Hace un tiempo alguien dijo que las casualidades eran una etapa en nuestro tiempo en donde la mano de Dios pasaba desapercibida a nuestros ojos. Hoy, más que nunca resuenan en mi corazón esas palabras y hacen eco ya que sin duda encontré una persona especial que cambió mi vida al cien por ciento.
Él, es Dominante, capaz de hacer rendir por completo mi voluntad a sus deseos más oscuros; casi sin decir nada toma el control de mi vida, haciéndome sucumbir, sus abrazos me hacen temblar ya que la delicadeza no es su estilo, sus manos insolentes profanan cada espacio de mi cuerpo, sus besos lujuriosos hacen que mi entrepierna se moje de manera abundante haciendo que mi ropa interior se amolde a mi sexo. Cada día como un delincuente se esconde entre las sombras para violentarme y hacer conmigo lo que le venga en gana.
Llevamos un poco de tiempo viviendo nuestra vida juntos y a los ojos de los demás somos dos locos enamorados, pero en la intimidad él se vuelve un toro furioso que no le importa nada más que satisfacer sus instintos. Cada vez me vuelvo más sumisa y vulnerable a la manera que tiene de amarme, cada vez siento que soy la presa que es asediada por un lobo hambriento de lujuria y violencia. Hay algo en esa inusitada forma de ser que me vuelve loca, es la mano que sujeta fuertemente mi cadena, creo que mi vida no sería la misma si estuviera en manos de otro Dominante, ya que con solo una mirada mi cuerpo se estremece, esa sensación de que mi voluntad es relegada a segundo plano y su voluntad prevalece me ata y me hace amarlo con desesperación.
Cada noche cuando la puerta de nuestra habitación de cierra y nuestros hijos duermen, de manera pervertida me recorre hasta hacer que mis fluidos corran por mis piernas y como hembra obediente a los deseos de su macho separo mis piernas para que sacie su sed de lujuria. Me encanta esa sensación de sentirme abusada y que nunca podré negarme a sus deseos; sentir como su miembro se abre paso en mi ano y ser follada con fuerza sin importarle mi dolor ni las lágrimas que rodan por mis mejillas. Su mirada cambia y su respiración se agita mientras me transporta al subespacio en cada embestida; la sensación de vulnerabilidad es tan grande pero el sentido de permanencia es mayor al sentir como sus manos aprietan mis senos con fuerza dejando las marcas inconfundibles de sus dedos y sus labios de chocolate recorren mi cuello invitándome a pecar más aún.
Noto como su miembro se hincha mientras respira más agitado, cada vez sus embestidas son más intensas; mis piernas tiemblan, mis labios se secan y mi respiración se acorta. "Quiero tu semen mi toro" -le digo, su mano se posa en mi boca forzándome a callar, mi ano dilatado palpita y yo me entrego a la deliciosa sensación del orgasmo. Es como si el tiempo se detuviera y no hay nada más que mi hombre destrozando mi agujero; mis gemidos son ahogados por el la mano de mi Dueño pero el placer que me entrega no se compara con los acallados gemidos de mi interior. Su miembro explota como un volcán en erupción llenando cada espacio de mi ano, esa deliciosa verga late vaciando hasta la última gota de su lascivia en mi interior, es como si me quemara por dentro y al ver esos ojos extraviados por el placer hacen que caiga en la red de otro intenso orgasmo, ésta vez mis gemidos no son acallados, dándome la libertad de retorcerme de placer mientras su pene sigue latiendo en mi interior hasta que solo abandona mi agujero abierto y desbordado de semen. Un beso apasionado se apodera de mis labios y me dice: "Eres la mejor puta que he cogido". Tiemblo en la cama por el deseo que provoca ese hombre y al sentir sus manos otra vez recorriendo mi cuerpo satisfecho por la entrega de mi vida hacía él. Entiendo que los machos se sacian al tener una hembra a su lado, yo soy su hembra y él es mi Dueño, nací para complacerlo aunque sea de esa manera irracional que para muchos tiene de hacerme sentir que le pertenezco.
