039. El sueño que quiere volverse realidad



Al fin había llegado la noche y era tiempo de descansar. Había algo que no podía quitarme de la mente, leí un relato que hablaba de tendencias sadomasoquistas; era algo que no había experimentado y creo que jamás me atrevería ya que soy algo cobarde y con poca tolerancia al dolor. En fin, otra fantasía sin cumplir. Me quité la ropa, me puse una polera que apenas tapaba mis nalgas, fui al baño para hacer las últimas cosas antes de dormir pero de mí mente no podía sacar los pensamientos que me inundaban por culpa de ese relato.

Fui a la cama pero al cerrar mis ojos una escena venía a mi mente. De pronto, mi sexo se humedeció y mis pezones se erectaron. ¿Por qué esa lectura me excitaba? ¿Acaso la habilidad del escritor me había transportado a la escena? Sin darme cuenta tenía mi mano en la vagina y me masturbé pensando en esa escena en particular. Me dormí y la escena se hizo latente.
"Estaba desnuda, con brazos y piernas atadas a lo que describió como la Cruz de San Andrés, para mí era una gran equis de madera preparada para la tortura. Intentaba soltarme pero las amarras estaban reforzadas por cadenas que me mantenían inmóvil. La puerta se abrió y entró un hombre alto con un impecable traje negro, camisa blanca y corbata negra, sus pasos se acercaban hasta donde yo estaba. Me susurra al oído: "Haz sido una putita traviesa, es tiempo de que recibas lo que mereces". Sus palabras produjeron miedo y excitación, sabía que había hecho algo malo pero no podía recordar qué. Mi cuerpo se estremeció por completo al sentir el roce de sus dedos deslizándose por mi espalda hasta llegar a mi cintura; me sentía asustada pero quería que siguiera, que hiciera conmigo cuanto se le antojara ha que me tenía a su completa disposición. Ahora, sus manos recorrían con total libertad mis nalgas, me sentía en las nubes, esas manos eran firmes y fuertes. Mi vagina se humedecía y sentía como mis fluidos corrían por mis muslos. ¡Oh, bendita sensación! Este hombre sabía lo que hacía. Disfrutaba de esas candentes caricias cuando sin aviso me nalgueó con fuerza, haciendo que me estremeciera por completo. Por alguna extraña razón el dolor se mezcló con el placer en cada nalgada, en mi interior suplico que no se detenga porque entendía que si pedía más él se detendría. Me gustaba el ardor en mis nalgas, la sensación de sentir la hinchazón que sus dedos dejaban”. Lamentablemente la alarma sonó, había llegado la hora de volver a la realidad, pero la excitación con la que desperté me llevó a masturbarme profusamente en la ducha hasta quedar casi sin fuerzas.

Derechamente la calentura no me abandonaba en el día, mis bragas estaban mojadas y la sensación de solo rozar mi vagina al cruzar las piernas hacía que me acercara al orgasmo. Por donde caminaba sentía como mis muslos se empapaban. ¿Qué mierda pasaba en mi mente? ¿Qué le pasaba a mi cuerpo? Solo esperaba que las horas pasaran, llegar a casa y dar rienda a mis dedos para que me brinden ese delicioso orgasmo que he reprimido todo el día.


Al llegar a casa deseaba repetir esa noche ese sueño en el cual quería seguir siendo castigada. Pensaba en el momento en que se hombre se aparecería igual de imponente como el primero y que me llevara al límite para conocer el mío.

“En mi sueño él tomaba las esposas y me las ponía con sus manos en la espalda, me tapó los ojos con un antifaz y me colocó de rodillas en la cama y mi cabeza apoyada en el colchón. No sospechaba que hacía pero notaba su erección sobre el pantalón. Comenzó a acariciar mis glúteos y a darme fuertes nalgadas ya rojas por la sesión anterior. Con cada palmada dejaba escapar un gemido de dolor y placer, movía mi culo en cada azote. Mi vagina empezaba a humedecerse de nuevo, no podía mirar sus movimientos pero sentí cuando pasaba su pene húmedo por sus fluidos en mi cara. Estaba tan mojada que sin ninguna dificultad metió uno de sus dedos, lo que me provocó un gritito de sorpresa. Seguía acariciando mi sexo y azotando cada vez más fuerte mi culo, con lo que se excitaba y gemía cada vez más. Me introdujo dos dedos en mi vagina y los movía dentro, los sacaba y metía con ritmo, mientras con la otra mano untaba de lubricante mi ano, lo que una vez más me sorprendió, no paraba de penetrarme con sus dedos en mi conchita muy húmeda y metió un dedo en mi culo, soltando ahí un grito apagado de placer, entraba despacio pero seguro en mi ano notando la presión leve de su dedo. Cuando me iba relajando más, más disfrutaba, cogió su pene y lo metió poco a poco bien lubricado en mi culo, al mismo tiempo que sacaba los dedos de mi vagina para seguir azotándome. Una vez dentro su pene de mi parecía que le excitaba, Se retorcía y movía sus caderas levemente mientras yo sollozaba y gemía. Siguió azotándome y su miembro ya estaba otra vez dispuesto. Me dio la vuelta a la cama, me sujetó del pelo y me levantó un poco, me soltó las esposas y apoyé mis manos en el colchón y así mi cara quedó a la altura de su cintura. Ahí yo intuí lo que pasaba mientras acercaba su pene a mi boca, aunque jugué un poco con él poniendo la punta ya húmeda en mis labios mientras seguía, privada de la vista por el antifaz, me ponía aún más cachonda. Abría la boca y sacaba mi jugosa lengua para recibir su miembro, y entonces con un empujón de su cadera la metió en la boca, gimiendo ambos del placer y el morbo. La chupaba, suspirando ya que no podía gemir con su pene dentro de mi boca, jugando con la lengua. Me incorporé pero me agarró de la cabeza para follarme la boca con fuertes embestidas, cada vez eran más profundas llevándome al límite. Lo sacaba de vez en cuando para poder respirar y luego volvía a la carga, cada vez con más ritmo”.

“Sentía como se hinchaba cada vez más; me ahogaba pero me excitaba la sensación, la saqué de mi boca y se escapó un poco de líquido pre seminal cayó de su miembro derramándose levemente por mis labios y barbilla. Me tumbó sobre mi espalda en la cama, levantó mis piernas. Metió dos dedos en mi vagina y estaba chorreando, verlo lamer sus dedos encendió más la lujuria y agarrando mis piernas me introdujo su pene erecto a la primera, lo que hizo que gritara de placer. El placer era muy intenso, y con la otra mano pellizcaba mis pezones escapándose de mi boca gemidos de placer. Me embestía con mucha fuerza y ritmo y la sensación era extrema cuando comenzó a acariciar mi clítoris con ritmo mientras me penetraba. Estaba llegado al orgasmo e incrementó la velocidad pidiéndole que no parara de follarme. Gritó: “¡Voy a acabar, voy a acabar!”.  No paraba de penetrarme, notaba los intensos espasmos vaginales y esos gemidos que salían de nosotros nos acercaban al orgasmo. Nos dejamos ir mientras gritábamos de placer cuando el semen salió en forma de explosión. Me puso de rodillas y volvió a acabar en mis tetas, mi abdomen mi cara, llenándome por completo y alcanzando el éxtasis. Aún jadeantes ambos, me despojo del antifaz cruzando al fin nuestras miradas, y nos tumbamos a relajarnos.

Me incorpore en mi cama y me quede sentada en la orilla, la alarma otra vez sonó y yo solo imaginaba y soñaba despierta el día que esto de verdad pasará.



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