Por
un acuerdo con el Estado debíamos contratar a estudiantes universitarios de
último año para realizar una pasantía de 6 meses. Fue en una de esas pasantías
que llegó a la empresa Ingrid, una chica de alrededor de 22 años; había algo
que la hacía distinta a todas las chicas de su promoción que ingresaron en esos
meses. Siempre había una sonrisa en su cara, lo que hacía resaltar sus rasgos
de niña buena; siempre estaba dispuesta a aprender y hacer lo que se requería
de ella en el plano laboral.
Ya
estaba acostumbrado a verla reír, es más creo que hasta su sonrisa alegraba mi
jornada un poco y me hacía sentir bien.
Un día,
le pedí unos papeles que eran algo importantes pero su reacción fue más lenta
de lo acostumbrado, eso me dio la alerta de que no había algo bien, porque esa
alegría que transmitía ya no se sentía en el ambiente y hacia la oficina un
lugar frio y, sin vida. Aquí es donde me pregunto: ¿Cómo la sonrisa de una
mujer podía ser tan importante para mí? Sentía que algo me faltaba, mi día no
estaba completo sin esa sonrisa por lo que me decidí conversar con ella y
preguntarle por qué la luz de su rostro se apagó. “¡Srta. Ingrid, necesito
conversar con usted un momento! La espero en mi oficina” –le digo con un tomo enérgico.
“¡Sí señor!” –responde tímidamente. Mirando la inmensidad del horizonte
reclinado en mi silla, golpean mi puerta, era ella, me volteó y la miro a los
ojos para decirle: “Tome asiento”. Adoro la timidez e inocencia de su mirada,
incluso hasta me excita. La miro a los ojos y le pregunto qué le sucede, ya que
había algo que no andaba bien y me sentía preocupado, escondiendo la mirada me
cuenta que había terminado con su novio quien traicionó su confianza al meterse
con una tipa que conoció por las redes sociales, y eso la ha mantenido un tanto
desorientada en cuanto a sus funciones.
De
manera indiferente a lo que me cuenta le digo que de no cambiar esa actitud y
ser la persona alegre que era, cordial y trabajadora, me vería forzado a
informar al jefe de su carrera que su desempeño es casi nulo y tendría una mala
evaluación. “Entiendo señor” –fue su respuesta. Le doy la autorización y sale
de la oficina. La jornada de trabajo terminaba e Ingrid pidió conversar
conmigo, tal vez sería para decirme que era un insensible o simplemente pedirme
que no reportara su bajo rendimiento, por lo que le dije que podía darle cinco
minutos después del trabajo y que fuera a mi oficina. Cuando ya faltaban cinco
minutos para las seis de la tarde golpes suaves en la puerta me alertan que ya
Ingrid había llegado. De pie al lado de
mi escritorio la contemplo cuando entra, esos pasos titubeantes me fascinan,
“¿En qué puedo servirle señorita?” –le pregunto. Me mira y con lágrimas en los
ojos se lanza sobre mí pidiendo perdón por lo que dijo, sabía que no me interesaba
su vida privada y también sabía que estaba en todo mi derecho de reportarla por
su bajo desempeño. La abrazo y le digo: “¡Tranquila señorita, todo está bien!”.
Seco sus lágrimas con mi pañuelo y le ofrezco un vaso de agua mientras acomodo
una silla para que se siente.
