043. Bañada de placer


Hace tiempo que sentía la intriga de ir a un rotativo de películas xxx, no por considerarme perversa ni nada, creo que es la sensación de entrar a ese lugar oscuro y que el tenue brillo de una pantalla ilumine la sala y la sensación de morbo por saber que ocurre a mi alrededor. Siempre que pasaba por fuera me picaba la curiosidad de entrar, pero el miedo me hace retroceder y dejar esa misma curiosidad para otra ocasión.

Pero hoy es distinto ya que aquel miedo del que he sido, en varias oportunidades, víctima, se ha evaporado. No sé si sea porque hoy desperté con otra mentalidad, o porque me provoca mucho el hecho de sacarme el pequeño prejuicio de aquellas películas. Pero aquí estoy, pagando mi ticket que me llevará directo a ver, saber, experimentar y saborear, todo lo que sucede allí adentro.

Hay un pasillo largo con poca iluminación por el cual me dirijo. Un hombre grande, (de porte), que cortaba los tickets, me miró de forma lujuriosa y con ojos lascivos. "Sígame" —dijo y sacó una linterna que al cruzar una gruesa cortina roja se encendió.

No sé porque mi corazón late con tanta intensidad, quizás son los nervios, tal vez es la adrenalina. No lo tengo claro, sólo soy consciente de que mis manos sudan, y mi piel se estremece por cada paso que doy.

La sala era iluminada por la gran pantalla, había solo hombres en el interior. Mi paz fue quebrada cuando ese hombre grande dijo: "¿Por aquí está bien preciosa?". Saqué unas monedas y se las di, él me recorrió con la luz de su linterna de pies a cabeza y dijo: "Estás mejor que las actrices de estas películas, que ganas de hacer contigo lo que la pantalla proyecta". Alumbró mi asiento, me acomodé y no se fue hasta que alumbró mis senos para dar otra mirada.

No supe si sentirme halagada u ofendida, pero sin siquiera ser consciente de lo que sus palabras me produjeron, sentí una leve humedad entre mis piernas. No, no fue eso, fue el hecho de estar aquí sentada esperando la tan ansiada película erótica que vería esta tarde. De pronto, comenzó aquella música insinuante e inmediatamente apreté entre mis dedos la fina tela de mi falda. La película comenzó y mi corazón palpitaba con fuerza. Me aferraba a los brazos de la butaca y apretaba mis piernas ya que sentía como torrentes emanaban de mi sexo. ¡Maldita calentura!

Veía la imagen pasar a través de mis ojos. Veía como ese hombre penetraba a aquella mujer, y juro que deseaba ser yo quien fuese embestida de esa manera tan frenética. Sus manos recorrían ese cuerpo perlado en sudor, apretaba sus senos, tiraba de sus pezones hasta que ella soltaba gritos de placer. Bajo mi brasier los míos estaban duros, y el fino roce de la tela me tenía excitada a niveles vergonzosos. Mi entrepierna estaba empapada, y poco a poco fui subiendo las manos mientras arrastraba la tela de mi falda, hasta que llegué a la orilla de mis bragas, entonces comencé con aquel exquisito recorrido

Mis dedos se mojaron solo con rozar mis bragas, tenía el clítoris hinchado y palpitante; casi no pestañaba de la excitación. Rozaba mi vulva por sobre la húmeda tela de mi ropa interior imaginándome en la pantalla siendo follada de esa brutal forma

Abrí un poco las piernas y me acomodé sobre el asiento para tener, definitivamente, libre acceso a mi sexo. Tuve que morder mi labio para no gemir junto a la mujer que estaba siendo follada, tuve que contenerme para no desabotonar mi blusa, sacar mis senos y tocarme como mi cuerpo lo estaba pidiendo, como aquel hombre lo estaba haciendo. Con el pulgar hice círculos sobre mi clítoris al tiempo que me penetraba con dos dedos. Que sensación...

