033. Pasión de multitudes


Vivo en Santiago de Chile, tengo 36 años pero entiendo que eso no es lo más relevante acá. Hace unos meses llegó a vivir en el condominio una pareja joven de unos 22 a 25 años, por lo que se veía eran recién casados cosa que después de un tiempo lo pude asegurar.

Ella era una chica simpática sin ser una mujer espectacular, si era una mujer guapa agradable a la vista; de tez clara y cuerpo atlético sin ser exuberante. Él era un tipo joven, el clásico ejecutivo que salía a trabajar de traje y con portafolios.

Trabajo desde casa por lo cual estoy todo el tiempo ahí, mi primer contacto con ellos fue en una junta del condominio en la cual ellos al ser nuevos mostraban bastante ímpetu e interés en mejorar el entorno, por mi parte al llevar ya varios años acá sé que los problemas los ocasionan los mismos vecinos que no cuidan el aspecto del lugar en que vivimos y no les interesa, quizá por lo mismo mi actitud fue un poco apática y contrastaba con su ímpetu entusiasta; eso llamó la atención de ambos y por lo mismo entendí que había sido una mala impresión hacia ellos.

Con el paso del tiempo el trato fue muy formal y poco amable simple saludo y a veces ni eso el "clásico ejecutivo" como todo empleado modelo salía temprano y regresaba casi en la noche, ella se encargaba de las cosas del hogar y nada más. La verdad es que tampoco era una cosa que me preocupara mucho ella salía a medio día al Zoológico de los coyotes a hacer ejercicio en el gimnasio que tenemos como comunidad con una lycra muy pegada que marcaba un rico culo chiquito y respingón y un top de ejercicio que marcaba unas tetas ricas ni muy grandes ni muy chicas pero si sabrosas. Por lo mismo empecé a salir casi a la hora que sabía ella saldría solo para observar ese cuerpo y ese rico culo que se marcaba en esas lycras, unos días rosas, otros negras y moradas; ella al verme siempre lo hacía con cierto desdén de superioridad o desprecio y eso hacia crecer más el interés de mi parte.

Cierto día en la madrugada los escuche discutir sobre que ella se sentía sola todo el día, que la tenía descuidada y se sentía como un mueble arrumbado y más llamó mi atención el escuchar que ya tenía días que no la tocaba por estar cansado, que tenía que salir a ejercitarse y sacar toda la frustración con el ejercicio pero al parecer no era suficiente. Fue cuando mi cabeza empezó a imaginar y soñar que era yo el que le sacaba toda esa frustración por no haber tenido relaciones lo cual hasta ese momento era prácticamente imposible por la actitud despectiva que ella tenía hacia mí y no por no ser físicamente agraciado si no por no haber compartido las ideas de ellos en aquella asamblea de propietarios porque antes de eso el trato era más cordial.

Por cuestiones de trabajo tenía que ir a entregar unos documentos por la mañana me iría en el transporte público porque odio manejar en el tráfico y a esa hora el metro es la mejor opción para trasladarse cosa que no solo yo lo pienso el metro siempre va repleto hasta en los horarios en que crees que no va nadie. Antes de cruzar el torniquete que permite el acceso al andén me encuentro a mi vecino y la verdad por más que me hacía el que no lo había visto era casi imposible porque estábamos casi a medio metro de distancia, no me quedo más que saludar de forma gentil y supongo a él tampoco le agradó mucho el haberse encontrado conmigo. Empezamos a hablar de trivialidades desde a dónde vas y en que trabajas hasta llegar al tema en el cual casi todos los hombres nos entendemos el FUTBOL, él era aficionado a un equipo que viste de azul, chunchos con complejo de leones y yo del mejor equipo que puede existir en el mundo, el mayor campeón del fútbol chileno, sí, Colo Colo y además estaba próximo el superclásico.

