Hace
un tiempo les conté lo que sucedió con María José, esa intensa jornada de sexo
que me hizo sentir una gatita perversa. bueno, esta vez quiero relatarles algo
que me sucedió en la oficina el lunes siguiente de la fiesta.
Trabajo en una oficina de abogados,
soy la típica secretaria que tiene que escribir cartas, realizar escritos para
que los jefes se luzcan en tribunales y que de vez en cuando les lleva café
para que hablen con sus clientes de los resultados de los casos y demás temas
aburridos que les atañen a ellos. Eran algo así como las diez de la mañana y
sin nada que hacer decidí subir algunas fotos a Facebook de esa noche de
fiesta. Al poco rato de estar en esa exhaustiva labor recibo una solicitud de
amistad de alguien que no conozco; le mandó un cortés mensaje para preguntarle
de donde nos conocemos y me dice que me vio en la fiesta, que quedó fascinado
de como el látex se ceñía a mi cuerpo. Por alguna razón me puse nerviosa,
incluso llegué a pensar que era mi marido quien estaba jugando una broma, pero
no era él ya que en ese horario estaría en una reunión de negocios.
Impulsada por el miedo decidí bloquear
a ese tipo, al poco rato me di cuenta que mi correo estaba a la vista en
Facebook y me llega una notificación a MSN que alguien me había agregado a sus
contactos. Lo primero que me manda es un zumbido que mueve por completo mi
pantalla, ofuscada pregunto: “¿Quién eres?”. Me responde: “Tuviste el valor de
bloquearme en Facebook pero de lejos se te ve que eres una puta sensual”. No sabía
si enojarme o sentirme complacida, de alguna forma si soy una puta pero solo
dos personas pueden dar fe eso (mi esposo y María José). Dejé de responder y al
cabo de unas horas recibo otro “zumbido” que me altera. –“¿Hasta cuándo me vas
a molestar?” –le digo molesta pero solo recibí una carcajada del otro lado de
la pantalla.
me comienza a mandar algunas de las
fotos que había subido al Facebook el día de la fiesta, mi corazón se aceleraba
porque mi privacidad había sido invadida y no podía hacer nada para remediarlo.
“Eres una gata sensual Katy me dice” –con ese tono morboso que los hombres
tienen cuando ven a una mujer que les atrae. “¡Eres un cerdo desgraciado!” –le
digo enojadísima pero otra vez me manda risas burlescas. “No creo que te enojes
porque a las zorras como tú les gusta que las adulen” –me dice. –“Además, te
queda bien esa falda corta de color azul”. Tragué saliva y buscaba a quien me
observaba con detenimiento, no podía creer que ese degenerado estaba en la
oficina y mucho menos que se atreviera a acosarme sabiendo que podía ser
descubierto en cualquier momento. No niego que había algo de excitante en la
situación pero también me perturbaba que alguien de la oficina indagara en algo
que no les compete y mucho menos que se tomara ese tipo de confianzas conmigo.
Recuerdo que me levanté y salí a
comprar un café, mientras esperaba miraba a todos por miedo a ser seguida por
ese maldito acosador que me había quitado la tranquilidad, fumé un cigarro y
bebía el café nerviosa, mis ojos parecían algo perdidos en la inmensidad del
edificio; pensaba en que había tanta gente en quien fijarse y justo ese cerdo
degenerado se fijó en mí. Después de eso parecía que se había cansado ya que
por varias horas no me molestó pero mi calma otra vez se transformó en tensión
cuando llegó un mensaje de la cuenta de este tipo entra, es una foto en donde
exhibe su miembro erecto; un escalofrío me recorrió por completo pero también
una extraña sensación que hizo humedecer mi sexo. Sin pensarlo me excité y me envolví
en un montón de imágenes perversas que me hacían fantasear con tan delicioso
pene que se veía en mi pantalla. Apretaba mis piernas para contener mis fluidos
pero era imposible, miraba a mi alrededor y deslizaba mis dedos por los muslos;
mi sexo estaba ardiendo y yo luchaba con esconder mi cara de excitación para no
ser descubierta por los curiosos o por el maldito acosador que había encendido
mi perversión.
“¿Disfrutas los que ves puta?” –me
pregunta. Le respondo: “¡Claro, soy una mujer que disfruta del sexo!”. Noté que
mando una grabación, esperaba reconocer la voz de aquel que me tiene
intranquila pero solo a lo lejos se oye un pequeño murmullo que dice: “¡Te vas
vuelto toda una putita!”. Escribo con una sonrisa en los labios: “Lastima que
nunca lo sabrás cerdo asqueroso”. Cierro la sesión y apago mi computadora, ya
que es hora de salir y volver a casa. Por alguna extraña razón fui la última en
salir, al entrar en el ascensor una extraña sensación me recorrió por completo,
otra vez sentía la humedad en mi vagina y el deseo incontrolable de ser poseída
por aquel extraño que mantuvo mi mente ocupada. No aguanté el deseo y comencé a
tocarme descaradamente en el ascensor, no importó si la puerta se abría,
tampoco importaba quien pudiera entrar, solo quería apagar esa llama que quedó
encendida y que solo un buen orgasmo podría lograrlo. El trayecto se hizo
placentero al sentir como mi respiración se agitaba y me encaminaba al mágico momento
en que el placer me envolvía cada vez más. Sucumbí al placer y me deslicé por
las paredes del ascensor con las piernas abiertas y temblando ante esa
deliciosa sensación. Como pude me incorporé, salí y caminé por el solitario
estacionamiento, habían unas luces que titilaban, parecía la copia de una película
de terror; no sé si debido a la excitación o al miedo que tenía por recorrer el
camino a mi auto pero apuré mis pasos, la alarma de un vehículo comenzó a
sonar, por un momento mi respiración se detuvo a causa de la sorpresa, saque}é rápidamente
las llaves de la cartera y miré en todas direcciones, al abrir la puerta de mi
auto una mano envuelta en un guante de cuero tapó mi boca y una misteriosa voz
susurró: “No te muevas puta”.
