004 El despertar de Camila

Aclaración: Para muchos podría parecerles que es el relato de un pedófilo o un pederasta pero es la historia de un Daddy con su little, en el contexto de una relación BDSMera en la que ambos son mayores de edad. Espero que la disfruten


Practico el BDSM hace un tiempo, soy Dominante. Además, de vivir solo y nunca tener problemas en llevar a alguna compañera de juegos a mi departamento o a alguna sumisa de turno, nunca tuve mayores dificultades para dar rienda suelta a mis deseos oscuros y a la sed de sadismo que me invade.

La vida se me puso cuesta arriba en cuanto a mis relaciones de BDSM se trata ya que mi querido hermano mayor me pidió si me podía hacer cargo de mi sobrina ya que él con mi cuñada se iban a un viaje no sé dónde, imagino que a la mierda porqué para allá quería mandarlos y como soy el único familiar cercano me pidieron ese peculiar favor. Algo forzado acepté y tuve que limitar mis lujuriosos juegos a las paredes de un hotel para no darle un mal ejemplo a Camila, aunque a sus 16 años creo que algún tipo de experiencia debe tener en cuanto a relaciones sexuales se refiere.

Tuve que guardar “los juguetes de adulto” y comportarme al menos un tiempo como el tío ejemplar y así ir ganándome su confianza, igual no es mucha la relación de sobrina/tío que teníamos y alguno de los dos debía romper los muros puestos cuando llegó. La invité a comer un fin de semana, nos reíamos y jugábamos como padre e hija. Con el correr de los días la relación se estrechó y por un poco de tiempo esa sed de sadismo se calmó y se transformó en un amor casi paternal, yo le pedí que solo se preocupara de sus estudios, ya que como toda chica de su edad está buscando su identidad y muchas veces descuidan sus obligaciones escolares y mientras viviera conmigo el tener buenas notas debía ser prioridad.

Los días pasan y todo marchaba bien, hasta que llegó ese bendito fin de semana en que una de mis sumisas vendría a la ciudad y no podía dejar pasar la oportunidad de pasar unas horas con ella y sesionar, y así cerciorarme si el sádico demonio de mi interior estaba dormido o se había marchado. Al llegar al hotel no podía quitarme de la mente a la pequeña Camila, sabía que por alguna razón no debía estar ahí y que debía volver a casa, pero en ese momento mi instinto de macho dominante hizo que me quedara para apagar el fuego que consumía mi interior. Al terminar de sesionar y llegar a eso de las doce de la noche, fui a verla a su cuarto; mis ojos no daban crédito a la escena, destapada sobre la cama solo con un diminuto calzón blanco y una polera amarilla y por alguna razón que no entendí se había quedado con las medias del colegio; cuando creí que mi sed de lujuria estaba extinta en silencio comencé a deslizar mis dedos sobre mi miembro, el que casi sin provocación alguna reaccionó; cada vez la sensación de la lascivia es más intensa y mi mente es invadida por las imágenes más excitantes que podría imaginar. A momentos la cordura me hace pensar, pero la sensación de lo prohibido es excitante, verla vulnerable en su cama me hace maquinar la idea más poco cuerda que he tenido en mi tiempo sexualmente activo. Me acerco de manera sigilosa pero acechante, me masturbo mirándola, disfruto de su cuerpo y de sus gemidos en mi imaginación; intento contener mis gemidos al masturbarme cerca de su boca, quería que despertara y que viera lo que estaba haciendo para que disfrutara del sabor de mi semen en sus labios, con mi glande casi pegado en sus labios y eyaculo vaciando grandes gotas de semen en su cara y en su boca, me importó nada que pudiera despertarse y darse cuenta de lo que hice, ya que mi sed de lujuria está satisfecha y por ende podré dormir en paz.

