Sus gemidos podían oírse a través de la habitación, Alejandra disfruta del placer que le proporcionan las certeras estocadas de su marido. Siente como su interior se contrae cada vez y su respiración se hace más intensa; con los ojos cerrados se deja dominar por el influjo de pasión y se toma de la mano de ese orgasmo que la esperaba, sucumbiendo al placer y con su respiración casi inexistente tiembla al sentirse en la gloria. Él también acabó en ese momento, llenando el interior de su mujer con ese espeso semen que en más de una ocasión desbordó esa deliciosa vagina.
Después de hacer el amor ella se recuesta en el pecho de Miguel y se duerme plácidamente. Ya es de día y el apuro de Miguel por salir es evidente, tiene un viaje de negocios y va a estar unos días fuera por lo que la despedida fue intensa en la noche pero amorosa en la mañana, regalando a Alejandra un beso tan intenso que de su vulva escurre ese tibio fluido que tanto vuelve loco a su hombre. Ella aprieta sus piernas para contenerse, él lo nota y mete su mano por debajo de esa diminuta bata, empapando sus dedos en ese delicioso néctar que lo embriaga. Las ganas de poseerla son más que evidentes pero el tiempo es escaso, por lo que solo se conforma con hacerla gemir al penetrarla con sus dedos, hasta que ya no puede más, porque las piernas de Alejandra tiemblan y se doblan cuando es invadida por ese orgasmo placentero provocado por aquel que sabe cómo encenderla con el roce de sus labios.
Miguel se va llevándose impregnado en sus dedos el olor de Alejandra. Al pasar las horas el deseo no se aleja de ella, camina por la casa como una fiera en celo hasta que la posee el ardiente deseo de masturbarse. En la cama y con los dedos en su sexo imagina las escenas más perturbadoras de sexo que la hacen gemir, gritar y retorcerse de placer. De pronto la intensa sesión de sexo solitario se interrumpe debido a una llamada a su móvil, es Ivette su amiga del colegio preguntando si es posible visitarla para charlar. Alejandra accede y quedan de verse para la hora de cenar. Termina de jugar con su vagina provocando un tsunami de organismo que la deja tendida en la cama por varias horas.
Ya se acerca la hora de verse con su amiga, por lo que entra a la ducha para bañarse y al sentir el ritmo frenético del agua cayendo en su cuerpo se excita y pasa el chorro de agua por todo su cuerpo. No entiende que pasa, ¿por qué tanta calentura? Pero disfruta de esa sensación, le gusta sentirse caliente ya qué Miguel la enciende y sólo recordar esa candente despedida hace que su sexo se desborde de placer.
Se viste para la ocasión y se perfuma como si quiera impresionar a alguien. Un ajustado vestido negro con el frente blanco, un maquillaje a tono y esa fragancia que enloquece hace que se sienta sensual frente al espejo, su pelo rubio perfectamente peinado es el broche para una velada con su mejor amiga.
Suena el timbre, es Ivette; se ve guapísima vestida con un vestido también negro. Alejandra suspira y la saluda con un abrazo y un beso en la mejilla; Alejandra vuelve a suspirar para embriagarse con el perfume de si amiga, sintió ese cosquilleo en su entrepierna y fue como una inyección de hielo en las venas, no podía permitirse sentir excitación con una mujer y mucho menos con su amiga; piensa: "¡Ojalá no lo note!". La hace pasar, la invita a tomar asiento y trae de la cocina una botella de ese espumante francés que a las dos les gusta.
Pasan los minutos y cenan en medio de una grata conversación y con una segunda botella que ya causaba estragos en ambas. Quitan los platos de la mesa y Alejandra no puede despegar los ojos del trasero de su amiga ya que el vestido de había levantado y dejaba ver el borde de esas nalgas apretadas de Ivette. Van a la sala e Ivette tal vez por el alcohol en la sangre y en la cabeza le cuenta su más oscuro secreto: Ha tenido relaciones sexuales con su hijo Héctor pero eso no es todo, también sabe que se acuesta con Victoria la mamá de su mejor amigo, y aún le dice algo más escalofriante: Está enamorada de ese ser que tuvo en su vientre nueve meses pero que ahora cada noche lo siente en su interior dándole placer incontrolable. La sensación es extraña, una mezcla de asco pero a la vez de excitación la invade, se sienta rara pero le gusta y se imagina a su amiga siendo embestida por Héctor, su mente no deja de maquinar imágenes de Ivette y Héctor teniendo sexo.
De pronto, nota en los ojos de Ivette algo de tristeza y lágrimas brotan de sus ojos, se acerca para contenerla en un cálido abrazo y ambas dejaron de respirar por unos segundos; al parecer sintieron lo mismo, se sueltan, se miran a los ojos y vuelven a abrazarse. Alejandra acaricia el rostro de Ivette y le dice: "Tranquila amiga, estoy a tu lado para ayudarte". Seguido de un tierno beso en la mejilla, Ivette mueve el rostro y el beso fue directo a sus labios; Alejandra algo sorprendida despeja los suyos rápidamente pero Ivette con sus dos manos la toma y le da un beso tan intenso que la hace mojarse inmediatamente. Toda la noche aguardaban que una diera el primer paso, porque desde que la puerta se abrió ambas deseaban besarse.