Ya en
calma pudimos tener una amena conversación que incluso nos reímos de mis
chistes fomes, que ella dice que son buenos pero que yo no sé contar. Cuando
nos dimos cuenta de la hora eran cerca de las ocho de la noche, ofrezco
llevarla a casa y seguir con la charla, ella acepta, bajamos el ascensor hasta
el estacionamiento pero mi mente empieza a divagar al parecer en un universo
paralelo en donde la veo de rodillas y con mi miembro en su boca, disfruto de
su cara de putita lamiendo y chupando mi miembro hasta explotar en sus labios;
de verdad esa imagen circuló por mi mente hasta que las puertas del ascensor se
abrieron. Abro la puerta del carro como todo un caballero y la cierro cuando
Ingrid ya está con el cinturón de seguridad puesto. Me subo y digo: “Bueno,
usted dice a dónde vamos”. Vuelve a sonreír y me dice: “A mi casa señor”. Por alguna razón todos los autos de la ciudad
salieron a la calle y se hacía una tarea casi imposible transitar; mientras
estoy atascado en el trafico atroz de Santiago volteo para ver a mi
acompañante, sin duda es una mujer sensual capaz de atrapar al hombre que
quiera en las redes de seducción. Ella percibe que en mis ojos hay deseo, nota
la lujuria que emana por cada poro de mí ser, por lo que me regala una sensual
sonrisa. “Señorita Ingrid, por favor no haga eso” –le digo. “¿Qué cosa señor?”
–responde. “Sonreír señorita, solo sonreír” –le digo con voz profunda.
Me
detiene una luz roja y le digo que me encanta su sonrisa y que mi llamado de
atención no involucra su rendimiento sino que ya no la veía sonreír; y que
entiendo que es difícil enfrentarse a la vida con el corazón hecho pedazos y
que cuando la desilusión te quiebra el mundo y pega un golpe bajo, qué también
curar una herida es difícil cuando perdonar no se consigue. “Señorita, yo he
estado en esa estación de la vida por eso la entiendo” –le digo. –“También me
ha tocado sufrir por amor pero puedo decirle que el tiempo se encarga de cerrar
las heridas y calmar el dolor”. Me mira y la luz cambia a verde, sin despegar
los ojos del camino no hablé nada más hasta llegar a su casa; me estaciono en
frente, me bajo para abrir la puerta, extiendo mi mano para ayudarla a bajar.
“Agradezco sus palabras señor” –me dice. “No tiene por qué hacerlo Ingrid, es
la verdad” –respondo. Se despide de un tierno beso en la mejilla. Ese delicioso
olor de su perfume me vuelvo loco, respiro profundo y esa suave fragancia me
embriaga casi al borde de perder la razón. Otra vez esas morbosas imágenes se
apoderan de mi mente y me hacen divagar en tenerla sobre el cofre del auto
unida al otro extremo de mi miembro y descargar en ella todo mi viscoso semen.
“¿Algo le pasa señor?” –me pregunta con algo de preocupación. “Nada señorita
Ingrid, no se preocupe” –le respondo. Me dice y se sonroja: “Su mirada se
perdió por unos segundos y no me pida que no preocupe, porque usted me importa demasiado”. Sonrío y digo gracias para no incomodarla más de lo que se notaba
en su respuesta, aunque mis ganas de tomarla por la cintura y besarla en los
labios eran mucho más que esas simples gracias. Pienso que ella esperaba que
respondiera algo más pero no quiero apresurar nada, sino tomar el tiempo
necesario para abordarla y poseerla, quiero ser su dueño, deleitarme en sus
gemidos pero daré el tiempo suficiente para que pueda olvidar a quien la dañó y
no ser acusado de oportunista.
La
tomo de la cintura y me acerco lentamente, ella respira agitado; no hay miedo
en su mirada sino deseo, espera que mis labios asalten su boca, pero me acerco
a su mejilla y la beso. “Hasta pronto señorita” –le digo. Me subo al auto y me
dirijo a casa a fantasear con eso beso que casi pudo ser. Al llegar la casa se
hace grande y los recuerdos son más profundos, el olor de su perfume quedó
grabado en lo más profundo de mi mente, no sé por qué me excita tanto esa
mujer, me hace soñar con sus besos, me seduce la idea de tenerla en mi cama y
hacerle el amor de forma más perversa posible.