Así que se dio la típica platica de que los títulos robados o los chunchitos hijos nuestros; pero la perspectiva de ambos cambio ya que la rivalidad es solo en la afición a un equipo y eso sirvió para romper el estereotipo que ambos teníamos y hablar más amenamente, cambiar el trato al grado de invitarme a su casa a ver el partido ya que al ser nuevo en la zona no conocía a mucha gente y ver el partido solo no era muy agradable. Hicimos planes y llegué a la estación Tobalaba en donde yo me bajaba, nos despedimos y quedamos para el domingo a mediodía.

Era viernes así que ya solo quedaba sábado y después ya era el día del partido (lógicamente así es la  semana), mi cabeza pensaba en la reacción de ella cuando él le comentaría que yo iría a ver el partido junto a ellos; quizá le molestaría tanto que se iría y no estaría ese día. Bueno, la verdad lo importante era tener un buen comienzo y así ir teniendo más trato con ellos aunque veía imposible el tener algo con ella y más siendo casada, desde mi divorcio siempre había tenido una desconfianza no sé si es normal pero me costaba mucho después de mi separación tener contacto con una mujer.

Llego el domingo por la mañana, fui al supermercado por unas cervezas y a la casa del vecino a ver el partido llegue 11:45 el partido era a las 12:00 así que casi a tiempo, para mi sorpresa me recibió ella y más sorpresa verla con un jersey del Eterno Campeón, eso era un buen augurio. Me invita a pasar con cara de no hay de otra, ya que pasé  me indica que su esposo viene en un momento que estaba levantándose ya que el fin de semana se levantaba tarde por ser el día que podía dormir más.

Le entregué la cerveza y unas papas fritas que traía y me invitó a sentar, llegó su esposo empezamos a beber la cerveza los tres tomábamos igual, ella y yo festejando que nuestro equipo iba ganando y él un poco triste por ir perdiendo y más por la burla que hacíamos al tiempo su equipo empato y ahora era más la burla de él que sentía que ganaba; al calor de las cervezas el ambiente dejó de ser tenso como al principio y más al ser un buen partido se notaba que al no haber desayunado ellos nada las cervezas empezaban a hacer efecto en eso mi equipo mete gol y ella eufórica me abraza de la felicidad porque era el gol de la victoria. Después, ya al terminar el partido y yo verlos muy afectados por las cervezas y más el no haber desayunado decidí marcharme también al ya haberse acabado la cerveza creí era el momento justo para partir.

Él al haber perdido su equipo se notaba un poco cabizbajo y me suplicó no me fuera ya que estábamos pasándola bien, al no haber cerveza saco una botella de Absolut Raspberry, he de decir es la bebida que más me gusta y sacó unos jugos de piña así que no pude negarme y más al ver a ella muy animada platicando conmigo del triunfo y haciendo un poco de bullying a su esposo decidió ya no beber, él sí muy animado seguía bebiendo yo decidí beber pero poco a poco ya que tampoco en la primera vez que convivíamos haría un espectáculo. La plática torno en la pareja y por qué yo vivía solo, le platique de mi divorcio y el conflicto que me causaba entablar relaciones y me aconsejaban que si me animara que me quitara el miedo y esas cosas que las parejas le hablan a alguien que perdió en el escenario de la vida y que ellos están a punto de perder pero no se dan cuenta.

Al calor de las copas platicamos que lo que más me gusta, yo les dije que bailar, cosa que hago muy poco, ella también bailaba mucho pero su esposo odiaba bailar, ella me invitó a bailar puso música y bailamos todo con mucho respeto; él seguía bebiendo y la mezcla del jugo de piña con vodka le estaba pegando mucho, sumado que no tenía alimento. Animada bailaba y yo claro que aprovechaba la ocasión de sentir ese cuerpo tan rico que tanto había visto aunque fuera solo bailando era demasiado excitante para mí hasta que empezamos a ver que él ya no aguantaba más, estaba fundido en el sillón con el vaso en la mano y perdido de sueño.

