Aclaración: Para muchos podría parecerles que es el relato de un pedófilo o un pederasta pero es la historia de un Daddy con su little, en el contexto de una relación BDSMera en la que ambos son mayores de edad. Espero que la disfrutenRecibí una llamada de mi Papito diciendo que llegaría antes a casa y que debía estar todo ordenado para cuando llegara, ya que siempre tengo la costumbre de dejar todos mis juguetes tirados en la sala. No quiero que él se moleste y como una niña buena los recojo y los guardo en la caja que compró para que los deje.
Pasan
los minutos y Papito no llega, fui a nuestra habitación y traje a mi osita de
peluche para jugar, le puse el vestido rosado que a mi Papi le gusta y nos
perfumamos las dos para recibirlo, conversaba con Sinforosa, así se llama mi
osita y le preguntaba: “¿Qué te gusta de Papi?”. Ella siempre me responde lo
mismo y me hace sentir celosa: “Su verga”. Cuando él me hizo su mujercita me
dijo que su verga era solo mía y una vez que yo estaba enferma y no podía
atenderlo bien, él fue una tienda donde venden cosas para grandes y le compro
una vagina a Sinforosa y la usó como muchas veces me usó a mí y tuve que
mirarlo y no poder jugar con él. Igual entiendo que ella diga eso porque mi
Papi es un hombre que me trata con ternura siempre pero cuando tiene un mal día
en el trabajo me lleva del pelo a la habitación y me hace tan fuerte su putita
que deja mi conchita adolorida y llena de esa espesa leche que sale de él.
Estuvimos
un rato largo conversando con Sinforosa cuando el portón se abre y Papito entra
con su auto al jardín. “¡Eeeeee, llegó! ¡Ojalá me haya traído un chocolate!”.
De la emoción cuando saltamos con Sinforosa quebramos un adorno que había comprado
en unos de sus viajes, antes que abriera la puerta tome una pala y una escoba
para recoger los pedazos, me fui a la habitación con Sinforosa y sacamos del
closet el cinturón más grueso, el que siempre ocupa para castigarme cuando me
porto mal. Lo espero con el cinturón en la mano y sobando mis nalguitas porque
tiene la mano pesada y siempre las deja rojas con el primer correazo, no le
gusta castigarme pero hay veces que me dice que es necesario para aprender a
ser una mujercita como él quiere que sea. Sé que me dolerá pero será por mi
bien para tener más cuidado cuando juego con Sinforosa, aunque que ella me
acusará igual si yo me quedo callada. Puedo sentir los pasos de mi Papi
subiendo la escalera al girar la puerta de la manilla, me pongo de rodillas y extiendo mis manos con
el cinturón, mirando el piso le digo: “Daddy, me puse contenta cuando llegaste
pero no di cuenta que estaba ese adorno que compraste cuando te fuiste de
viaje, merezco que me castigues”. Me mira con algo de ternura ya que no soy de
las niñas que piden castigos apropósito pero sé que me castigará aunque yo no
quiera, una vez mi Papi me dijo que “las niñas cuando confiesan sus travesuras
tienen 80% de descuento en los azotes”. “Está bien, mereces por tu travesura
cincuenta correazos pero solo serán diez” –me dice. El instinto hace que otra
vez sobe mi nalguita, me saco el calzoncito con flores que le gusta a mi Daddy,
me pone las muñequeras rosadas y me cuelga del gancho más alto que hay detrás
de la puerta. Mi vagina estaba húmeda cuando levantó mi faldita, fue a la cama
y acomodó a Sinforosa para que viera como me azotará y le dice: “Esto pasa
cuando la putita de Papi se porta mal”,
La mano grande de mi Papi se pasea con mis nalguitas haciendo que me moje más, me gusta cuando me toca de esa manera porque soy su mujercita, siempre me lo dice, sobre todo cuando se despierta a medianoche y mete su verga en mi cuando duermo, despertándome cada vez porque me lo hace duro tanto que a veces duele. Además, sabe que me gusta cuando me hace sentir su mujer tanto que esos dolorosos azotes que recibiré se transforman en caricias hechas por ese delicioso y envejecido cuero que es usado solo para castigarme y dejar las marcas del amor que siente mi Papi hacía mí. “Cuenta mi querida putita” –me dice con ternura. –“¡Ay, uno Papi!”. “Eso pequeña, sigue así”. Al llegar al quinto azote mis piernas tiemblas y se empapan por los fluidos que salen de mi vagina, Daddy lo nota y mete mi mano en mi conchita, prueba mis juguitos y me los da a probar, a veces es muy pervertido pero me gusta que sea así porque soy igual.