Ha
pasado ya una semana y ahora sonríe, no sé porque ya sabe que me gusta que lo
haga o simplemente porque las heridas que tenia se cerraron. Le digo que vaya a
mi oficina con la excusa de buscar unos documentos. Golpea la puerta y al oír
el: “¡Adelante!”, entra; los documentos sobre el escritorio la esperan pero
también la esperan mis ojos para deleitarse con esa figura; no despego mi vista
de sus exquisitos labios, ella lo nota y los muerde con sutileza provocándome,
toma los documentos del escritorio y camina hacia la puerta meneando su culo de
manera insinuante, la detengo y le digo que se devuelva. Se para frente a mí y
mis ojos la recorren de pies a cabeza de manera descarada, ella de alguna manera
percibió lo que provoca en mí y se exhibe para mi deleite. Le digo que se acerque
a mi silla porque la quiero ver más de cerca, al dar el paso hacia mí ya sé que
la tengo en mis garras y que sacaré partido de la situación. La tomo de las
caderas y le ordeno que se mueva, ella me dice: “¡Sí, mi querido jefe!”. Ese
suave contoneo hace que mi perversión crezca, separo mis piernas y le ordeno
que se ponga de rodillas; lentamente baja
y yo sin dar crédito a lo que sucede pero disfrutando cada segundo.
“¿Así está bien señor o me quiere más cerca?” –me pregunta. “Lo más cerca que
pueda” –le respondo. Se acerca y sin decirle nada su boca busca mi entrepierna,
tomando mi miembro por sobre el pantalón apresándolo entre sus dientes. La
indescriptible sensación de placer que me invade hace que me aferre a la silla
cerrando los ojos y dando un intenso gemido de satisfacción.
Disfruto
de ese delicioso momento pero muero por verla con mi verga en su boca, por lo
que bajo el cierre y meto mi mano, saco mi miembro erecto y lo meto en su boca;
como una experta lo succiona y lo traga completo atragantándose. La felación me
lleva a una estación de placer intenso, tal vez sea su cara de puta traviesa o
la sensación de lo prohibido al estar en la oficina. Su lengua recorre mi
glande mientras me masturba rápido, enredo mis dedos en su pelo y me muevo de
manera frenética indicándole que no lo saque de la boca, obediente lo traga
completo mientras eyaculo, saborea hasta la última gota de mi semen. Sus ojos
de perversión y una sonrisa perversa son el ingrediente especial de aquel
prohibido encuentro. Se coloca de pie y susurra en mi oído: “Espero que le haya
gustado lo putita que puedo llegar a ser mi querido señor”. “Usted es un puta
especial Srta. Ingrid, claro que me gusta que sea así” –le digo. Todos los días
de la semana antes de salir del trabajo entra Ingrid a mi oficina para calmar
la tensión de mi trabajo y dar alivio a la perversión que se apodera de mí
cuando veo su culo moverse al compás de pasos sensuales que me provocan cuando
pasa.
El
tiempo pasa e Ingrid se había convertido en más que la pasante en la oficina,
era tiempo de hablar con ella en otros términos y contarle algo que ella
desconocía por completo de mí, para eso quedamos de juntarnos en un restaurant
para conversar sobre el lado oscuro que he ocultado en esos encuentros furtivos
en la oficina. Le cuento de un estilo de vida que conozco hace alrededor de
diez años y que solo tres mujeres de manera oficial han conocido y que me
gustaría que ella también conociera, para eso debería empezar un periodo de
aprendizaje de protocolos y normas que lo rigen. Conversamos de prácticas
sexuales alternativas o no convencionales, que por cierto conlleva algunos
tipos de riesgos y que para eso existen acuerdos que deben ser tomados en
consenso entre ambas partes. Me mira con interés y no se pierde detalles de la
conversación sobre todo cuando le digo que estaba dispuesto a enseñarle todo lo
que he aprendido a lo largo de los años y que no haríamos nada a menos que ella
después de un tiempo me aceptara como su Amo. Obviamente me pidió tiempo para
analizar la situación.
