Era tarde en la noche, recuerdo que llegué y al ir a la pieza de mi hija ésta no estaba porque había ido a quedarse a casa de mi suegra, pero se veía la figura de alguien acostado, al abrir las cobijas me percato que se trata de Scarleth la hija de un primo de mi esposa, dormía solo con un diminuto calzón y una polera que apenas tapaba esas deliciosas tetas que exhibían un par de pezones erectos.
Al verla dormir recostada de espalda mi pene reaccionó de inmediato y me dieron ganas de lanzarme sobre ella y cogérmela, pero hay dos cosas que impiden hacerlo: 1. Mi esposa que está en la habitación de al lado y 2. Ella es menor de edad, tiene casi dieciocho años y un cuerpo que cualquiera mujer mayor quisiera.
Se despertó tanto el morbo en mí qué entré a la habitación hecho un toro salvaje, quitando el babydoll que mi mujer traía puesto la hice mía como otras veces pero alucinando con el cuerpo de Scarleth, la pequeña sobrina.
Mirarla dormirse había convertido en mi placer culpable ya que cuando tuvo más confianza no se arropaba para dormir, regalándome una panorámica de su cuerpo. Muchas veces mirándola de la puerta me masturbé imaginándola con mi miembro en su boca. La que disfrutaba de mis llegadas caliente era mi esposa ya que con ella descargaba todo ese ímpetu guardado en cinco minutos mirando un cuerpo deliciosamente joven.
Recuerdo que una noche de tan excitado que estaba abrí la puerta de mi habitación y al ver a mi mujer envuelta en una toalla porque había salido de la ducha. Me lancé sobre ella como una fiera hambrienta de sexo, quitando de su cuerpo esa toalla que estorbaba mi lujuria; con mi lengua invadí su sexo haciéndola gemir descontrolada. Al sentir como acababa en mi boca por causa de mi lengua en si clítoris la tomé de las caderas, subí sus piernas en mis hombros y la penetré con fuerza hasta saciar por completo mi hambre de sexo. Al sentir como mi miembro explotó en su interior ella también explota en gemidos que llenan la habitación y me encienden por completo. Después de todo me gusta hacer el amor con mi mujer y ponerla así de caliente, pero Scarleth me tenía loco al verla cada noche por el espacio de dos semanas durmiendo solo en calzón y polera.
En medio de eso, un día mi esposa tuvo que salir y quede solo con la mujercita en casa. Cociné, almorzamos y ella lavaba los platos sucios, no podía despegar mi vista de su trasero, mi pene se erectaba bajo la mesa y mi mano por instinto bajo la cremallera de mi jeans y se metió sola buscándolo para tocarlo. Sin duda ese pantalón deportivo ceñido al cuerpo resaltaba su figura y encendía la calentura en mí; sin darme cuenta de lo que hacía acabé mirando ese trasero apretado por la tela.
Cómo pude me puse de pie y me fui a duchar para bajar un poco la calentura en mi cuerpo, pero no podía el solo hecho de tener a la sobrina de mi esposa en casa despertaba al lobo feroz que hay en mi interior. Recordar ese redondo culo hacía erectar con mayor fuerza mi miembro y tuve que masturbarme otra vez pensando en ella, cuando corto el agua de la ducha escucho un gemido al otro lado de la puerta, Scarleth había estado mirándome y se tocó al verme como lo hacía.
Me fui a mi habitación y me vestí, estuve pensando en lo que pasó, no sacaba de mi mente el gemido que oí mientras terminaba de masturbarme; de verdad estaba muy caliente y quería follarla pero me detenía el hecho de que aún no tenía dieciocho años, ya daba lo mismo la relación de parentesco que tiene con mi esposa, para mí era una mujer que estaba pidiendo un acostón a gritos. Ya decidido a vivir con las ganas de tenerla en mi cama o morir en el intento me armé de valor y enfilé a la habitación donde pernocta, abro la puerta y la veo completamente desnuda con sus piernas abiertas a mas no poder y con cuatro dedos metidos en su vagina. Fue un disparo a mi cordura, me sentí raro pero la calentura ganó; de manera sigilosa me acerqué casi sin hacer ruido y saque mi miembro frente a ella rozando sus mejillas con mi glande. Con miedo abre los ojos y al verme da un suspiro de alivio como si esperara que lo hiciera, no podía resistir la excitación, tomé mi miembro y se metí de una a la boca tragándolo completo, tomado de su pelo penetré su boca moviéndome con fuerza. Ella lo tomó desde la base y me masturbaba rápido y con la otra mano libre se penetraba la vagina; no era una ni la inocente, era una mujer que sabe cómo satisfacer a un hombre. La forma en que devoraba mi miembro denotaba experiencia, sin duda sabía cómo hacer que me retuerza de placer al morder con suavidad mi glande.
La detengo y me recuesto a su lado, ella me monta y se mueve frenéticamente diciendo: "Qué rico lo tienes tío". Gime, jadea y pone sus ojos blancos cuando mi miembro entra y sale de su interior. Con movimientos circulares me hace aferrarme a la cama por el placer que me brinda, yo pensaba en follarla pero ella lo estaba haciendo, me follaba tan rico que alucinaba con sus movimientos. Me aferré de sus caderas para sentir mejor sus movimientos, ambos gemimos descontrolados ya la lujuria hizo presa de nosotros y el morbo de ser el esposo de su tía hacía más caliente la manera de cogernos. Ella explota en un intenso gemido que desborda su entrepierna, dejando la muestra de nuestra pasión desatadas en las sábanas de la cama.
Ya casi sin fuerzas ocupa sus últimos suspiros en hacerme acabar y dejarme igual de rendido que ella. Cae sobre mi pecho y me besa con esa pasión juvenil desbordada en sus labios. Recuerdo que desde ese día esos perversos juegos se hicieron recurrentes y ya han pasado seis años y aún Scarleth es mi amante, cada momento que lo hacemos es tan intenso como la primera vez.
Pasiones Prohibidas ®
Muy buenos relatos
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