“Sigue
contando bebé” –me ordena Papi. –“¡Seis Daddy”. En el octavo azote mi vagina se
contrae y jadeo como los hacen las perritas cuando tienen ganas; mi Papi me va
a regalar un orgasmo al terminar de azotarme. “¡Nueve Papito!” –casi sin aire.
“¡Diez Daddy!”. Exploto en gemidos y tiemblo quedando en puntitas, de no ser
que me tiene del gancho más alto hubiera caído al piso retorciéndome de ese
exquisito placer que me brinda la justicia que se ejerce en mí. Daddyto me
descuelga y me toma por la cintura para afirmarme, puedo notar que su verga
está dura y eso me moja aun más, lo miro de reojo y con cara de putita mala
muevo mis pompis para que sepa que quiero ser usada como su mujerzuela, para
eso lo espero, para complacerlo y que no juegue con esas señoras grandes del
trabajo que me lo quieren quitar porque antes de que llegara a vivir con mi
Papi él traía a esas mujeres a casa, las usaba y las dejaba. Él sabe lo que
quiero y baja el cierre de su pantalón, saca su dura verga y la pone en mi nalguitas,
empuja fuerte y mi culito se abre para él dándole entrada a mi hoyito para que
use de esa forma salvaje que me gusta. Por alguna razón cuando me posee no
puedo ser la niña que me gusta ser y me transformo en esa hembra que tiene
hambre de sexo y que su macho sacia hasta dejarla exhausta de placer, sabe
sacar esa perversidad y lujuria que habitan en mi ser, que difícilmente puedo
seguir reteniendo. Mi Daddy es tan perverso que hace de mi una puta insaciable.
Le pido que me cuelgue otra vez ya que adoro sentirme abusada por ese hombre
que transforma mi personalidad.
Colgada en la puerta toma mis caderas y embiste con fuerza, me hace gritar de placer mientras Sinforosa celosa observa desde la cama como mi Papi me folla con la fuerza de un toro en celo. Esa fuerza que ocupa en sus embestidas hacen que mi ano se amolde a la forma de su delicioso miembro, me gusta sentirme abusada por la fuerza de mi Papito ya que los machos follan a las putas de esa manera y yo me siento la putita de mi Daddy. Cada vez su pene se hincha más en mi interior y con mi hoyito dilatado a más no poder ya soy presa del placer descontrolado que sabe darme mi Papito, a pesar de lo severo que pueda parecer es la forma que me gusta ser usada por él ya que de esa manera me demuestra su amor a pesar de estar molesto por mis travesuras.
El placer
se hace incontenible en mí al sentir como sus manos golpean mis nalgas dándome esa
dosis justa de dolor que me mantiene adicta a sus deseos oscuros. “¡Te gusta
putita?” –Me pregunta con algo de enfado, casi no puedo hablar por los gemidos
que salen de mi boca pero asiento con mi cabeza, “¡quiero que me hables puta” –me
dice con más enfado. “Si Daddy” –le respondo. Las marcas de su cinturón desaparecen
para dejar las marcas de sus manos en mis nalgas. Me descuelga y me lleva a la
orilla de la cama donde está Sinforosa, la cara de envidia y celos que tiene me
encanta porque sé que Papi la usara. Me lleva donde está ella y me obliga a
lamer su conchita integrándola en este perverso juego. Mi Daddy no puede oírla pero
ella me dice que le gusta como lamo su vagina, que la hace sentir tan putita
como v}yo me siento con la verga de mi Papito en el culo; yo sigo los
movimientos bruscos de Daddy mientras Sinforosa disfruta de mi lengua, mis
piernas tiemblan de manera involuntaria, el sudor cae por mi rostro y la boca
se me seca al sentir que mi culo palpita y me rindo al placer cayendo en los
brazos de un intenso orgasmo a la misma vez que mi Papi verte su semen en mi
interior. Adoro sentir ese viscoso líquido que me inunda los intestinos y quema
mi desgarrado culo.
Daddy
saca su verga y del pelo me lleva al piso metiéndola en mi boca para que saque
hasta la última gota de su esperma, admito que me encanta cuando hace eso, me
vuelve loca la mezcla del sabor de su semen con el de mi culo, terminar con mi
ano abierto y lleno de esperma es el máximo deleite para mi sobre todo cuando
mi Daddy se satisface abusándome. Por esa razón lo espero, no solo porque soy
su little girl también porque soy la puta que lo complace más allá de la razón.
Pasiones Prohibidas
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