020. Vigilando entre las sombras

Karina es una mujer sensual, siempre impecablemente vestida, de pasos seguros al momento de caminar y con un cuerpo exquisito. De alguna manera se las arreglaba para agitar mi respiración y hacer que mi pulso se acelere. Verla pasar es todo un deleite para mis perversos ojos y con ese “buenos días” que salen de sus labios cuando pasa por al lado mío en el hall del edificio, sin duda hace que mi mente teja perversas escenas de sexo salvaje.

Cómodamente sentado en la recepción observo a las personas que entran y salen, ya que soy guardia de seguridad, y debo estar pendiente de cualquier detalle que altere la paz en aquel lugar. El día avanza y van a ser las 6 de la tarde; las personas ya comienzan a salir para dirigirse a sus casas. Esperaba como todos los días por ese sensual “hasta luego” de Karina, eso ocurría alrededor de las 6 con 10 minutos, por alguna razón eso no pasó. Eran las siete de la tarde ya y debía cerrar las mamparas para realizar mi ronda por el interior del edificio, ver que no hubiera novedades en los pisos superiores y entregar mi servicio a las 8 PM para ir a casa.

La rutina consistía en subir al piso 24 y posteriormente bajar por la escalera de emergencia piso por piso, entrar a la recepción de las oficinas y ver que todo estuviera en orden. Al llegar al piso 17 observo una luz encendida en una oficina, me acerco para ver y al sentir el ruido de un teclado camino hacia el lugar. No se había informado que quedaría gente trabajando, lo que me pareció extraño, bajé el volumen de mi radio, saque mi bastón retráctil y con pasos lentos me acerco al cubículo. Estaba allí la musa de mis perversiones, la sensual Karina; se asustó al verme ya que no pensó que era tan tarde; le pregunté por qué estaba a esa hora en la oficina y me responde que se debe a unos informes que debe dejar listos para el viernes, y el único tiempo que tiene para hacerlos es quedarse al menos una hora avanzando ya que son importantes. La miré no sé de qué forma que sonrió y me dice que en cinco minutos bajaba, decidí dejar la ronda hasta ahí ya que debía abrir las mamparas para darle la salida. La esperé y fuimos juntos en el ascensor; su perfume era delicioso, tenía un toque de vainilla que lo hacía especial. El trayecto al hall no fue tan tedioso ya que al verla de pie junto a mi otra vez mi mente ideó una escena salvaje que después en el baño mi miembro supo apreciar.

La semana transcurría, y en mi mente planeaba algo para que ya esas imágenes perversas dejaran de estar en mi mente y se volvieran realidad. Para eso mi última oportunidad es el jueves por la tarde una vez que todos se hayan ido. Siguiendo la rutina normal cuando era la hora de la ronda acostumbrada, de forma meticulosa recorro todos los pisos menos en donde está Karina, después de cerciorarme que no queda nadie comienzo a urdir el malévolo plan para poseerla. De manera sigilosa subí al piso 17, ella en su cubículo tecleando y concentrada en lo que escribe no se da cuenta que me acerco como un lobo en asecho de su presa, al estar detrás de ella deslizo mis manos sobre sus hombros y le susurro: “Está un poco tensa srta. Karina, creo que necesita un masaje”. Saltó en su silla al sentir como el silencio era cortado de manera abrupta. “Me asustó don Álvaro” –me dice un tanto agitada. “No se preocupe, siga en lo que hace y yo me encargo de la tensión se le vaya” –le digo. Sonríe sin saber las verdaderas intenciones que tengo. Sentir como se encoje al sentir la presión en sus hombros y su respiración que se vuelve lenta, pausada es señal inequívoca de que disfruta lo que hago. Estoy en ese momento entre seguir y detenerme pero el instinto se hace más grande y ahora la cordura se fue quedando solamente el perverso ser que solo desea poseer a esa mujer que desea desde hace tiempo.

Por un momento me detengo pero no para pensar sino para sacar las esposas de mi cinturón; de manera sigilosa y sin que el metal suene tomo una de sus muñecas mientras el frío acero la aprisiona, al sentir que se cierra se asusta e intenta forcejear pero ya estaba prisionera. Con fuerza mantengo sentada y con más fuerza la logro apresar a la silla. Insulta, patalea e intenta soltarse pero en cada esfuerzo que hace las esposas se aprietan más. Había caído como una presa en manos de un hábil cazador. Puedo observar el temor en sus ojos, me doy cuenta que lagrimas ruedan por sus mejillas; no niego que la situación es algo que me excita demasiado.

Me mira suplicante, esperando provocar en mí un sentimiento que en ese momento no hay, mi único deseo es poseerla quiéralo o no, al fin y al cabo soy yo quien tiene el control de la situación. Tomo un cutter de su escritorio y lo pongo en su cuello, le digo que si se resiste será marcado su rostro; el terror se percibe en rostro mientras la saliva escurre por la comisura de sus labios.

La libero de las esposas y le quito el gag, le vuelvo a recalcar que cualquier cosa que haga resultara en algo desagradable para ella. Obediente se queda quieta y sin hacer ruido; sin importar nada la tiendo sobre su escritorio y subo su falda hasta la cintura y con el cutter rompo su ropa interior. Ella suplica que me detenga, ruega que pare. Ya no hay cordura solo lujuria, la lascivia ya es un ingrediente que corre por mis venas  y al igual que un animal sediento con mi lengua busco humedecer esa deliciosa vagina. Poco a poco mi lengua se pierde en su interior, la respiración de Karina se oye más intensa, esa exquisita mezcla de miedo y placer la invaden, puedo sentir como sus labios vaginales se empiezan a hinchar; la agonía en su respiración hace que el momento sea intenso. En sus gemidos ya no se siente miedo, ya se vislumbra placer, por alguna extraña razón se deja llevar y se entrega al placer que mi lengua le provoca.

Me detengo, solo para bajar el cierre de mi pantalón, coloco sus piernas en mis hombros para penetrar sin compasión su exquisita vagina. Mis movimientos son lentos pero fuertes, noto en cada embestida un grado de satisfacción en sus ojos que vuelve el momento alucinante. Sus piernas se aferran con fuerza al llegar hasta sus entrañas; mi respiración se agita y apuro mis movimientos, disfruto al sentir como esa vagina se contrae y palpita al tenerme dentro.

A punto de explotar me detengo, la tomo del cabello y la llevo al piso; es hora de que ponga a trabajar esa deliciosa boca con una perversa felación. Sin rehusarse traga por completo mi pene, al sentir como la base choca en sus labios comienzo un movimiento frenético que la hace ahogarse. La obligo a que me masturbe rápido ya que quiero llenar esa boca con mi espeso semen; deja mi glande en su boca y me masturba con un delicioso placer que me hace explotar de placer dentro de su boca. Esa excitante mezcla de semen y saliva es la coronación de una exquisita jornada de morboso placer que debió ocurrir hace mucho tiempo.

Todavía en el piso, ultrajada, me acerco a su oído y le digo: “De manera a que alguien se entere de lo sucedido te pasará algo muy malo”. Con toda la calma del mundo me dirijo a la recepción para terminar mi jornada y colocar en el libro de actas: “Ronda por el perímetro del recinto, sin registrarse novedades”.




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