Su sonrisa es lo que más seducía pero lo que realmente deseaba era llevarla al paraíso. Había disfrutado con ella, me había hecho explotar en un gran orgasmo. Pero quería escucharla gemir y jadear al máximo y tenía razón con que esto no había terminado, ya que aún me quedaba más por hacer.
Estaba tumbado a su lado y empecé a acariciarla lentamente con las yemas de los dedos. Por todo su cuerpo hasta detenerme en sus exquisitos senos. Los empecé a apretar y acariciar sus pezones para luego acercar mis labios y besarlos, chuparlos tirando de ellos con mis labios; pasarles la punta de la lengua muy rápido hasta conseguir que se pusieran de nuevo muy duros. Seguí bajando por su abdomen poco a poco Separando sus piernas posé mis labios en su exquisita vagina recorrer su clítoris y hacer que gima de manera descontrolada, ella frotaba sus senos y mordia sus labios como queriendo contenerse. Era excitante la manera en que se retorcía, se veía el placer en sus ojos y la lujuria la poseía; estando casi al borde del orgasmo me detuve. "¿Por qué te detienes?" –preguntó. "Espera no seas impaciente" –le dije riéndome. Bajé por la parte interior de sus muslos deslizando mi lengua y haciendo el recorrido de vuelta, tomó sus piernas y las coloco mis hombros para hundir mi boca en su sexo, suspiró y dijo: "Sí, así me gusta". Lamí por completo su vulva con toda mi lengua, ella solo gemía y se retorcía, un agónico sí salió de sus labios. La penetre con mi lengua para embriagarme con sus tibios fluidos, ella no dejaba de apretar sus pezones y gemir como perra en celo. Oírla suplicar era un deleite: "¡Dios! ¡Sigue Carlos! ¡No pares, te lo imploro!". Tomó con sus manos mi cabeza y la hundió en su vagina, pretaba mi lengua en su clítoris y la movía cada vez más deprisa.
Quise detenerme pero ella suplicó: " ¡No pares por Dios! ¡Ahora no! ¡"Sigue mi amor! Sigue lamiendo la concha de esta puta". La devoré como un loco, tanto que casi no podía sentir mi lengua. Sin detener el ritmo frenético metí tres dedos en su más que dilatado sexo. Arqueó su cuerpo de una manera sensual, cayó rendida, levantó con esfuerzo y me regaló gemidos agónicos, seguido de mi nombre; se agarró a las sábanas y explotó. Sus fluidos me cubrieron por completo, acabó hasta el borde de la muerte con un gran chillido que fue la culminación de todos sus jadeos hasta dejarse caer en la cama exhausta. Mi boca estaba llena de su placer La contemplé, la grabé en mi memoria as de vulnerable, aún llena de excitación; con sus pezones a punto de explotar. Me acerqué a besarla, fue un beso apasionado, luego bajé para morder sus sensibles pezones y quedarme a su lsdoPara luego besar sus duros pezones y quedarme a su lado. "Espero que esto no haya terminado" le dije de manera perversa.
Se quedó en la cama tumbada todavía recuperándose del orgasmo, yo me puse de pie para tener un mejor plano de su cuerpo. "Mira cómo me tienes, va a reventar" –le dije. "¿Quiere más de esto perverso caballero?" –me dijo. Tumbada en la cama se empezó a apretar los pechos con las dos manos mientras se mordía el labio y me miraba a los ojos esperando mi respuesta. "¡Claro!" –respondí colocando una mano en mi miembro para masturbarme lento. Quise acercarme a ella, esperó que estuviera lo suficientemente cerca y con un pie en mi pecho me paró en seco y me dejó estaba parado. "¿También quieres de esto?" –dijo apuntando a su vagina. "Pequeña putita juegas con fuego" –advertí.
Deslizó su mano por su exhuberante figura hasta llegar a su a ese lugar húmedo que yo quería estar, separó sus piernas, empezó a masturbarse y a gemir descaradamente; se llevaba sus dedos a la boca para saborear esos líquidos que eran como miel en mi boca mientras me miraba con una sonrisa perversa. Se colocó de pie delante de mí, me besó en los labios y ayudó a masturbarme, se sentó en la cama y metió mi polla en la boca, empezó a chupármela con ansia, disfrutaba sentir como su lengua se envolvía desde la base al glande, pero como se lo dije antes: "Esto aún no había terminado".
