Aclaración: Para muchos podría parecerles que es el relato de un pedófilo o un pederasta pero es la historia de un Daddy con su little, en el contexto de una relación BDSMera en la que ambos son mayores de edad. Espero que la disfruten
Practico
el BDSM hace un tiempo, soy Dominante. Además, de vivir solo y nunca tener
problemas en llevar a alguna compañera de juegos a mi departamento o a alguna
sumisa de turno, nunca tuve mayores dificultades para dar rienda suelta a mis
deseos oscuros y a la sed de sadismo que me invade.
La
vida se me puso cuesta arriba en cuanto a mis relaciones de BDSM se trata ya
que mi querido hermano mayor me pidió si me podía hacer cargo de mi sobrina ya
que él con mi cuñada se iban a un viaje no sé dónde, imagino que a la mierda
porqué para allá quería mandarlos y como soy el único familiar cercano me
pidieron ese peculiar favor. Algo forzado acepté y tuve que limitar mis
lujuriosos juegos a las paredes de un hotel para no darle un mal ejemplo a
Camila, aunque a sus 16 años creo que algún tipo de experiencia debe tener en
cuanto a relaciones sexuales se refiere.
Tuve
que guardar “los juguetes de adulto” y comportarme al menos un tiempo como el tío
ejemplar y así ir ganándome su confianza, igual no es mucha la relación de
sobrina/tío que teníamos y alguno de los dos debía romper los muros puestos
cuando llegó. La invité a comer un fin de semana, nos reíamos y jugábamos como
padre e hija. Con el correr de los días la relación se estrechó y por un poco
de tiempo esa sed de sadismo se calmó y se transformó en un amor casi paternal,
yo le pedí que solo se preocupara de sus estudios, ya que como toda chica de su
edad está buscando su identidad y muchas veces descuidan sus obligaciones
escolares y mientras viviera conmigo el tener buenas notas debía ser prioridad.
Los días
pasan y todo marchaba bien, hasta que llegó ese bendito fin de semana en que
una de mis sumisas vendría a la ciudad y no podía dejar pasar la oportunidad de
pasar unas horas con ella y sesionar, y así cerciorarme si el sádico demonio de
mi interior estaba dormido o se había marchado. Al llegar al hotel no podía
quitarme de la mente a la pequeña Camila, sabía que por alguna razón no debía
estar ahí y que debía volver a casa, pero en ese momento mi instinto de macho
dominante hizo que me quedara para apagar el fuego que consumía mi interior. Al
terminar de sesionar y llegar a eso de las doce de la noche, fui a verla a su
cuarto; mis ojos no daban crédito a la escena, destapada sobre la cama solo con
un diminuto calzón blanco y una polera amarilla y por alguna razón que no
entendí se había quedado con las medias del colegio; cuando creí que mi sed de
lujuria estaba extinta en silencio comencé a deslizar mis dedos sobre mi
miembro, el que casi sin provocación alguna reaccionó; cada vez la sensación de
la lascivia es más intensa y mi mente es invadida por las imágenes más excitantes
que podría imaginar. A momentos la cordura me hace pensar, pero la sensación de
lo prohibido es excitante, verla vulnerable en su cama me hace maquinar la idea
más poco cuerda que he tenido en mi tiempo sexualmente activo. Me acerco de
manera sigilosa pero acechante, me masturbo mirándola, disfruto de su cuerpo y
de sus gemidos en mi imaginación; intento contener mis gemidos al masturbarme
cerca de su boca, quería que despertara y que viera lo que estaba haciendo para
que disfrutara del sabor de mi semen en sus labios, con mi glande casi pegado
en sus labios y eyaculo vaciando grandes gotas de semen en su cara y en su
boca, me importó nada que pudiera despertarse y darse cuenta de lo que hice, ya
que mi sed de lujuria está satisfecha y por ende podré dormir en paz.
A la
mañana siguiente la noté algo contrariada, al preguntarle la razón me dice que
tuvo un sueño extraño pero por la naturaleza de éste no podía decirme de que se
trataba, entendiendo que podía guardar relación con mi arremetida furtiva en su
habitación preferí no indagar más sobre el tema. Sin darme cuenta me estoy
convirtiendo en un lobo hambriento que espera cada oportunidad para espiarla y masturbarse
a gusto pensando en ese delicado cuerpo. Cae la noche y ella se despide de un
tierno beso en la cara, se iba a dormir y debía esperar solo un poco para
entrar a su cuarto y verla entregada para mí. Ya era cerca de la media noche y
al abrir la puerta la veo de espaldas, con la misma ropa que durmió anoche
puesta, pero ésta vez no estaba dormida sino que miraba televisión; al notar
que abrí la puerta se sonrió: “¿Qué quiere el tío más bello del mundo?” –me dice.