A la mañana siguiente la noté algo contrariada, al preguntarle la razón me dice que tuvo un sueño extraño pero por la naturaleza de éste no podía decirme de que se trataba, entendiendo que podía guardar relación con mi arremetida furtiva en su habitación preferí no indagar más sobre el tema. Sin darme cuenta me estoy convirtiendo en un lobo hambriento que espera cada oportunidad para espiarla y masturbarse a gusto pensando en ese delicado cuerpo. Cae la noche y ella se despide de un tierno beso en la cara, se iba a dormir y debía esperar solo un poco para entrar a su cuarto y verla entregada para mí. Ya era cerca de la media noche y al abrir la puerta la veo de espaldas, con la misma ropa que durmió anoche puesta, pero ésta vez no estaba dormida sino que miraba televisión; al notar que abrí la puerta se sonrió: “¿Qué quiere el tío más bello del mundo?” –me dice. “Nada, solo quería ver si dormías. ¡Qué tengas buenas noches preciosa nenita!” –le respondo. Apaga la tv y se acomoda para dormir, me quedé unos minutos parado en la puerta pensando con un poco de cordura y me voy a mi dormitorio, en donde no puedo conciliar el sueño, el deseo es más fuerte; salgo al balcón y fumo un par de cigarrillos a ver si así la perversión se iba pero en cada fumada se me viene a la mente ese redondeado culo. Al intentar dormir y darme vueltas como trompo la excitación es más fuerte y empiezo a masturbarme, rechina la puerta y me tapo rápidamente, es Camila que tiene pesadillas, y no puede dormir, me pide acostarse al lado. Algo contrariado le digo si, y que se acueste al rincón; abro la cama y de un brinco entra en ella, me abraza y me dice: “Al estar contigo no tengo miedo y nada me asusta”. Le doy una nalgada y le digo: “Duérmete loca”. Toma mi otra mano y la enreda en su cuerpo quedando prisionera de mis brazos. Me encuentro en ese momento en que el sigue y el detente libran una guerra sin cuartel en mis emociones, ya que mi miembro no se bajó, y ella al acercarse sintió lo duro que está, su reacción fue risa y decir: “¿Tan contento estás de verme tío?”. Me quedo en silencio y suspiro, trato de conciliar el sueño pero su culo pegado a mi miembro me hace difícil de la tarea. Además, se mueve como si supiera que mi erección es por ella; casi sin poder razonar empiezo a deslizar mis dedos desde su hombro hacia abajo por su brazo, al no tener respuesta mi osadía va más allá y deslizo mis dedos por su espalda, la racionalidad se fue y ahora queda la sed de lujuria y lascivia que inunda mi sangre y desata ese perverso demonio que demanda un sacrificio sexual para calmar esas ansias. Poco a poco mis manos se deslizan por sus muslos, busco un detente de su parte pero solo hay silencio, solo un pequeño gemido contenido de sus labios es el indicador de que debo seguir. –“Tío, me gusta cómo me acaricias” –me dice de manera suave, toma mis manos y la mete debajo de su ceñida polera dándome el placer de acariciar sus firmes senos, siento como sus pezones se erectan al roce de mis dedos, los aprieto suave, ella gime con suavidad y humedece sus labios con su lengua.

Beso su cuello al mismo tiempo en que lentamente voy subiendo la polera para quitarla, ya con su torso desnudo se voltea y busca mi boca para perderme en un tierno beso; busco en mi velador un estuche en donde hay unos de mis juguetes, saco unas pinzas para pezones. Algo temerosa pregunta: “¿Qué es eso?”. Le explico en que consiste y si le gustaría probarlas, me dice: “Lo que a ti te guste tío a mí me gusta”. Por más suave que las coloqué en su rostro se veía el dolor y sus ojos vidriosos, mientras que sin pudor le quito su calzón blanco y bajo hasta esa deliciosa vagina con algunos vellos, lo que la hacía suculenta para ser recorrida con mi lengua. –“¡Tío, mis pezones me duelen!” – me dice casi al borde del llanto, yo sordo e indolente sigo estimulando su pequeño clítoris con mi lengua; esa mezcla de dolor y placer la hace sucumbir a mis perversiones. Al quitar las pinzas el grito agónico que dio tiene que haber despertado a más de un vecino, se aferró a mi cuello y me besa, agradece ser liberada de la presión y el dolor que sus senos estaban siendo exigidos. Bajo otra vez a su vulva y me pierdo en su interior con mi lengua, hasta ese momento el placer se percibe en el aire, dando paso a gemidos interminables de placer, puedo sentir como su vagina se contrae y la hace caer en los brazos de un orgasmo que ninguno de esos novatos escolares podría darle jamás. Reclina su cabeza en mi pecho y baja con sus manos por mi vientre hasta llegar a mi miembro, se mete bajo mi calzoncillo y con sus pequeñas manos lo toma para masturbarme con suavidad mientras no se despega de mi boca, esos besos de niña poco a poco se transforman en besos de mujer y esas caricias inocentes poco a poco se transforman en indecentes, aumenta ese ritmo y se desenfrena. La tomo del pelo y la llevo a que de una se trague mi miembro completo, por momentos olvido que es una adolescente y la jalo del cabello para que ahogue con mi pene, pensé que podía molestarle y que la sesión improvisada de sexo pero lo disfrutó y me pidió más. Al correr los minutos se iba amoldando a los juegos perversos de cama a los que estoy habituado, con fuerza la tomo para ponerla sobre mí pero sin que deje de chupar mi miembro, de esa manera tengo su culo y vagina a mi merced. Siente como mi lengua se abre paso entre sus glúteos y clítoris, tiembla de placer mientras escarbo su interior. Otra vez esos alaridos agónicos se dejan oír, sus piernas tiemblan y su respiración cada vez se siente más agitada. –“¡Ay tío que rico!” –me dice mientras aprieta con fuerza mi miembro.

