N° 94 Recordando la primera vez

En medio de una fiesta familiar se reencuentran dos primos que hace habían tenido un encuentro sexual intenso. En ese tiempo él tenía 12 años y ella 18; fue la primera mujer que tuvo en sus brazos y la que marcaría la transición de niño a hombre.

Ahora él con treinta años y ella con 36; se miran a lo lejos y sonríen, él se acerca y la saluda de un beso en la mejilla, hablan distendidamente mientras ella bebe una margarita y él su vaso de whisky seco. Había algo de tensión en el aire quizá por la situación vivida por ambos hace años, no hay rencor de parte de él ni traumas asociados, en ella la satisfacción de haberle robado la inocencia a un joven inexperto y en él ese recuerdo imborrable de su primera vez; pero también en ellos la interrogante: ¿Qué pasaría si esa situación se diera ahora?
Una de las cosas imperdonables en una fiesta familiar es que haya faltado comprar algo, pero siempre sucede y les pidieron a los dos primos que fueran a un supermercado cercano por esas cosas. No muy alegres acceden y van a paso lento hablando de sus vidas y que ha sido de ellos laboral y emocionalmente. Ella se casó con un hombre que no sabe valorarla, tiene tres hijos a los que ama y un trabajo que le permite ciertas libertades. Él por su parte no se ha casado, tuvo una pareja y les nació una hermosa niña, también le contó que trabaja para el estado y le va bien en lo que hace.
Están en eso cuando la luz del semáforo cambia y ella no se da cuenta, él la tomó con fuerza y de un tirón la subió a su lado quedando Abrazados, se miraron por unos segundos y ambos a la vez mordieron sus labios; las ganas de besarse eran palpables, podía notarse en lo agitado de sus respiraciones, pero ninguno se atrevió a dar el paso, sólo quedó en ellos lo intenso de ese momento.

Llegan a la fiesta otra vez y bailan, el marido de ella estaba ya nockeado por los tragos y dormía en el auto, el primo por respeto a su prima no siguió bebiendo ya que como vivían cerca el uno del otro (ahí se enteraron) decidió llevarla en su auto y que el baboso durmiera hasta que le diera hipo y se fuera al otro día cuando se sintiera mejor.
Ya son las 02:30 de la madrugada, ella de siente cansada y él la lleva a casa como habían acordado. Al llegar, no hay nadie. Los niños en casa de los suegros, le ofrece algo de beber al primo y él responde que no quiere nada. Le hace un improvisado tour por la casa, él camina tras ella siguiendo sus pasos y sin perder de vista ese culo redondo, grande y duro que mostraba un jeans ajustado de color tradicional. "¡Qué ganas de sorprenderla y tocarlo!" -pensaba en su retorcida mente. Por su parte ella piensa en que él pase la frontera del respeto y la asalte por la espalda, desgarre su ropa y la posea en el piso del pasillo.

 Una vez en la sala, después de ese extraño tour se despiden. Al fundirse en ese cálido abrazo de familia sus corazones se aceleran, la respiración se agita y el deseo los invade. Es en ese preciso momento en que los prejuicios se van a la mierda y la experiencia vivida en el pasado se borraría para dar paso a un recuerdo más fresco, más cercano y especial, ya que ahora ambos están en igual de condiciones. La toma con fuerza de la cintura y con toda la lujuria que podía existir en ese momento la besa, haciendo que al solo tacto de su lengua trenzándose a la de ella gime como si el mundo fuera a acabarse en ese instante.

Entregada al deseo deja que las manos de él la recorran por completo y desabotonen su jeans para perderse en su sexo húmedo, despertando sensaciones dormidas u olvidadas; en ese momento volvió a sentirse deseada, volvió a vivir en los brazos de su primo quien ya se había transformado en el hombre que siempre quiso tener.

Sutilmente sus piernas se abren y le dan paso a dos dedos curiosos que quieren penetrarla, una vez que encuentran el camino se introducen lentamente en esa vagina que se desborda de humedad. Al sentirse penetrada, muerde los labios de su primo; el placer la hizo acabar con el movimiento de tan expertos dedos; él la toma del pelo y la besa otra vez con intensidad, ella se derrite en ese beso. Sus manos comienzan a deslizarse por los muslos de su primo sintiendo la erección que el calzoncillo y el jeans contienen, al sentir ese bulto duro suspira profundo.
Baja lentamente y restriega su cara en el pantalón, sintiendo la forma y el grosor. Lo muerde sobre el pantalón y baja la cremallera; lo busca entre la ropa interior, hasta encontrarlo y saborearlo con delicadeza. De manera sutil lo envuelve con su lengua desatando en él espasmos que lo hacen gemir y retorcerse. Ella creyó olvidada la forma de generar placer en un hombre pero se va dando cuenta de cuanto puede enloquecer al uno con el solo roce de su lengua. Lo recorre de la base al glande y él solo gime con cara de éxtasis y deseo.

La coloca de pie para bajar su jeans y pantaleta, al hacerlo nota lo húmeda que se encuentra, se arrodilla frente a ella y pasa su lengua desde el clítoris a la entrada de su vagina, la da vuelta rápidamente para seguir el camino que lo lleva al estrecho agujero del ano y juega con la punta de su lengua en él. Ella se siente en el cielo, sus pulsaciones cada vez son más rápidas y su respiración agitada, como puede se afirma de la pared y extiende sus nalgas hacía atrás. La pasión hace que recorra la pared por completo con sus labios, perdida en la sensación más emocional que ha vivido hace años le dice: "Mételo primito, hazme tuya". Él se coloca de pie y se para detrás de ella, la toma de las caderas y la clava de manera certera en la vagina con su enorme verga en la primera estocada. Dio un grito agónico mientras y se inclina hacia atrás sigue el ritmo endemoniado de su primo. Siente como si fuera a partirla, pero le gusta como la hace sentir, le gusta como la estremece y como sus testículos la golpean entre las nalgas.

La vagina se le contrae y el sudor la invade, mezclándose con su perfume haciendo una erótica mezcla de deseo y 212. Él la disfruta, le gusta y lame su espalda para embriagarse con esa combinación perfecta de perfume y feromonas. Ya no se pueden resistir y ambos se entregan al orgasmo gimiendo y retorciéndose maliciosamente, hasta el punto de caer al piso y sucumbir víctimas de la lujuria. Ese día la relación entre ellos se hizo más estrecha, ya no sólo se encuentran en las reuniones familiares sino también en la casa de ambos, contando con la ventaja que son primos y el estúpido del marido no sospecharía de las visitas. Se transformaron en amantes furtivos que cada vez juntan más recuerdos de cada momento juntos.



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Comentarios

  1. Recordar es vivir, me alegro hayas podido regresarle el favor que ella te hizo seis años antes

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