Mordía mis labios para contener los gemidos, mis ojos se cerraban junto a la sensación que producía mi pulgar mientras con mi otra mano acariciaba uno de los senos. Ya había olvidado la decencia y el decoro aprendido en casa de mis padres, en ese momento me sentía tan puta como la chica de la película.

Cuando el tipo puso su miembro en la boca de la mujer, mojé mis labios con la lengua, como quería acariciar, rozar, lamer, chupar, y mordisquear aquel falo erguido. Él tenía las manos enredadas en ese cabello largo, y movía las caderas al compás de su deliciosa succión. Por unos momentos cerré los ojos e imaginé la situación. Yo en cuatro siendo penetrada por mi culo, el que, por cierto, jamás ha sido tocado por nadie más que no sea yo. Yo sometida a aquella invasión, sintiendo dolor y placer, agonía y ganas de correrme.

En un momento recobré la cordura y recordé que estaba en un lugar público, intenté volver a la normalidad, pero la excitación era tan grande que no daba paso a la cordura, mucho menos a la realidad.

Por primera vez me sentía libre de hacer lo que quisiera con mi cuerpo y me dejé atrapar otra vez por la excitación. Bajé mis bragas hasta los tobillos y con movimientos sutiles de mis pies quedaron en el piso, mí falta estaba hasta la cintura y mis dedos invadían sin control mí, más que, húmedo sexo.

Hasta que de pronto, sentí unos dedos deslizarse por mi pierna, no me importó porque estaba tan caliente que sólo quería saciar las ganas de follar. Mire de soslayo a quien me acariciaba con esa clara invitación a coger. Era un tipo de unos treinta años, de cabello negro al igual ojos. Suspiré ya importándome una mierda ser escuchada, jadeé sin control cuando esos dedos sutilmente ásperos llegaron hasta mi intimidad. Sin embargo, solté una maldición cuando tres de ellos me penetraron de una sola vez, mi espalda de inmediato se arqueó, mi respiración se estancó y mi boca buscó la de aquel desconocido.

Nuestras lenguas se anudaron con pasión, mientras él frenéticamente me penetraba con sus dedos. "¿Qué estoy haciendo?", me preguntaba. Cuando un par de manos invasoras se dejaron sentir desde la butaca de atrás tomando por asalto mis senos y abriendo sin consideración mi blusa.

Inmediatamente solté la boca de ese hombre y mi vista se elevó para dejarme ver a quien apretaba de mí. De repente, ese desconocido sacó su miembro duro y el brillo que emanaba de la punta me hizo querer saborearlo, por eso mismo subí los pies sobre el asiento, me giré y quedé arrodillada dejándole al primer tipo libre albedrío para que hiciera lo que quisiera con lo que le estaba, sin tapujos, ofreciendo. Saboreaba aquel delicioso miembro que me fue ofrecido, lo envolvía con mi lengua mientras lo masturbaba desde la base.

El otro tipo sabiendo lo que esperaba de él, se colocó de pie y se posó tras mí. Bajó la cremallera de su pantalón y sin un ápice de misericordia me embistió con fuerza; firmemente tomado de mis caderas violentaba mi vagina. No había dolor, solo placer. Otra vez el golpe de cordura: "Mierda, estoy siendo follada por dos desconocidos". Hasta que una fuerte nalgada me sacó de ese espejismo de lucidez. Mis gemidos eran apagados por ese grueso falo que había en boca, el que degustaba con un hambre voraz.  Sin embargo, apreté entre mis labios ese duro pedazo de carne cuando sentir como una lengua juguetona lamía aquel punto jamás tocado, y la ola de placer me invadió haciendo que mi piel se estremeciera por completo, ese hombre al que le hacía el oral lo sintió porque me penetró la boca dos veces más y sentí su espeso líquido en mis papilas gustativas.

