder: "¡Ay Carlos! Sí que es
casualidad". Me presentó a dos compañeras con las que estaba hablando.
"Él es Carlos, mi salvador, si no es por él no habría llegado" –les
dice. "¡Encantado!" –exclamé. Me presenté con dos besos y también me
di el gustazo de darle dos besos a Paula. No sé si fue mi imaginación o mis
ganas, pero los besos de Paula me parecieron cercanos a la comisura de mis
labios y su mirada después de ellos casi me para el corazón. "Por cierto
Paula, el domingo volveré al aeropuerto por la tarde, si quieres puedo llevarte
de vuelta" –propuse. "Pues, no lo había pensado, dame tu número de
teléfono y te digo para ponernos de acuerdo" –responde.
"Bien" –pensé, me mandó su número de teléfono por WhatsApp
y quedamos en escribirnos más tarde para ver qué haríamos el domingo. Por la
noche, estaba en mi habitación viendo su foto en el WhatsApp, salía en una foto
en bikini en la playa y me di cuenta de que mi imaginación se había quedado
corta, era una diosa. De pronto su estado de "en línea" cambió y paso
a "escribiendo", se quitaba y volvía a escribir continuamente como si
no supiera que decirme. Yo tampoco acababa de decidirme si decirle algo. Pero
al final pensé que no perdía nada por decirle algo. Siendo cordial, no tendría
que tomárselo a mal.
"Hola.
¿Qué tal la noche?" –comencé y me
quedé ahí embobado mirando la pantalla. Se me hizo eterno el momento. Al final
apareció su mensaje: "Hola. Aquí algo aburrida en la habitación".
"Jajajaja, somos. Cuál de los dos más entretenidos" - le digo. Ella
dice: "Bueno es normal ¿no? Después de un día de trabajo. "Sí, la
verdad es que estoy algo cansado" –le digo. Responde: "Nos hacemos
algo de compañía jejeje". "Sí eso es cierto. Es agradable"
–arremeto. "¿El qué?" –pregunta. "Pues tu compañía. El poder
tenerte al otro lado de la línea. Compartir este momento al menos. Si no
estaría medio dormido estirado en la cama y viendo la tele” –le respondí. “Jajaja
pues como estoy yo ahora” –me dice. “Oye y ¿si salimos a tomar algo?” –le
respondí y propuse.
Tal y
como mandé el mensaje me preocupé. Pensé que podía ser atrevido. Casi no nos
conocíamos. Y además tardó en contestar. Lo que me dio mala espina. "Pues
no sé qué decirte. Es muy tarde" –dice. Algo decepcionado respondo:
"Bueno era una idea. Lo entiendo, pero ¿por qué no?" –insisto.
"¡Bien, tu ganas! Vamos a tomar algo" –dice. Se me abrieron los ojos
como platos al ver su respuesta. No pude evitar ser espontáneo y grité:
"¡Bien!". De verdad para mí era un triunfo tan importante como si
ganara la final del Mundial de Fútbol. "Dame 20 -30 minutos y me pasas a
buscar" –me dice. "OK, perfecto. Te espero en el auto en la puerta de
tu hotel" –le digo.
¡Mierda!
Me puse nervioso. Me levanté como un rayo y me metí en la ducha deprisa. Algo
de desodorante. Ahora ¿qué ropa me pongo? Traje a estas horas no es apropiado.
¡Mmmmmm! camisa negra, pantalón y zapatos
del mismo tono. Me miro al espejo y me veo bien. No es que sea un
rompecorazones, eso lo tengo más que asumido. Pero al menos me mantengo en forma. Moreno y pelo corto, 1.80m
y constitución de talla XL, jajaja al menos el salir al parque a hacer ejercicio
y el correr hacen su efecto. Me pongo mis lentes y salgo corriendo.
Llegué
a la puerta de su hotel y esperé apoyado en el coche a que saliera, aún
nervioso y temblando como una gelatina estaba deseando que saliera. Encendí un
cigarro y le envié un mensaje para que supiera que estaba abajo: "Estoy en
la puerta pero tranquila no hay prisa". Ella responde: "Perfecto,
termino de ponerme guapa y bajo, jejeje". "Si es por eso no creo que
vayas a tardar mucho" –le dije manera galante. Yo andaba haciéndome el
tonto con el teléfono para no parecer impaciente, en una qué levanté la cabeza
la vi que ya estaba a escasos metros de auto. Había pensado miles de palabras
para elogiar su belleza pero un wow fue lo único que supe decir mientras veía
con cara de bobo.
