045. No me podré olvidar de ti 1



Aeropuerto Comodoro Arturo Merino Benítez - Santiago de Chile. Ventanilla de la oficina para arrendar un auto. Me pongo a la fila detrás de la única persona que hay. Veo una chica de melena castaña. Desde atrás la veo elegante. Traje de americana con falda de tubo gris oscuro, tacones y sin poder evitarlo me fijo en su culo y en sus caderas, mmmmmm, sin duda algo digno de admirar. De repente da un golpe en el mostrador y me saca de mi contemplación para devolverme a la realidad. "Diablos, que genio tiene esta mujer" –pienso.

"¡No pueden hacerme esto! Debo ir a Rancagua sin falta ahora" –le oigo decir. "¡Caramba va donde yo también voy!" –digo en mis adentros. La oigo discutir con la chica de ventanilla escuchando la conversación. Me meto en ella sin pensarlo y comento: "Yo también tengo un vehículo reservado y voy a Rancagua ahora por trabajo". La mujer se gira y me mira extrañada de arriba abajo, con cara de enfado. Inmediatamente me fijo en sus ojos, grandes y verdes, con una mirada que intimida. "Disculpe no pretendía molestar, oí la conversación y al verla tan apurada, también ver que lo tenía solución y que íbamos al misma ciudad, me parecía que podía ayudar" –le dije tratando de apaciguar la fiera que había en sus ojos. Ella dijo: "Perdone pero no le conozco de nada, no creo que sea buena idea". A lo que añadí: "Como quiera, yo solo quería ayudar".

Terminó de discutir con la chica de la ventanilla, se fue cabreada sin decir nada. Pasé por ventanilla, me comentaron que tendría que esperar aproximadamente una hora para recoger el vehículo ya que habían tenido problemas de logística, así que decidí ir a almorzar algo mientras hacía tiempo. Estaba sentado tomando un café y un bocadillo mientras pensaba en la mujer de antes, en si mi propuesta a lo mejor había sido algo inapropiada e inevitablemente en esos ojos verdes que me habían dejado helado. Estaba dando vueltas a la cabeza, cuando alguien me dio un par de toques en el hombro y al girarme me volvía a encontrar esos ojos verdes, la expresión de su cara era distinta, una sonrisa tímida asomaba y yo me quedé con cara de tonto mirando si saber que decir.

"Hola, soy Paula, disculpe estaba bastante alterada y tal vez no he actuado adecuadamente. Sí todavía sigue en pie, me gustaría compartir el auto con usted, también compartiríamos gastos por supuesto. Yo también tengo que ir por trabajo y me encuentro con la tarjeta de crédito bloqueada sin saber por qué" –me dice. Embobado y casi tartamudeando digo: "Ehhh sí, sí, claro. Me dijo la chica que se demorarían una hora aproximadamente en darme el vehículo. ¿Puedo invitarle un café? Me llamo Carlos por cierto".

Se sentó enfrente de mí y estuvimos hablando, los dos íbamos el fin de semana a Rancagua por trabajo. Ella venía de una ciudad del norte y yo de una bella ciudad llamada Puerto Montt; no profundizamos mucho en el trabajo de cada uno ya que la conversación fue un poco tímida. Era una mujer muy agradable, educada, tenía una sonrisa preciosa, sus ojos me intimidaban como no me había pasado antes, tenía un cuerpo trabajado y un par de senos  espectaculares que intenté no mirar sin éxito. Ya con las llaves del auto en la mano nos pusimos en camino, la conversación empezó a fluir, descubrimos que teníamos puntos en común y opiniones parecidas, lo que hizo que el viaje fuera bastante agradable. Al llegar a Rancagua la dejé en su hotel. "Muchas gracias Carlos, me has salvado, no sé qué habría hecho sin tu ayuda" –me dijo. Sonaba tan sensual mi nombre en sus labios. "No hay de qué Paula, ha sido un placer compartir el viaje contigo, y por los gastos no te preocupes" –le dije.

Me fui a mi hotel, preparé el traje que me pondría al día siguiente para el congreso y me fui a dormir, sin poder sacarme a esa mujer de la cabeza. La escena del viaje se repetía una y otra vez pero con detalles que jamás sucedieron. Estaba excitado mirando el techo y a ratos cerrando los ojos para recordar la figura de aquella mujer que de metió en mis pensamientos perversos. Ya no podía contenerme, me daba vueltas de un lado al otro hasta que las ganas vencieron; me masturbé pensando en Paula, la imaginaba sobre el capó del auto, con sus piernas abiertas y mi miembro dentro de su vagina. Imaginaba sus gemidos y diciendo mi nombre entre ellos; acabé y mi semen borboteaba. Fue un momento exquisito, que me hizo conciliar el sueño de manera profunda.