El miedo se apoderó de mí y por
instinto comencé a forcejear, me llevó al suelo; al voltear para ver a mi
agresor, éste vestía de negro con una máscara que dejaba al descubierto solo
sus ojos y su boca, entrego mi cartera pensando que el móvil del ataque era
robarme pero sonrió y me dijo: “Solo me interesa una cosa de ti”. En ese
momento intenté gritar pero sacó un cuchillo y me dijo que si lo hacía me quedaría
sin lengua cuando lo puso en mis labios. Una sonrisa perversa se asomaba y
comenzó a deslizar la punta del cuchillo por mi rostro, temblaba de miedo pero
de a poco desapareció por completo. La violencia fue la tónica, ya que con el
filo del cuchillo desgarró mi ropa mientras hablaba cosas sucias y retorcidas;
al tenerme a su merced me puso de pie y apoyó mis manos en el maletero del auto
forzándome a levantar lo que más podía mis nalgas, sentía como el filo del
cuchillo se desliza por mi espalda hasta llegar a mi trasero, un descarado
golpe con la hoja me hace saltar; la verdad no sé si es miedo o excitación pero
cada momento se trasforma en placer. Sus manos me recorren de manera vulgar,
noto que salían autos pero no hicieron nada por detener la escena parecían
indolentes a lo que sucedía, aunque ahora pienso en que tal vez mi cara no
reflejaba la realidad de lo que pasaba ya que de cierta forma disfrutaba de
esas caricias perversas.
Por un momento sus manos se
detuvieron, podía sentir su tibia respiración en mi nuca y la humedad de su
lengua recorriendo mi espalda, me retorcía de placer, sin duda sabía qué hacer
en el momento justo. Ese movimiento de arriba a abajo me tenía completamente
rendida, en mi interior pensaba en lo delicioso que sería sentir esa lengua
entre mis piernas; sin quererlo gemía demostrando mi fascinación por lo que ese
enmascarado perverso hacía. A esas alturas no importaba nada solo el perverso
placer recibido, en ese punto de casi éxtasis sentí como esa húmeda lengua no
se detuvo en mi espalda baja sino que continuó el viaje hasta perderse entre
mis glúteos; confieso que la sensación fue exquisita, sentía como esa lengua se
movía en mi ano; casi no podía mantenerme en pie pero era obligada a hacerlo ya
que cada vez que mis rodillas se doblaban recibía una deliciosa nalgada que me mantenía
apoyada sobre el auto. Me dio vuelta y me beso de una manera descontrolada, sus
dedos se metieron en mi chorreante vagina haciendo que salgan y entren de
manera brutal, mis gemidos creo que se sentían en todo el estacionamiento pero
ya daba igual. Con un movimiento certero de sus manos bajo el cierre de su pantalón
y sacó su erecto miembro el que se deslizó sin problemas por mi sexo y se abrió
paso hasta entrar. Me embestía con fuerza y me trataba de puta y así me sentía.
Me sentía la protagonista de una sucia película pornográfica, dominada por el
placer de ser la puta de aquel desconocido atacante me entregué a los brazos
del orgasmo mientras él no paraba sus movimientos frenéticos. Era un macho que
se saciaba en cada gemido, era un macho que en cada estocada me transformaba
más en su puta al punto llenar el interior de mi vagina con su espeso semen que
se mesclaba con mis fluidos.
Otra vez me beso con locura y me dijo:
“¡Ha sido un placer Katty, mi querida putita!”. Así como apareció entre las
sombras se fue; quedé follada y desnuda. De esa manera conduje a casa, me di
una ducha y me recosté pensado en aquel hombre misterioso que me sedujo primero
por la computadora y después me poseyó en el estacionamiento. Si bien es cierto
había sido víctima de un delito para mí no importaba ya que en ese instante era
una puta en celo tanto como lo fui con mi amiga aquí en casa. Llegué al otro día
al trabajo y esperaba recibir un mensaje de aquel hombre pero no hubo nada,
tampoco en la semana y en los meses siguientes; sólo tengo el recuerdo de ese
secreto bien guardado.
Pasiones Prohibidas ®

Demaciado bueno esquisito me transportó en realidad muy erótico.
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