-
Hola Carlos, qué tal?
Se
acercó y me dio dos besos. Llevaba un vestido negro, con taconazos negros que
le hacían unas piernas y un culo espectaculares. Mientras la charla se
desarrollaba:
C:
"¡Hola guapa! Ahora, ¿te parece si vamos a cenar?
P:
"¡Claro! Me muero de hambre".
C:
"Si te parece vamos a un restaurante, me han recomendado uno que al
parecer es muy bueno".
P:
"Me parece bien, aquí no sabría dónde ir".
Abrí
la puerta del vehículo como todo un
caballero y nos fuimos en dirección al restaurante que me habían recomendado,
la conversación fluyó con mucha facilidad y el ambiente muy agradable, la
música ayudaba a que a ratos el aire se llenara de sensualidad, "What love
can be" me hacía imaginar más allá de lo que estaba frente a mis ojos pero
"In the air tonight" despertó la perversión. En mi mente las imágenes
de Paula montada encima de mí en el asiento trasero en auto causaban estragos
en mi concentración. Al fin llegamos al restaurante, era un sitio elegante y
según me habían dicho era lo mejor de la ciudad.
Durante
toda la cena Paula se mostró muy natural, los dos estábamos realmente a gusto.
Los dos coincidíamos en que éramos solteros, trabajábamos en lo mismo y
teníamos gustos muy similares. Una botella de vino después y ya en el postre,
yo inocente pensaba que la noche se acababa.
P:
"Bueno ha estado bien la cena ¿no? ¿Me dejas que te invite? Ya que tengo
una deuda contigo".
C:
"¿Ya te quieres ir al hotel? Me parece bien, tú pagas la cena pero yo pago
unas copas ahora".
P:
Bueno, me parece perfecto".
C:
"Claro es muy pronto todavía para encerrarse en la habitación, a menos que
mi compañía no sea lo que esperas. ¿Tú bailas?".
P:
"¡Ay Carlos! Hacer tanto que no lo hago pero creo que me defiendo".
C:
"¡Genial! Ahora veremos cómo te defiendes, si no siempre te puedes dejar
llevar.
Me
sonrió y me guiñó un ojo, me sacó una sonrisa y me ató un nudo en el estómago.
¡Qué mujer! Pensé. Se levantó para ir al baño antes de irnos y al pasar por mi
lado deslizó sus dedos por mi cuello. Me sentía un poco tonto, creo que no
estaba reaccionando como debía, me ponía nervioso y creo que ella lo notaba.
Pensaba muchas cosas que decirle, algunas más directas y otras más discretas,
pero esos ojos y esa mirada tiraban por tierra mi estrategia. Salimos del
restaurante y nos fuimos dando un paseo por un parque cercano has que llegamos
a un bar que el garzón no nos había recomendado para tomar unas copas y bailar.
Al llegar pedí un par de tragos para los dos y empezó a bailar, yo me quedé
mirándola sin ser capaz de moverme en un principio.
"¿Te
dejas llevar?" –susurró en mi oído. "Claro" –respondí.
Pegó
un último trago de su copa, yo hice lo mismo y acercó su cuerpo al mío para
bailar. De golpe me inspiré y me solté a bailar con ella la sensual salsa. Los
dos nos reíamos y aunque no sé muy bien cómo se veía desde fuera, parecía que
íbamos bastante sincronizados. "Sabes, dicen que si una pareja se entiende
bailando, en la cama también" –me dijo al oído, pues con la música alta
era la única forma de poder hablar entre nosotros, y al separarse de mí me
regaló una sonrisa pícara. Se puso de espaldas a mí, moviendo su culo delante
mío, con mis manos en sus caderas, me acerqué a su cuello, lo olí y le hablé al
oído: "Por lo que veo tú bailas muy bien y sabes moverte muy bien. Por
cierto también hueles muy bien". Se giró, me dio un beso en los labios y
siguió bailando con su sonrisa pícara. El baile siguió subiendo la temperatura,
en mi pantalón ya podía apreciarse la erección y a estas alturas de la noche yo
no pensaba disimularlo.
