015. Rape Play, un juego perverso

Salía de mi jornada de trabajo, llegando a la esquina para un auto con tres sujetos con máscaras dentro. Uno me toma fuerte de los brazos y me obliga a subir en el auto, él es grande y fuerte, tanto que me llama la atención. Me toma las piernas y me mete la mano sin pudor alguno; los otros dos hombres se ríen mientras su amigo me manosea descaradamente. Intento sacarme pero no puedo él es fuerte, intento gritar pero me amordazó. Continúa manoseándome, descubre mis senos delante todos, le pego un rodillazo en los testículos pero él me da una bofetada, coloca un cuchillo en mi cuello y me dice: “Quédate quieta perra”. Estoy asustada pero la mano que tiene libre re me recorre, la situación me asusta, pero me excita. No sé dónde vamos, solo sé que ya no estamos en el centro esto es campo. ¿Dónde estoy? ¿Qué me hará? Dios, no sé qué pensar, él está nublando mi mente. Su lengua me recorre y siento que esto será feo, en mi mente resuena la pregunta: “¿Qué debo hacer?”.

El auto se detiene y en un descuido salgo por la puerta corriendo, creo que puedo escapar pero no pasa.
El me detiene y me toma del cabello y me jala hacía atrás. –“no te iras zorra, este cuerpo lo deseo hace mucho, tú serás mía” –me dice mientras me levanta y me amarra de pies y manos, me toma sobre su hombro y regresa conmigo. Entramos a una parcela, la casa es grande, tengo miedo. Los otros dos hombres siguen ahí, lo esperan y al verme con el culo arriba sonríen los desgraciados. –“Bien hecho pensé que se escaparía, hay que llevarla con las demás” –dice uno entre risas. Pienso: “¿Las demás? ¿Hay más personas?”. Intento zafar me de todo pero no puedo, aunque así le doy varios golpes en la espalda al tipo que aun. Me carga. Él se molesta y me larga con fuerza sobre un sofá, se saca el cinturón y me larga dos certeros golpes en las nalgas mientras me dice: “¡Quieta perra! Me dolieron, estoy llorando no solo por los golpes, también por el susto, no sé cómo saldré de esta.
En un descuido uno llama a mi captor por su nombre, ya sé quién es o al menos creo saberlo. Está molesto, sale rápido de la sala e increpa al que reveló su identidad, este algo asustado pide disculpas ya que no debían llamarse por sus nombres. Me intento soltar los pies pero no puedo, hay un cuchillo cerca así que me arrastro hacia él y lo uso. Me zafó los pies y cuando me creo que puedo ser libre aparecen todos. Los miro asustada y miro alrededor, me percato que hay dos chicas más en mi misma situación. “¿Qué pretenden estos tipos?” –Me pregunto. “¿Dónde vas puta?” –Me pregunta el que fue expuesto. “¡Vete a la mierda imbécil!” –Le respondo y lo amenazo o con el cuchillo, pero él es hábil y me lo quita de las manos; me toma del cuello y hace que quede de rodillas ante su verga, el tipo está excitado y su pene está hinchado, sin decir nada lo mete en mi boca y me hace tragarlo todo ¡Diablos! Me ahoga, el aire no entra en mis pulmones ya que me tiene aprisionada de tal forma que mi nariz queda pegada a su ingle, cuando ve que estoy a punto de desmayar me libera, me toma del cabello y me hace gatear por el cuarto, así puedo ver a las otras dos chicas que están chupando los miembros de los otros tipos. Intento huir otra vez, lanzo un golpe a sus testículos pero no puedo, me levanta y me deja sobre una mesa, es extraño pero estoy expuesta al máximo, me amarra y ya estoy perdida ahora solo. Me queda entregarme a lo que viene, me violaran hasta quedar rendidos.

Rompe mi ropa con el mismo cuchillo, siento como pasa por. Mi piel, intento suplicar pero me da una nalgadas que me deja erguida. Estoy desnuda y ya no lo siento cerca. No sé qué pasa pero ninguno de los  tipos está, intento mirar a los lados pero no es mucho lo que se ve, aparece nuevamente pero ahora tiene un pantalón de mezclilla y una polera negra, se pone detrás de mí y me dice con voz ronca: “Esto no te va a gustar, pero a mi si”. Amarra mis manos en alto en algo que parece una gran X envuelta en cuero dejando expuesto mi trasero y espalda para él. Se va hacia una mesa que estaba cerca, toma algo, no sé qué es pero me golpea con fuerza en las nalgas. Su mango no supera los 40 cm de largo, con muchas tiras de cuero y todas duelen. “Esto se llama flogger y te dará una rica sensación, incluso te gustara pero no tendré piedad” –me dice. No sé qué mierda significa, solo sé que duele y excita. Después de ochenta latigazos, después de gritar y llorar solo suelta mis piernas. Aún me tiene atrapada, desliza sus manos por mi espalda perdiéndose en mi entrepierna, es como si ya conociera cada espacio de mi cuerpo. Esa manera que me toca es como si ya la conociera; la perversión en la manera en que mi clítoris es abusado es familiar, me gusta; gimo de placer pero al parecer a mi captor no le gustan mis gemidos porque me nalguea con fuerza, entiendo que debo callar y que él disfrute de esa sensación de poder.

