Al caer la noche en la habitación de un céntrico hotel se reúnen un hombre y una mujer para dar rienda suelta al más sublime acto de amor que el mundo no comprende pero que ellos saben apreciar. Él se sienta en silencio en un sofá mientras en la radio suena melodía que envuelve y seduce, ella espera de manera paciente a que se hombre decida hacerle para saciar su sed de lujuria, perversión y desenfreno. Una mirada basta para ella y entender que sin decir nada su hombre quiere que se mueva al ritmo de la música; como una experta bailarina de striptease se mueve frente a ese pervertido que es capaz de sin decir nada hace que cumpla sus deseos. Sabe que le excita ver como se mueve, solo se deja llevar por el ritmo suave de esa melodía que llena el ambiente. Al intentar quitarse la ropa la voz de aquel hombre se dejó resonar: "¡Solo sigue moviéndote!". Obediente a la voz de aquel hombre implacable sigue con ese movimiento sensual que lo enloquece.
Se apoya en un mueble de la habitación mientras él desliza su pie por aquellos firmes muslos hasta subir a sus nalgas y levantar su diminuto vestido, y así disfrutar de su redondeado trasero. La perversión se puede percibir en la mirada de aquel hombre al punto de ponerse de pie y rozar su miembro erecto entre esas deliciosas nalgas que siempre lo han transformado en un animal a la hora de estar juntos. Con calma se quita el cinturón y lo enrolla en su mano mientras ella sigue contoneandose; sigilosamente baja su pantaleta y con su mano libre recorre ese culo que tantas veces le ha pertenecido. Desliza sus manos por esas deliciosas nalgas buscando ese apretado ano y poco a poco introduce su dedo medio para dilatarlo, ella gime inmóvil dejándose invadir y violentar por su Dueño; él sediento por el placer que le provocan esos gemidos sigue de manera frenética abriendo con su dedo el apretado ano de su mujer complaciente. "¡Gime puta!" -le susurra uniendo su dedo índice a la penetración provocando en ella espasmos de placer. Sus gemidos se hacen más intensos y su respiración se agita más al sentir que la húmeda lengua de su pervertido Dominante recorre su cuello, ya completamente vulnerable al placer solo desea ser embestida por aquel hombre que sabe transportarla al placer; "¡por favor penetreme!" -súplica de manera ferviente. "Todavía no" -le dice con tono enérgico, ella sabe qué su impertinencia le traerá un placentero castigo y aún así sigue suplicando ser embestida con esa inusual fuerza que él suele hacerlo.
La desnuda sin prisa, tomándose el tiempo necesario para tejer en su mente el castigo por tales súplicas que no fueron requeridas por él. La coloca frente a él para deleitarse acariciando esos exuberantes senos, su hábil lengua los recorren y hace que sus pezones se erectan casi al punto de estallar. Mientras la música sigue en el ambiente llenándolo de erotismo ese perverso hombre desenreda el cinturón de su mano y apoya a su mujer sobre el mueble con el trasero extendido, ha llegado la hora de satisfacer el castigo pendiente; le susurra al oído: “Serán 59 azotes, los que uno a uno contarás, si no te oigo el siguiente será más fuerte. ¿Entendiste?”. Asiente con la cabeza, esperando el primer azote. Uno a uno se deja sentir y, con esa mezcla entre dolor y placer empieza la cuenta. Como un hábil verdugo de tiempos antiguos la azota con su cinturón desde los hombros a los muslos, dejando perceptibles marcas en esa delicada piel, ella disfruta de cada azote propinado y agradece a su dueño por aquella corrección; él por su parte con sus ojos llenos de sadismo se acerca al azote N° 59 que pondrá fin a ese delicioso tiempo de castigo. Cuando los labios de esa excitante mujer pronunciaron el número del último azote, él se detiene y en un acto impensado para muchos acaricia a su delicada amante y la besa, seca algunas lágrimas que rodaron por sus mejillas y con un suave pero intenso beso agradece la entrega de su mujer especial.
La lleva a la cama en donde la ata con su corbata, inmóvil y vulnerable la observa mientras se masturba de forma maliciosa, ella espera de manera silente a que ya rompa su vagina como ya lo ha hecho. Ya casi sin contenerse se lanza sobre ella y la embiste con fuerza, la penetra de esa manera descontrolada que a ambos les gusta, sentir sus cuerpos chocando al ritmo desenfrenado de un hombre que solo busca saciarse la enciende aún más. Abusada y usada por aquel hombre siente como el dolor se apodera de su sexo y que la rompe con esa fuerza de macho deseoso de placer.
Su vagina se contrae con más intensidad y su respiración se hace escasa, el dolor se transforma en placer y el deseo la hace presa de esa verga que llega al fondo de su ser. Ya en los brazos del orgasmo se entrega a ese placer perverso que solo su Dueño le proporciona y explota en un orquestado concierto de gemidos que la hacen quedar sin fuerzas, pero aquel hombre no ha termino de someterla; la desata y la pone sobre su estómago con las piernas separadas y sin cordura la penetra con fuerza por su ano, arrancando un agónico grito de dolor que lágrimas caen de sus ojos, las súplicas para que se detengan no son oídas y cada vez con más fuerza es abusada. Esa verga se hincha entre sus nalgas y la respiración de aquel encantador hombre abusador se agita, gotas de sudor caen en su espalda y balbuceos parecidos a gemidos salen de sus labios: "Mi Señor acabe en mi culo" -le dice; él sigue hasta llenar por completo ese dilatado agujero con ese espeso semen que quema sus entrañas. Él ya satisfecho intenta normalizar el ritmo de su respiración sin moverse, ella nota que ese delicioso miembro que la hace gritar y llorar de placer comienza a perder la erección y libera su adolorido culo haciendo que el esperarma salga de su interior y recorra el camino de su vulva hasta el clítoris.
Él se tumba de espalda sobre la cama y ella busca su regazo, acomoda en su pecho es rodeada por aquellos brazos fuertes, la abraza con delicadeza y la besa en los labios. Agradecido por la entrega de su complaciente mujer sumisa no para de acariciarla hasta que ella cierra los ojos rendida al placer y a la ternura que le brinda aquel hombre que ama y entregó su vida para que él dispusiera de ella como estime conveniente. La mañana los sorprende abrazados y en el acuerdo que tienen resuenan en los labios de ella: "Mi Amo, su placer es mi placer".
Pasiones Prohibidas ®
Hermoso relato que como siempre despierta nuestros demonios de la lujuria, muy intenso y perverso como los anteriores, gracias por compartir
ResponderEliminarBello relato mi adorado Amo
ResponderEliminarExcelente , preciosamente descriptivo y muy excitante mi Perverso 💋💋🔥🔥🔥