Él, es Dominante, capaz de hacer rendir por completo mi voluntad a sus deseos más oscuros; casi sin decir nada toma el control de mi vida, haciéndome sucumbir, sus abrazos me hacen temblar ya que la delicadeza no es su estilo, sus manos insolentes profanan cada espacio de mi cuerpo, sus besos lujuriosos hacen que mi entrepierna se moje de manera abundante haciendo que mi ropa interior se amolde a mi sexo. Cada día como un delincuente se esconde entre las sombras para violentarme y hacer conmigo lo que le venga en gana.
Llevamos un poco de tiempo viviendo nuestra vida juntos y a los ojos de los demás somos dos locos enamorados, pero en la intimidad él se vuelve un toro furioso que no le importa nada más que satisfacer sus instintos. Cada vez me vuelvo más sumisa y vulnerable a la manera que tiene de amarme, cada vez siento que soy la presa que es asediada por un lobo hambriento de lujuria y violencia. Hay algo en esa inusitada forma de ser que me vuelve loca, es la mano que sujeta fuertemente mi cadena, creo que mi vida no sería la misma si estuviera en manos de otro Dominante, ya que con solo una mirada mi cuerpo se estremece, esa sensación de que mi voluntad es relegada a segundo plano y su voluntad prevalece me ata y me hace amarlo con desesperación.
Cada noche cuando la puerta de nuestra habitación de cierra y nuestros hijos duermen, de manera pervertida me recorre hasta hacer que mis fluidos corran por mis piernas y como hembra obediente a los deseos de su macho separo mis piernas para que sacie su sed de lujuria. Me encanta esa sensación de sentirme abusada y que nunca podré negarme a sus deseos; sentir como su miembro se abre paso en mi ano y ser follada con fuerza sin importarle mi dolor ni las lágrimas que rodan por mis mejillas. Su mirada cambia y su respiración se agita mientras me transporta al subespacio en cada embestida; la sensación de vulnerabilidad es tan grande pero el sentido de permanencia es mayor al sentir como sus manos aprietan mis senos con fuerza dejando las marcas inconfundibles de sus dedos y sus labios de chocolate recorren mi cuello invitándome a pecar más aún.
Noto como su miembro se hincha mientras respira más agitado, cada vez sus embestidas son más intensas; mis piernas tiemblan, mis labios se secan y mi respiración se acorta. "Quiero tu semen mi toro" -le digo, su mano se posa en mi boca forzándome a callar, mi ano dilatado palpita y yo me entrego a la deliciosa sensación del orgasmo. Es como si el tiempo se detuviera y no hay nada más que mi hombre destrozando mi agujero; mis gemidos son ahogados por el la mano de mi Dueño pero el placer que me entrega no se compara con los acallados gemidos de mi interior. Su miembro explota como un volcán en erupción llenando cada espacio de mi ano, esa deliciosa verga late vaciando hasta la última gota de su lascivia en mi interior, es como si me quemara por dentro y al ver esos ojos extraviados por el placer hacen que caiga en la red de otro intenso orgasmo, ésta vez mis gemidos no son acallados, dándome la libertad de retorcerme de placer mientras su pene sigue latiendo en mi interior hasta que solo abandona mi agujero abierto y desbordado de semen. Un beso apasionado se apodera de mis labios y me dice: "Eres la mejor puta que he cogido". Tiemblo en la cama por el deseo que provoca ese hombre y al sentir sus manos otra vez recorriendo mi cuerpo satisfecho por la entrega de mi vida hacía él. Entiendo que los machos se sacian al tener una hembra a su lado, yo soy su hembra y él es mi Dueño, nací para complacerlo aunque sea de esa manera irracional que para muchos tiene de hacerme sentir que le pertenezco.
Pasiones Prohibidas ®

Wow. Maravilloso
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