014. Una conversación necesaria

Por un acuerdo con el Estado debíamos contratar a estudiantes universitarios de último año para realizar una pasantía de 6 meses. Fue en una de esas pasantías que llegó a la empresa Ingrid, una chica de alrededor de 22 años; había algo que la hacía distinta a todas las chicas de su promoción que ingresaron en esos meses. Siempre había una sonrisa en su cara, lo que hacía resaltar sus rasgos de niña buena; siempre estaba dispuesta a aprender y hacer lo que se requería de ella en el plano laboral.
Ya estaba acostumbrado a verla reír, es más creo que hasta su sonrisa alegraba mi jornada un poco y me hacía sentir bien.

Un día, le pedí unos papeles que eran algo importantes pero su reacción fue más lenta de lo acostumbrado, eso me dio la alerta de que no había algo bien, porque esa alegría que transmitía ya no se sentía en el ambiente y hacia la oficina un lugar frio y, sin vida. Aquí es donde me pregunto: ¿Cómo la sonrisa de una mujer podía ser tan importante para mí? Sentía que algo me faltaba, mi día no estaba completo sin esa sonrisa por lo que me decidí conversar con ella y preguntarle por qué la luz de su rostro se apagó. “¡Srta. Ingrid, necesito conversar con usted un momento! La espero en mi oficina” –le digo con un tomo enérgico. “¡Sí señor!” –responde tímidamente. Mirando la inmensidad del horizonte reclinado en mi silla, golpean mi puerta, era ella, me volteó y la miro a los ojos para decirle: “Tome asiento”. Adoro la timidez e inocencia de su mirada, incluso hasta me excita. La miro a los ojos y le pregunto qué le sucede, ya que había algo que no andaba bien y me sentía preocupado, escondiendo la mirada me cuenta que había terminado con su novio quien traicionó su confianza al meterse con una tipa que conoció por las redes sociales, y eso la ha mantenido un tanto desorientada en cuanto a sus funciones.

De manera indiferente a lo que me cuenta le digo que de no cambiar esa actitud y ser la persona alegre que era, cordial y trabajadora, me vería forzado a informar al jefe de su carrera que su desempeño es casi nulo y tendría una mala evaluación. “Entiendo señor” –fue su respuesta. Le doy la autorización y sale de la oficina. La jornada de trabajo terminaba e Ingrid pidió conversar conmigo, tal vez sería para decirme que era un insensible o simplemente pedirme que no reportara su bajo rendimiento, por lo que le dije que podía darle cinco minutos después del trabajo y que fuera a mi oficina. Cuando ya faltaban cinco minutos para las seis de la tarde golpes suaves en la puerta me alertan que ya Ingrid  había llegado. De pie al lado de mi escritorio la contemplo cuando entra, esos pasos titubeantes me fascinan, “¿En qué puedo servirle señorita?” –le pregunto. Me mira y con lágrimas en los ojos se lanza sobre mí pidiendo perdón por lo que dijo, sabía que no me interesaba su vida privada y también sabía que estaba en todo mi derecho de reportarla por su bajo desempeño. La abrazo y le digo: “¡Tranquila señorita, todo está bien!”. Seco sus lágrimas con mi pañuelo y le ofrezco un vaso de agua mientras acomodo una silla para que se siente.

Ya en calma pudimos tener una amena conversación que incluso nos reímos de mis chistes fomes, que ella dice que son buenos pero que yo no sé contar. Cuando nos dimos cuenta de la hora eran cerca de las ocho de la noche, ofrezco llevarla a casa y seguir con la charla, ella acepta, bajamos el ascensor hasta el estacionamiento pero mi mente empieza a divagar al parecer en un universo paralelo en donde la veo de rodillas y con mi miembro en su boca, disfruto de su cara de putita lamiendo y chupando mi miembro hasta explotar en sus labios; de verdad esa imagen circuló por mi mente hasta que las puertas del ascensor se abrieron. Abro la puerta del carro como todo un caballero y la cierro cuando Ingrid ya está con el cinturón de seguridad puesto. Me subo y digo: “Bueno, usted dice a dónde vamos”. Vuelve a sonreír y me dice: “A mi casa señor”.  Por alguna razón todos los autos de la ciudad salieron a la calle y se hacía una tarea casi imposible transitar; mientras estoy atascado en el trafico atroz de Santiago volteo para ver a mi acompañante, sin duda es una mujer sensual capaz de atrapar al hombre que quiera en las redes de seducción. Ella percibe que en mis ojos hay deseo, nota la lujuria que emana por cada poro de mí ser, por lo que me regala una sensual sonrisa. “Señorita Ingrid, por favor no haga eso” –le digo. “¿Qué cosa señor?” –responde. “Sonreír señorita, solo sonreír” –le digo con voz profunda.

