006. La compañera de trabajo

Hace un tiempo conocí a Magaly, una chica sensual de 25 años, con pelo largo hasta los hombros, de color castaño, ojos café, mirada insinuante, con un escote que hacia mirar aunque no quisieras hacerlo y un trasero de antología, compañeros de trabajo; vestía siempre de manera sensual lo que resalta su figura. Por mi parte un hombre de 30 años, cansado de las típicas relaciones amorosas, ya hace tres años eso murió para mí y mis gustos se volvieron distintos a los demás.

Toda la semana había planeado la forma en abordarla e invitarla a tomar un par de tragos, intentar conquistarla. Por fin había llegado el viernes, Magaly se dirige al lugar donde pasa el bus, casi corriendo la alcanzo a una cuadra de la parada, la tomo del brazo y se voltea algo asustada; noto un suspiro de alivio que sale de ella. "Casi te golpeo" —me dice riendo. "Creo que lo hubiese merecido" —le respondo, "quiero invitarte a tomar algo y charlar un rato.¿Te parece?" —le digo. Después de un largo silencio me responde que sí, pero con la condición de que me comporte ya que muchos de la oficina la habían invitado antes y todos se habían propasado con ella dándole a entender que tenia que pagar en la cama lo que había consumido en la cita. "No te preocupes, no soy como el resto de esos idiotas" —le digo. Con un ojalá acepta pero no más de tres tragos porque debía volver no muy tarde, como La Cenicienta - ante de medianohe. Vamos a un bar cercano para beber y charlar.
Al entrar nos sentamos en la barra, como un caballero acomodo su silla, pide una Margarita y yo un vaso de whisky sin hielo. La charla comienza con una payasada de mi parte y una risa contagiosa sale de sus labios, me entero que viene saliendo de una relación que la única alegría que le dejó fue una niña de tres años. Ya en el segundo vaso de mi licor favorito mi mente comenzó a volar y la imaginaba completamente desnuda, con los ojos vendados y esposada con las manos atrás, mientras era sometida a los azotes de una fusta en sus glúteos, muslos, espalda y senos. Ya el tercer trago se acercaba y decidí arriesgarme, le tome una mano y le dije que me gustaría conocerla más a fondo y llegar a tener una relación, qué no se preocupara, ya que con la falsa valentía que me había dado el licor le decía eso pero que no habrían proporciones de ir a un hotel para "cobrar la cuenta", sino que con el solo hecho de estar ella ahí ya me daba por pagado. Me miró con asombro y el barman sirve el tercer trago, este fue más pausado, me dijo que yo no le era indiferente pero su miedo era sufrir otra vez por no ser valorada, acarició mi rostro despacio y yo el de ella. Algo temblorosa sigue el camino mis dedos los que de manera sigilosa tocan sus labios haciendo que suspire y los separe lentamente, no sé si serán los estragos del alcohol o de vergüenza pero sus mejillas se sonrojaron; apretó mi mano y me dijo que ya se debía ir. Salimos, mientras esperamos el Uber que la llevará a casa enciendo un cigarrillo, le digo que se acerque porque noté que sentía frío, la envolví en mis brazos y la notificación indica que el vehículo está s un minuto de llegar. " Espero que ésta salida se repita" —me dice, "siempre que así lo quieras se repetirá" —le respondo. Llega el auto y otra vez caballerosamente le abro la puerta, me abraza con fuerza y me besa de manera sutil en los labios. Al comenzar la marcha me llega la notificación de un WhatsApp que entró, era deMagaly, decía: "Gracias por tan linda noche, de verdad quiero repetirla". Nunca había respondido un mensaje con tanta rápidez: "Siempre estaré en el mismo lugar en la semana. Puede ser cuando quieras y puedas".

