Aclaración: Para muchos podría
parecerles que es el relato de un pedófilo o un pederasta pero es la historia
de un Daddy con su little, en el contexto de una relación BDSMera en la que ambos son mayores de edad. Espero que
la disfruten.
Acabo de darme cuenta de cuan pervertido soy y esa sensación me tiene un tanto complicado, ya que para muchos no es normal un comportamiento de ésta índole. Espero que ustedes puedan entender y no lo tomen como una aberración a las leyes de la decencia, ni tampoco como un atentado a las mentes más moralistas del planeta; sino que lo tomen como algo que puede ocurrirle a cualquiera, y esta vez me ocurrió a mí.
Conocí
una chica por internet. ¿Ustedes se preguntarán que raro hay en eso? En cierta
forma no hay nada malo si nuestras edades fueran similares, pero no es así.
Ella tiene 12 años y yo un hombre mayor, separado y con una hija un año mayor
que ésta chica. Tuvimos muchas pláticas por chat y algo cambiaba cada vez,
nuestro trato se hacía más familiar, más cotidiano; no existía ese muro puesto
al principio. Ella por alguna razón me dice Papito; yo creo que debe ser porque
así me ve, pero me gusta la sensación que me produce leer esas palabras u oírlas por un
mensaje de audio, sin duda me excita demasiado.
Pasan
los días y quedamos de vernos en una plaza cercana a mi casa, ya que su escuela
queda cerca. Al llegar la veo con su blusa sobre la falda, su corbata suelta y
en sus piernas unas pequeñas raspaduras por una caída en bicicleta. Me coloco
de pie al verla y ella se lanza sobre mí, si bien es cierto es primera vez que
nos vemos en persona, nos reconocimos por las fotos que hemos intercambiado; me
abraza y se cuelga de mi cuello y besa mi mejilla pero cerca de mis labios, descuidadamente
se sienta en un escaño de la plaza mostrándome unos calzones blancos con
corazones de diversos colores, embobado a más no poder observo como de su
mochila saca una paleta que poco a poco empieza a lamer y chupar. La sangre me
hierve y tengo unas ganas locas de lanzarme sobre ella para que sepa lo que es
chupar y lamer una verga de verdad.
Verla
reír con las cosas que digo hace que mi cabeza vuele y me sienta perdido,
imaginándola gemir mientras la tengo en mi cama; sin duda ella es la hembra que
este viejo macho necesita, me muero por llevarla a la cama para que sepa como
los verdaderos machos follan. Convencido de que tiene que ser mía la llevo a mi
casa para tomar una copa de helado y conversar a gusto, sin saber lo que mi
perversa mente trama. Llegamos y otra vez descuidadamente se sienta mostrándome
por completo su vagina envuelta en esa tela blanca con corazones. Me siento al
lado de ella y me dice: “Papito, ¿a que no sabes lo que me pasó en el
colegio?”. –“No lo sé, cuéntame –le respondo. Sonríe ruborizada y me dice: “¡Un
chico me besó!”. Por alguna extraña razón me sentí invadido de celos, sentí que
mi confianza había sido defraudada pero se sienta en mis piernas y yo acaricio
su pelo, bajo por su espalda, subo por su vientre, paso por la separación de
sus senos y termino en sus mejillas, y esa sensación de celos se fue porque
entendí que solo ese chico logró tocar sus labios y yo estaba haciendo más que
eso, mis manos se habían conectado con sus deseos y puedo sentir como poco a
poco esa deliciosa vagina se moja con cada caricia.