“Nada, solo quería ver si dormías. ¡Qué tengas buenas noches preciosa nenita!”
–le respondo. Apaga la tv y se acomoda para dormir, me quedé unos minutos
parado en la puerta pensando con un poco de cordura y me voy a mi dormitorio,
en donde no puedo conciliar el sueño, el deseo es más fuerte; salgo al balcón y
fumo un par de cigarrillos a ver si así la perversión se iba pero en cada
fumada se me viene a la mente ese redondeado culo. Al intentar dormir y darme
vueltas como trompo la excitación es más fuerte y empiezo a masturbarme,
rechina la puerta y me tapo rápidamente, es Camila que tiene pesadillas, y no
puede dormir, me pide acostarse al lado. Algo contrariado le digo si, y que se
acueste al rincón; abro la cama y de un brinco entra en ella, me abraza y me
dice: “Al estar contigo no tengo miedo y nada me asusta”. Le doy una nalgada y
le digo: “Duérmete loca”. Toma mi otra mano y la enreda en su cuerpo quedando
prisionera de mis brazos. Me encuentro en ese momento en que el sigue y el
detente libran una guerra sin cuartel en mis emociones, ya que mi miembro no se
bajó, y ella al acercarse sintió lo duro que está, su reacción fue risa y
decir: “¿Tan contento estás de verme tío?”. Me quedo en silencio y suspiro,
trato de conciliar el sueño pero su culo pegado a mi miembro me hace difícil de
la tarea. Además, se mueve como si supiera que mi erección es por ella; casi
sin poder razonar empiezo a deslizar mis dedos desde su hombro hacia abajo por
su brazo, al no tener respuesta mi osadía va más allá y deslizo mis dedos por
su espalda, la racionalidad se fue y ahora queda la sed de lujuria y lascivia
que inunda mi sangre y desata ese perverso demonio que demanda un sacrificio
sexual para calmar esas ansias. Poco a poco mis manos se deslizan por sus
muslos, busco un detente de su parte pero solo hay silencio, solo un pequeño gemido
contenido de sus labios es el indicador de que debo seguir. –“Tío, me gusta cómo
me acaricias” –me dice de manera suave, toma mis manos y la mete debajo de su
ceñida polera dándome el placer de acariciar sus firmes senos, siento como sus
pezones se erectan al roce de mis dedos, los aprieto suave, ella gime con
suavidad y humedece sus labios con su lengua.
Beso su
cuello al mismo tiempo en que lentamente voy subiendo la polera para quitarla, ya
con su torso desnudo se voltea y busca mi boca para perderme en un tierno beso;
busco en mi velador un estuche en donde hay unos de mis juguetes, saco unas
pinzas para pezones. Algo temerosa pregunta: “¿Qué es eso?”. Le explico en que
consiste y si le gustaría probarlas, me dice: “Lo que a ti te guste tío a mí me
gusta”. Por más suave que las coloqué en su rostro se veía el dolor y sus ojos
vidriosos, mientras que sin pudor le quito su calzón blanco y bajo hasta esa
deliciosa vagina con algunos vellos, lo que la hacía suculenta para ser
recorrida con mi lengua. –“¡Tío, mis pezones me duelen!” – me dice casi al
borde del llanto, yo sordo e indolente sigo estimulando su pequeño clítoris con
mi lengua; esa mezcla de dolor y placer la hace sucumbir a mis perversiones. Al
quitar las pinzas el grito agónico que dio tiene que haber despertado a más de
un vecino, se aferró a mi cuello y me besa, agradece ser liberada de la presión
y el dolor que sus senos estaban siendo exigidos. Bajo otra vez a su vulva y me
pierdo en su interior con mi lengua, hasta ese momento el placer se percibe en
el aire, dando paso a gemidos interminables de placer, puedo sentir como su
vagina se contrae y la hace caer en los brazos de un orgasmo que ninguno de
esos novatos escolares podría darle jamás. Reclina
su cabeza en mi pecho y baja con sus manos por mi vientre hasta llegar a mi
miembro, se mete bajo mi calzoncillo y con sus pequeñas manos lo toma para
masturbarme con suavidad mientras no se despega de mi boca, esos besos de niña
poco a poco se transforman en besos de mujer y esas caricias inocentes poco a
poco se transforman en indecentes, aumenta ese ritmo y se desenfrena. La tomo
del pelo y la llevo a que de una se trague mi miembro completo, por momentos
olvido que es una adolescente y la jalo del cabello para que ahogue con mi pene,
pensé que podía molestarle y que la sesión improvisada de sexo pero lo disfrutó
y me pidió más. Al correr los minutos se iba amoldando a los juegos perversos
de cama a los que estoy habituado, con fuerza la tomo para ponerla sobre mí
pero sin que deje de chupar mi miembro, de esa manera tengo su culo y vagina a
mi merced. Siente como mi lengua se abre paso entre sus glúteos y clítoris,
tiembla de placer mientras escarbo su interior. Otra vez esos alaridos agónicos
se dejan oír, sus piernas tiemblan y su respiración cada vez se siente más
agitada. –“¡Ay tío que rico!” –me dice mientras aprieta con fuerza mi miembro.