A la mañana siguiente, estábamos hablando varios compañeros antes de entrar al salón de eventos donde se celebraba el congreso, cuando una voz llamó mi atención a mis espaldas. Me giré y allí estaba Paula, en un principio dudé si acercarme a saludar, pero a una mujer así no se la puede dejar de lado. Con valentía me acerqué y dije: "Hola Paula ¿Qué casualidad no? Parece que al final los dos veníamos al mismo sitio". Sus maravillosos ojos verdes se abrieron y una sonrisa se dibujó en sus labios para responder: "¡Ay Carlos! Sí que es casualidad". Me presentó a dos compañeras con las que estaba hablando. "Él es Carlos, mi salvador, si no es por él no habría llegado" –les dice. "¡Encantado!" –exclamé. Me presenté con dos besos y también me di el gustazo de darle dos besos a Paula. No sé si fue mi imaginación o mis ganas, pero los besos de Paula me parecieron cercanos a la comisura de mis labios y su mirada después de ellos casi me para el corazón. "Por cierto Paula, el domingo volveré al aeropuerto por la tarde, si quieres puedo llevarte de vuelta" –propuse. "Pues, no lo había pensado, dame tu número de teléfono y te digo para ponernos de acuerdo" –responde.

"Bien"  –pensé, me mandó su número de teléfono por WhatsApp y quedamos en escribirnos más tarde para ver qué haríamos el domingo. Por la noche, estaba en mi habitación viendo su foto en el WhatsApp, salía en una foto en bikini en la playa y me di cuenta de que mi imaginación se había quedado corta, era una diosa. De pronto su estado de "en línea" cambió y paso a "escribiendo", se quitaba y volvía a escribir continuamente como si no supiera que decirme. Yo tampoco acababa de decidirme si decirle algo. Pero al final pensé que no perdía nada por decirle algo. Siendo cordial, no tendría que tomárselo a mal.

"Hola. ¿Qué tal la noche?" –comencé y  me quedé ahí embobado mirando la pantalla. Se me hizo eterno el momento. Al final apareció su mensaje: "Hola. Aquí algo aburrida en la habitación". "Jajajaja, somos. Cuál de los dos más entretenidos" - le digo. Ella dice: "Bueno es normal ¿no? Después de un día de trabajo. "Sí, la verdad es que estoy algo cansado" –le digo. Responde: "Nos hacemos algo de compañía jejeje". "Sí eso es cierto. Es agradable" –arremeto. "¿El qué?" –pregunta. "Pues tu compañía. El poder tenerte al otro lado de la línea. Compartir este momento al menos. Si no estaría medio dormido estirado en la cama y viendo la tele” –le respondí. “Jajaja pues como estoy yo ahora” –me dice. “Oye y ¿si salimos a tomar algo?” –le respondí y propuse.

Tal y como mandé el mensaje me preocupé. Pensé que podía ser atrevido. Casi no nos conocíamos. Y además tardó en contestar. Lo que me dio mala espina. "Pues no sé qué decirte. Es muy tarde" –dice. Algo decepcionado respondo: "Bueno era una idea. Lo entiendo, pero ¿por qué no?" –insisto. "¡Bien, tu ganas! Vamos a tomar algo" –dice. Se me abrieron los ojos como platos al ver su respuesta. No pude evitar ser espontáneo y grité: "¡Bien!". De verdad para mí era un triunfo tan importante como si ganara la final del Mundial de Fútbol. "Dame 20 -30 minutos y me pasas a buscar" –me dice. "OK, perfecto. Te espero en el auto en la puerta de tu hotel" –le digo.

¡Mierda! Me puse nervioso. Me levanté como un rayo y me metí en la ducha deprisa. Algo de desodorante. Ahora ¿qué ropa me pongo? Traje a estas horas no es apropiado. ¡Mmmmmm! camisa negra,  pantalón y zapatos del mismo tono. Me miro al espejo y me veo bien. No es que sea un rompecorazones, eso lo tengo más que asumido. Pero al menos me  mantengo en forma. Moreno y pelo corto, 1.80m y constitución de talla XL, jajaja al menos el salir al parque a hacer ejercicio y el correr hacen su efecto. Me pongo mis lentes y salgo corriendo.