No hay tiempo para descansar, la bajo de la cama y parada frente a mi le pregunto: “¿Quieres saber cómo es que follan los machos de verdad?”. –“Sí tío” –responde. Mis palabras son: “Está bien, pon atención a todo lo que voy a decir y si estás de acuerdo asiente con la cabeza. ¿Está claro?”. Mueve su cabeza en aprobación, es el momento en donde la niña se vuelve mujer para entregarse a mis escabrosos deseos. La volteo y le digo que no se mueva que mire a la pared, con sus ojos mirando el muro busco entre “mis juguetes” guardados, lo primero en salir fue una venda de seda negra que sirve para oscurecer sus ojos; un pequeño temblor de miedo se apodera de ella, entiendo que es normal y la abrazo con cariño para susurrarle: “Tranquila, todo está bien”. Respira profundo y mi mano se apoya en su hombro mientras le indico que se arrodille, lentamente baja, en piso tomo sus manos y le agradezco la disposición que tiene de obedecer.

Tomo una paleta forrada en cuero, la acomodo en la pared para recorrerla con el borde de la paleta, ella tiembla y yo disfruto de esos temblores porque sé que es la mezcla del miedo por lo desconocido y placer. Suavemente la golpeo con la paleta en las nalgas para ir aumentando de a poco el dolor y también mi perversión, oír sus pequeños gemidos es música a mis lujuriosos oídos que no se conforman solo con oírla gemir, quiero llevarla al llanto, sentirme poderoso a su lado. Bastó un golpe fuerte para que las lágrimas y sollozos salieran, le pregunto si quiere seguir y dice que si por lo que esta vez fueron mis manos las que golpean sus nalgas, ese exquisito contacto piel con piel que me hace perder la razón; para que decir mirar las marcas que quedan, como ese pálido trasero va tomando ese color rosa intenso que solo una buena tunda sabe dejar.

Sin contemplación la llevo a la cama y la acomodo con tal de dejar su vagina deseosa por ser penetrada a la merced de mi miembro, le digo que ahora conocerá lo que es un verdadero macho montando a su hembra, sin un dejo de piedad la embisto con fuerza y para mi sorpresa, soy el que abrió la puerta en esa estrecha cavidad, un desgarrador grito de dolor se escuchó y sangre fluye de su violentado sexo, eso aumenta en mí la perversión y con más fuerza desato al demonio que hay en mi interior para que se sacie de esa virgen que se ofrece sin tapujos a sus oscuros deseos. Casi sin fuerzas sus piernas se doblan pero intenta mantenerse en pie, la sensación de placer es más fuerte y la hace aguantar las brutales embestidas que le propino; con gemidos estremecedores se entrega a los brazos de otro orgasmo y yo con bramidos de macho en celo exploto en su interior dejando a dentro mi verga para que vacíe hasta la última gota de placer en su sangrante sexo, esa mezcla de semen y sangre es la combinación perfecta, ya que el demonio de mi interior ha quedado satisfecho. El amanecer nos sorprende en la ducha y con la pequeña Camila hicimos un pacto de silencio y un pacto D/s que íbamos a honrar por todo el tiempo en que estuviéramos juntos y en donde de mi mano conocería cada práctica de este escabroso pero placentero mundo. Cada vez que ella lo quisiera mis “juguetes” estarían a su disposición para que aprenda cada día que los machos se satisfacen de sus hembras y lo que pasó esa noche es solo el principio de lo que puede vivir cada día.



Pasiones Prohibidas ®




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