035. La cita en el club de Jazz

Pedro y Macarena son amigos del trabajo, se ven desbordados por una tensión sexual insoportable y nunca satisfecha dado el estado civil de estos. Pero una noche decidieron poner fin a esto.

Llegó aquella noche que ellos habían planificado, la excusa fue una noche de jazz, compartir un momento musical y olvidarse de sus respectivas parejas. El contacto carnal no estaba garantizado, pero sí distenderse y pasar una amena velada. Macarena es rubia, de ojos claros, pechos grandes y lindas piernas. Pedro es flaco, de facciones angulosas y altura intermedia.

Pedro decidió esperar a Macarena en un club nocturno de Jazz, el local estaba escondido y era secreto, las paredes eran de madera y la iluminación muy limitada. Pedro lucía una camisa blanca y un pantalón vino tinto, se ubicó en una mesa del fondo y dada su ansiedad llegó temprano. Mientras esperaba a su amiga, él observaba como los músicos preparaban sus instrumentos. Instantes más tarde llego ella, luciendo un tapado con encajes, una blusa ajustada y escotada que hacían lucir sus voluminosos pechos. Llevaba jeans que resaltaba sus caderas y zapatos con tacos.

Ambos sabían que se trataba de una cita única y muy deseada. Los momentos iniciales fueron con cierto nerviosismo, recordaron viejas anécdotas mientras degustaban una exquisita copa de vino y escuchaban el seductor sonido del jazz. Al cabo de unos minutos el jazz progresaba en intensidad y la confianza entre ellos producto del vino también lo hacía. Cada tanto el contacto se iniciaba con leves caricias en las manos y abrazos entre risas. La tensión crecía, y por momentos las miradas se congelaban entre ellos, sabiendo que en algún instante algo iba a suceder.

El show de jazz culminó y ellos ya un tanto borrachos y algo cachondos decidieron continuar la noche en el apartamento de Pedro. Al llegar al lugar, Pedro le pidió a su amiga que se ponga cómoda, mientras que el traía una botella de vino y ponía a sonar un disco de Jazz de Miles Davis. Macarena se ubicó en el gran sillón de 3 cuerpos y se quitó el tapado, llevó un cigarrillo a su boca y le pidió fuego amablemente a Pedro. Él se ubicó a su lado de  y le acercó un fosforo encendido. La tensión crecía. A él le costaba mucho no desviar la mirada hacía los espectaculares pechos de su amiga. Macarena fumaba sensualmente y sonreía notando las miradas de su amigo.

Instantes más tarde la música se frenó, ella amablemente se ofreció a cambiar el disco. Segundos después Pedro decidió ayudarle y sin querer (¡jejejeje! — sonrisa perversa) rozó su pelvis con las nalgas de Macarena, quedando así sus cuerpos muy cerca. Ella sonrió y el jazz volvió a sonar. Pedro ya desbordado se apoya nuevamente contra las nalgas de su amiga, pero en esta oportunidad lo hace mayor intensidad, haciéndole sentir su miembro y acariciando suavemente los pechos de la dama. Ella suspira y desprende un leve gemido. El sexo en el ambiente era totalmente insoportable. Él comienza a besar la nuca de su excitada amiga y ella rápidamente se da vuelta para luego fundirse en apasionado beso de muchos segundos de duración. Las lenguas se tocaban con intensidad y sus manos recorrían cada espacio de piel. Besándose logran trasladarse al sillón, donde ella desprende la camisa de Pedro y la quita la sensual blusa de su amiga. Al instante caen en el sillón y comienzan a besarse y a realizar movimientos frotándose mutuamente. Pedro acaricia por encima del jeans las piernas y la vagina de ella, mientras que al mismo tiempo le besa sus pechos dándole leves mordidas en los pezones. Ella emite gemidos y acaricia el miembro de Pedro notando así la fuerte erección.

Luego ella le pide a Pedro que se siente y se relaje. Acto seguido Macarena se quita el pantalón y se arrodilla frente a él, toma el miembro de su amigo y empieza a masturbarlo mientras mantenía la mirada en sus ojos. Luego ubica el miembro apretándolo con sus pechos y haciendo movimientos suaves e intensos. Macarena sentía placer con la intensidad de la erección de su amigo. Pedro desbordado se muerde el labio inferior, por fin sus fantásticas se estaban cumpliendo. Minutos después, ella ubica el miembro despacio en su boca, congela la mirada en los ojos de su amigo y empieza a chuparlo suavemente, por momentos sin usar manos, por momentos trazando círculos con su lengua en la parte superior del pene. Pedro a punto de explotar, la toma para  que se acueste en el piso. Para luego empezar a hacer circular su lengua por sus piernas mientras que con la mano erotizaba el clítoris de Macarena con leves movimientos circulares. Segundos después su lengua se instaló suavemente en la vagina haciéndola explotar de placer. Su lengua recorrió todo el perímetro del clítoris mientras que sus manos acariciaban los pechos de la joven. Minutos más tarde él se ubicó por encima de ella y comenzó suavemente a penetrarla. En los siguientes instantes las embestidas fueron con intensidad progresiva en el piso. Por fin se estaba dando ese momento de placer absolutos que los cuerpos tanto necesitaban.

Luego deciden pasar al cuarto en busca de comodidad. En el camino se dejaron vencer por la calentura y empezaron a hacerlo parados contra la pared del corredor. Pedro penetraba a Macarena con mayor intensidad y apretaba fuertemente sus pechos. Los gemidos progresaban al igual que el saxo del jazz de fondo. Una vez que llegaron al cuarto, ella se puso en cuatro sobre la cama y enfrente al gran espejo que disponía la habitación. La invitación explícita de Macarena fue: "¡Follame duro como siempre lo has querido!”. Él continuó con intensidad mientras apretaba fuermente las nalgas de su amiga, ambos espiaban el espejo. No podían creer que estaban visualizando ese momento que tanto se hizo desear. Los gemidos ya eran insoportables, cada vez más extensos, ambos sentían que el orgasmo se acercaba; la vagina de Macarena se contraía y el miembro de Pedro se hinchaba más. La toma de pelo con fuerza y ella pedía a gritos: "¡Lléname, quiero sentir tu leche caliente en mi interior!". Esos gritos aplacaban el sensual sonido del saxo, mientras que las estocadas de Pedro opacaban el redoblante, hi-hat, bombo, toms, platillos de la batería. Gemidos agonicos resonaban en el ambiente hasta que ambos al unisono se entregaron al ritmo de un intenso orgasmo.

Finalmente los dos cuerpos cayeron fundidos en la cama. La satisfacción se hacía presente dibujada en sus rostros. Ella durmió con la camisa de Pedro y el solamente acompañado de la sensual figura de esa. A la mañana siguiente no fue necesaria la melodía sensual del Jazz para acompañarlos en la intensidad del sexo furtivo, ya que solo la imaginación de ambos fue el condimento perfecto. Fue la noche que siempre soñaron y la mañana que anhelaron. Esa fue la única vez que se entregaron pero que ambos recordarán en momentos de autosatisfacción y cuando estén con sus respectivas parejas.

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