"Para, date vuelta y recuestate" –le dije. Obedeció inmediatamente, levanté sus caderas y la dejé expuesta a mi completa perversión. Separé sus nalgas y comencé a saborear su culo, la reacción de ella fue soltar un suspiro intenso, seguido del éxtasis que la envolvía. "¡Nunca nadie me lo hizo así!" –exclamaba entre gemidos. Rozaba mi miembro entre su culo y su vagina sin meterlo, ella buscaba como hacerlo entrar siguiendo el ritmo inverso. "Te dije que te quemarías" –sentencié. Tomé mi miembro y lo acomodé en la entrada de su culo, poco a poco se abría pero a la mierda las sutilezas, lo metí con fuerza, haciendo que ella gritara con desesperación; con una de mis manos aferrado a su cadera y con la otra enredada en su pelo embestía con violencia, haciendo que se agarrara a las sábanas con fuerza. Disfrutaba del dolor en sus gemidos mezclado con sollozos. "¿Estás bien? –le pregunté, sabía que fuí el primero que abrió ese apretado agujero y no quería hacerle daño. "Me lo haces rico, no pares" –dijo. Pude notar como ella me acompañaba con sus movimientos intentando pegar su culo contra mí con fuerza.
Ella sentía ese calor interno mezcla entre dolor y placer, mientras se acomodaba a mis movimientos pausados y casi en cámara lenta, hasta que el dolor desaparecía y se incrementaba el placer. Me movía más rápido, empujaba ahora con más ímpetu hasta hacer mis testículos chocar en su vulva. Ella se retorcía entre el placer, gemía descontrolada hasta que soltó un tremendo grito, sus brazos y piernas se descontrolaron cayendo en la cama rendida. Yo continuaba con mis embestidas, ya casi no tenía gemidos, sabía que lo disfrutaba al ver cómo se recogían las sábanas en sus manos. Yo también estaba al borde de acabar, ella suplicaba que inundara su culo con mis fluidos, deseo que le fue concedido en cortos minutos. Ella suspiró no sé si de alivio o placer; estábamos envueltos en sudor y Paula con su culo abierto y escurriendo semen. Después de recuperar el aliento Se incorporó un poco y me besó muy dulcemente.
"Me has dejado exhausta, disfruté cada segundo. ¿Quieres entrar conmigo a la ducha?" –fueron sus palabras. "Claro preciosa, será un placer" –contesté. Paula se adelantó para ir a la ducha. La seguí, como un excitado voyerista observaba lo que hacía. Ella ya se estaba enjabonando, yo pensé en mis adentros: "Sin dudas esto no ha terminado" Al abrir la mampara del shawer door paró de cubrirse con el jabón. "¿Dejas que siga yo? –pregunté. "Sí, me encantaría" –respondió.
Me puse gel en las manos y lo esparcí. Era un exquisito placer deslizar de nuevo mis manos por su piel. Mis manos dibujaron a la perfección cada detalle de su cuerpo; el ambiente olía a la esencia de ese delicioso gel de baño. No pude evitar excitarme, coloqué mi miembro entre sus deliciosas nalgas y dijo: "¡Ay Dios mío! ¡Eres incansable!". Reí perversamente y la di vuelta para besarla una vez más con desenfreno y deseo, no pude contener las ganas de volver a chupar sus pezones, se pusieron duros al sentir el contacto de mis labios. Los succionaba a medida que apretaba sus pechos, se habían convertido en mi debilidad; los tenía preciosos y me encantaba verlos cuando endurecían sus pezones. Subí mi rostro y nos besamos, fue otra vez intenso, profundo, húmedo. Nuestras lenguas jugaban otra vez al ritmo perverso de nuestra lujuria, mientras nuestras manos al tocarnos hacían espuma en nuestros cuerpos. Nos acariciamos sin pudor y al unísono estaban en nuestros sexos; nos provocamos al grado de hacer que nuestra excitación aumentara. Me gustaba sentir su mano en mi pene, ese contacto me volvía loco, conseguía ponerme como un toro en celo, mientras ella se quedaba sin aire al sentir mis dedos en su sexo.
Mis dedos se deslizaban fácil por su pubis, los introduje en su vagina provocándole un ahogado gemido. Instintivamente se aferró y estranguló mi miembro con su mano. Mis dedos entraban despacio, nuestro deseo no había sido colmado con anterioridad ya que no podíamos dejar de darnos placer mutuamente. Ella seguía masturbándome lleno de espuma, la sensación era muy placentera pero mi objetivo era que ella quedara satisfecha, quería que acabara otra vez. Busqué su clítoris y lo estimulaba como si no hubiera un mañana, ella se retorcía pero no soltaba mi pene, lo movía de arriba a abajo con fuerza. Nos masturbamos cada vez con mayor intensidad y con mayor placer. En un momento la vagina de Paula explotó, dejando caer un delicioso squirt que la hizo temblar por completo, también haciendo que suelte mi miembro y se afirmara para no caer.
"Date la vuelta" –ordené. No lo dudó. La agarré de las caderas mientras se apoyaba en la grifería. Mis manos se deslizaban por sus nalgas y en mis adentros decía: "¡Qué ganas de darle unas nalgadas!”. Ella movía su culo siguiendo mis manos, en verdad mi perversión fue más fuerte y le di una nalgada suave, ella solo gimió y la aceptó. sentír el sonido de mi mano golpeando su glúteo fue excitante. Lo hice cada vez más fuerte, dejando mis dedos en su piel que de tornaba de color rosa. Como niña traviesa movía su culo para que siguiera nalgueándola.
