008. Juego perverso

Todo resulta un tanto extraño, no tengo la costumbre de contar las cosas que hago pero por alguna razón me resulta excitante contarles algo que sucedió hace ya un par de meses atrás. Les cuento que soy un chico de 17 años, con algo de experiencia en cuanto a sexo se refiere ya que he tenido algunos encuentros con un par de compañeras de curso e incluso con una profesora que me enseñó algo más después del horario de clases.
Era martes por la tarde cuando llegué de la escuela, cansado porque tuve una extenuante clase de gimnasia, mis padres no estaban ya que trabajan todo el día; tampoco estaba Luisa mi hermana mayor de 18 años. Tenía la casa para mi solo así que asalté el refrigerador me di una ducha y me recosté sobre la cama, mis ojos se pusieron párpados se hicieron pesados y a duras penas podía mantener abiertos los ojos, pero mi mente luchaba por mantenerme despierto mandando imágenes de aquellas experiencias con Miss Castillo. Excitado y cansado me masturbé pensando en esa deliciosa vagina que palpitaba cada vez que la embestía con fuerza, solo recordar sus gemidos hacen que el sueño se me vaya y de rienda al placer de recordar tan excitante momento. Explote como un volcán en erupción, desbordando mi espeso y caliente esperma por toda mi pelvis y miembro, casi de manera automática mis ojos se cerraron y me quedé dormido profundamente.
Desperté después de un rato igual de excitado, pero no con ganas de masturbarme sino con ganas de tener sexo con alguna compañerita caliente que estuviera disponible, le mandé mensajes a varias pero ninguna tenía tiempo, así que decidí dejar esas ganas alguna otra ocasión sin pensar lo que la noche me había preparado.
Luisa me llama al celular para decirme que mis padres iban a pasar la noche fuera y que ella iba a llegar un poco más tarde de lo presupuestado, sin tomar importancia empecé a hacer unos trabajos que tenia pendiente en el colegio, pasan las nueve de la noche y mi hermana llega a casa; cenamos y nos sentamos en el sofá para ver una película (cosa que no hacíamos hace tiempo). La trama se ponía interesante ya que había algo de porno soft y me calentaba ver a las chicas de la película entregarse con tanta facilidad. Con una erección que apretaba mi pantalón miraba a Luisa de manera perversa, se había convertido en mi mente en una hembra para saciar al macho que estaba deseoso de sexo.
La miraba y la imaginaba desnuda encima de mí moviéndose como loca, mi erección se hace más intensa y mis manos se deslizan por sobre el pantalón tratando de acomodar mi miembro pero las ganas se hacían incontrolables. Me levanto para ir al baño a descargar esos pensamientos maliciosos. Cuando volví la muy puta tenía su pantalón desabrochado y su respiración agitada, se había masturbado, y pensó que no lo notaría. Me senté a su lado esperando el momento exacto en donde me lanzaría como lobo hambriento para devorarla como un suculento pedazo de carne. Podía sentir el olor a sexo que salía de su vagina, otra vez mi miembro se empezaba a poner duro pero esta vez ya no iría al baño, la tomaría quisiera ella o no. Me acerqué a Luisa con la morbosa intención de tocarla, deslicé mi mano por su pierna, su respiración se agitó y me pedía que por favor parara pero ya estábamos en ese punto de no retorno; subí por su muslo, de a poco abrió sus piernas y me ofreció esa deliciosa vagina, sobre su pantalón acariciaba su hinchado sexo; aunque había algo de cordura en ella pero a la vez quería que mi mano siguiera explorando cada rincón de su cuerpo.
Se acomoda para darme la libertad de invadirla, al meter mi mano bajo su corto pantalón podía sentir la humedad de su vagina, mis dedos se deslizaban por su clítoris haciéndola gemir intensamente, poco a poco me deslizo y así penetrarla con mis dedos. Me miraba con ojos de caliente pidiéndome que lo haga más rápido, sus gemidos se transformaron en gritos hilarantes, estaba terminar en un orgasmo intenso. Me suplicaba que metiera más de dos dedos en su vagina, uno a uno los hacia entrar y sin darme cuenta tenía la mitad de mi puño dentro de ella; en éxtasis se perdió en el placer y pervertidamente la penetré hasta la muñeca a lo que la hizo explotar en gritos y gemidos descontrolados hasta incluso babear de excitación. La desnudé despacio, saboreando con mi lengua cada espacio de su cuerpo hasta perderme en su clítoris, ella apretaba sus pezones cuando  mi lengua entraba en su sexo caliente y húmedo. "¡Qué rico hermanito, sigue así!" -me dice. Lamí desde su clítoris hasta su culo, se estremecía completa y me pedía más.
Al quitarle el pantalón se lanza sobre mí y hambrienta por mi verga la chupó como una loca tragándose cada centímetro hasta ahogarse, en sus ojos se percibía el deseo, se percibía que me deseaba tanto como yo a ella. Verla como se tragaba mi miembro en verdad ni en la mejor película porno de la historia lo había visto, con esa cara de niña perversa mientras me masturba y me habla sucio. Cuando estaba casi por acabar se detiene y sonríe, "¡Quiero qué acabes dentro mío hermanito!" -me dice. Se monta encima de mí y de una mete toda mi verga en su interior, tal y como la imaginaba se mueve, poseída por el placer gime como si su vida se acabara, aprieta sus pezones y los gira. Tomado de sus caderas le marco el ritmo que debe seguir; era alucinante la forma en que mi hermanita se movía de arriba a abajo aplastando con fuerza mis testículos y cuando paraba descansar apretada con su vagina mi pene haciéndome gemir de placer.
Se bajó y solita se colocó en cuatro, lamí desde su culo a su clítoris; con fuerza embestí su vagina, tomo su pelo y la embisto con más fuerza. "Tienes una conchita muy rica Luisa, amo como late cuando te clavo mi verga" -le dije, ella solo gemía mientras el sudor la envuelve y otra vez acaba en un sensacional orgasmo que la deja temblando. Seguí moviéndome lento pero penetrándola hasta meterla completa, sus movimientos en círculos hacen que explote en su interior llenándola con mi semen espeso y caliente.
Cayó rendida sobre su pecho y yo sobre su espalda, lamí su cuello probando el sabor salado de su sudor; su vagina seguía palpitante estrujando hasta la última gota de esperma. Después de descansar sobre su espalda nos besamos e hicimos el pacto de que cada vez que estemos solos continuar con nuestro perverso juego incestuoso, pero jugando por whatsapp desde nuestra habitación cuando tengamos ganas de portarnos mal.

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