Volví con mi intención de partir ya que sentía no era correcto estar ya que él que me había invitado estaba ya perdido de dormido por los efectos del alcohol, ella me pidió no me fuera que estaba pasándolo genial y que siguiéramos bailando para mí era un sueño y fue cuando me di cuenta que era un momento que jamás volvería a tener para hacer algo con esa mujer. Me empezó a dar quejas de su marido, que ya no era lo mismo de ante, que solo se preocupa del trabajo y yo solo me limitaba a escuchar y darle alguna opinión que le diera la razón y también le decía que en base a mi experiencia ella tomara la iniciativa, que si él regresaba cansado también ella podía tomarla, quizá darle un mamada que, hicieran el amor en el sillón, que eso a él también le agradaría y que eso les daría un plus en su relación; como toda mujer decía que no, que le daba vergüenza, que la iniciativa siempre la tomaba él, que iba a pensar y le dije que solo va a pensar que se casó con una gran mujer.

Le dije era una mujer muy guapa y que si quería una relación más feliz ella también podía tomar la decisión, que le mostrara los senos y le pregunte si él las mamaba de vez en cuando, lo cual le hizo molestar pero notaba yo que esa platica a ella le había subido el ánimo, la notaba excitada el simple hecho de imaginarse ella tomando la iniciativa le excitaba y continúe por ese rumbo diciéndole que yo hubiera sido muy feliz si mi esposa hubiera tomado la iniciativa así y que me mostrara los senos, que ella los tenía muy ricos y volví a dudar de la eficacia a la hora de mamar esos deliciosos pezones por parte del  vecino, no es que las tuviera muy grandes pero si las tenía en su lugar y de buen tamaño.

Enfadada me dijo que nunca lo hacía, lo de él era montarse, un par de meneadas y listo pero yo seguía dudando y decía que como me podía probar lo contrario que al final quedaría la duda siempre. En eso se quitó la camiseta que traía y el sostén y me mostró sus dos lindos pechos, ricos como dos peras, con pezones rosados y aureolas café claras medianas; me dijo ves son naturales y son producto del ejercicio pero a él no les llaman la atención, yo le comentaba que aun así no lo sabría hasta que las tocara, así que seguía con la duda. Me pidió la mano y la puso en uno de sus pechos yo quedé sorprendido con ese atrevimiento pero  a más no poder. Era una piel tan suave, sentir en mi palma ese pezón tan rico..  para mí fue mágico, un segundo que se hizo eterno; no lo dude y coloque mi otra mano en el otro pecho y los apreté con ambas manos, ella se quedó muda pero disfrutaba mis caricias ya que cerró los ojos y emitió un leve pero perceptible gemido de excitación el cual me marcó la pauta para avanzar y dar un beso a esos labios tan sexis, la verdad esperaba un empujón o una cachetada pero para mi sorpresa y no sé si fue la plática, las cervezas, el vodka o el tiempo que llevaba sin coger pero respondió mi beso de la mejor forma y así que mientras la besaba mis manos no dejaron de acariciar esos turgentes senos y después ese rico culo respingón que tanto llamaba mi atención lo apreté y acaricié como un niño con juguete nuevo, ella solo se limitaba a dejarse hacer lo que mis manos dictaban en ese momento, se dejaba llevar y yo eso lo disfruté desabroché su jeans y metí mi mano, no llevaba nada debajo, pude meter mis dedos en su vagina la cual estaba empapada y totalmente depilada, se sentía exquisito.

Me quitó la camiseta  y también desabrochó mi pantalón y descubrió mi pene el cual estaba a punto de reventar de lo excitado. Empezó a masturbarlo, me dijo que estaba excitada, que no aguantaba las ganas de tenerme dentro pero no lo soltaba, me estaba haciendo una de las mejores pajas de mi vida, sus manos eran suaves y de verdad sabía lo que hacía; yo por mi parte con una mano recorría sus senos y con la otra le estaba dando placer a su vagina, no dejaba de gemir, le acariciaba el clítoris y metía el dedo, así íbamos. La estaba poniendo demasiado caliente  y no puedo negar que me encantaba verla como una perra en celo; besé sus tetas, la lamí, las mordí; sin ningún pudor las llenaba de saliva cada vez que mi lengua hacía el tour completo por ambas, cada vez se sentía más caliente y el “Clásico ejecutivo” seguía perdido en el sueño dado por el alcohol, sin sospechar que su esposa era una puta hambrienta de sexo.