Ese
beso me dejó al principio descolocado. Pero luego me di cuenta de que me abría
las puertas para no ser tan comedido como hasta ahora. Se me quitaron todos los
reparos que durante la cena me habían frenado y me habían hecho dudar en ser
más atrevido al respecto a insinuarme con Paula. El nudo de mi estómago se iba
deshaciendo. Los nervios iniciales se diluían. Y esos ojos ya me tenían
cautivo. Bueno aparte de la sensualidad que me transmitía. Toda ella me estaba
calentando. Su mirada principalmente. Sus guiños y sonrisas. Y lo que realmente
me perdía era el roce de su cuerpo. ¡Mierda! No podía evitar la tremenda
erección que me sobrevino. Paula me había excitado. Todo se me juntaba. Sus
ojos verdes, su contacto, sus palabras al oído.
La
canción cambió y pusieron una bachata. "¡Esta es la mía!" –pensé. Sin
dudarlo la cogí de la cintura y la empecé a llevar. Pegada a mí. Más cerca, muy
cerca. Ahora la tenía contra mi pecho. La conducía en el baile. Me gustaba
tenerla así de cerca. Le daba alguna vuelta sorprendiéndola. Hasta que en un
momento el que giré fui yo poniéndome detrás de ella, siguiendo los pasos pero
pegado a su espalda, pegado a su culo. Una mano la deslice hacia su abdomen
pegándola más a mí. El momento era sensual. Acerqué mis labios a su cuello.
Quería que notara lo que había provocado, la besé, dejando posados mis labios
en su piel. Se le escapó un profundo y sensual suspiro. La besé al otro lado de
su cuello, para después muy lento pasarle fugazmente la punta de la lengua. Se
dejaba guiar por ese camino perverso que habíamos comenzado a recorrer. El roce
de mi entrepierna con su culo me estaba poniendo malo y ella cada vez estaba
más pegada a mi miembro. En ese momento me habría gustado acariciarle los
senos, lástima que había demasiada luz y mucha gente alrededor, pero a la
mierda la iluminación y la gente. Lentamente deslicé mis manos subiendo por su
abdomen hasta rozar sus firmes pechos.
De
repente cambio la música y Paula se giró y me dice: "¿Parece que estás
excitado eh?". Le respondí de forma sería: "Bueno, es obra tuya. Mira
como me tienes". “Sí yo habré colaborado pero el bulto es tuyo” –dijo sonriendo.
Se me
acerco y me dio un beso. Pero esta vez no fue breve. Fue apasionado, largo, cargado
de erotismo. Metió su lengua en mi boca y se enlazaron durante unos segundos que
me parecieron interminables pero agradables, delicioso, tremendamente sensual. ¡Vaya
esta chica me estaba atrapando! Me gustaba, no por el hecho de la forma que
tenía de hablarme, del beso o esos ojos que me tenían fascinado. “¿Qué te
parece si nos vamos?” –le propuse. Ella responde con una sonrisa perversa: “¿Sí?
¿Ya? ¿Dónde piensas llevarme?”. La miré a sus profundos ojos verdes y le dije: “Mmm...
te doy a escoger los asientos traseros del vehículo, tu hotel o el mío”. Ella sonrió
y dijo: “Vamos para el coche y luego a mi hotel”.
Apuramos
el último trago que nos quedaba. Al salir del local la tomé por sorpresa y la
apoyé contra la pared. La besé lascivamente. Esta vez la que llevaba la
iniciativa era mi lengua. Buscaba la suya. Quería sentirla de nuevo. Apretaba
mi cuerpo contra el suyo y se fusionaron nuestras bocas, a la vez que mis manos
exploraban por primera vez su cuerpo; acariciaba sus caderas, sus muslos, sus
nalgas. Subí hasta acariciar sus senos con mayor libertad. Mi otra mano estaba
entretenida siguiendo el camino de sus muslos y llegar a su hasta su ropa
interior que está húmeda. Paula abrió sus piernas, me dio la libertad de
recorrerla tranquilamente, incluso la libertad de estimular su clítoris e
impregnar mis dedos con la intensidad de sus fluidos. La corriente sexual que
nos atravesó a los dos fue intensa. Cuando dejé de besarla en la boca y lo hice
en su cuello se le escapo otro suspiro. Seguí besándole por su por encima de
sus senos y oí un nuevo gemido. “Vámonos ya, si no, no podremos controlarnos y
vamos a dar aquí un espectáculo” –me dice. Reí y le dije: “Si vámonos”.
