Carolina
tiene 35 años, es una mujer sensual que sabe cómo seducir a un hombre; aunque
tiene una fascinación por los juegos sexuales no tradicionales y un apetito
insaciable por el sexo. Por mi parte soy un hombre de similares características
en lo sexual, soy Dominante y tal vez un poco sádico. Nos conocimos en una
junta de una comunidad de BDSM y desde ese día iniciamos el proceso de
conocernos e iniciar así un camino como Amo y sumisa. Después de pasar
alrededor de seis meses en consideración decidimos que ya era tiempo de
formalizar nuestros deseos de estar juntos y ella pasar a convertirse en mi
esclava 24/7 con todo lo que ello implica. No les contaré el largo proceso
antes de la firma del contrato que nos uniría ni tampoco les contaré como ella
fue ganando los collares hasta llegar al de esclava, ya que imagino que quieren
saber los detalles escabrosos de una sesión o como la someto a mi voluntad, y
para satisfacer su morbo les contaré de esa “noche de dulce tortura.
Ella
tiene como instrucción de que antes que vuelva a casa deben estar su collar y
cadena colgados en la puerta de entrada y ella completamente desnuda, solo con
medias puestas y en posición NADU al momento de yo entrar, y nuestros juguetes
acomodados en la cama. Recuerdo que cuando entré todo estaba en su lugar y mi
preciosa esclava en medio de la sala esperándome complaciente. La saludo con un
beso en su frente y le digo: “Puedes colocarte de pie”. Me quita la chaqueta la
que va al perchero y enseguida camina hacia donde está su collar y correa, los
trae hacia donde me quedo esperándola y al llegar se arrodilla y extiende sus
manos para entregármelos. Se acomoda su sedoso pelo negro y procedo a colocar
el collar en su cuello; gateando la guio por las escaleras de la casa para ir a
nuestra habitación y como una perrita obediente sube las escaleras peldaño por
peldaño, al detenerme frota su rostro en mi pierna en señal de afecto, acaricio
su pelo y le ordeno al entrar que se coloque de pie; sin soltar su correa mi
preciosa esclava se coloca de pie para acomodarse en la cruz de San Andrés para
ser atada de pies y manos sin antes tomar el gagball que está en la cama para
acallar sus gritos y gemidos, dándome la espalda inmovilizo sus extremidades
para dar rienda al sádico Amo que disfruta flagelando a su esclava. Tomo una
fusta equina, con la que empiezo a recorrer cada espacio de su cuerpo
provocando pequeños espasmos, la pequeña punta de cuero se abre paso entre sus
nalgas y continua el camino hacia su vagina, recorro su vulva abriendo paso
entre sus labios para estimular su clítoris, gemidos ahogados salen de sus
labios, “¿te excita puta?” –le pregunto, asiente con la cabeza. Sigo torturando
su clítoris con el curtido cuero de mi fusta mientras sus piernas tiemblan y
sus gemidos se hacen más recurrentes. Acorto su cadena y con su cabeza hacia
atrás lamo su cara de manera obscena. “No es tiempo para que disfrutes pequeña
perra” –le digo, “lo harás cuando yo quiera, no cuando tú lo desees” –susurro
en su oído.
Azoto sus nalgas con fuerza con la fusta haciendo que su piel se enrojezca, la deslizo por sus muslos y le propino cinco azotes en cada uno, adoro ser testigo privilegiado de cómo su piel cambia de color con cada golpe, de la misma manera en que las marcas que deja la fusta en su espalda al momento de caer en ella con fuerza. Noto como lágrimas corren por sus ojos y le pregunto: “¿Quieres que pare?”, mueve su cabeza indicando que no, mientras mi lengua seca las lágrimas que se mezclan con su rímel. Después de veinte azotes más repartidos en su cuerpo la dejo descansar por unos minutos sin soltar sus ataduras y dejando su cadena en un gancho que está sobre la cruz de San Andrés para dejar su cabeza erguida. Coloco música en mi celular y suena Ordo Rosarius Equilibrio – “My imbecile, my idiot lover”, con tono de desprecio le digo: “Eso eres tú: ‘Mi imbécil, mi amante idiota’, solo sirves para ser abusada y maltratada”. Enciendo un cigarrillo y de pie a un lado de ella a medida que se consume le arrojo ceniza, las pequeñas brasas caen sobre sus nalgas, haciéndola saltar por el dolor de las pequeñas quemaduras. La saliva escurre por los orificios del gag y por la comisura de sus labios, verla así solo enciende mi perversión, tomo el flogger y la comienzo a azotar sin darle tregua, desde sus espalda a sus piernas las tiras de cuero marcan su figura, entre agónicos gritos de dolor mi putita se corre haciendo que sus fluidos corran por sus piernas; esa escena me encanta, que no pueda contenerte y de manera imprudente acabe con el solo hecho de ser castigada. Le quito el gag y la saliva que cae de su boca recorre su cuello y sus senos, es una puta sucia pero de esa manera la quiero, siendo la puta que se ganó mi corazón.
La
tortura aun no acaba, bajo el cierre de mi pantalón y con mi miembro separo sus
nalgas y con fuerza la embisto, ella grita de dolor; pero sigo con mis
movimientos frenéticos tomado de sus caderas. “¡Me rompe mi Amo!” –grita mientras
sigo taladrando su culo, esa inconfundible mezcla de dolor y placer la hacen
presa y aunque sus gritos llenan la habitación no pide que me detenga porque le
gusta ser sometida de esa forma, ser solo un juguete que es usado según mis
caprichos. Cada vez m mis embestidas son más violentas y mi respiración se
agita. Cada vez mi verga se hincha en el interior de su dilatado ano, entregada
por completo a la tortura del placer gime de manera descontrolada hasta
perderse en un delicioso orgasmo que aprisiona mi miembro en su interior. Las
deliciosas pulsaciones de su ano estimulan el frenesí de mis movimientos,
haciendo que vacíe mi espeso semen en su interior; poco a poco mi verga se
deshincha y sale de su ano dejando escapar una mezcla de semen y sangre que
corre hasta su vulva. La libero de sus amarras y cae desplomada al piso, me
mira y sonríe, me dice: “Siempre me hace ir más allá”. Esta vez la levanto y
cargo en mis brazos para llevarla a la cama, tendida aun jadeante y sin fuerzas
le digo: “Estoy satisfecho, puedes descansar mi dulce esclava”, beso sus labios
y me recuesto a su lado hasta que se duerme con una sonrisa en los labios.
Siempre dispuesta a darme el placer que requiero y a ser usada de todas las
maneras que se me pudieran ocurrir, nunca hay un no en sus labios porque sabe
que siempre tendrá de mí una noche de dulce tortura.
Pasiones Prohibidas
®
Mmm Sublime..
ResponderEliminarsucio candente
Que rico relato Mi perverso.🔥💋