025. El castigo puede ser placentero 2

Debajo del pañuelo podía sentir sus ojos fríos y su mirada dura, con un pequeño susurro me indica una cosa, se trataba del deseo. ¡Si por supuesto que sí el deseo de ser montada y follada hasta sangrar! —decía en mis pensamientos.

Me aventó a la cama quedando con mis nalgas expuestas esta vez solo separé mis piernas, sus manos frías tocaron mi  entrepierna pellizcando levemente los labios de mi sexo. –¡Ah, esto se siente rico! Otra vez estaba empapada y casi llegando al orgasmo. Se detiene para bajar sus pantalones que ya tenían la marca de mi excitación  en el cierre; de un empujón mete su miembro. Me hizo estremecer y gritar. “¿Te gustó nena?” –Pregunta de manera autoritaria.

“¡Sí, Amo, hágame suya, no sabe cuánto lo deseo y lo extraño!”. ¡“Me parece perfecto porqué mis ganas de ti no se aplacan!” –me dice con tono autoritario.

Levantó mis brazos lo más largo que pudo y empezó a follar y follar cada vez más rápido y más duro. Se escuchaba el ritmo de su respiración agitada. Los brazos y las muñecas empezaban a dormirse y sentir ese cosquilleo de hormigas la posición me cansaba. Gemí como loca, la sensación de hormigueo y las embestidas bestiales me hacían estremecer. Era exquisito, posteriormente me esposo las muñecas mientras mis ojos permanecían vendados. Me tumbó en la cama, abrió más mis piernas y volvió a meterlo, quería tocar el cuerpo de mi Amo pero mis manos estaban esposadas. “¿Qué te dije de los toqueteos?” –me dice enfadado “¡Sabes bien que no debes hacerlo! Aquí solamente yo puedo tocarte y follarte”. Pienso en mis adentros y me digo: “¡Cuánto deseo unas buenas nalgadas!”. Como si leyera mi mente desliza sus manos por mis nalgas y di previo aviso me golpea, sentía mis ojos humedecidos pero la venda no dejaba brotar mis lágrimas. Él seguía a pesar de que me retorcía de dolor y placer.  

Extasiada por el placer que me brindan sus violentas caricias soy conducida a un profundo orgasmo que me hace temblar por completo, yo sé que él lo disfruta tanto como yo. Excitado y jadeante me dijo: “¡Qué rico mi niña!”. Mis nalgas se sentían calientes, no recuerdo cuanto me nalgueó pero si sentía el calor de su mano por todo mi culito.

Me quita el pañuelo de los ojos y me amarra con él al respaldo de la cama, percibía la maldad en sus ojos. Otra vez recurre a su perverso maletín del cual saca un cuchillo de hoja larga y gruesa. Le suplicaba que no me hiciera daño, prometía que sería una buena sumisa y él solo reía al verme en ese estado; temblaba de miedo pero a la vez sabía que todo estaría bien. Lo deslizaba en mi abdomen, mi piel se abría al paso del frío metal, podía sentir que la sangre brotaba, veía la fascinación en su cara al ver como hilos de sangre se apoderaban de mi piel, la que él lamía; la sensación pegajosa de la mezcla con su saliva era todo un deleite. Continuó bajando con el filo hasta mis muslos, los cuales cedieron al paso sigiloso de aquel afilado metal. Tenía una sensación de cosquillas que me hacían gemir de placer, era tan rico al punto que otro orgasmo llegó. Ya no tenía fuerzas; ¡Por Dios! Este hombre sabe lo que hace, y me encamina a un abismo de placer sin retorno. Me pregunto ¿Hasta cuándo voy a estar prisionera de sus oscuros deseos? Solo percibo que la noche cayó y avanza con pasos agigantados al amanecer.

Esto no terminaba aún, llegó a mi vagina y me empezaba a lamer mi clítoris, esa lengua viscosa se mete en cada rincón de mi sexo, solo puedo jadear como una perra en celo ya que las fuerzas me han abandonado por completo. ¡Dios mío, otra vez soy transportada al éxtasis! Noto como  exploto de deseo y mis tibios fluidos se impregnan en su boca. Llegó a mis labios con los suyos, esta vez podía probar no con mis dedos sino directo de él ese delicioso líquido que he saboreado cuando me masturbo frente a él. Su lengua está casi en mi garganta y sus dientes dejan marcas en mis labios haciéndolos sangrar levemente.

Después de tenerme completamente a su merced y sin fuerzas, me toma del pelo para llevarme al piso y sin ninguna compasión mete su deliciosa verga en mi boca, inclemente y sin escrúpulos folla mi boca. Me ahoga pero él no se detiene, en sus ojos se ve la lascivia; enreda sus dedos en mi pelo y deja su verga dentro de mi boca, puedo sentir como explota y su tibio semen me asfixia pero me deleita. Al sacar su miembro de mi boca el semen mezclado con saliva escurre por la comisura de los labios; me sentía sucia, usada y abusada, esa deliciosa sensación que solo un macho Dominante puede provocar en una hembra sumisa. Él susurró: “¡Ah nena qué bien se siente!”. Sonreí con mis labios aun con sus tibios fluidos. Entendí que no solo es la forma en la que me hace sentir su puta, sino también es la forma de demostrarme que valora mi entrega y dedicación por ser lo que él quiera que sea.


 

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