Disfrutaba como esa lengua entrometida se perdía entre mis nalgas. Aquel hombre perverso preparaba mi apretado agujero para usarlo a gusto. Mientras el espeso semen del otro hombre se escurría por mis labios y era empujado por mi lengua para no perder ni una sola gota. De arriba, abajo se deslizaba y a pesar de haber tenido recién un orgasmo, otra vez estaba excitada, tanto así que mis caderas comenzaron a moverse en círculos para disfrutar de esas láminas como es debido. Hasta que apreté por impulso el respaldo de la butaca cuando esa boca se alejó de mi culo. Ya era hora, y por el infierno como lo deseaba. "Mételo, destroza mi culo" -le dije. Tomé otra vez el miembro del otro hombre, sabía que sino mantenía mi boca ocupada el grito se oiría en todos lados. Acomodó su glande en la entrada de mi agujero y empujó despacio, sentía como mi culo se partía en dos pero mis gritos eran apagados por aquel que tenía su verga en mi boca

El dolor era tan intenso que se volvía un placer apabullante, algo absolutamente contradictorio. Sentía como ese falo se abría paso entre las paredes de mi interior, palpaba como me iba llenado cada vez más, hasta que su pelvis chocó con mis nalgas. Poco a poco aumentó la intensidad de sus movimientos, ya mi culo se había adaptado al placer que producía aquella invasión. Mi otro compañero disfrutaba del placer que mi boca le ofrecía, jadeando como un perro en celo. "Mueve tu culo, puta" –decía el que se encargaba de destrozar mi ano. La verdad pensé que estaría al borde de las lágrimas, pero no era así, mis piernas temblaban de placer al seguir el frenético ritmo para que no saliera de mí.

Otra vez el pervertido me nalgueó con fuerza, me sentía utilizada como una puta, pero me gustaba. Otra vez fui inundada de semen en mi boca. "¡Por Dios que exquisito!" -exclamé. Aunque fue menos que la vez anterior lo disfrute sin perder nada. Esa deliciosa verga en mi culo se inflamaba, se hacía más grande al igual que mis gemidos. Sus dedos incrustados en mis caderas me indicaban que no le faltaba mucho por correrse, sus fuertes embestidas me decían que en cualquier momento me llenaría por completo. Mi vista estaba desenfocada, pero aun así volví a lamer hasta sacar todo rastro del clímax de ese tipo que estaba frente a mí, entonces bajo su rostro y besó mi boca, importándole un carajo sentir su propio sabor. Sus manos se fueron a mis senos y pellizco mis pezones, entonces el placer aumento.

Deseaba que acaba pronto, quería sentir la tibieza de sus fluidos inundando mi culo, era su puta y él lo sabía y me lo hacía sentir con las palabras morbosas que susurraba en mi oído. El pervertido tomó mi pelo y aumentó más sus movimientos, gotas gruesas de sudor mojaban mi espalda, mientras sentí como explotó en mi interior. Grandes gotas de espeso semen me inundaron al mismo tiempo que no podía contener el temblor en mis piernas. Aquellos hombres al cumplir se desvanecieron por completo, quedé con mi boca y mi culo llenos de ese viscoso líquido que tanto anhelaba sentir. Levanté mi vista y lo que mis ojos vieron me dejó ansiosa

Otros hombres se masturbaban a mí alrededor. Por Dios, era tiempo de correr o simplemente disfrutar lo que venía. No, era mejor salir de aquí. Ya mi curiosidad se vio saciada, y de qué manera. Pero mis planes se vieron truncados cuando, al intentar vestirme, mi ropa fue arrancada de mis manos y al levantar la vista me vi rodeada por unos seis hombres, con sus pantalones en las rodillas y sus miembros envueltos en sus palmas. Mi boca se secó.