 Ese fin de semana no pude sacarme de la mente ese pequeño beso de despedida, recordarlo me excitaba mucho al punto de masturbarme y saciar en parte esa lujuria que me consume por dentro. Solo espero con ansias el lunes (cosa que nunca hice) para verla y charlar. Por fin el fin de semana se fue y el lunes llegó, al vernos nos saludamos con un beso cerca de los labios, los mensajes se hicieron frecuentes; almorzamos juntos toda esa semana e incluso la iba a dejar a la parada del bus y cada vez se despedía de la misma manera. Cuando llegaba a casa saciaba mis ganas de tenerla masturbándome imaginando las cosas más sucias que la mente humana puede tejer. Llegó el viernes y fuimos otra vez al bar, otra vez en la barra pero esta vez ella más cerca mío, podía notar cada vez que acariciaba mi rostro mordía sus labios, ya no podía aguantar de meter mi lengua en su boca y recorrer su cuerpo. Me coloco de pie, le digo que vuelvo enseguida, camino con dirección al baño del local pero me quedo afuera pensando en la forma qué iba a robar ese beso que tanto deseo. Al llegar la tomo de la mano y me acerco, pongo su cabeza en mi pecho y el aroma de su perfume me vuelve loco, le digo que me mire a los ojos pero mis ojos de concentran en sus labios cubiertos de un brillo que los hace resaltar; "perdona, pero no resisto" —le digo, dándole un beso lujurioso que ella responde. Mis manos dan un viaje por su espalda y cintura; cada vez me pegaba a ella, separa sus piernas para darme cabida y permitirme rozar su intimidad, entiendo que es el momento de pedir la cuenta para salir de ese lugar e ir a mi departamento pero también es el momento de contarle sobre mis gustos en referencia a lo sexual. Al entrar se lanza sobre mí y me besa de manera descontrolada, me quita la corbata de un jalón y desabrocha mi camisa haciendo que pierda el control. Casi en éxtasis, comienzo a invadir su cuerpo con mis caricias, la llevo a la pared y levanto sus brazos sobre su cabeza, de esa forma obtengo su completa rendición a mis deseos; sin decirle nada musita: "Soy toda suya mi Amo". Sorprendido por lo que dijo ya que nuestros gustos son afines, sigo con mis manos explorando su delicado cuerpo y disfrutando de su mirada perdida por el placer que provoca mi mano debajo de su falda. No tuve que explicarle nada, sola me entrega el control de su cuerpo esa noche, teniendo la libertad de hacer con ella lo que mis instintos me dictaran.

 La volteo poniéndola de cara contra la pared, levanto su sugerente falda y me deleito con esas deliciosas nalgas recorriéndolas por completo, ya que un pequeño colaless se perdía entre ellas, quito el sujetador de sus medias y la nalgueo de manera suave, un delicado gemido sale de sus labios a medida que mis golpes se hacen más fuertes dejando mis dedos marcados en sus glúteos. La jalo del cabello y le susurro que guarde silencio mientras jalo más fuerte su pelo haciéndola que gire la cabeza para meter mi lengua en su boca, disfruto de esos besos candentes mientras se mezclan con el dolor de sus gemidos. Con todo el derecho que me dio al entregarse, la desnudo por completo. " No te muevas" —le susurro. Me sirvo un vaso de whisky y me siento en el sofá, la llamo por su nombre y con mi dedo índice le muestro el piso; de manera obediente se arrodilla y al ver que golpeo tres veces mi muslo avanza como una pequeña poodle obediente al llamado de su Amo.

Al llegar a mí se mete entre mis piernas, acaricio su pelo mientras sorbo a sorbo el whisky se acaba; con su cabeza apoyada en mi muslo y mis dedos acariciando su pelo, suspira profundamente al sentir que mis dedos se enredan en su pelo mientras que el vaso queda en la mesa. Hago que frote su cara en mi entrepierna para que sienta mi erección, me dice que quiere tener mi miembro en su boca pero aún no ha ganado ese derecho todavía. La coloco de pie y la llevo a mi habitación; allí, le digo que todo estará bien y que no está forzada a hacer nada que ella no quiera. "Usted puede hacer lo que estime conveniente conmigo mi señor" —me dice. Me dirijo al closet, tomo una de mis corbatas y vendo sus ojos; le coloco un par de esposas en las muñecas para dejarla con sus brazos en el aire en un gancho que sale de la pared. Con la expectación a mil, recorro su espalda con la punta de mis dedos, esa mezcla de miedo y excitación se apodera de Magaly, puedo notar que su entrepierna está húmeda, su sexo reclama ser sometido, meto un dedo en su sexo caliente arrancando un gemido intenso que me deja extasiado. Me dirijo otra vez al closet y saco una pequeña maleta en donde hay algunos juguetes. Una paleta y un flogger serán los encargados de abrir la sesión de flagelación. Tomo el flogger, deslizo sus tiras de cuero por su espalda; su respiración se agita, la acaricio con paciencia hasta que su cuerpo se relaja y poco a poco la azoto dejando marcas en sus nalgas y espalda. Su cuerpo tiembla al sentir como pantalón roza sus nalgas. "¿Puedes seguir?" —le pregunto, asiente con su cabeza. Otra vez flagelo su espalda con el flogger, recibo en retribución gritos de dolor mezclados con placer; al verla temblar me detengo, le susurro al oído que ya es suficiente. Quito la venda y las esposas, al verse liberada se lanza sobre mí; la abrazo con fuerza y beso sus labios de manera delicada. Se tiende sobre su vientre en la cama mientras la acaricio con suavidad. Decidí guardar la paleta y dejar que descanse, a fin de cuentas tendremos más tiempo para jugar de la manera que así lo queramos. Solo les cuento que desde esa vez Magaly se volvió parte importante de mis juegos perversos, tanto así que en unos días tendremos una ceremonia en donde le entregaré mi collar definitivo para volverse de una vez mi esclava.




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