040. A solas o no tan sola


Me llamo Jessica François, vivo sola en un departamento de soltera y trabajo como administrativa en una gran empresa. No tengo pareja estable (compañero ni compañera), pero si una relación muy cercana con mi amigo Juan Pablo y con mi amiga Priscila Pineda, cuando tengo que cubrir mis necesidades sexuales, llamo, a uno o a la otra, sin problemas ya que somos liberales, o si no ligo con cualquiera que me sea atractivo o atractiva, por cierto si no lo han notado soy bisexual ("que importa el sexo si el amor es puro").

Soy muy imaginativa en lo que al sexo se refiere, les contaré algunas de las cosas que he hecho. A veces también me la juego sola, compré hace tiempo en un sexshop un consolador y un vibrador, y lo cierto es que éste último me gusta más, no tengo que trabajar tanto. También me prende el bondage, es decir estar atada (o atar), y algo de sadomasoquismo. Pero es difícil atarse completa una sola, sí ya sé que para algo existen las esposas pero, que quieren que les diga, las cuerdas me excitan muchísimo más.

Por eso planeé un día una sesión de sexo yo sola, y atada, pero necesitaba una ayudita, así que me vestí con lo que quería para ese momento: conjunto de ropa interior de bragas y sujetador sin tirantes, blancos con encajes (una delicia que resalta mi cuerpo), minifalda algo amplia, corta hasta medio muslo y camiseta de manga corta con cierto escote, negras ambas prendas, mas unos zapatos de tacón alto negros y sin adornos; sencilla como ven. Escondí en vibrador en un sofá del salón y llamé a mi amigo Juan, invitándole a café, pero le advertí que ese día "no tenía ganas de sexo" (al menos no con él). Vino puntualmente.

Me dijo que estaba muy atractiva, pues me había maquillado, peinado y adornado un poco (mas de la cuenta, como para salir, según él). Al cabo de un rato rogué que se marchara, pero antes quería que me hiciera un favor. "¿Qué es?" –dijo con algo de asombro. "¡Átame!", – le respondí. "Jajajaja" –rió el muy desgraciado y replicó: "¿Cómo la peli de Pedro Almodovar?". "En serio Juan, toma estas cuerdas y átame los tobillos y las manos a la espalda" –le digoxon algo dd enojo. "Así que era por eso por lo que me llamaste. ¿Cual es la fantasía de hoy?" –pregunta decepcionado. "Sí, es una fantasía pero para mi sola, compréndelo" –le digo con el señor fruncido. Al final aceptó, me ató fuertemente los tobillos y luego las manos a la espalda de forma que no pudiera soltarme.

Al marcharse exclamó: "¡hasta la otra! y piensa algo para los dos". Nos besamos, me amordazó con un pañuelo que le había dado y salió, cuando escuché la puerta pensé "ya estoy sola". Forcejeé un poco, perfecto, no puedo soltarme, la fantasía que había imaginado era que me secuestraban y me tenían encerrada, atada como estoy, y que de repente tenía necesidad de satisfacer mis deseos sexuales y tener un orgasmo, o varios, yo solita, así, atada como estaba.

Lo primero que hice fue reptar hasta el sillón y sacar el vibrador de su escondite, me moví hasta la mesa, en que había un vaso de agua lleno y como pude mojé el vibrador, mientras movía las piernas, haciendo rozar los labios de mi sexo, que se fueron humedeciendo al irme excitando, por supuesto que los pezones de mis senos se pusieron erectos, pero de momento no podía hacer nada por ellos, me tumbé sobre la alfombra del salón, boca abajo, y como pude me levanté un poco la falda, ahuequé las bragas y me fui introduciendo el vibrador mojado en mi coño, ya húmedo por mis flujos.
Cuando estuvo dentro, con sólo la base fuera, di un giro al mando y el vibrador entró en acción, solté las manos de él. La sensación que nacía en mi sexo, con ese objeto vibrando era indescriptible, parecía que toda mi vagina vibraba con él, transmitiendo oleadas de placer, que hacía que mi cuerpo se estremeciera en el suelo, no se pero creo que llegó un orgasmo pronto, todo mi cuerpo se arqueó de gozo, lancé un gemido amortiguado por la mordaza, mientras intentaba de forma automática desatar mis manos y pies, claro está que no podía, pero esa era la base de la fantasía.

Una vez que me había corrido, dejé el vibrador funcionando a mas baja potencia, el placer que me daba era mas controlado y pude jugar un poco, boca abajo como estaba, acariciar mis tetas con la alfombra, mis manos en el culo, pellizcándolo, cogiéndomelo, cuando no, arqueando el cuerpo hasta coger los tobillos con las manos, o encoger las piernas hasta rozar las tetas con las rodillas, así poco a poco me corrí por segunda vez, lentamente en esta ocasión.

Apagué el vibrador y lo saqué de mi vagina por supuesto salió mojado, oliendo a sexo húmedo. Decidí descansar un rato, tumbada boca abajo como estaba, antes de moverme y romper las ligaduras. De repente me asustó una mano en mi cabeza. "Así que esto era lo que querías hacer maldita puta" –escuché. Juan no se había ido sino que se quedó en la entrada que no es visible desde el salón, y sin hacer ruido me había estado observando, "¿qué tal si sustituimos el objeto inanimado y duro por un objeto animado, caliente y también duro?" –preguntó.

