042. Una clase muy especial con mi alumno favorito

Eran las 7:30 de la mañana, desperté en mi cama desnuda. No me resultaba raro, ya que al vivir sola dormía desnuda. Era ya época de calor, y lo valía. Vivía lejos de mi hogar, de mis padres, de mis amigos. Me fui para cumplir mi sueño: ser maestra de Lenguaje. Estaba contratada para hacer clases  en un Liceo Municipal en uns comuna del sur de Santiago, como me quedaba lejos, decidí arrendar un departamento en un condominio cerca del Liceo, y así economizar en traslado y los  fines de semana distraerme en alguna disco de la cuidad. Este año era mi tercer año, Liceo decidió darme una distinción debido a mí desempeño en un examen que el Gobierno realiza a alumnos de ciertos cursos y siempre nos fue bien, porque conmigo la cantidad de aprobados era una cifra muy alta según me explicaron mis compañeros. Yo tengo la edad de 34 años, y tengo un buen cuerpo, eso no lo niego ya que practico deporte. Y según muchos adolescentes (alumnos mios) dicen que soy muy guapa, eso me halaga mucho. Cuando conseguí despertame, fui a asearme, después me vestí y a continuación desayuné y recogí mis cosas y me fui al trabajo. Iba a pie, para hacer ejercicio y para no gastar la gasolina. Como cualquier martes, daba solamente 4 clases. Como se acercaba el viaje de fin de curso, los alumnos del IV Medio estaban en los preparativos finales de lo que sería el "viaje de estudios", algunos estaban nerviosos, entusiasmados y ese día algunos faltaron para hacer la maleta. Por suerte, yo a última hora tenía clase con los de IV, y pensé, si han faltado todos, me iré a mi casa, tengo cosas que hacer. Asi que cuando quedaba una hora para acabar el horario escolar, me dirigí al aula que impartía clases. Abrí la puerta, y esperé a que vinieran los alumnos, y cuando tenía esperanzas de que no llegaría nadie, vino. Era uno de mis alumnos favoritos, pese a estar en el refuerzo de Lengua, sabía mucho de la materia, era educado, respetuoso, guapo y simpático. Yo le dije que no lo esperaba, a lo que el con una sonrisa me dijo: "Soy el único". El único, al que le importaba mi materia pensé. Yo me senté en la mesa del profesorado y el se acercó un pupitre para estar más cerca de mí. Usaba un perfume muy rico, me encantaba cuando se acercaba y podía olerlo. Dejando apartado ya la educación, nos atrevimos por preguntarnos por nuestras vidas, si teníamos hermanos, nuestras aficiones, los amores.

Yo siempre tuve la fantasía de follarme a un alumno mío, aunque sea ilegal, me daría morbo. ¿Sería este chico el que lo conseguiría?

Después de explicarle un poco de mi asignatura, decidimos a hablar de nuestras cosas personales. Le dije que tenía un hermano pequeño, que de pequeña siempre me gustaban las letras y que por eso me decanté por ser maestra de Lenguaje. Él de forma sonrojante me preguntó si tenía novio. No tenía, es más según mucha gente con lo guapa que era no tendría problema en encontrar uno, pero era muy difícil encontrar alguien que te quiera por como eres. Cuando dije estas palabras, mi alumno se acercó a mí para besarme en la boca, yo intenté hacerle el quite pero no pude. Después de un apasionado beso, y digo apasionado porque el maldito besaba y muy bien, le dije "Soy tu profesora, eres menor. No puede haber nada entre nosotros". Él deseando de otro y de llevar la situación a más, se lanzó hacía mi y lo hizo de nuevo. ¡Rayos! Estaba mojada. No podía creerlo, de un par de besos ya estaba empapada. Pero me mojé más, cuando me tocó un teta el pervertido. No fue un simple toque, fue un manoseteo increíble, yo estaba dispuesta a cumplir una fantasía ahí mismo, así que corté nuestro beso y le pregunté si estaba caliente, yo creo que si porque tenía un bulto en el pantalón de un tamaño descomunal, me levanté y con mi mano derecha acerqué las llaves, las recogí y me levanté de la silla del profesor, estaba totalmente segura: "Lo iba a hacer ahí mismo". Cerré la puerta con llave y para asegurarme, las dejé puestas. Ví de reojo como mi alumno me miraba, y digo voy a calentarlo aún más, me puse en una postura parecida a la de 4 patas, para colocar un par de mesas en la puerta, y si no llegaba a follarmelo, les juro que me violaba. Se acercó hacía mí y me besó y a la vez me tocó el culo, y yo me puse de rodillas, le saqué ese miembro con el que me dejó anonadada, para su edad. Había estado con varios hombres, pero no tenían ese tamaño. Me lo introduje en la boca, y comenzé a lamerla como si se tratara de un delicioso helado, pude observar que con mis movimientos el estaba muy caliente, en su cara se reflejaba.

