N° 96 La curiosidad da paso a la realidad (BDSM)

Después de aceptar los términos y firmar el "contrato de sumisión", el amo lleva a su sumisa al lugar donde se desarrollarán las sesiones de BDSM. Es el lugar en donde muchas mujeres han rendido su voluntad y han entregado su alma a aquel que prometió: "Complacerlas solo si él es complacido".
Al sentir la suavidad de una venda de seda negra ponerse en sus ojos su respiración se agita y de solo imaginar lo que va a ocurrir su entrepierna se moja empapando por completo su ropa interior. Siente como sus tibios fluidos se apozan y fluyen por entre sus piernas. Una extraña sensación la invade mientras su amo la despoja de su ropa, es ese placer intangible que la invade y siente como los dedos de aquel hombre marcan un surco en su piel expuesta a los deseos lascivos del que ahora es dueño de su placer.
La gira con violencia, rompe su sostén con sus manos y deja sus senos al descubierto, la mira con placer y deseo; le susurra al oído mientras enreda sus dedos en el pelo: "¿Quién soy yo?". Ella respira jadeando: "Mi Amo" -sigue diciendo: "El dueño de mi deseo, el dueño de mi placer". Del pelo la hace caer al piso de rodillas y con su otra mano baja el cierre de su pantalón, saca su miembro y ella abre la boca mientras él lo pasa por todo el rostro de ella; ella esboza: "Gracias mi amo". Sin tocarlo lo mete a su boca y lo masturba entre sus labios, él gime complacido y sin soltar su pelo marca el ritmo con el cual debe hacerlo. Cada vez que para recibe un jalón de pelo por tal impertinencia. Súplica el perdón de su amo y que no la castigue obligándola a sacar su miembro de la boca. Una mirada de lujuria sale de los ojos del implacable amo, la coloca de pie y la lleva a un espacio donde cuelgan del techo unos grilletes, la hace extender sus manos e inmoviliza sus muñecas quedando con los brazos en el aire; se quita el cinturón para ocuparlo como un improvisado látigo. Se sienta en una silla y la observa en silencio, ella se desespera al no ver a su Amo por la venda que cubre sus ojos y no poder oírlo. Siente que su corazón se paraliza porque su Amo la ha dejado sola, un sollozo agónico brota de sus labios, el Amo se pone de pie, la besa suavemente en la mejilla y le dice: "Tranquila, solo te observo en silencio" y vuelve a besarla ésta vez en los labios para calmar su llanto.
La recorre con sus dedos mientras su respiración se agita, ese hombre sabe cómo tocarla, como hacer que su entrepierna palpite de deseo y se humedezca con el solo roce de sus dedos. Un gemido y una sacudida estrepitosa salen de ella al sentir los fuertes dedos de su amo masajear su clítoris. Disfruta ser invadida por esos inquietos dedos y por la lengua de ese pervertido hombre que se mueve en sus pezones. Son gemidos incontrolables al igual que los espasmos que causan los dedos de su Amo entrando en su sexo, sus piernas están cubiertas de excitación y tiemblan cuando se tibio líquido corre por ellas. Rendida sucumbe al orgasmo, acabando con fuerza y agradeciendo al Amo por brindarle ese exquisito placer.
Él agarra el cinturón que dejó en la silla y golpea con fuerzas las nalgas de su complaciente sumisa, esa mezcla de dolor y placer la invade, le dice a su verdugo: "Gracias Amo por ese azote". Él sonríe y la azota otra vez con más fuerza. El dolor se transforma en un retorcido placer que la invade por completo y la hace gemir y pedir ser castigada, la excita sentir las marcas que deja ese envejecido cinturón de cuero en su cuerpo. Sus gemidos se vuelven más intensos cuando siente que sus senos son azotados con vehemencia. "Sí mi Amo, lo merezco" -le dice, él disfruta con la escena hasta sentir que sudor corre por su sien y mira como su sumisa acaba con cada azote recibido por ese curtido cinturón.
Ahora, se coloca atrás de ella y con su miembro roza las nalgas de ella haciéndola estremecer, siente la respiración jadeante de su Amo y disfruta al tenerlo excitado. Gemidos tenues seguidos de temblores en las piernas la hacen desear sentirse penetrada por aquel erecto pene que tanto la desea, pero su Amo aún no le entrega el derecho de disfrutar de su sexo. Suelta los grilletes que la mantenían en pie y al ser libre sus piernas no soportan su peso y cae al piso, su Amo ordena que bese sus zapatos; ella se niega y él golpea cuero con cuero causando un ruido ensordecedor en la habitación, ese sonido la hizo gemir y pide perdón por la desobediencia, no solo besa los zapatos de su Amo sino que también deja marcas con su lengua. Se rinde por completo a los deseos de aquel a quien cedió su voluntad.
En el piso y con sus nalgas expuestas él aprovecha para recorrerlas con su lengua, haciendo que ella se ahogue al faltarle el aire cuando esa húmeda y tibia lengua se abre paso por medio de sus labios vaginales. Se acomoda detrás de ella y su verga erecta la penetra con fuerza, golpeando con sus testículos esa hinchada vulva, casi en agonía sus labios esbozan: "Gracias mi Amo". Entregada al placer y siguiendo el ritmo de las brutales embestidas su cuerpo por completo tiembla y se contrae de placer hasta que explota en otro intenso orgasmo. Ya sin poder más por el cansancio dice la palabra de seguridad: "Amarillo", indica a su Amo que ya se acerca al nivel de tolerancia en su cuerpo; él se detiene, arregla su cabello despeinadado, la toma en sus brazos y la lleva a la cama para que descanse. Besa su mejilla y le dice: "Por esta vez vas a descansar pero queda parte del juego pendiente".

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Comentarios

  1. Que rico. ... Y como me encanta imaginarte en cada línea. Siempre tuya entregados al placer y la lujuria siguiendo nuestra perversión 🔥🔥💋💋

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