Me
paseo de un lado a otro como una gata en celo. ¡Qué ganas de lanzarme sobre él!
Para ser usada a su antojo, quedar impregnada del olor de su sudor en su cuerpo
y ser reconocida como un juguete que él tiene para saciar su aburrimiento. Él
no sabe que lo observo, está perdido en un profundo sueño producto del
cansancio. Me desvisto lentamente, la puta interior venció a la cordura y ésta
vez quiero ser usada sin contemplaciones. Mis manos avanzan siguiendo el camino
que me hace estremecer, el deseo es un ingrediente que no se puede ignorar;
aunque él ni siquiera nota mi presencia soy suya y su sola presencia domina
cada ápice de mi ser. Separo mis piernas y mis dedos hurgan con desesperación
mi sexo, la humedad no se esperar y escurre por mis dedos; esa indescriptible
sensación que me recorre y hace perder el control de mi cuerpo, muerdo con
fuerzas mis labios para no ser descubierta porque la agitación de mi
respiración es evidente y también de esa forma contengo los gemidos que quieren
brotar de mi interior.
Decido
acercarme, mi respiración se agita aún más. Me escabullo entre las sabanas y
besos sus labios de manera tierna. Sus ojos se abren por completo al sentir el
roce de mis labios, sé lo que viene y como disfrutará de mi cuerpo sin ninguna
contemplación. Sonríe de manera malvada y me dice: “Sabes que no tienes permiso
de besar a tu Amo, pagarás por tu atrevimiento”. Me toma con fuerza del
cabello, y me tumba sobre la cama; adoro su fuerza y resolución. Con esa fuerza
que me enloquece me da vuelta y de un par de nalgadas me obliga a levantar la
cola, sin piedad me penetra arrancándome gritos de dolor entrelazados al placer
de sentirme castigada y abusada por aquel hombre que no me permite besarlo.
Sus
constantes embestidas son igual a las de un macho en celo, mi Amo jadea y
susurra que no tengo su permiso de disfrutar el momento pero el solo hecho de
sentirme su puta es más que suficiente para darme placer. Mientras embiste me
nalguea con fuerza, hace que mi aliento se desvanezca y hace que me estremezca por
completo. Quisiera gemir de placer pero se me negó el privilegio pero en mi
mente juegan mis emociones y me transporto al más absoluto placer.
Tomado
firmemente de mis caderas acomoda su miembro entre mis nalgas y con fuerza
empuja hasta hacerlo entrar completo, mis ojos se vuelven vidriosos por el
intenso dolor, y sin contemplación abusa de mi ano. Su pene se hincha en mi
interior, no puedo contener mis ganas de demostrarle cuanto disfruto de su
violencia, le suplico que me permita acabar, no dice nada solo se escuchan sus
jadeos llenos de perversidad. Él ve mi desesperación y de manera perversa rie
al escuchar mis suplicas, le divierte ejercer ese control y a mí me excita. En
un momento la compasión se apoderó de él y susurra a mi oído: “¡Puedes acabar
sucia puta!”. Sus palabras son el aliciente para hacer que explote de placer y
me rinda en un orgasmo tan intenso que hace temblar todo mi cuerpo. A los pocos
segundos noto como él explota en mi interior llenándome con su viscoso e
hirviente semen. Cae rendido sobre mi espalda mezclando nuestro sudor; nuestros
cuerpos aún unidos por su delicioso miembro tiemblan al unísono por el perverso
placer. Al salir por completo de mi interior su semen escurre saliendo de mi
ano y recorriendo mi vulva. Con ese lenguaje obsceno me recuerda que es mi
dueño y solo él puede disponer de mi cuerpo cuando lo desee.
Pasiones
Prohibidas ®
Sin duda perfecto .
ResponderEliminarGracias por darse el tiempo de leer mis relatos srta. Ositis
ResponderEliminarTerrible
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