Después de cenar nos dirigimos a un hotel donde una habitación adornada nos espera, al llegar me siento en un pequeño sofá, ella gatea hacia donde estoy, reclina su cabeza en mi muslo mientras acaricio su pelo, la coloco de pie y la desvisto por completo para disfrutar de su figura. La abrazo y beso de manera apasionada, mis manos recorren su cuerpo con tal libertad como si ya conocieran cada espacio de su ser; al posarse mis manos en su entrepierna noto la abundante humedad que me abre paso a penetrarla con mis dedos con facilidad. Sus gemidos son como una música suave que envuelve mis sentidos, nuestras lenguas se entrelazan en esa danza furtiva que se conoce como pasión; avanzamos hacia la cama, mi lengua baja por sus senos hasta su sexo. La punta de mi lengua invade su clítoris haciendo que se retuerza en la cama, con sus piernas extendidas en el aire me ofrece acceso libre a su vagina, mi lengua se pierde en su interior saboreando cada gota de sus tibios fluidos. Toma mi cabeza y la hunde en su sexo, sus gemidos llenan el ambiente al igual que el deseo y la pasión; al borde del orgasmo y con su cuerpo temblando se deja caer en ese precipicio intenso de placer, rindiendo su voluntad y su conciencia a mis deseos.
Aun
temblando por el éxtasis, me quito la corbata y vendo sus ojos, la coloco de
pie y enredo mis dedos en su pelo, le susurro: “Ahora quiero que se ponga de
rodillas”. Asiente y baja lentamente, en ese momento mi perversión está
desatada, así como su entrega y sumisión; sin darse cuenta se está convirtiendo
en mi putita sumisa, obediente a mis órdenes. En silencio la contemplo y bajo
el cierre de mi pantalón, me acerco de manera perversa y meto mi miembro en su
boca; comienzo a moverme de manera desenfrenada hasta hacer que se ahogue.
Poseído por el demonio del sexo me enredo en su pelo y sigo con mis frenéticos
movimientos, su saliva escurre tanto en mi verga como por su boca haciendo la
escena más excitante.
Casi a punto de eyacular me detengo, no es tiempo de hacerlo. La levanto del pelo y la llevo a pared, la recorro con mis manos desde sus hombros a sus nalgas, su respiración se agita al sentir como uno de mis dedos se introduce en su ano, tiembla y me dice: “Mi culo es suyo, haga con él lo que usted desee”. Bajo con mi lengua a su apretad agujero y lo lamo como un loco, lubricándolo; al cabo de unos minutos me coloco de pie y con una mano abro sus nalgas y con la otra acomodo mi pene en su ano y sin una gota de piedad la embisto con fuerza, un grito de dolor se apodera de ella y en calma espero para que su apretado agujero se dilate, poco a poco continuo los movimientos, aumentando el ritmo. Gime descontrolada siguiendo mi frenético ritmo, tomo su pelo y jalo su cabeza hacía atrás, paso mi lengua por su mejilla.
Sin sacar
mi miembro de su culo la llevo al borde de la cama, con sus brazos apoyados
sobre el colchón sigo embistiendo con fuerza, ya no puede contenerse y comienza
a gemir con más fuerza al sentir que exploto en su interior, llenando su
delicado culo con mi semen. Exhaustos sobre la cama, ella reclina su cabeza en
mi pecho y yo acaricio su pelo, nuestros ojos se cierran y la luz del sol se
cuela por la ventana. Esa mañana me dice que quiere experimentar esa sensación de
entregar su vida y ser sumisa a mis deseos, por lo que ahora preparo lo
necesario para encaminarla en este delicioso estilo de vida llamado BDSM y pase
a ser mi propiedad. En otra ocasión les contaré los detalles de la conversación
que está pendiente.
Pasiones Prohibidas
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