001 Los pensamientos de un Daddy

Aclaración: Para muchos podría parecerles que es el relato de un pedófilo o un pederasta pero es la historia de un Daddy con su little, en el contexto de una relación BDSMera en la que ambos son mayores de edad. Espero que la disfruten.




Acabo de darme cuenta de cuan pervertido soy y esa sensación me tiene un tanto complicado, ya que para muchos no es normal un comportamiento de ésta índole. Espero que ustedes puedan entender y no lo tomen como una aberración a las leyes de la decencia, ni tampoco como un atentado a las mentes más moralistas del planeta; sino que lo tomen como algo que puede ocurrirle a cualquiera, y esta vez me ocurrió a mí.
­Conocí una chica por internet. ¿Ustedes se preguntarán que raro hay en eso? En cierta forma no hay nada malo si nuestras edades fueran similares, pero no es así. Ella tiene 12 años y yo un hombre mayor, separado y con una hija un año mayor que ésta chica. Tuvimos muchas pláticas por chat y algo cambiaba cada vez, nuestro trato se hacía más familiar, más cotidiano; no existía ese muro puesto al principio. Ella por alguna razón me dice Papito; yo creo que debe ser porque así me ve, pero me gusta la sensación que me produce leer esas palabras u oírlas por un mensaje de audio, sin duda me excita demasiado.

Pasan los días y quedamos de vernos en una plaza cercana a mi casa, ya que su escuela queda cerca. Al llegar la veo con su blusa sobre la falda, su corbata suelta y en sus piernas unas pequeñas raspaduras por una caída en bicicleta. Me coloco de pie al verla y ella se lanza sobre mí, si bien es cierto es primera vez que nos vemos en persona, nos reconocimos por las fotos que hemos intercambiado; me abraza y se cuelga de mi cuello y besa mi mejilla pero cerca de mis labios, descuidadamente se sienta en un escaño de la plaza mostrándome unos calzones blancos con corazones de diversos colores, embobado a más no poder observo como de su mochila saca una paleta que poco a poco empieza a lamer y chupar. La sangre me hierve y tengo unas ganas locas de lanzarme sobre ella para que sepa lo que es chupar y lamer una verga de verdad.

Verla reír con las cosas que digo hace que mi cabeza vuele y me sienta perdido, imaginándola gemir mientras la tengo en mi cama; sin duda ella es la hembra que este viejo macho necesita, me muero por llevarla a la cama para que sepa como los verdaderos machos follan. Convencido de que tiene que ser mía la llevo a mi casa para tomar una copa de helado y conversar a gusto, sin saber lo que mi perversa mente trama. Llegamos y otra vez descuidadamente se sienta mostrándome por completo su vagina envuelta en esa tela blanca con corazones. Me siento al lado de ella y me dice: “Papito, ¿a que no sabes lo que me pasó en el colegio?”. –“No lo sé, cuéntame –le respondo. Sonríe ruborizada y me dice: “¡Un chico me besó!”. Por alguna extraña razón me sentí invadido de celos, sentí que mi confianza había sido defraudada pero se sienta en mis piernas y yo acaricio su pelo, bajo por su espalda, subo por su vientre, paso por la separación de sus senos y termino en sus mejillas, y esa sensación de celos se fue porque entendí que solo ese chico logró tocar sus labios y yo estaba haciendo más que eso, mis manos se habían conectado con sus deseos y puedo sentir como poco a poco esa deliciosa vagina se moja con cada caricia.

–“Papito, ¿te puedo mostrar cómo me besó ese chico?” –me dice. Después de un momento de silencio le respondo que sí, que quiero saber cómo lo hizo. Sonríe y se sube sobre mí pasando sus piernas de un lado al otro y rozando su deliciosa vagina con mi verga. –“No sé cómo besar” –me dice, “pero yo sé que me enseñarás Papito bello”. Abre su boca y mi lengua entra despacio hasta su garganta; siento como su aire se agota y tiembla al sentir como mi miembro se hincha y busca el espacio para entrar en esa vagina apretada que se moja cada vez más al sentir el roce sobre su calzón. Abrazada de mí cuello se mueve de manera suave mientras mi lengua sigue recorriendo su boca, ya en temblor del miedo cambia por espasmos de placer y la risa de niña poco a poco se torna en gemidos de mujer. En medio de ese juego calentón mis manos se deslizan por sus muslos y suben hasta sus caderas haciendo que aumente la velocidad de sus movimientos, sus gemidos se transforman en una respiración agónica; no entiende lo que sucede y yo embobado al regalarle el primer orgasmo a esa pequeñita que me tiene loco. Mis manos siguen un viaje desenfrenado por su cintura y subiendo hasta sus pequeños senos, ella casi sin aire me dice que quiere ver lo que le causa esas sensaciones desconocidas; sonriendo la bajo de sobre mí y me abro el cierre del pantalón para sacar mi miembro a punto de explotar por la excitación, con fuerza la llevo al piso, la coloco entre mis piernas y sin una gota de cordura tomo su cabello y la llevo sin piedad a mi miembro el que de manera insolente se abre paso en esa delicada boca haciendo que se atore al tragarlo completo, como un animal en celo me muevo sin parar follando esa deliciosa boca, cayendo en el más absoluto éxtasis.

La coloco de pie y la apoyo sobre el sofá, dejando su culo y vagina a mi disposición, me quito el cinturón y la golpeo por dejarse besar por un niño inexperto y no por un verdadero hombre que la puede satisfacer de todas las formas posibles, entre sollozos me dice: “Nunca más Papito, tú si eres un verdadero hombre y quiero ser tu mujercita”. Mi mente se detuvo por un momento y pensé: “¿Tal vez lo dice para que no la siga golpeando?”. De manera sádica le digo: “Muy bien, ¿quieres ser mi mujercita? Ahora conocerás lo que es capaz de hacer un verdadero macho”. Sin contemplación y a pesar de sus suplicas le saco el calzón y lo guardo en uno de mis bolsillos. Otra vez se vuelve presa del temor y su cuerpo tiembla al sentir como mi erecto pene recorre sus nalgas, me vuelve loco sentir su miedo, es delirante sentirla vulnerable ante la perversión del macho Dominante y degenerado. Acomodo mi pene en la entrada de su vagina y me tomo firme de sus caderas, la embisto con fuerza pero mi miembro es detenido por su himen que no me permite la entrada, es en ese instante cuando un grito de dolor sale de sus labios y lágrimas corren por sus mejillas, hasta ese momento el ser irracional se refrena, pero en cuestión de segundos otra vez el sadismo se vuelve parte de mi ADN y en un par de embestidas su himen se rompe y me da acceso completo con mi verga hasta el fondo de su ser.
Poco a poco los gritos de dolor se transforman en gemidos y los temblores se transforman en movimientos sensuales siguiendo el ritmo de mis embestidas. La niña se transforma en hembra y en la amante sumisa de este hombre que se llevó su inocencia; al darme de lo que hice, solamente una sonrisa de placer se dibuja en mi rostro, ya que esa niña entendió que los machos duelen y al ver cómo sale mi semen mezclado con su sangre es prueba fehaciente de lo que les comento.

Ya van unos meses de lo que estamos viviendo y ahora ella sabe que las hembras están para complacer a los machos, y no se niega a ninguna de las prácticas lascivas que mi mente teje para mi placer, bajo la promesa del silencio nos saciamos a escondidas después de clases. Ahora, espero que el timbre suene porque mi pequeña mujercita viene a ver a su hombre.



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