Se dejan seducir por baile infernal de sus lenguas, sus manos recorren su cuerpo, Ivette levanta su vestido y se quita el pequeño colaless que trae puesto. Se vuelve a recostar en el sofá abriendo sus piernas para ofrecer su húmeda y humeante vagina a su amiga. La calentura se desborda cuando Alejandra pasa la punta de su lengua por el clítoris de Ivette, ésta gime y se retuerce, aprieta sus senos, y se transporta al placer absoluto, borrando los recuerdos de la verga de su hijo y, dejando plasmado cada roce de esa intrépida y amistosa lengua. Acaba destilando sus fluidos en la boca de Alejandra quien saborea hasta la última gota.
Otra vez suena el timbre, ellas ordenan su ropa y peinados como si nada, al abrir algo inesperado; es Héctor que viene a buscar a su madre. Sin darse cuenta se había hecho tarde, él pasa y las mira, tal vez percibe la tensión sexual en el ambiente, una risa nerviosa sale de sus labios. En silencio las observa mientras bebe una de las cervezas de Miguel que Alejandra tan gentilmente le brindó. La imaginación de la anfitriona empezó a volar con toda la información que había recibido y con la escena placentera de cogerse a su amiga con la punta de su lengua. Mira al joven hijo y amante de su amiga, muerde sus labios y respira agitado; siente como su vulva late y se moja deseosa de una verga dura que apague el fuego que consume sus entrañas. Deja solos a sus invitados para sentir la humedad de su sexo y brindarse un momento de placer al excavar su interior, encerrada en el baño da libertad a sus dedos para invadir su interior y brindarle ese placer que tanto desea; rogaba al cielo acabar pronto y sus ruegos fueron oídos, su vagina contrae y ella acaba con fuerza, quedando sin aire y apretando sus labios para que sus gemidos no la delaten.
Vuelve a la sala después de esa sesión placentera de sexo personal y nota a sus invitados algo agitados. Era imposible para Héctor esconder su erección, sin duda había estado jugando con Ivette mientras estaba en el baño; entre tragos y tragos ya la cordura los abandona a los tres y se puede ver a Héctor besando apasionadamente a Alejandra y a Ivette su madre mientras las dos lo masturban a la vez. Sus lenguas se rozaban cada vez que buscaban la lengua de aquel joven amante, el deseo de sentir esa verga en la boca hace que Alejandra casi de manera automática baje hasta rozar con su lengua aquel glande duro y húmedo. Lo chupa como si fuera la última vez que tenga un pene en su boca, lo muerde, lo aprieta y escupe para meterlo otra vez en su boca. Por su parte Ivette descubre sus senos para ofrecerlos otra ver a su pervertido hijo, quien hábilmente con su lengua acaricia esos erectos pezones. Una escena obscena se montaba en la sala mientras ambas mujeres a la vez disfrutaban de esa erecta verga con sus bocas. Ya desnudas las dos, Ivette se tiende en la alfombra mientras Alejandra la besa en los labios, y baja con su lengua para perderse en esa vagina caliente, de igual forma Héctor escaba con su lengua el sexo de Alejandra arrancándole gemidos intensos, se sentía sucia pero le gustaba esa sensación ese juego sucio que tenía con su amiga y el hijo de ésta.
Con sus piernas abiertas y su sexo expuesto es penetrada sin ninguna contemplación por aquel impetuoso joven, siente como si esa dura verga le fuera a salir de la boca, se siente complacida, le gusta de la manera violenta en que es ultrajada, despertando en ella la ferocidad, ya que cada vez era más intensa en la forma de brindarle placer a su amiga mientras tenía su sexo en la boca, la ve que se retuerce de placer y eso la incita más a ser la hembra que la domina mientras es dominada por aquel macho joven y lleno de ímpetu. Hace que su amiga se venga en un intenso orgasmo, llenando su boca con esos tibios fluidos vaginales que emanan de la entrepierna de Ivette, los que comparte con ella en un intenso beso lleno de lascivia. Se incorpora, lo tumba sobre el sofá y se monta sobre él, mientras Ivette coloca su sexo en la cara de su hijo para que éste la invada con su lengua. Alejandra sube y baja con fuerza en aquel miembro tan duro como al principio, disfruta al sentir como es penetrada por completo, hasta hacerla gritar por el placer recibido. Ambas se entregan al placer y se rinden en esos gemidos y contracciones de sus sexos hasta venirse de forma simultánea y estrepitosa.
Como Ivette es la madre de aquel macho joven tiene el placer a extraer hasta la última gota de su semen, el que de desborda de su boca. También es compartido con Alejandra de boca en boca, sin duda la perversión había hecho presa de esta caliente ama de casa que sin darse cuenta se había transformado en una adicta al sexo. El sol sale y sus rayos tocan los cuerpos desnudos de estos tres amantes que se quedaron rendidos en la sala de la casa. Ya a medio día se despide de su amiga y su hijo con un tierno beso en los labios de ambos, con la promesa de cuando Miguel vuelva repetir tan mágica experiencia.
Pasiones Prohibidas ®
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