N° 31 Trabajando la pasión


Estaba en mi trabajo haciendo algunas cosas; de pronto, él aparece. Trabajamos juntos desde hace tiempo y nunca tuvimos ocasión de hablar y ni siquiera mirarnos bien.
Ese día noté algo distinto que me cautivó. Era mayor que yo, aunque no importaba ya que mi fantasía era ser poseída por un hombre mayor. Un día conversando se lo conté y él sonrió como sabe hacerlo. Sentí que sus ojos me quemaban y que podía leer mis emociones. Me sentí vulnerable y a la vez excitada, ya que con sus ojos me recorrió de punta a punta: una sonrisa coqueta y perversa. Pude sentir como mi entrepierna se mojó y casi de manera imperceptible mordí mis labios, pero él lo notó. Acarició mi rostro con suavidad y beso mi mejilla cerca de mis labios y dijo: “Hasta mañana preciosa”.
No sé cómo llegué a casa, me desnudé para entrar a la ducha y al sentir el agua tibia recorriendo mi cuerpo mis manos se fueron directo a mi entrepierna. Mis dedos me brindaban placer mientras pensaba en ese hombre mayor que me excitó solo con la mirada. Exhausta salí de la ducha y dormí sobre la cama desnuda con la esperanza de que abriera la puerta y me tomara con fuerza e hiciera conmigo lo que quisiera.
Al otro día no podía resistir los deseos incontrolables de que me tocara, de que supiera que era una hembra en celo dispuesta a saciar sus deseos. Hubo un momento en el que pudimos conversar y le abrí mi corazón, le conté las cosas que provocaba y que moría de ganas por ser su mujer en la cama. Miró a todos lados, asegurándose de que nadie viniera. Toma delicadamente mi rostro y me da un beso suave en los labios; sentía que flotaba, sentía mariposas en la panza y que mi corazón explotaría. Su lengua exquisita invadiendo mi boca me llevaba a un placer indescriptible, para que decir cuando sentí que sus manos recorrían mis caderas y se posaron en mis nalgas; yo quería más, quería que me desnudara y me penetrara hasta que mi vida se fuera en sus manos, pero la cordura nos invadió y dejamos que por un momento la lógica ganara al deseo.
Fueron días de encuentros furtivos, miradas cómplices, besos a escondidas, toqueteos intensos en las sombras; nadie sospechaba nada. Un día de camino a casa nos pusimos de acuerdo para salir, yo no quería una cita romántica como las demás mujeres, quería que se hombre hiciera el amor conmigo de la manera que él quisiera. Llegamos a un céntrico motel, la habitación estaba con luz tenue y música suave. Cierra la puerta y se acerca a mí. ¡Oh, me encantaba el olor de su piel! Desabotono su camisa y recorro con mis manos su pecho, extasiada al sentir los latidos de su corazón. Él me desviste con calma, disfrutando el panorama que le ofrece mi cuerpo, mis pezones deseaban ser saboreados por su boca y sin decir nada sentí como su lengua bajó por mi cuello hasta llegar a ellos; gemía enloquecida ya que la vez sus manos habían invadido mi sexo y me tocaba como un experto. No podía hacer nada, estaba entregada totalmente a ese placer infinito que te acerca al orgasmo intenso.
Casi sin fuerzas suelto su cinturón y desabotono su pantalón, mi mano hurga para buscar su miembro erecto. ¡Wow! ¡Qué sensación! Bajo lentamente con su miembro en mi mano y lo meto despacio en mi boca, con movimientos suave de mi lengua lo recorro completo. Él solo gemía y me decía: “Eso, así”. Me encantó cuando me tomo con fuerza y dejó su miembro dentro mi boca, sentía que llenaba mi interior con ese pene duro hasta el punto de sentir que me ahogaba.
Me coloca de pie y me toma en sus brazos para llevarme a la cama, en donde con fuerza desgarra mi colaless y su lengua se pierde en mi vagina. Al borde de la locura yo toco mis pechos y aprieto mis pezones, gimo de placer cuando introduce la lengua en mi vagina y excava lo más profundo de mi ser. Tomo su cabeza y la hundo en mi entrepierna, quiero acabar en su boca, quiero que sepa que esta mujer está envuelta en las llamas del deseo y que disfruta de su hombre en ese momento.
Toma mis piernas y las coloca sobre sus hombros, recorre mis muslos con su lengua mientras su pene entra en mi interior. Se mueve suave, con calma, sin ninguna prisa. Sabe cómo hacer disfrutar a una mujer, sabe cómo tocarte, en donde besar y cómo hacerlo. Me sentía poseía, deseada y retribuida en la excitación, ya que en sus ojos se podía ver que disfrutaba tanto como yo. Sus movimientos se hacen más intensos, su respiración se agita junto a la mía, siento como su miembro se hincha más; ya no me contengo, no puedo hacerlo. “¡Oh! ¡Eso papi! ¡Dale así!”. “¡Estoy acabando por ti mi amor!”. “¡Me tienes loca!” –Son las palabras que salen de mi boca entre los gemidos. En una respiración profunda de él siento como su semen sale inundándome, llenando cada espacio de mi interior. ¡Ufffffffff, que más podría decir! Fueron las horas más intensas que he vivido.
Nos duchamos, nos vestimos y tomamos rumbos separados. Al otro día esos juegos perversos en el trabajo continuaron, ahora sin miedo a ser descubiertos porque en ese cuarto de hotel nuestro corazón quedó ligado el uno al otro.

Pasiones Prohibidas ®

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