Llegué a la puerta de su hotel y esperé apoyado en el coche a que saliera, aún nervioso y temblando como una gelatina estaba deseando que saliera. Encendí un cigarro y le envié un mensaje para que supiera que estaba abajo: "Estoy en la puerta pero tranquila no hay prisa". Ella responde: "Perfecto, termino de ponerme guapa y bajo, jejeje". "Si es por eso no creo que vayas a tardar mucho" –le dije manera galante. Yo andaba haciéndome el tonto con el teléfono para no parecer impaciente, en una qué levanté la cabeza la vi que ya estaba a escasos metros de auto. Había pensado miles de palabras para elogiar su belleza pero un wow fue lo único que supe decir mientras veía con cara de bobo.

- Hola Carlos, qué tal?

Se acercó y me dio dos besos. Llevaba un vestido negro, con taconazos negros que le hacían unas piernas y un culo espectaculares. Mientras la charla se desarrollaba:
C: "¡Hola guapa! Ahora, ¿te parece si vamos a cenar?

P: "¡Claro! Me muero de hambre".

C: "Si te parece vamos a un restaurante, me han recomendado uno que al parecer es muy bueno".

P: "Me parece bien, aquí no sabría dónde ir".

Abrí la puerta del vehículo  como todo un caballero y nos fuimos en dirección al restaurante que me habían recomendado, la conversación fluyó con mucha facilidad y el ambiente muy agradable, la música ayudaba a que a ratos el aire se llenara de sensualidad, "What love can be" me hacía imaginar más allá de lo que estaba frente a mis ojos pero "In the air tonight" despertó la perversión. En mi mente las imágenes de Paula montada encima de mí en el asiento trasero en auto causaban estragos en mi concentración. Al fin llegamos al restaurante, era un sitio elegante y según me habían dicho era lo mejor de la ciudad.

Durante toda la cena Paula se mostró muy natural, los dos estábamos realmente a gusto. Los dos coincidíamos en que éramos solteros, trabajábamos en lo mismo y teníamos gustos muy similares. Una botella de vino después y ya en el postre, yo inocente pensaba que la noche se acababa.

P: "Bueno ha estado bien la cena ¿no? ¿Me dejas que te invite? Ya que tengo una deuda contigo".

C: "¿Ya te quieres ir al hotel? Me parece bien, tú pagas la cena pero yo pago unas copas ahora".

P: Bueno, me parece perfecto".

C: "Claro es muy pronto todavía para encerrarse en la habitación, a menos que mi compañía no sea lo que esperas. ¿Tú bailas?".

P: "¡Ay Carlos! Hacer tanto que no lo hago pero creo que me defiendo".

C: "¡Genial! Ahora veremos cómo te defiendes, si no siempre te puedes dejar llevar.

Me sonrió y me guiñó un ojo, me sacó una sonrisa y me ató un nudo en el estómago. ¡Qué mujer! Pensé. Se levantó para ir al baño antes de irnos y al pasar por mi lado deslizó sus dedos por mi cuello. Me sentía un poco tonto, creo que no estaba reaccionando como debía, me ponía nervioso y creo que ella lo notaba. Pensaba muchas cosas que decirle, algunas más directas y otras más discretas, pero esos ojos y esa mirada tiraban por tierra mi estrategia. Salimos del restaurante y nos fuimos dando un paseo por un parque cercano has que llegamos a un bar que el garzón no nos había recomendado para tomar unas copas y bailar. Al llegar pedí un par de tragos para los dos y empezó a bailar, yo me quedé mirándola sin ser capaz de moverme en un principio.

"¿Te dejas llevar?" –susurró en mi oído. "Claro" –respondí.

Pegó un último trago de su copa, yo hice lo mismo y acercó su cuerpo al mío para bailar. De golpe me inspiré y me solté a bailar con ella la sensual salsa. Los dos nos reíamos y aunque no sé muy bien cómo se veía desde fuera, parecía que íbamos bastante sincronizados. "Sabes, dicen que si una pareja se entiende bailando, en la cama también" –me dijo al oído, pues con la música alta era la única forma de poder hablar entre nosotros, y al separarse de mí me regaló una sonrisa pícara. Se puso de espaldas a mí, moviendo su culo delante mío, con mis manos en sus caderas, me acerqué a su cuello, lo olí y le hablé al oído: "Por lo que veo tú bailas muy bien y sabes moverte muy bien. Por cierto también hueles muy bien". Se giró, me dio un beso en los labios y siguió bailando con su sonrisa pícara. El baile siguió subiendo la temperatura, en mi pantalón ya podía apreciarse la erección y a estas alturas de la noche yo no pensaba disimularlo.