Uno de ellos me tomó del pelo y me llevó al medio del pasillo, metió su miembro en mi boca y me hizo succionarlo mientras sus dedos se enredaban en mi cabello, otros se acercaron y pusieron mis manos en esos falos duros e hinchados. Y los otros tres se masturbaban complacidos por lo que veían.

Escuchaba como agitaban sus miembros, listos y dispuestos a dejar caer sus orgasmos encima de mí, yo preparada para recibirlos, hasta que sucedió. Primero uno chorro cayo en mi espalda, luego el siguiente en mi mejilla, después otro en mis nalgas, y así sucesivamente. Mi cabello, mis senos, mis brazos, mi boca. Todo mi cuerpo fue víctima de aquellas deliciosas corridas.

Había olvidado el exquisito sabor y espesor del semen, pero ese día recibí lo suficiente como para recordarlo por mucho tiempo. Como pude me incorporé y me dirigí al abandonado baño de mujeres, en verdad no quería hacer desaparecer el rastro de tan deliciosas corridas, pero debía volver a casa con mi esposo.

Mientras me sacaba los restos, miré mi reflejo en el espejo y me percaté que había alguien afirmado en el dintel de la puerta, su sonrisa retorcida me indicaba que aun esto no había acabado. Seguramente presenció todo lo que sucedió en la sala. Todavía tenía la linterna en su mano y mientras se acercaba a paso cauteloso y goloso hasta a mí, me ilumino el cuerpo con ella. Sí, era el tipo de los tickets. "Sabía desde que te vi entrar que eras tan sucia como las de las películas, no te puedes ir sin que te lleves un último recuerdo" –me dice.

Me besó con perversión, recorrió mi cuerpo por completo; el muy maldito sabe bien como poner a mil a una mujer. Tenía mis piernas separadas mientras el invadía mi sexo y lamía mis senos. Mordió de ellos, tiró con sus dientes la carne tierna, y yo solo estaba perdida en una vorágine de placer, de la que no quería salir más. Me había convertido en una zorra, pero la idea me encantó y creo que comenzaré a frecuentar más lugares como este. Su miembro entró de lleno en mi culo, el que aún estaba sensible por la intromisión anterior, pero poco me importaba porque solo quería que se moviera más rápido. Jodida ninfómana en la que me convertí. Pero el saber que soy capaz de recibir y dar placer, me fascina.

El muy pervertido me pasó su linterna y obligó a meterla en mi sexo... ¡Oh por Dios! Se siente rico ser invadida por dos formas fálicas a la vez. De primera palpe como esa linterna entraba fría, pero rápidamente se calentó al perderse entre mis pliegues, así mismo como estaba yo. Nunca había experimentado la doble penetración, y es la sensación más jodidamente placentera que he sentido jamás. Me siento zorra, soy zorra y lo disfruto. Ese exquisito placer me tenía al borde del colapso, quiero sentir como se viene en mi interior, quiero sentir otra vez el semen tibio saliendo de mis nalgas. ¡Oh, por Dios! Acabé por mis dos orificios, ya casi no quedaban fuerzas en mí.

Mis piernas con suerte me sostenían. Si no fuese porque estaba afirmada del lavado, estoy segura que me habría desplomado aquí mismo. Ya cuando se corrió en mi interior, se puso de pie, subió el cierre de su pantalón y estiró su mano hacia mí. “Estuviste deliciosa” —me dijo mientras me ayudaba a vestirme.

Ya ni siquiera tenía fuerzas para hacerlo. Estos hombres me dejaron saciada, extasiada y muy cansada, pero valió la pena. Ya una vez lista, lo vi caminar hasta la puerta, giro su cabeza por sobre el hombro y me dijo: “Espero verte más seguido por aquí” —y antes de poder articular palabra alguna, salió. Solté todo el aire al tiempo que me observaba en el espejo y me sonreí por todo lo que acababa de suceder. Sin dudas que sí, algún día de estos volveré y disfrutaré de ese perverso placer.



Pasiones Prohibidas ®

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