Me pidió ir a su cuarto para que el joven cornudo no se despertara y nos viera, así camino a la habitación nos desnudamos y al verla sin ropa la verdad quedé hipnotizado, era muy hermosa y tenía un cuerpo excitante, me dedique a besarla, no hubo un rincón de su humanidad que quedara sin besar. Me entretuve en su culo tan rico, perdido con mi lengua en ese delicioso agujero y en esa húmeda vagina; me entregué a darle placer con mi lengua, la recorría completa desde el clítoris al ano y metía la lengua lo más dentro que podía para probar sus fluidos; tenían un sabor exquisito, podía sentir como se desbordaban en mi boca, era una sensación exquisita; mis dedos se perdían en su vagina mientras mi lengua seguía causando que se retorciera de placer.

Ella sudaba, gemía y retorcía, poco a poco uno de mis dedos entra en su apretado ano y otro en la vagina, no sé si se dio cuenta o le gustó al momento de sentir como su ano se abría pero lo disfrutaba, fue maravilloso cuando en un momento le hacía doble penetración con mis dedos y mi lengua le daba placer en el clítoris, ella solo decía: “¡Así! ¡Ay no pares!”. Eso me excitaba aún más.

Después de un tiempo se retorció, cerró las piernas y dio un fuerte grito que pensé despertaría a su esposo pero no fue así; me alejaba si intentaba tocarla, se retorcía, fue cuando decidí aprovechar esto para voltearla y lamer sus nalgas; yo era presa de la lujuria y sin pensarlo dos veces, metí mi miembro, decía que tuviera cuidado ya que nunca lo he hecho por ahí. Cuando estaba casi todo me detuve para su culo se amoldara, después de unos minutos empecé a moverme poco a poco hasta que noté que lo empezaba a disfrutar, primero despacio y después duro, lo que sacaba incontables gemidos de sus labios, hasta que sin piedad empecé a taladrar su agujero con fuerza haciendo que disfrute de cada estocada, no paraba de gemir y decir que rico se sentía, dio un grito desgarrador y decía que no me detuviera porque estaba teniendo un orgasmo, lo que aproveché para moverme con más fuerte y descargar mi tibio semen en su culo.

Exhautos, sudados y extasiados nos tumbamos en la cama. Hubo un momento en que la moralidad la envolvió y me dijo que la disculpara porque no era una mujer infiel, tal vez fue el alcohol lo que la hizo perder la cordura, pero por la circunstancia que haya sido, tuve el placer de abrir un culito virgen y eso valía la pena. Después de un rato concluimos que había sido algo muy rico y placentero y que se debía repetir más seguido. Le ayudé a acostar al “clásico ejecutivo” y nos despedimos de un riquísimo beso.

Pasaron los días, llegó el siguiente viernes y me encontré a mi vecina esperando el ascensor, me dio un abrazo y me saludó muy animada lo cual me agradó mucho, me agradeció y no sabía por qué. Me dijo que a partir de ese día había cambiado su actitud y se había mostrado más animosa con su esposo, cada vez que llegaba del trabajo lo esperaba arrodillada en la puerta y le hacía una mamada, que su esposo agradeció su cambio y que su vida marital ya empezaba a cambiar al oír esto pensé: “¿Qué me interesa que ahora esté tirando con el esposo todos los días?” –y bueno para ser honesto también pensé que jamás volverá a tenerla, pero al despedirse me dijo algo que me dejó sorprendido: “Nos vemos vecino, le recuerdo que mi culito ese siempre será suyo y lo estaremos esperando cuando usted quiera”.



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