–“Papito,
¿te puedo mostrar cómo me besó ese chico?” –me dice. Después de un momento de
silencio le respondo que sí, que quiero saber cómo lo hizo. Sonríe y se sube
sobre mí pasando sus piernas de un lado al otro y rozando su deliciosa vagina
con mi verga. –“No sé cómo besar” –me dice, “pero yo sé que me enseñarás Papito
bello”. Abre su boca y mi lengua entra despacio hasta su garganta; siento como
su aire se agota y tiembla al sentir como mi miembro se hincha y busca el
espacio para entrar en esa vagina apretada que se moja cada vez más al sentir
el roce sobre su calzón. Abrazada de mí cuello se mueve de manera suave
mientras mi lengua sigue recorriendo su boca, ya en temblor del miedo cambia
por espasmos de placer y la risa de niña poco a poco se torna en gemidos de
mujer. En medio de ese juego calentón mis manos se deslizan por sus muslos y
suben hasta sus caderas haciendo que aumente la velocidad de sus movimientos,
sus gemidos se transforman en una respiración agónica; no entiende lo que
sucede y yo embobado al regalarle el primer orgasmo a esa pequeñita que me
tiene loco. Mis manos siguen un viaje desenfrenado por su cintura y subiendo
hasta sus pequeños senos, ella casi sin aire me dice que quiere ver lo que le
causa esas sensaciones desconocidas; sonriendo la bajo de sobre mí y me abro el
cierre del pantalón para sacar mi miembro a punto de explotar por la excitación,
con fuerza la llevo al piso, la coloco entre mis piernas y sin una gota de
cordura tomo su cabello y la llevo sin piedad a mi miembro el que de manera
insolente se abre paso en esa delicada boca haciendo que se atore al tragarlo
completo, como un animal en celo me muevo sin parar follando esa deliciosa
boca, cayendo en el más absoluto éxtasis.
La
coloco de pie y la apoyo sobre el sofá, dejando su culo y vagina a mi disposición,
me quito el cinturón y la golpeo por dejarse besar por un niño inexperto y no
por un verdadero hombre que la puede satisfacer de todas las formas posibles,
entre sollozos me dice: “Nunca más Papito, tú si eres un verdadero hombre y
quiero ser tu mujercita”. Mi mente se detuvo por un momento y pensé: “¿Tal vez
lo dice para que no la siga golpeando?”. De manera sádica le digo: “Muy bien,
¿quieres ser mi mujercita? Ahora conocerás lo que es capaz de hacer un
verdadero macho”. Sin contemplación y a pesar de sus suplicas le saco el calzón
y lo guardo en uno de mis bolsillos. Otra vez se vuelve presa del temor y su
cuerpo tiembla al sentir como mi erecto pene recorre sus nalgas, me vuelve loco
sentir su miedo, es delirante sentirla vulnerable ante la perversión del macho
Dominante y degenerado. Acomodo mi pene en la entrada de su vagina y me tomo
firme de sus caderas, la embisto con fuerza pero mi miembro es detenido por su
himen que no me permite la entrada, es en ese instante cuando un grito de dolor
sale de sus labios y lágrimas corren por sus mejillas, hasta ese momento el ser
irracional se refrena, pero en cuestión de segundos otra vez el sadismo se
vuelve parte de mi ADN y en un par de embestidas su himen se rompe y me da
acceso completo con mi verga hasta el fondo de su ser.
Poco
a poco los gritos de dolor se transforman en gemidos y los temblores se
transforman en movimientos sensuales siguiendo el ritmo de mis embestidas. La
niña se transforma en hembra y en la amante sumisa de este hombre que se llevó
su inocencia; al darme de lo que hice, solamente una sonrisa de placer se
dibuja en mi rostro, ya que esa niña entendió que los machos duelen y al ver cómo
sale mi semen mezclado con su sangre es prueba fehaciente de lo que les
comento.
Ya
van unos meses de lo que estamos viviendo y ahora ella sabe que las hembras
están para complacer a los machos, y no se niega a ninguna de las prácticas
lascivas que mi mente teje para mi placer, bajo la promesa del silencio nos
saciamos a escondidas después de clases. Ahora, espero que el timbre suene
porque mi pequeña mujercita viene a ver a su hombre.
Pasiones Prohibidas ®

Excitante relato mi señor 🥰💋
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