Me detiene una luz roja y le digo que me encanta su sonrisa y que mi llamado de atención no involucra su rendimiento sino que ya no la veía sonreír; y que entiendo que es difícil enfrentarse a la vida con el corazón hecho pedazos y que cuando la desilusión te quiebra el mundo y pega un golpe bajo, qué también curar una herida es difícil cuando perdonar no se consigue. “Señorita, yo he estado en esa estación de la vida por eso la entiendo” –le digo. –“También me ha tocado sufrir por amor pero puedo decirle que el tiempo se encarga de cerrar las heridas y calmar el dolor”. Me mira y la luz cambia a verde, sin despegar los ojos del camino no hablé nada más hasta llegar a su casa; me estaciono en frente, me bajo para abrir la puerta, extiendo mi mano para ayudarla a bajar. “Agradezco sus palabras señor” –me dice. “No tiene por qué hacerlo Ingrid, es la verdad” –respondo. Se despide de un tierno beso en la mejilla. Ese delicioso olor de su perfume me vuelvo loco, respiro profundo y esa suave fragancia me embriaga casi al borde de perder la razón. Otra vez esas morbosas imágenes se apoderan de mi mente y me hacen divagar en tenerla sobre el cofre del auto unida al otro extremo de mi miembro y descargar en ella todo mi viscoso semen. “¿Algo le pasa señor?” –me pregunta con algo de preocupación. “Nada señorita Ingrid, no se preocupe” –le respondo. Me dice y se sonroja: “Su mirada se perdió por unos segundos y no me pida que no preocupe, porque usted me importa demasiado”.  Sonrío y digo gracias para no incomodarla más de lo que se notaba en su respuesta, aunque mis ganas de tomarla por la cintura y besarla en los labios eran mucho más que esas simples gracias. Pienso que ella esperaba que respondiera algo más pero no quiero apresurar nada, sino tomar el tiempo necesario para abordarla y poseerla, quiero ser su dueño, deleitarme en sus gemidos pero daré el tiempo suficiente para que pueda olvidar a quien la dañó y no ser acusado de oportunista.
La tomo de la cintura y me acerco lentamente, ella respira agitado; no hay miedo en su mirada sino deseo, espera que mis labios asalten su boca, pero me acerco a su mejilla y la beso. “Hasta pronto señorita” –le digo. Me subo al auto y me dirijo a casa a fantasear con eso beso que casi pudo ser. Al llegar la casa se hace grande y los recuerdos son más profundos, el olor de su perfume quedó grabado en lo más profundo de mi mente, no sé por qué me excita tanto esa mujer, me hace soñar con sus besos, me seduce la idea de tenerla en mi cama y hacerle el amor de forma más perversa posible.

Ha pasado ya una semana y ahora sonríe, no sé porque ya sabe que me gusta que lo haga o simplemente porque las heridas que tenia se cerraron. Le digo que vaya a mi oficina con la excusa de buscar unos documentos. Golpea la puerta y al oír el: “¡Adelante!”, entra; los documentos sobre el escritorio la esperan pero también la esperan mis ojos para deleitarse con esa figura; no despego mi vista de sus exquisitos labios, ella lo nota y los muerde con sutileza provocándome, toma los documentos del escritorio y camina hacia la puerta meneando su culo de manera insinuante, la detengo y le digo que se devuelva. Se para frente a mí y mis ojos la recorren de pies a cabeza de manera descarada, ella de alguna manera percibió lo que provoca en mí y se exhibe para mi deleite. Le digo que se acerque a mi silla porque la quiero ver más de cerca, al dar el paso hacia mí ya sé que la tengo en mis garras y que sacaré partido de la situación. La tomo de las caderas y le ordeno que se mueva, ella me dice: “¡Sí, mi querido jefe!”. Ese suave contoneo hace que mi perversión crezca, separo mis piernas y le ordeno que se ponga de rodillas; lentamente baja  y yo sin dar crédito a lo que sucede pero disfrutando cada segundo. “¿Así está bien señor o me quiere más cerca?” –me pregunta. “Lo más cerca que pueda” –le respondo. Se acerca y sin decirle nada su boca busca mi entrepierna, tomando mi miembro por sobre el pantalón apresándolo entre sus dientes. La indescriptible sensación de placer que me invade hace que me aferre a la silla cerrando los ojos y dando un intenso gemido de satisfacción.

Disfruto de ese delicioso momento pero muero por verla con mi verga en su boca, por lo que bajo el cierre y meto mi mano, saco mi miembro erecto y lo meto en su boca; como una experta lo succiona y lo traga completo atragantándose. La felación me lleva a una estación de placer intenso, tal vez sea su cara de puta traviesa o la sensación de lo prohibido al estar en la oficina. Su lengua recorre mi glande mientras me masturba rápido, enredo mis dedos en su pelo y me muevo de manera frenética indicándole que no lo saque de la boca, obediente lo traga completo mientras eyaculo, saborea hasta la última gota de mi semen. Sus ojos de perversión y una sonrisa perversa son el ingrediente especial de aquel prohibido encuentro. Se coloca de pie y susurra en mi oído: “Espero que le haya gustado lo putita que puedo llegar a ser mi querido señor”. “Usted es un puta especial Srta. Ingrid, claro que me gusta que sea así” –le digo. Todos los días de la semana antes de salir del trabajo entra Ingrid a mi oficina para calmar la tensión de mi trabajo y dar alivio a la perversión que se apodera de mí cuando veo su culo moverse al compás de pasos sensuales que me provocan cuando pasa.