"Mmmm". "No protestes y verás como te gusta también" –replicó. Me dio la vuelta, vi que su pene se notaba erecto bajo el pantalón, se agachó sobre mi "voy a descubrir esos jugosos 'melones' dispuestas a ser comidos" –digo el pervertido. Remangó mi blusa hacía arriba dejando visible el sujetador, metió sus manos por mi espalda y soltó el cierre del sujetador, alejándolo de mi  "¡Qué ricos! Fruta madura" –dijo riendo. Me había vuelto a excitar y se me notaba, inclinó su cabeza y empezó a chuparme las tetas, primero una, deteniéndose en su pezón, el cual lo mordia sin parar, luego la otra.

Mientras, sus manos me levantaban la falda, y bajaban las bragas, dejando mi sexo al aire. Se levantó y dijo: "Ahora, preciosa" y se desvistió, su enorme miembro, tieso como otras veces, me amenazaba desde lo alto. "Es hora de que esta putita goze" - dijo de manera caliente. Se tumbó sobre mi y de una arremetida me penetró violentamente, "¿No querías sexo estando atada?" –preguntó y empezó a moverse, no tardamos en acabar al mismo tiempo.

Cuando acabamos se tumbó a mi lado, en la alfombra, "¿qué tal?" –dijo riendo. Me quitó la mordaza y le dije: "Eres un cerdo violador, pero me ha gustado. Anda, desátame". "Qué te crees tú, eso no querías que te dejara atada, pues así te quedas" –dijo con una risa malvada. Me volvió a poner la mordaza, las bragas en su sitio, la falda caída otra vez, el sujetador, abrochado y la blusa en su sitio, se levantó y se vistió. "Ah, se me olvidaba" –dijo. Recogió el vibrador, me levantó un poco la falda, entreabrió las bragas para meterlo dejando que funcione en su máxima potencia. Jadeadeaba como una perra en celo, el muy pervertido tomó su celular y mandó un mensaje de voz a Priscila: "Jessica tiene un pequeño problemita y necesita de tu ayuda" -dijo. Dejándome a merced del maldito vibrador.

Había pasado un poco más de una hora cuando por fin Priscila me llegó, me vio en esa situación y me dice: "Por Dios, qué puta eres". En sus ojos noté algo que nunca antes había visto, algo conocido por muchos como perversión y lujuria, mezclados con una cuota de sadismo que prepararon la fórmula perfecta para una noche llena de lascivia.

Se acercó y me miraba dando vueltas a mi alrededor, verla con sus brazos cruzados observando mi situación me calentaba tanto como a ella. "Tal vez merezcas quedarte así hasta que se agoten las pilas de lo que siente vibrar" –me dice. La verdad que por mí mente pasaba ese pensamiento pero que desnudara y se tocara tumbada en el piso acompañándome hasta que eso pasará pero ella tenía otra idea. Me incorporo, empezó a soltar los nudos, yo no podía casi mantenerme en pie por la serie de orgasmos que había tenido. Me llevó a la habitación y lentamente me quitó la ropa, haciendo que aún más la excitación creciera al punto que le suplicara que hiciera conmigo lo que quisiera. Ella sonrió y dijo: "Jessica, eres muy puta y eso me gusta de ti". Besó mis labios con pasión y me lanzó en la cama e invadió mi sexo con su lengua, haciendo que mi clitoris palpite con intensidad.

Poco a poco introducía sus dedos, haciendo que me retuerza y disfrute de cómo era invadida por aquellos deliciosos dedos. Estaba al borde del orgasmo, enredaba mis dedos a su pelo negro hasta que ya no resistí más, gemidos agonicos se apoderaron de mí y un chorro de mis fluidos inundó su boca, bebiendo hasta la última gota de ellos. Sin duda era el mejor día de mi vida.

Se incorporó, se desnudó y exigió que restregara mi concha en la de ella, cruzamos nuestras piernas y empezamos con movimientos suaves, ella marcaba un ritmo definido el cual aumentaba cada vez más, apretaba sus duros pezones y me hablaba sucio. "Eres una sucia puta" –me decía. "Soy todo lo puta que deseas que sea" –le dije, haciéndole saber que ella era quien tenía el control de mi cuerpo, de mis deseos y de mis orgasmos.

La sensación al contacto de nuestros clítoris producía electricidad en cada fibra de mi ser, me sentía en las nubes; sentía que mi corazón cada vez latía más rápido, parecía que fuese a estallar pero quería seguir disfrutando de la sensación que me producía la vagina de mi querida amiga al rozar la mía. No pasó mucho tiempo y Priscila se dejó envolver por la sutileza de un orgasmo que hizo que sus ojos perdieran el color y exclamara: "¡Qué rico lo haces puta!".

Me sentía satisfecha, no solo por complacer al pervertido de Juan sino también por el placer que Priscila había recibido. Caí rendida a su lado y nos besamos con una intensa pasión, ella miraba mis ojos y yo a través de esa mirada entendí que le pertenecía. Desde esa noche Juan Pablo dejó de ser un compañero de juegos sexuales ya que Priscila se transformó en la dueña absoluta de mi cuerpo y mis placeres.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Este relato es genial
    Hacia tiempo lo había leído y me encantó
    Sucio perverso e incitante
    Un excelente relato Mi Adorado perverso 😘
    No importa las veces que lea cada relato
    Siempre es un deleite vivir cada detalle en la mente y sentir la humedad que despiertan en mi entre pierna 🔥🔥

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  2. Inmovilizada es excitante

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