Ese beso me dejó al principio descolocado. Pero luego me di cuenta de que me abría las puertas para no ser tan comedido como hasta ahora. Se me quitaron todos los reparos que durante la cena me habían frenado y me habían hecho dudar en ser más atrevido al respecto a insinuarme con Paula. El nudo de mi estómago se iba deshaciendo. Los nervios iniciales se diluían. Y esos ojos ya me tenían cautivo. Bueno aparte de la sensualidad que me transmitía. Toda ella me estaba calentando. Su mirada principalmente. Sus guiños y sonrisas. Y lo que realmente me perdía era el roce de su cuerpo. ¡Mierda! No podía evitar la tremenda erección que me sobrevino. Paula me había excitado. Todo se me juntaba. Sus ojos verdes, su contacto, sus palabras al oído.

La canción cambió y pusieron una bachata. "¡Esta es la mía!" –pensé. Sin dudarlo la cogí de la cintura y la empecé a llevar. Pegada a mí. Más cerca, muy cerca. Ahora la tenía contra mi pecho. La conducía en el baile. Me gustaba tenerla así de cerca. Le daba alguna vuelta sorprendiéndola. Hasta que en un momento el que giré fui yo poniéndome detrás de ella, siguiendo los pasos pero pegado a su espalda, pegado a su culo. Una mano la deslice hacia su abdomen pegándola más a mí. El momento era sensual. Acerqué mis labios a su cuello. Quería que notara lo que había provocado, la besé, dejando posados mis labios en su piel. Se le escapó un profundo y sensual suspiro. La besé al otro lado de su cuello, para después muy lento pasarle fugazmente la punta de la lengua. Se dejaba guiar por ese camino perverso que habíamos comenzado a recorrer. El roce de mi entrepierna con su culo me estaba poniendo malo y ella cada vez estaba más pegada a mi miembro. En ese momento me habría gustado acariciarle los senos, lástima que había demasiada luz y mucha gente alrededor, pero a la mierda la iluminación y la gente. Lentamente deslicé mis manos subiendo por su abdomen hasta rozar sus firmes pechos.

De repente cambio la música y Paula se giró y me dice: "¿Parece que estás excitado eh?". Le respondí de forma sería: "Bueno, es obra tuya. Mira como me tienes". “Sí yo habré colaborado pero el bulto es tuyo” –dijo sonriendo.

Se me acerco y me dio un beso. Pero esta vez no fue breve. Fue apasionado, largo, cargado de erotismo. Metió su lengua en mi boca y se enlazaron durante unos segundos que me parecieron interminables pero agradables, delicioso, tremendamente sensual. ¡Vaya esta chica me estaba atrapando! Me gustaba, no por el hecho de la forma que tenía de hablarme, del beso o esos ojos que me tenían fascinado. “¿Qué te parece si nos vamos?” –le propuse. Ella responde con una sonrisa perversa: “¿Sí? ¿Ya? ¿Dónde piensas llevarme?”. La miré a sus profundos ojos verdes y le dije: “Mmm... te doy a escoger los asientos traseros del vehículo, tu hotel o el mío”. Ella sonrió y dijo: “Vamos para el coche y luego a mi hotel”.

Apuramos el último trago que nos quedaba. Al salir del local la tomé por sorpresa y la apoyé contra la pared. La besé lascivamente. Esta vez la que llevaba la iniciativa era mi lengua. Buscaba la suya. Quería sentirla de nuevo. Apretaba mi cuerpo contra el suyo y se fusionaron nuestras bocas, a la vez que mis manos exploraban por primera vez su cuerpo; acariciaba sus caderas, sus muslos, sus nalgas. Subí hasta acariciar sus senos con mayor libertad. Mi otra mano estaba entretenida siguiendo el camino de sus muslos y llegar a su hasta su ropa interior que está húmeda. Paula abrió sus piernas, me dio la libertad de recorrerla tranquilamente, incluso la libertad de estimular su clítoris e impregnar mis dedos con la intensidad de sus fluidos. La corriente sexual que nos atravesó a los dos fue intensa. Cuando dejé de besarla en la boca y lo hice en su cuello se le escapo otro suspiro. Seguí besándole por su por encima de sus senos y oí un nuevo gemido. “Vámonos ya, si no, no podremos controlarnos y vamos a dar aquí un espectáculo” –me dice. Reí y le dije: “Si vámonos”.