El tiempo pasa e Ingrid se había convertido en más que la pasante en la oficina, era tiempo de hablar con ella en otros términos y contarle algo que ella desconocía por completo de mí, para eso quedamos de juntarnos en un restaurant para conversar sobre el lado oscuro que he ocultado en esos encuentros furtivos en la oficina. Le cuento de un estilo de vida que conozco hace alrededor de diez años y que solo tres mujeres de manera oficial han conocido y que me gustaría que ella también conociera, para eso debería empezar un periodo de aprendizaje de protocolos y normas que lo rigen. Conversamos de prácticas sexuales alternativas o no convencionales, que por cierto conlleva algunos tipos de riesgos y que para eso existen acuerdos que deben ser tomados en consenso entre ambas partes. Me mira con interés y no se pierde detalles de la conversación sobre todo cuando le digo que estaba dispuesto a enseñarle todo lo que he aprendido a lo largo de los años y que no haríamos nada a menos que ella después de un tiempo me aceptara como su Amo. Obviamente me pidió tiempo para analizar la situación.

Después de cenar nos dirigimos a un hotel donde una habitación adornada nos espera, al llegar me siento en un pequeño sofá, ella gatea hacia donde estoy, reclina su cabeza en mi muslo mientras acaricio su pelo, la coloco de pie y la desvisto por completo para disfrutar de su figura. La abrazo y beso de manera apasionada, mis manos recorren su cuerpo con tal libertad como si ya conocieran cada espacio de su ser; al posarse mis manos en su entrepierna noto la abundante humedad que me abre paso a penetrarla con mis dedos con facilidad. Sus gemidos son como una música suave que envuelve mis sentidos, nuestras lenguas se entrelazan en esa danza furtiva que se conoce como pasión; avanzamos hacia la cama, mi lengua baja por sus senos hasta su sexo. La punta de mi lengua invade su clítoris haciendo que se retuerza en la cama, con sus piernas extendidas en el aire me ofrece acceso libre a su vagina, mi lengua se pierde en su interior saboreando cada gota de sus tibios fluidos. Toma mi cabeza y la hunde en su sexo, sus gemidos llenan el ambiente al igual que el deseo y la pasión; al borde del orgasmo y con su cuerpo temblando se deja caer en ese precipicio intenso de placer, rindiendo su voluntad y su conciencia a mis deseos.

Aun temblando por el éxtasis, me quito la corbata y vendo sus ojos, la coloco de pie y enredo mis dedos en su pelo, le susurro: “Ahora quiero que se ponga de rodillas”. Asiente y baja lentamente, en ese momento mi perversión está desatada, así como su entrega y sumisión; sin darse cuenta se está convirtiendo en mi putita sumisa, obediente a mis órdenes. En silencio la contemplo y bajo el cierre de mi pantalón, me acerco de manera perversa y meto mi miembro en su boca; comienzo a moverme de manera desenfrenada hasta hacer que se ahogue. Poseído por el demonio del sexo me enredo en su pelo y sigo con mis frenéticos movimientos, su saliva escurre tanto en mi verga como por su boca haciendo la escena más excitante.

Casi a punto de eyacular me detengo, no es tiempo de hacerlo. La levanto del pelo y la llevo a pared, la recorro con mis manos desde sus hombros a sus nalgas, su respiración se agita al sentir como uno de mis dedos se introduce en su ano, tiembla y me dice: “Mi culo es suyo, haga con él lo que usted desee”. Bajo con mi lengua a su apretad agujero y lo lamo como un loco, lubricándolo; al cabo de unos minutos me coloco de pie y con una mano abro sus nalgas y con la otra acomodo mi pene en su ano y sin una gota de piedad la embisto con fuerza, un grito de dolor se apodera de ella y en calma espero para que su apretado agujero se dilate, poco a poco continuo los movimientos, aumentando el ritmo. Gime descontrolada siguiendo mi frenético ritmo, tomo su pelo y jalo su cabeza hacía atrás, paso mi lengua por su mejilla.

Sin sacar mi miembro de su culo la llevo al borde de la cama, con sus brazos apoyados sobre el colchón sigo embistiendo con fuerza, ya no puede contenerse y comienza a gemir con más fuerza al sentir que exploto en su interior, llenando su delicado culo con mi semen. Exhaustos sobre la cama, ella reclina su cabeza en mi pecho y yo acaricio su pelo, nuestros ojos se cierran y la luz del sol se cuela por la ventana. Esa mañana me dice que quiere experimentar esa sensación de entregar su vida y ser sumisa a mis deseos, por lo que ahora preparo lo necesario para encaminarla en este delicioso estilo de vida llamado BDSM y pase a ser mi propiedad. En otra ocasión les contaré los detalles de la conversación que está pendiente.




Pasiones Prohibidas ®

Comentarios