No hay
tiempo para descansar, la bajo de la cama y parada frente a mi le pregunto: “¿Quieres
saber cómo es que follan los machos de verdad?”. –“Sí tío” –responde. Mis palabras
son: “Está bien, pon atención a todo lo que voy a decir y si estás de acuerdo
asiente con la cabeza. ¿Está claro?”. Mueve su cabeza en aprobación, es el
momento en donde la niña se vuelve mujer para entregarse a mis escabrosos
deseos. La volteo y le digo que no se mueva que mire a la pared, con sus ojos
mirando el muro busco entre “mis juguetes” guardados, lo primero en salir fue
una venda de seda negra que sirve para oscurecer sus ojos; un pequeño temblor
de miedo se apodera de ella, entiendo que es normal y la abrazo con cariño para
susurrarle: “Tranquila, todo está bien”. Respira profundo y mi mano se apoya en
su hombro mientras le indico que se arrodille, lentamente baja, en piso tomo
sus manos y le agradezco la disposición que tiene de obedecer.
Tomo
una paleta forrada en cuero, la acomodo en la pared para recorrerla con el
borde de la paleta, ella tiembla y yo disfruto de esos temblores porque sé que
es la mezcla del miedo por lo desconocido y placer. Suavemente la golpeo con la
paleta en las nalgas para ir aumentando de a poco el dolor y también mi perversión,
oír sus pequeños gemidos es música a mis lujuriosos oídos que no se conforman
solo con oírla gemir, quiero llevarla al llanto, sentirme poderoso a su lado.
Bastó un golpe fuerte para que las lágrimas y sollozos salieran, le pregunto si
quiere seguir y dice que si por lo que esta vez fueron mis manos las que
golpean sus nalgas, ese exquisito contacto piel con piel que me hace perder la razón;
para que decir mirar las marcas que quedan, como ese pálido trasero va tomando
ese color rosa intenso que solo una buena tunda sabe dejar.
Sin contemplación
la llevo a la cama y la acomodo con tal de dejar su vagina deseosa por ser
penetrada a la merced de mi miembro, le digo que ahora conocerá lo que es un
verdadero macho montando a su hembra, sin un dejo de piedad la embisto con
fuerza y para mi sorpresa, soy el que abrió la puerta en esa estrecha cavidad,
un desgarrador grito de dolor se escuchó y sangre fluye de su violentado sexo,
eso aumenta en mí la perversión y con más fuerza desato al demonio que hay en
mi interior para que se sacie de esa virgen que se ofrece sin tapujos a sus
oscuros deseos. Casi sin fuerzas sus piernas se doblan pero intenta mantenerse
en pie, la sensación de placer es más fuerte y la hace aguantar las brutales embestidas
que le propino; con gemidos estremecedores se entrega a los brazos de otro
orgasmo y yo con bramidos de macho en celo exploto en su interior dejando a
dentro mi verga para que vacíe hasta la última gota de placer en su sangrante
sexo, esa mezcla de semen y sangre es la combinación perfecta, ya que el
demonio de mi interior ha quedado satisfecho. El amanecer nos sorprende en la
ducha y con la pequeña Camila hicimos un pacto de silencio y un pacto D/s que íbamos
a honrar por todo el tiempo en que estuviéramos juntos y en donde de mi mano conocería
cada práctica de este escabroso pero placentero mundo. Cada vez que ella lo
quisiera mis “juguetes” estarían a su disposición para que aprenda cada día que
los machos se satisfacen de sus hembras y lo que pasó esa noche es solo el
principio de lo que puede vivir cada día.
Pasiones Prohibidas ®
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