Aceleramos el paso de vuelta al auto, en un par de ocasiones Paula quiso parar en sitios donde no se nos veía mucho para tomarnos unos minutos y jugar en las sombras. “¿No tienes prisa por llegar?” –Le pregunté. “Sí, pero no puedo permitir que esto baje por el camino, es mi obra ¿no? No estaría bien descuidarla” –Respondió en mi oído mientras pasaba su mano por mi entrepierna encima del pantalón. Deslicé mi mano por su pierna subiendo poco a poco su vestido, entrando en la cara interna de sus muslos y para cuando estaba a escasos centímetros de su ropa interior, mordió mi labio, se separó de mí, me cogió de la mano y mordiéndose el labio me invitó a seguir andando de camino al coche. ¡Uffff esta chica acabará conmigo! Por fin llegamos al coche y salimos en dirección a su hotel, en las paradas en semáforos Paula aprovechaba para besarme y yo aprovechaba para acariciar sus piernas.

Llegamos al hotel, entramos en el ascensor, Paula se apoyó en la pared con sus piernas ligeramente separadas, me puse delante de ella con nuestros cuerpos muy pegados, besé su cuello, la agarré por el culo y restregué mi erección contra ella. Ella me suspiraba en el oído y me agarraba del pelo con una de sus manos para que no separara mi cabeza de su cuello. El ascensor llegó al piso, salimos rápidamente y entramos en su habitación. Al entrar puse a Paula de cara contra la puerta de la habitación, besé su cuello mientras bajaba la cremallera de su vestido y bajé lentamente con besos por su espalda. Dejé caer su vestido, dejándola con su conjunto de ropa interior negra con encaje y sus tacones negros. Agarré sus pechos desde su espalda y disfruté de la vista desde atrás, una de mis manos se fue acercando a su tanga, cuando una vez más me paro en seco y me dijo: “No estamos en igualdad de condiciones”. Se giró, me quitó la camisa haciendo saltar los botones, rodeó mi cuello con sus brazos entre besos y deslizó sus manos desde mi hombro por mi tórax y mi abdomen hasta llegar a los botones de mi pantalón, lo desabrochó mirándome a los ojos, me dejo en calzoncillos, acarició y apretó mi miembro por encima de la ropa interior.

“Me encanta, se ve bien dura” –me dijo con cara de puta.

Desabroché su sujetador, lamí sus pezones y ahora metí una de mis manos dentro de su tanga. Soltó un pequeño gemido al notar el contacto de mis dedos recorrer sus labios, estaba empapada, quería, necesitaba follármela. Bajé su tanga, ella bajó mi calzoncillo y empezó a restregarse la punta en su clítoris mientras me masturbaba. “ufffff vamos a cama, quiero cogerte” –le dije. “Tranquilo no tengas prisa” –me dice. Llegamos a la cama, me empujó, me dejó sentado, se arrodilló y se la metió en la boca, me la chupó durante un par de minutos, me incliné hacia atrás para ver cómo me la chupaba mientras me miraba con esos ojitos.

Paró y se sentó encima de mí a horcajadas, me dejó unos minutos para bajar pulsaciones, mientras nos besábamos y le comía los pechos. Agarró mi miembro, lo dirigió para meterla en su lubricada vagina, gimió y su cuerpo se estremeció con la primera penetración, poco a poco fue tomando ritmo entre gemidos. Su cabeza estaba pegada a la mía, gimiéndonos a la cara, con una mano yo la agarraba del culo y con la otra la sujetaba por el cuello. Para cuando noté que a los dos nos faltaba poco para acabar, la levanté, ella seguía moviéndose, la tumbé en la cama, me quedé entre sus piernas, penetrándola con embestidas fuertes y profundas haciendo que sus pechos saltaran con cada penetración. Aguanté como pude hasta que clavó sus uñas en mi espalda, gimió con fuerza, acabé dentro de ella notando las contracciones de su vagina. Me tumbé a su lado mientras recuperaba la respiración y normalizaba el pulso. “Pequeña follas de manera espectacular” –le dije ente suspiros. “Cariño, esto aún no ha terminado” –me dijo con una sonrisa.



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