-"Señorita, creo que voy a acabar" –me dijo. No me importó, acabó en mi boca, pero seguí haciéndole la mamada. Cuando ya estaba saciada con esa tibia leche que me regaló su verga era mi turno de recibir placer. Me desnudó como si fuese una muñeca, me quitó el sostén y pudo lamer mis pechos duros. Después me quitó el tanga empapada y me tumbé en una mesa con las piernas abiertas, él muy timidamente comenzó a lamerme mi vagina mojada, pasaba el tiempo y después iba más rápido casi acabo con los movimientos de su lengua, él muy caliente era un experto. Le quité toda la ropa y otra  vez su miembro de puso duro para mi deleite. Nos observamos desnudos, su cuerpo estaba entrenado y atlético, pero lo que más me llamaba la atención era su larga y dura verga por cierto muy erecta. Me observaba con una cara de caliente, hace tiempo que hechaba de menos una cara así. Fuí hacia la mesa del profesor donde estaba mi bolso y tomé un par de condones que llevaba, ¡nunca se sabe cuando una se dispone a follar! Le di uno, mientras que él los abría yo estaba de nuevo chupandole ese delicioso miembro que me había enamorado, con las piernas flexionadas y con una mano en su polla y otra en mi sexo jugué hasta que consiguió abrir el condón, me levanté y se lo puse. No recuerdo todas las posturas que hicimos, pero hicimos bastantes y que tuve que reprimir los gemidos que venían seguidos de intensos orgasmos, para que nadie supiera que me estaba follando a un alumno, eso era motivo de cárcel.

Mi vagina no daba más de tanto placer, así el lo entendió, con malicia en sus ojos levantó un poco mis caderas y de una certera estocada penetró mi ano con fuerza, tuve que poner mis manos en la boca para contener el  grito de dolor, él muy desgraciado consiguió lo que otros habían intentado pero no habían conseguido, desvirgó mi culo de una sola vez. Seguía con las manos en mi boca hasta que mi ano se dilató lo suficiente para darme placer. "Follame maldito mocoso" –le decía mientras la fascinación se notaba en sus ojos.

Mis piernas descansaban en sus hombros y él aumentaba el ritmo de las embestidas. ¡Por Dios, el porno había vuelto a este chico en un experto! Él estaba tomado firmemente de mis caderas y yo apretaba mis duros pezones. "¿Te gusta perra?" –me preguntaba. "¿Acaso no te das cuenta como disfruto?" –le pregunté. Los espasmos en mi culo eran tremendos, un maldito orgasmo se aproximaba, como pude otra vez puse mis manos en la boca para ahogar los frenéticos gritos que invadían cada ápice de mi ser.

Se quitó el condón y lo masturbé de una forma desenfrenada que acabó en pocos segundos, el semen cayó en una mesa, lo recogí con los dedos y lo disfruté hasta la última gota. Mientras que yo lo hacía, él lamía mi vagina, cosa que no esperaba así que me abrí de piernas y disfruté. Acabé otra vez en menos de un minuto, ya no podía más; le tuve que suplicar que se detuviera porque debíamos terminar la clase. Acabamos rendidos, nos vestimos y abrí la puerta, si alguien hubiese entrado se percataría al instante del olor a sexo que había en el aire. Me senté otra vez en mi lugar y le dije: "Muy bien Señor Pavez, espero que la lección de hoy le haya quedado clara. Aquí está mi número de teléfono para que a la vuelta del viaje podamos repasar lo que ha aprendido en el transcurso del año".



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