Sin mediar aviso la penetré con fuerza desde atrás sin dudarlo, empujaba cada vez más fuerte y tocaba su clítoris intensamente. Embestía cada vez con más fuerza para escuchar sus gemidos de puta cada vez más altos, acompañados de jadeos intensos, su vagina palpitaba y sus piernas temblaban. ¡Dios, que exquisita sensación! Sentía que mi pene se hinchaba y comenzaba a palpitar. Paula gritó mi nombre y tembló haciendo que estallara como un volcán, provocó que me derramara dentro de ella dándome muchísimo placer.
"¡Dios! Eres sensacional y me encantas!" –le susurré al oído. Ya cansados dejamos que el agua sacara la espuma de nuestros cuerpos, nos abrazamos y besamos hasta que no quedaba rastro de él en nosotros. Nos secamos el uno al otro, con miradas cómplices y satisfechos. "¿Te quedas a desayunar conmigo?" –me preguntó. No nos habíamos dado cuenta que el tiempo pasó tan rápido. "Mmmmm pues no sé.. Claro preciosa. Como me voy a marchar pidiéndomelo así" –le dije.
Llamó a la recepción y pidió que su subieran el desayuno a la habitación. Nos recostamos mientras esperábamos, estaba alucinado con el pedazo de mujer que estaba compartiendo la cama, pasaban los minutos y el bendito desayuno ni llegaba, me vestí ya que debía volver a mi hotel a cambiarme de ropa, iba a exponer en el congreso y después volver a Santiago para tomar el avión. Antes de irme la cubrí de besos. Ella rodeó mi cuello con sus brazos y me acercó al lado de ella. "Es temprano todavía, espera un poco" –me dijo. Se puso encima de mí lamiendo mis labios y apretando sus pechos contra mi cuerpo. Evidentemente enseguida se me puso dura, preparada para ella. Abrió mí cinturón y pantalón, bajó ropa interior, Apoyó sus manos en mi pecho y con movimientos suaves logró meterla; empezó a cabalgarme con los ojos cerrados, alternando entre movimientos suaves y bruscos, yo puse mis manos en sus caderas, acompañando sus movimientos con mis caderas, disfrutando de la imagen. Se acarició el clítoris al mismo tiempo que me follaba, acabando a los pocos minutos, casi al mismo tiempo. Se dejó caer sobre mi cuerpo, con mi verga todavía dentro de ella y me besó. "Así se te expresas mejor en la plenaria ¿No crees? –Me susurró. ”Tienes toda la razón" –le dije. "Puedes irte cuando quieras" –dijo sonriendo. Me besó despidiéndose. "Te veo al rato" –le dije. Ella se metió en la ducha. Antes de salir de la habitación me topé con la camarera que traía el desayuno, recibí el carro y lo dejé dentro.
Salí de la habitación como en una nube, me subí al auto y me fuí a mi hotel. Ya en mi habitación me duché y me arreglé corriendo, ya que llegaba tarde. Para cuando terminé y salía de mi habitación, miré mi celular, había mil llamadas perdidas y mensajes de mis compañeros que pensaban que me había quedado dormido, pero a mí solo me interesó uno, el de Paula: "Gracias por una noche espectacular, lo he pasado genial. Espero que algún día volvamos a coincidir y repitamos. Besos". Contesté: "Lo mismo digo guapa, ha sido increíble. Estoy seguro de que no me podré olvidar de ti". A lo que ella contestó: "No te lo perdonaría, ya que yo tampoco me podré olvidar de ti".
En el congreso nos volvíamos a ver y actuamos con total normalidad, como si nada hubiera pasado entre los dos. Claro, habían miradas de furtivas de puro morbo y besos disimulados. Ya terminada mí participación y la llamé: "Al final, ¿Vendrás conmigo esta tarde?". "No, muchas gracias, al final volveré con mis compañeras. Tienes mi número de teléfono, estamos ¿Vale?". "Está bien, recuérdame y te veo en la salida. En la puerta nos escabullimos como prófugos de la justicia y nos metimos en una sala. Ahí nos besamos y acariciamos como dos amantes desesperados. "Me voy a quedar en Santiago, te esperaré porqué esto aún no ha terminado y no quiero que te olvides de mí" –le dije. Ella suspiró y respondió: "Estaré deseosa de verte y ser tu muñeca otra vez". Salí, subí al auto y conduje con la esperanza de que ese encuentro en Santiago sea mejor que el tuvimos en Rancagua.
Pasiones Prohibidas ®
Necesito contactar con Carlos.. El de la historia!! Jajaja buenísimo!
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