Me toma con fuerza de las caderas y acomoda su miembro erecto entre mis nalgas, sé que no habrá consideración, pero mi interior quiere sentir la bestialidad que sale de ese hombre. Me penetra con fuerza y sin ninguna piedad; un desgarrador grito de dolor sale de mí, él se mueve de manera endemoniada; me está dando con todo, duele, pero solo puedo agarrarme y resistirlo. Poco a poco mi culo se amolda a su verga y ya no son gritos de dolor los que salen sino gemidos de placer, por alguna razón me gusta como destroza mi ano. Es tan macho, más que los idiotas que lo ayudaron a traerme; pasa su lengua por su cara mientras continua con sus movimientos desenfrenados, jala mi pelo y me abofetea con fuerza para que siga su ritmo; siento que mis piernas tiemblan y que el sudor envuelve mi cuerpo, así como mis entrañas son envueltas por ese perverso placer que mi captor me está dando. Me vuelve a nalguear y me dice que el placer está prohibido para mí, es él quien tiene de disfrutar de una puta como yo y que las putas son solo para ser usadas y dejadas con el ano destrozado. Ya detiene su ritmo sin control y ahora me da estocadas profundas e intensas, algo pausado pero doloroso. “No eres digna de mi semen puta” –me dice en tono arrogante. Me deja amarrada de mis muñecas y se va de la habitación.

Creo que pasaron algunas horas porque me quedé dormida esperando, pensaba que había sido una puta pesadilla mezclada con un sueño húmedo, pero los grilletes seguían ahí, el dolor de mi culo y el temblor en las piernas volvieron a hacerse reales, al cabo de unos minutos la puerta se abre, aparece otra vez él llenando la habitación con su voz me dice: “¡Eres una zorra exquisita!, pero las zorras tienen cola y tú no tienes”. No entiendo lo que dice pero sé que es el indicio de otro momento de tortura en manos de este particular verdugo, pasa algo suave por mi espalda. Luego, quiere que chupe algo con forma de extraña, me rehúso pero me obliga a hacerlo recordándome si hasta ahora respiro es porque así él lo ha querido. “¿Lo harás puta?” –me pregunta de manera enérgica, asiento con la cabeza y me hace engullir ese extraño aparato. Al tenerlo mojado con mí saliva lo saca de mi boca, lo mete por mi seco culo haciendo que grite de dolor pero ya está dentro. Me digo: “Dios, ¿qué mierda pasa? ¿Por qué yo?”. Me nalguea con fuerza y me obliga a que gatee; podía sentir como algo se desliza en mis piernas, es algo parecido al pelo de una cola. Me sentí humillada pero por alguna puta razón que desconozco me gustaba la sensación de ser una zorra para él, observa como gateo a su alrededor y puedo notar su cara de satisfacción: me excita verlo así, quisiera que de una vez terminara la angustia de sentirme prisionera y me poseyera otra vez con esa fuerza de macho Dominante. Siento como mi vulva se moja y en el interior de mi vagina hay espasmos deliciosos que contengo para no alertarlo. De alguna forma ese maldito macho nota  mi excitación y se me acerca y al igual que un animal en celo huele mi sexo y hunde su nariz en mi húmeda vagina. “¡La zorrita entró en celo!” –dice entre risas. Miro al piso impotente, no respondo nada ya que podría costarme demasiado caro el atrevimiento de decir algo, en ese momento en que mi mente divagaba en ser libre mi vagina es invadida sin piedad por su miembro; ya no hay dolor solo placer disfruto en silencio como soy abusada por aquel rudo hombre.

Sus fuertes manos se toman de mis caderas iniciando un frenético movimiento el cual me hace seguir. “Puedes disfrutarlo zorrita” –me dice mientras me da una fuerte nalgada. Era lo que necesitaba oir, no quería reprimirme, no quería callar esos gemidos que formaban un nudo en mi garganta. Sus estocadas me hacen sentir lo puta que puedo ser, ya no importa el pudor, ya no importa la situación en la que me encuentro; ahora solo importa que se sacie con esta zorra que recogió de la calle para mostrarle que el placer puede ser violento e incluso impuesto por la fuerza de manera salvaje. Le suplico que se vacie en mi interior, que llene cada espacio de mi vagina con su semen. No dice nada, solo gime en cada embestida; sus manos aprietan con fuerza, gruesas gotas de sudor caen sobre mi espalda hasta que siento como vacia su esperma en mi interior, me quema por dentro. ¡Wow, qué endemoniado placer! Se queda inmóvil esperando a vaciarse completo, su miembro comienza a perder la erección, se coloca de pie y me toma con fuerza para que me incorpore también. Me voltea y me abraza con fuerza, en un movimiento instintivo mis brazos rodean su cuello, nos fundimos en un intenso beso que casi me deja sin aire. “¿Espero que lo hayas disfrutado mi pequeña zorrita?” – me pregunta. Sin mirarlo a los ojos le respondo: “Claro que me gustó, todo lo que usted hace mi amado Amo me encanta”. Sonríe complacido y vuelve a besarme con esa pasión que solo él posee. Me dice: “Nuestro próximo encuentro será más intenso así qué prepárate”. “Lo que usted quiera mi Amo” –Le respondo. Ya era hora de volver a la realidad y cobijarme en los cuidados posteriores de aquel a quien le entregué mi voluntad.




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