N° 97 Una perrita obediente (BDSM)

El Amo toma asiento en un sofá acomodado en el interior de la habitación y observa como la sumisa recobra el aliento. La mira hasta como su respiración se vuelve normal, la llama por su nombre y esta se incorpora de la misma forma que lo haría una perrita al oír la voz de su dueño.
Hace que gatee hasta el sofá y jadee buscándolo, lo excita verla tan obediente, se masturba sentado con cara de degenerado al observar como esa mujer se rebaja para complacerlo. Al llegar a él la mira s los ojos y abre sus piernas mientras ordena: "Chúpalo". Obediente a la voz de su amo, lo toma y aprieta con fuerza para meterlo en su boca hasta la base y ahogarse con el miembro de aquel morboso ser que llama Amo.
Él mueve su cabeza hacía atrás y cierra los ojos, en su rostro hay satisfacción, hay morbo, incluso algo de maldad. Ella envuelve completamente con su lengua ese erecto pene y arranca gemidos de los labios de su Amo. La toma del pelo y marca un ritmo frenético, seguido de gemidos por parte del él; siente su pene hinchado como si fuera a reventar. Disfruta con la presión que ejercen los labios de su sumisa y cuando ya está a punto de estallar hace que ella trague por completo su miembro y lo masturbe con fuerza, hasta llenar por completo su garganta. Ella siente como si ese espeso semen le quemara el interior, le gusta esa sensación y disfruta hasta la última gota del blanquecino líquido emanado de aquel miembro.
El Amo acaricia su cabeza lo hiciera con un can que hizo un truco y como tal la premia colocándole un collar para dar un pequeño paseo por la habitación, ella gustosa disfruta de aquel premio pero su interior desea sentir esa verga que acababa de hacer explotar con su boca. Él la sube a la cama. Ahí se lanza sobre ella y la coloca sobre su estómago para invadir sus nalgas con su carnosa lengua y perderse en su ano; ella se retuerce, gime y levanta sus caderas entregándose a esa perversa lengua que la hace gemir.
Una vez que lubricó ese pequeño agujero la penetra con sus dedos dilatándolo y abriéndolo, la cara de perversión de ese Amo no se puede contener y disfruta al ver como su sumisa gime y se entrega a todo lo que esa oscura mente teje. Otra vez erecto coloca su pene en la entrada de su culo y empuja sin contemplación penetrándola de una hasta la base de su miembro, ella grita de placer y pone el ritmo en el coito. Siente que su ano se parte pero le encanta la fuerza con que la pelvis de su Amo choca contra ella. Sucumbe ante el éxtasis y cae rendida, como inerte en la cama mientras su Amo sigue taladrando su culo.
Él susurra a su oído: "Te has portado bien y como premio voy a llenar tu culo con mi semen". Ella agradece y deja que su hombre explote otra vez pero ahora en su ano, desbordando ambos de placer y quedando rendidos en la cama. Él se apega a ella y la hace que se recuesta en su pecho, la acaricia en el pelo y le dice que mientras ella lo complazca él la complacerá en todo lo que quiera.

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