Aceleramos
el paso de vuelta al auto, en un par de ocasiones Paula quiso parar en sitios
donde no se nos veía mucho para tomarnos unos minutos y jugar en las sombras. “¿No
tienes prisa por llegar?” –Le pregunté. “Sí, pero no puedo permitir que esto
baje por el camino, es mi obra ¿no? No estaría bien descuidarla” –Respondió en
mi oído mientras pasaba su mano por mi entrepierna encima del pantalón. Deslicé
mi mano por su pierna subiendo poco a poco su vestido, entrando en la cara
interna de sus muslos y para cuando estaba a escasos centímetros de su ropa
interior, mordió mi labio, se separó de mí, me cogió de la mano y mordiéndose
el labio me invitó a seguir andando de camino al coche. ¡Uffff esta chica
acabará conmigo! Por fin llegamos al coche y salimos en dirección a su hotel,
en las paradas en semáforos Paula aprovechaba para besarme y yo aprovechaba
para acariciar sus piernas.
Llegamos
al hotel, entramos en el ascensor, Paula se apoyó en la pared con sus piernas
ligeramente separadas, me puse delante de ella con nuestros cuerpos muy
pegados, besé su cuello, la agarré por el culo y restregué mi erección contra
ella. Ella me suspiraba en el oído y me agarraba del pelo con una de sus manos
para que no separara mi cabeza de su cuello. El ascensor llegó al piso, salimos
rápidamente y entramos en su habitación. Al entrar puse a Paula de cara contra
la puerta de la habitación, besé su cuello mientras bajaba la cremallera de su
vestido y bajé lentamente con besos por su espalda. Dejé caer su vestido,
dejándola con su conjunto de ropa interior negra con encaje y sus tacones
negros. Agarré sus pechos desde su espalda y disfruté de la vista desde atrás,
una de mis manos se fue acercando a su tanga, cuando una vez más me paro en
seco y me dijo: “No estamos en igualdad de condiciones”. Se giró, me quitó la
camisa haciendo saltar los botones, rodeó mi cuello con sus brazos entre besos
y deslizó sus manos desde mi hombro por mi tórax y mi abdomen hasta llegar a los
botones de mi pantalón, lo desabrochó mirándome a los ojos, me dejo en calzoncillos,
acarició y apretó mi miembro por encima de la ropa interior.
“Me
encanta, se ve bien dura” –me dijo con cara de puta.
Desabroché
su sujetador, lamí sus pezones y ahora metí una de mis manos dentro de su
tanga. Soltó un pequeño gemido al notar el contacto de mis dedos recorrer sus
labios, estaba empapada, quería, necesitaba follármela. Bajé su tanga, ella
bajó mi calzoncillo y empezó a restregarse la punta en su clítoris mientras me
masturbaba. “ufffff vamos a cama, quiero cogerte” –le dije. “Tranquilo no
tengas prisa” –me dice. Llegamos a la cama, me empujó, me dejó sentado, se
arrodilló y se la metió en la boca, me la chupó durante un par de minutos, me
incliné hacia atrás para ver cómo me la chupaba mientras me miraba con esos
ojitos.
Paró
y se sentó encima de mí a horcajadas, me dejó unos minutos para bajar
pulsaciones, mientras nos besábamos y le comía los pechos. Agarró mi miembro,
lo dirigió para meterla en su lubricada vagina, gimió y su cuerpo se estremeció
con la primera penetración, poco a poco fue tomando ritmo entre gemidos. Su
cabeza estaba pegada a la mía, gimiéndonos a la cara, con una mano yo la
agarraba del culo y con la otra la sujetaba por el cuello. Para cuando noté que
a los dos nos faltaba poco para acabar, la levanté, ella seguía moviéndose, la
tumbé en la cama, me quedé entre sus piernas, penetrándola con embestidas
fuertes y profundas haciendo que sus pechos saltaran con cada penetración.
Aguanté como pude hasta que clavó sus uñas en mi espalda, gimió con fuerza,
acabé dentro de ella notando las contracciones de su vagina. Me tumbé a su lado
mientras recuperaba la respiración y normalizaba el pulso. “Pequeña follas de
manera espectacular” –le dije ente suspiros. “Cariño, esto aún no ha terminado”
–me dijo con una sonrisa.
Pasiones Prohibidas
®

Muy excitante
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